Holaaa! Paso rapidito a dejarles capítulo. Me alegra muchísimo que les haya gustado la idea de esta historia, y de verdad gracias por tomarse unos minutos para leer y dejar un Review. Es muy valioso para mí como escritora :)
Disclaimer: Los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith y al canal CW. La trama es de mi autoría.
HATE AND LOVE
Capítulo 2
El largo cabello dorado de Rebekah Mikaelson resplandecía por su brillo a la luz del sol matutino. Elena y ella acortaron pasos y se dieron un abrazo que demostraba cuánto se habían echado de menos aquellas dos amigas de la infancia.
– Amelie me dijo que habías regresado y no he podido esperar a verte. Lástima que estés con el Salvatore menos agradable – observó desde su lugar a Damon con desprecio. Este hacía muecas de disgusto en su Camaro, desde rodar los ojos e imitarlas por separado, hasta fingir una pistola con su pulgar e índice y dispararse imaginariamente en la sien. A Elena le hizo gracia verlo, parecía un niño quejoso.
– Ven, acompáñame al centro, necesito un vestido para esta noche. Y de seguro tú también necesitas uno – incitó Rebekah, efusiva, en una octava más alta de la normal para que Damon la oyera. Y lo hizo, pero cuando Elena fue a explicar las cosas, la blonda la tomó del brazo, tironeando de ella para sacarla de ahí. Elena solo pudo dirigirle a Damon una mirada de disculpa. Lo odiaba, pero eso no significaba que le fuera a faltar su buena educación y consideración.
Dos años habían pasado desde que la morena visitó Mystic Falls por última vez, y seguía tal como lo recordaba. Las cosas no habían cambiado en el pueblo, ningún local había cerrado, ninguno nuevo había abierto. Simplemente Mystic Falls continuaba en su orden, sin alteraciones.
Rebekah estacionó el coche a la vuelta de la tienda de moda. Entrar allí hizo recordar a Elena el día que compró el vestido de su bonita fiesta de dulces dieciséis años.
– Aún no me dices para qué es todo esto – indagó ella.
– ¿Cómo? ¿No te han avisado? – ante la evidente desorientación de su amiga, Rebekah prosiguió – esta noche ofreceremos una fiesta en la mansión de mi familia. Creía que Amelie o Damon te lo habían dicho. Por supuesto que tú eres una de las primeras en la lista de invitados – sonrió amigablemente y cerró la cortina del probador, llevando un vestido rojo para ponerse.
– Amelie lo habrá olvidado, y Damon…
– Jamás te lo hubiera dicho – le completó la frase la rubia.
– Exacto.
– Hoy se han comportado distinto, ¿qué hay entre ustedes?
Elena se atragantó con su propia saliva y soltó los vestidos de sus manos sobre una mesa rectangular de vidrio en el centro del local. ¿Distinto? ¿Tan visible era? Si ni siquiera ella sabía lo que pasaba…
Damon se pasó el vaso de Bourbon con hielo por la frente, cerrando los ojos y suspirando en el acto. Llevaba tiempo sin visitar el Grill y ese fue el único lugar que se le ocurrió para tratar de tomarse un tiempo y pensar con claridad. Extrañamente –pero para su fortuna–, no había tanta gente como esperaba encontrar, tan solo algunos reducidos grupos ocupando pocas mesas. En la barra, nadie más que él, lo que le resultó un poco deprimente… hasta que un rubio tomó asiento a su derecha, se pidió un trago y lo miró de costado.
– Compañero, el Grill te echaba de menos, por fin te has dignado a regresar – festejó con un tono alegre pero no jocoso, propio de Klaus.
– Un par de copas nunca están de más – se limitó a responder Damon.
– ¿Antes del almuerzo? – inquirió Klaus y le dio vueltas a la bebida que acababan de traerle –. Mi hermana dijo que estarías por el pueblo.
– Ustedes son pura cotilla, ¿qué les importa dónde vaya y dónde no?
– Hey, ¿y ese humor? ¿La llegada de Elena te afectó?
Damon bebió todo el contenido de su vaso en un solo trago y lo depositó bruscamente sobre la madera. No quería sentirse como lo hacía, y mucho menos por una mujer.
– No te haces idea cuánto…
– Se nota, mírate – Klaus observó fijamente al frente, a las repisas de vidrio repletas con botellas medio llenas – ¿Qué ha hecho ahora? – el rubio sabía del efecto que Elena tenía sobre Damon, solo que no imaginaba la magnitud de aquella influencia.
– Aparecer, solamente eso – se esforzó por contener su molestia, sin un ápice de éxito –. Iba todo bien, la acompañaría a recorrer los campos de mi familia, pasaríamos un tiempo a solas, pero Rebekah se la llevó de compras y Elena no objetó nada.
– Oh, espera ahí… ¿querías acompañarla y estar con ella? – el tono incrédulo en su voz fastidió a Damon.
– Sí, y deja de sorprenderte. Elena me gusta desde que pasamos la noche perdidos en la ruta – el moreno de ojos azules se maldijo por rememorar la noche en la que todo su mundo se volteó irremediablemente hacia la morena.
– Pero ustedes son perro y gato, amigo – había algo que no le cuadraba a Klaus, ¿por qué la peleaba si la quería?
– Es la única manera que tengo de acercarme a ella. Elena me odia, pero al menos me busca para discutir – Damon bajó la vista con desánimo y jugueteó vagamente con un papel blanco que encontró encima de la barra. No tenía chances de ser amado por ella, tampoco esperanzas de que suceda un milagro –. Al principio todo era pelear por pelear, era divertido… pero luego cambiaron tanto las cosas…
– ¿No has pensado que tal vez ella sienta algo por ti y no se dé cuenta? Así le ocurría a mi Caro.
– No digas idioteces, Klaus, por favor.
Sí, lo mejor para Damon era no entusiasmarse. Elena no podía sentir nada por él.
La fiesta estaba en su mejor momento. Todo el mundo bailaba, bebía y se divertía. Una hora antes de que empezara, asomó una tormenta eléctrica que ni con la posterior caída de agua cesó. Rebekah había puesto el grito en el cielo cuando lo vio, y perdió la ilusión de que su fiesta tuviera éxito. Pero, incluso adentro de la mansión Mikaelson, y privados del inmenso jardín con piscina y parrilla, la gente disfrutaba como loca.
Un fuerte relámpago iluminó la atestada sala y algunos gritos de borrachos riendo llegaron a oídos de Damon. Él no estaba tan entretenido como el resto, ni siquiera quería encontrarse allí. Asistió por la insistencia agotadora de su madre, y porque era una excusa para no perder de vista a Elena. Solo por eso. No es que no le agradasen las fiestas, en New York acudía a varias al mes, pero ese día no era el de su óptimo estado de ánimo, y hubiese preferido quedarse en su habitación, bebiendo Bourbon y leyendo algún libro de la biblioteca de la mansión.
En su mano derecha sostenía una copa de champagne, bebida liviana para él. Y la izquierda la tenía adentrada en el bolsillo de sus vaqueros negros. Con los dedos tocaba una pequeña pieza de oro blanco. Era un anillo de Elena que tenía historia para ellos. En la parte superior, exhibía una delicada figura de infinito, símbolo eterno. Había sido un regalo de Damon para su cumpleaños número dieciocho, que no dudó en recoger cuando a la muchacha se le cayó al salir del auto. Una nota de angustia lo invadió en ese momento, creyendo que ella no podía no percatarse de que un anillo se le había caído, pero desistió de darle aviso y prefirió guardarlo. Ya encontraría la ocasión pronta y adecuada para regresárselo.
Elena pasó delante de sus ojos y Damon se perdió en las caderas revestidas en rojo que se contorneaban con cada paso que daba. Su vestido alcanzaba a cubrir varios centímetros por encima de la rodilla. Corto, pero discreto. Insinuante sin mostrar nada, como ella. Elena no necesitaba exhibir cada poro de su piel para cautivar miradas. Era una mujer con presencia y belleza imponente. Lo que se pusiera le sentaría bien y, probablemente por eso, varias mujeres en la fiesta la aborrecían profundamente y sin disimulo.
– Hey, mi gran amigo, ¿cómo te lo estás pasando? Buena fiesta armó mi hermana, ¿ah?
– Klaus, tú no bebes hasta emborracharte – lo reprendió Damon, notando el excesivo olor a alcohol que acompañaba el aliento del rubio.
– Y otro más con lo mismo – protestó –. ¡Qué no estoy borracho!
Damon apoyó una mano en el hombro de su amigo, haciéndolo enderezar, y lo miró con firmeza.
– Oye, olvida ya a Caroline. Esa chica te está arruinando la vida, ¿me entiendes? Es historia, pasado. Llevas tres meses sin saber nada de ella, déjala ir – le quitó la botella de Bourbon de la mano –. Yo me quedaré con esto.
Klaus gruñó por lo bajo ante la sustracción de su bebida, pero no se opuso a Damon. Si bien estaba borracho, aún conservaba un poco de cordura para no armar un jaleo en medio de la fiesta y en su desfavorable estado.
Entonces, Damon suspiró y bebió un trago largo del Bourbon, el cual le quemó la garganta al bajar hacia su estómago. No era habitual tanto efecto y pensó que seguramente no hubiera solo Bourbon en esa botella; lo cual explicaba, también, la borrachera de Klaus.
Olvidó pronto todo cuando buscó con la mirada a Elena y sus ojos se toparon con la delicada silueta femenina. Ella era quien más atención atraía. Miradas de deseo por parte de los hombres, y envidia por las mujeres, se centraban en Elena.
La morena pareció sentir la presencia de Damon, ya que se volteó y caminó hasta detenerse frente a él, su antebrazo apoyado delicadamente en la barra.
– Asumo que te han dado un buen plantón, ¿verdad? – el gozo relució en su voz y Damon se forzó a sonreír sarcásticamente.
– Dime tú, ¿has llevado a alguien a un cuarto ya?
Elena hizo una mueca de indignación y luego sonrió maliciosamente. Las palabras de Damon, que pretendían herirla, no causaron su efecto.
– Esperaba llevarte a ti.
Ella sí fue efectiva. Damon la miró con tal perplejidad que la hizo liberar una risita silenciosa. Le costó un triunfo tragar la saliva de su boca y digerir lo que sus oídos habían captado. Elena avanzó el único paso que los separaba.
– Inocente palomita – le susurró mirándolo de reojo mientras su cuerpo lo rozaba y le pasaba por al lado adrede. El joven no podía dejar ir eso, definitivamente no. La tomó del brazo y con un leve tirón la dejó pegada a su pecho.
– No es el día de los inocentes.
– Para ti todos los días lo son.
Elena se burlaba de él. No sabía que Damon intentaba no agredirla demasiado porque sentía cosas por ella. Que la quería y que estos tira y afloja solo lo hacían desearla más. Arrojarla a su cama y no darle escapatoria era su tentación más dura de ignorar, aún peor cuando Elena se ponía de ese modo tan provocativo y sus peleas subían a un tono cada vez más escarlata. Pero él no era débil, que la intentara cuidar no significaba que se dejaría pisotear por los tacones de la muchacha.
Un brazo afianzó firmemente la cintura de Elena a la cadera de él. La chica no salía de su asombro, y Damon lo podía ver. En los ojos de uno se reflejaba el rostro del otro, estaban magnetizados entre sí. La atracción llegó al punto de hacerlos olvidar el lugar y la música a todo volumen. Solo ellos. Elena fijó la mirada en los finos y tremendamente besables labios del hombre de negro y su cabeza se acercó un centímetro, tímidamente. Damon dirigió su otra mano a través del pelo de la morena hasta posarla en su nuca. Una milésima separaba sus bocas cuando Elena se arrepintió y volteó el rostro, de modo que los labios de Damon impactaron contra su mejilla.
Inquieta y con un sinfín de emociones revoloteando en su interior, Elena se escurrió de los brazos que la apresaban y salió rápidamente al jardín. No prestaba atención a su alrededor, estaba ida y perdida en el momento que había vivido segundos antes con Damon. Lo que fue, y lo que podría haber sido. Tan así que no advirtió que Stefan la seguía en silencio hasta que se paró delante de ella, obstaculizándole el paso. Sacó una mano del bolsillo de sus vaqueros y la extendió a la chica. Ella alzó la vista, esbozando una pequeña sonrisa desganada.
– Confieso que me sentí herido cuando te vi cruzar la puerta justo frente a mí y no me saludaste – posó un beso en el dorso de la mano que Elena le cedió y la miró a los ojos, acercándose un poco más.
– Oh… lo siento – la sorpresa en su tono –. Tú tampoco te acercaste.
– Parecías tan entretenida que no quería interrumpir – le regaló una sonrisa y entrelazó su mano con la propia –. ¿Quieres dar un paseo?
– ¿Me dejas opción? – bromeó Elena, distendiéndose y riendo suavemente.
Hasta aquí por hoy... Espero que les haya gustado y ya me dirán si tienen sugerencias o dudas, son bien recibidas :)
Un beso enorme y que tengan un buen fin de semana!
