N/A. Y para esto sirve quedarme un día sin internet. Para continuar historias de estas que tengo abandonadísimas xD Este estaría situado en "Pedernal y Acero", que es cuando conoce a Tanis, aunque hace siglos que lo leí y digamos que de canon he metido poco XDD

SESGADA

VI. LABIOS

La espió por encima de la jarra de cerveza espumosa. Ella se reía estruendosamente, golpeando la mesa con el puño, picando al resto de bebedores con bromas de mal gusto, más propias de soldados bravucones que de mujeres hermosas.

Porque era hermosa, a pesar de que sus curvas estuvieran ocultas bajo las protecciones de cuero, que no permitían ni apreciar la insinuación de sus pechos, o de que su pelo fuera tan corto como el de un hombre.

Tanis tan solo alcanzaba a asentir. Le fascinaba aquella mujer de fuerte carácter, agresiva, de movimientos seguros y escasos de protocolo. Tan distinta de las elfas con las que había tratado en Qualinesti. Quizá por eso...

-Estos rumores de guerra sólo pueden significar una cosa -dijo Kit, y le guiñó un ojo al semielfo-. Más trabajo para nosotros.

Luego le preguntó si iba a terminarse la carne, al ver que no la había probado, y Tanis le pasó el plato. Tampoco tenía hambre. Al tenerla ocupada podía contemplarla más detenidamente, aunque algo le decía que Kitiara no era de las que se ruborizaban al saberse observada.

Le gustaban sus pestañas, oscuras y curvadas, y sus rasgos duros, que se relajaban cuando esbozaba esa sonrisa atrevida. Sus labios, expresivos y bien definidos, le volvían completamente loco. Le hacían sentir inseguro como un niño, como aquellos años cuando abrazaba a Laurana sabiendo que no debía.

Pero eran muy distintas.

La vio apartar el plato y levantarse, aflojándose el cinturón de cuero. Se apoyó en su brazo cuando pasó por su lado, dedicándole una mirada insistente y tan larga que Tanis empezó a respirar más rápido. Se obligó a clavar la vista en su plato, ahora vacío, para no mirarla marcharse a la habitación que habían alquilado para esa noche.

-¡Eh, Semielfo! -llamó la mujer. Tanis se volvió, y la vio apoyada en el umbral. Seducía con su postura, lánguida, como si fuera a resbalarse hasta sus pies de un momento a otro. Kitiara se lamió el labio inferior, delirantemente despacio-. ¿Vas a quedarte ahí? Pensé que te apetecería subir.