N/A. Últimamente me dedico salvajemente a evangelizar sobre esta saga de libros, porque es un mundo enorme y con muchísimas posibilidades a nivel fandómico. Está tan poco explotado que da pena T.T Además es que es divertido escribir sobre ellos, los personajes están tan metidos en un papel que es divertido y fácil escribir sobre ellos. ¡Si alguien lee esto que se anime! XD

SESGADA

VIII. Tabaco

Una mujer se levantó de su banco de madera ante la sorpresa de sus compañeros de mesa, recorriendo la distancia que la separaba de la ventana con un par de zancadas. La vieron abrirla con las dos manos, hasta dejarla de par en par. Se podían ver las casitas construidas encima de los vallenwoods, iluminadas por las velas que sus habitantes habían encendido en el interior, rodeadas por miles de hojas que aún no habían empezado a amarillear.

Pero ninguno hizo caso del bucólico paisaje, demasiado acostumbrados a él. Una suave brisa de verano no tardó en irrumpir en la posada, descargando el pesado ambiente lleno de humo y olor a cuerpo humano.

-Mucho mejor -dijo Tanis, sonriendo a su amante.

Kitiara volvió a sentarse, aspirando el remolino de humo que salía de las pipas que fumaban dos clientes en la mesa de al lado. Olía bien, a hierba y algo más que no pudo definir.

Un hombrecillo de barriga prominente apareció a su lado, viniendo de la cocina, y dejó delante de Caramon una bandeja entera de patatas picantes y otro par más para que los demás compartiesen.

-¡Estupendo! -bramó el hermanastro de la mujer, llevándose a la boca la primera patata.

-Por Reorx, algún día vas a reventar -le recriminó Flint, pero el tampoco tardó demasiado en empezar a comer.

Kitiara siguió su ejemplo, y miró perezosamente a Otik. Le resultaba completamente vulgar, bajito, con el pelo comenzando a ralear por las sienes, y, sin embargo, había algo en él que le recordaba a casa. Apartó la vista cuando sintió que Tanis le ponía una mano en la cintura. Parecía haber recuperado el buen humor que le había faltado por la mañana. ¿Sería por la cerveza o por qué había decidido olvidar momentáneamente que al día siguiente cada uno seguiría su camino?

-Bueno, Caramon, ¿qué vas a hacer entonces? -preguntó Kitiara, masticando un trozo de pan-. Podemos alistarnos como mercenarios.

-Yo... -El grandullón se puso rojo, y se rascó la nuca con la manaza. Sonaba algo decepcionado-. No puedo ir; tengo que quedarme con Raist.

-Tenemos nuestros propios asuntos -añadió el aprendiz de mago, sin entrar en detalles. No parecía estar pendiente de la conversación que había en la mesa. Había separado un poco la silla, y tenía los ojos clavados en el hogar de la posada. A Kit le sorprendió su falta de culpabilidad por atar a su hermano de aquella manera, cuando estaba claro que Caramon se moría por combatir.

-Ya veo. ¿Os iréis de Solace entonces?

-Mañana.

Su tono de voz evitó que se hicieran más preguntas. Todos se miraron, algo incómodos. Al final fue Flint el que carraspeó sonoramente para romper el hielo.

-Yo saldré cuando sea la feria de Haven.

-¡Una feria! -exclamó excitado Tas-. ¿Puedo ir contigo? Creo que tengo unos mapas que podrán venirte bien y...

-¿No tienes otra cosa que hacer?

-No -respondió, sin captar la nota desesperada en la voz del enano, rebuscando afanosamente en sus bolsitas.

-Yo iré al Norte entonces -dijo Kitiara, rodeando la jarra de cerveza con las manos-. Llevo un tiempo pensando en buscar a mi padre.

-¿A Solamnia? -preguntó Sturm, interviniendo por primera vez.

-Supongo -respondió, mirando a Brightblade con expresión interrogante.

-Yo también voy hacia allí -anunció-. Mi padre fue caballero de Solamnia, si tienen noticias será en esa ciudad.

-Estupendo -dijo, aunque no sonó excesivamente convincente. La mano de Tanis se aferró más a su cintura, cosa que acabó haciéndola sonreír. ¿Por qué él puede ir y yo no?, preguntaban sus ojos cuando lo miró. El semielfo no parecía tampoco muy contento, pero no dijo nada. Conocía a Kitiara. Si le exigía ir con ella, acabaría por hacerla enfadar.

-Parece que cada uno va a seguir su camino -dijo Tanis, sin despegar los ojos de Kit.

-Eso parece -sonrió ella.

-¿Cómo? -Tas parecía haber dado por concluida la búsqueda de mapas en sus saquillos, y volvía a integrarse en la conversación-. ¿Pero los demás no os venís con Flint y conmigo a la feria?

-Este kender no se entera de nada -soltó Flint, llevándose la mano a la cara.

-Yo pensaba que... ¿No vamos a volver a vernos?

-Claro que sí -le tranquilizó Tanis, esbozando una sonrisa algo forzada-. Podemos quedar dentro de unos años...

-Años -sonrió burlona Kitiara-. Eso es mucho, ¿no, Semielfo?

-Cinco años, por ejemplo. -Tanis evitó mirar a la guerrera-. Aquí mismo, en la posada. Nos volveremos a reunir todos.

-Suena bien -aceptó Caramon, volviéndose hacia su hermano, que no parecía muy interesado-. ¿Verdad, Raist?

-Seguro.

-Juro por Paladine que aquí estaré -declaró con solemnidad Sturm, dando un golpe en la mesa.

-Tendré que vigilar al kender -masculló Flint-. Seguro que se le olvida.

-¿Y a ti, Tanis? -preguntó Kitiara en voz baja, sólo para él-. ¿Tendré que recordártelo esta noche?