Diclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

-Bla bla - Diálogo.

-Bla bla - Pensamientos.


~oO::: Nada Quedará :::Oo~

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Temor. (Capítulo I)

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Dos días más tarde…

Entró a su departamento, e inmediatamente un agradable olor se coló por sus fosas nasales.

-Ino debe estar aquí… - se dijo a si mismo dirigiéndose a la cocina, con una expresión de alegría en su rostro.

Hace más menos una semana que no veía a Ino porque ella estaba en el país del Arroz realizando una misión de espionaje. Y Kami sabe cuánto extrañó a su amada problemática todos esos días, sobretodo porque se había acostumbrado a la permanente presencia de la rubia a su lado. Y no es para menos, 8 meses viviendo junto a ella, era como para extrañarla, y mucho.

Inhaló suavemente el delicioso olor. Se apoyó en el marco de la puerta, de brazos cruzados, y miró a la rubia mientras ésta sacaba un gran pastel del horno, y lo dejaba sobre un mueble de cocina.

Aún la Yamanaka no había notado su presencia, pues estaba de espaldas, concentrada en el pastel de manzana.

- Se ve y huele rico – comentó pacíficamente, al momento que esbozaba una sonrisa sincera.

Ino sobresaltó, dejando caer los guantes de cocina que recién se había sacado.

-Oh Shika… llegaste… – su voz sonó tímida, con un leve timbre de sorpresa. No esperaba que el Nara llegara tan pronto.

Mordió su labio inferior, respiró profundamente y volteó rígidamente, evitando en todo momento mirarlo a los ojos.

-Ajá – él se acercó a ella, y la abrazó, depositando un tierno beso en su mejilla. –Creí que llegarías mañana de la misión.

Ella pestañó un par de veces y se separó de él. Fingió una sonrisa.

-Terminé antes – fue todo lo que dijo antes de salir de la cocina e irse a su habitación abruptamente.

Shikamaru enarcó una ceja, y la siguió. Ino estaba actuando extraño. Regularmente, cuando ella llegaba de alguna misión, estaba siempre feliz, y le decía lo mucho que lo había extrañado, además de los detalles de la misión, que nunca eran pocos.

Esperó aquellas palabras, pero nada sucedió.

Entró a la habitación, la observó mientras ella se dirigía al baño contiguo, y cerraba la puerta inmediatamente para impedirle el paso.

Definitivamente algo había sucedido.

-¿Ino pasa algo? – preguntó con preocupación, apoyándose en la puerta del cuarto de baño, esperando alguna contestación.

-No es nada… - sabía que la respuesta no era honesta.

-¿Ino dime que pasó? – pidió tratando de abrir la puerta inútilmente, pues estaba con seguro.

-No pasa nada, es sólo que no me siento bien – dijo después de una extensa pausa.

Sus palabras no sonaron seguras, de hecho tenían un timbre tembloroso y dubitativo, no típico de ella. La conocía muy bien como para sospechar que algo le pasaba a Ino.

-Ino abre.

-Shika, de verdad no pasa nada, solo estoy un poco mareada, eso es todo.

Sin creer mucho las palabras de Ino, se dio por vencido…, pero sería sólo momentáneo.

-Está bien, estaré en la sala – le informó antes de salir de la habitación.

No sabía por qué, pero tenía el presentimiento de que algo estaba ocultando la rubia. Ella no actuaba de esa manera, siempre estaba alegre a su lado, ya sea, compartiendo con él, o diciéndole cuanto lo amaba.

Bueno, ya tendrían tiempo de conversar.

-Problemático… - susurró sentándose en el sofá y cerrando sus ojos.


~oOo~

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Se sentía horrible.

No podía ni siquiera mirarlo a los ojos, porque temía que descubriera lo que había cometido.

¡Kami! ¿Cómo pudo hacer tal tontera?

Si ella amaba a Shikamaru, no entendía por qué había sido infiel con un hombre, por el cual, no sentía ni la más mínima atracción, con excepción de ese día, que por alguna razón inquietante, había actuado sin raciocinio, y como una ninfómana para satisfacer su necesidad carnal.

¡Diablos! Ni siquiera con Shikamaru le había pasado aquello.

Y por más que buscaba una justificación no la encontraba. No había ninguna excusa para resguardar la falta que había hecho. De hecho no podía concebir el por qué había actuado de tal manera frente a él…

Miró su rostro en el espejo. Las lágrimas de culpa ya habían humedecido sus mejillas.

-Soy tan estúpida…

Dio el paso del agua, y lavó su rostro, disfrutando de la frescura hidratante para no pensar en nada. Quería bloquear su mente...

Respiró prolongadamente.

Solo le quedaba una cosa por hacer, actuar como siempre, aunque costara, y olvidar el error a cualquier precio.

Cortó el grifo, secó su rostro con una suave toalla, y sonrió frente al espejo, tratando de fingir la mejor sonrisa para Shikamaru, para que no notara nada extraño, aunque ya debía sospechar que algo había pasado, pues no había podido sostener su mirada en los ojos chocolates, por la culpa que aumentaba en su pecho.

Suspiró profundamente, y salió del cuarto de baño.

Caminó pausadamente hasta dónde se encontraba el Nara. Ahora, probablemente se venían muchas preguntas, por las cuales tendría que improvisar, y tratar de ocultar como fuera posible lo sucedido.

Lo vio sentado sobre el sofá, con los ojos cerrados.

Se acomodó en su regazo y lo abrazó.

Shikamaru aún con los ojos cerrados, envolvió con sus fuertes brazos alrededor de la rubia, aferrándola fuertemente a su pecho.

-Shika lo siento… no sé que me pasó… - dijo ella, escondiendo su rostro en el cuello de él.

-Tsk. No importa problemática. Después hablaremos. – Ino asintió en silencio, y lo abrazó más, inhalando el adorable olor masculino del moreno.

Él acarició sus largos cabellos dorados.

Cada caricia otorgada por él, le provocaba un burbujeo inexplicable en el vientre.

-Te amo Shika… - susurró con sinceridad, desde lo más profundo de su corazón, pese a la idiotez cometida.

-Yo también problemática. Mucho.

¡Maldición! No pudo evitar llorar. Se sentía indigna de él, sucia, no merecida.

-¿Por qué lloras? – inquirió él, volteando el rostro de la ojiazul, para que lo mirara de frente.

-Es que… es que… te amo demasiado… - dijo entre cortado, abrazándolo, apegándose a él.

-No tienes que llorar por eso.

-No puedo… lo siento Shikamaru – él le limpió las lágrimas con sus pulgares, y luego buscó sus labios, con los suyos y los besó.

Simplemente, se dejó llevar por la suavidad de su gesto, que casi la hacía derretir.

Correspondió con la misma intensidad, pues le era imposible negarse a besarlo. Exploró sus labios de forma única, y dejó que su lengua vagara en su boca suavemente, disfrutando del masaje húmedo de sus lenguas.

Él, sus caricias, sus besos, eran un analgésico para su dolor…

Pronto, el beso se transformó en uno más caliente y demandante. Shikamaru comenzó a viajar con sus manos, por las caderas de la rubia, lentamente, deleitándose con el suave contacto de la piel de Ino.

Su cuerpo se incendió. Con cada tacto, cada beso, cada caricia, erizaba su piel eléctricamente. Rodeó la cintura del Nara con sus piernas, sin dejar de besarlo en ningún momento.

Eliminó la chaqueta de él que estorbaba como nunca, y su camisa, dejándole el torso desnudo, mientras él hacia exactamente lo mismo con ella, de manera desesperante e inmediata, provocada por la necesidad.

Shikamaru, desabrochó el sujetador lila de la rubia, dejando en libertad sus firmes pechos. Dejó de besarla mientras masajeaba los pechos excitado por el agarre. Se inclinó hacia abajo, y llevó a sus labios el pezón endurecido de ella. Lo succionó suavemente, degustando con su lengua el dulce sabor que lo rodeaba de placer.

Ella, sintió todo su cuerpo intoxicarse por él, las succiones en su botón de rosa, la envolvían en un calor sofocante, que casi la ahogaba por querer sentirlo pronto en ella.

Sus pensamientos se esfumaron, quedando sólo ellos dos.

Cuando sintió el contacto de su masculinidad en su núcleo, comenzó a mecerse rítmicamente en él. Dejó escapar un quejido de placer, cuando sintió el agarre de su pezón hinchado, con los dientes de él, lo que provocó el aumento de movimiento sobre la entrepierna del moreno.

El Nara, la recostó sobre el sofá, quedando sobre ella.

Ino abrió sus piernas, y autorizó que el se posara sobre ella. Sintió su centro mucho más húmedo, cuando él, a través de las prendas de vestir, se friccionaba imparable en ella. Sentía la rigidez queriendo invadirla.

Él acarició sus muslos, ascendiendo tortuoso, hasta llegar a la prenda inferior que cubría a Ino. Justó cuando estaba por sacarlas completamente, ella lo detuvo.

Su raciocinio, impactó violentamente con la realidad. ¡Kami! No podía hacerlo, no después de la traición que había hecho.

-Espera… - interrumpió con voz agitada. -… yo lo siento Shika… no puedo – y antes de que él pudiera replicar, ella se levantó, alejándolo de su cuerpo. – De verdad… no puedo hacerlo – dijo una vez más, recogiendo sus ropas.

Él sólo asintió sin entender nada. Pronto, se levantó, repitiendo la acción de ella. Una vez que estuvo cubierto, se acercó a ella, que terminaba de arreglarse el cabello.

La abrazó por la cintura, y le dio un suave beso en la mejilla.

-Debemos hablar problemática… Necesito saber que pasa. – Ino asintió, sintiendo su corazón latir más rápido que nunca.

Por más que lo intentó, no pudo ocultar que algo pasaba. Y ya no quedaba más, debía decirle lo que había sucedido, porque no podía vivir un minuto más con la angustia, remordimiento, y miedo en su pecho. Era demasiado insoportable como para tratar de olvidarlo, o desecharlo como si nunca hubiera pasado nada.

Había cometido un error, y no podía seguir viviendo con eso. Ni menos mirar a los ojos a Shikamaru, porque él la amaba, y no podía engañar a quién sentía eso por ella, incondicionalmente.

Había arruinado su felicidad, la de él, y sabía que debía pagar por aquello. Por su absurdo error.

-Está bien… pero… iré a darme una ducha primero. – Shikamaru no dijo nada, solo hizo un gesto de aprobación.

Le dedicó una sonrisa de medio lado, y fue a relajar su cuerpo con un baño caliente.


~oOo~

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El baño, se prolongó más de lo usual. Ya habían pasado cerca de 40 minutos, y ella aún no salía, mejor dicho no era capaz de hacerlo… lo atribuía a una sola razón, pese a que necesitaba decirle la verdad, porque o sino se volvería loca, también quería aplazar el momento, por no querer ni imaginar la reacción de él…, que posiblemente no sería de las mejores.

Y era de esperarse, ella en su lugar, se moriría de sufrimiento, ya que, ella al igual que él, lo amaba en demasía. Tanto, que desgarraba su pecho.

La relación entre ellos era casi perfecta. Ambos se amaban, se conocían al dedillo, se tenían confianza, cariño…., y sobretodo respeto. Respeto que ella pasó a llevar por un deseo insaciable, que apareció de la nada, y la hizo cometer la estupidez más grande de su vida. Una metida de pata que posiblemente no tendría perdón…

Sacudió su cabeza, no quería pensar más en eso…, nada más. Solo rogaba, que él la perdonara, pues si no lo hacía, ella no sería capaz de vivir sin él.

Respiró profundamente, y cortó el paso del agua.

Salió de la bañera, envuelta en una toalla, y así mismo, se dirigió a su habitación para arroparse.

Una vez allí, secó bien su cuerpo, acomodó sus ropas de dormir, que consistía en una corta camisa de dormir.

Cepilló su cabello húmedo, y observó su rostro un largo rato antes de reaccionar, y notar que él la estaba mirando desde la entrada de la habitación con el típico semblante monótono en su rostro que la volvía loca.

Alejando sus pensamientos, volteó, y en ningún momento miró sus ojos, pues si lo hacía, estallaría en llanto.

-¿Lista problemática? – asintió con un leve movimiento de cabeza, y se sentó al borde de la cama.

Él hizo lo mismo, a su lado, acomodándose para hacerle frente.

-¿Qué pasa…? – pidió suavemente mientras, acariciaba su rostro.

Ella cerró sus ojos por un momento. ¡Kami! Necesitaba confesar la verdad porque no aguantaba más el asfixiante error en su garganta, más el daño que iba a provocar la confundían de tal manera que tambaleaba acerca de decir o no la confesión dolorosa.

¿Y si él la odiaba? ¿Si no la quería ver nunca más?... Esas interrogantes, tenían una respuesta que bien conocía.

Suspiró largo y tendido, y abrió sus ojos lentamente, fijando su mirada en los orbes canela, que la miraban con atención.

Tenía que acabar con todo eso, tenía que decirle la verdad, no tenía otra opción de vida. Afrontaría su equivocación, lo haría porque ella era la causante de todo y debía pagar…

-Shika… yo… - fue lo único que alcanzó a articular, antes de comenzar a llorar indeteniblemente. –No puedo decirle…

Eso era cierto, no quería perder a causa de su momento de debilidad la felicidad que sentía por él, no quería sentir su rechazo, su odio… Era algo que simplemente no podría tolerar, algo con lo que no podría vivir.

TO BE CONTINUED...