Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

-Bla bla - Diálogo.

-Bla bla - Pensamientos.


~oO::: Nada Quedará :::Oo~

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La Promesa (Capítulo IV)

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~oOoOoOo~


Abrió cuidadosamente la puerta del departamento. Apenas entró vio al moreno sentado en el sofá fumándose un cigarrillo tranquilamente.

Cerró la puerta con cuidado, y se quedó observándolo un par de segundos. No lo había visto fumar hace un poco más de cuatro años, cuando aún no eran más que "amigos". Él había dejado el hábito gracias a que ella se lo pidió, y gracias al método utilizado, bueno por ambos.

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No cambiaba, de hecho no había mejoras, y lo peor de todo, era la distancia que él mismo provocaba.

¿Cuánto tiempo había pasado? Un año y medio exactamente desde la muerte de su maestro.

Sabía que el dolor aún permanecía, era consciente de aquello, pues ella también lo sentía así, pero…, para él era más fuerte y se debía a la estrecha relación entre ambos, pues el vínculo entre ellos siempre fue de padre e hijo. En efecto, el pesar era mayor.

Solo que… deseaba poder aliviarle un poco el peso que cargaba, porque aún después de la venganza él no se sintió mejor, lo notó. Y cada vez que miraba sus ojos chocolates era capaz de ver aquel vacío que no pudo volver a llenar.

Le había prometido a su sensei cuidar de Chouji y Shikamaru, pero sentía que con el Nara, nada podía hacer al respecto. Cada vez que lo veía fumar, sentía que había fracasado, que no era capaz de ayudarlo, de cuidarlo. Lo peor era que aunque interviniera, él sólo se enojaba con ella argumentando que era muy molesto todo y que ella jamás entendería por ser una mujer muy problemática.

¿Qué diablos significaba eso? ¿Que debía dejarlo solo, que se siguiera dañando porque ella era muy problemática? ¿Qué se supone debía hacer? ¿Actuar como si no le importara? ¿Actuar como si nunca hubiera prometido nada?

¡Condenar!

La verdad era que ya estaba aburrida, aburrida de intentar absolutamente todo y no obtener nada. De tratar de evitar su vicio y sólo conseguir reproches, de querer lo mejor para él y que no la tome en cuenta.

¡Kami! ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado? ¿Por qué él, a pesar de encontrar a todo y todos problemáticos, no era capaz de ver que él era mucho más de lo que creía?

Dio un suspiro exagerado, y siguió observando la aldea a través de su ventana.

Todo lucía tranquilo, absorto de problemas, de indecisiones, de malestares… ¡Uff! Cómo le gustaría a ella sentirse así, y liberarse de lo que sentía su corazón apretado por no poder cumplir su promesa.

¡Si hasta a veces soñaba que Asuma iba y la regañaba por no cuidar de Shikamaru!

¡Kami! ¡Se estaba volviendo loca!

Cerró sus ojos e inhaló y exhaló profundamente, sólo le quedaba una cosa por hacer para lograr que el Nara reaccionara, para que dejara las huellas de Asuma a un lado y avanzara.

Era su último recurso, no lo quería utilizar, pero dada la situación y urgencia debía ser necesario y definitivamente valía la pena.

Si el muy perezoso no quería dejar el maldito vicio de fumar, si ella no podía cumplir con su promesa, al menos caería en lo mismo que él para que sintiera remordimiento.

Una cosa por otra ¿Cierto? Aunque eso signifique recurrir a las más profundas e inesperadas posibilidades de mejora.

Abrió sus ojos y observó sus manos.

En ellas descansaban un cigarrillo, y un encendedor. Levantó el cigarrillo y lo puso en sus labios, encendió la llama y aspiró suavemente.

Le fue imposible no toser unas cuantas veces cuando intentó que el humo se aspirara intensamente, para poder colarse a sus pulmones, por consiguiente, ingresar a su sistema. Y lo que sí le fue completamente imposible, e imprevisto fue marearse un poco por la inexperiencia de la nicotina en su cuerpo.

Lo intento más veces, y no pudo, ya que, siempre lograba los mismos resultados.

Toser, toser, toser y toser.

Pero no se daría por vencida, dado que por algo era Ino Yamanaka. ¿No?

Continuó con otros cigarrillos más, hasta que se acostumbró a eliminar naturalmente el humo aspirado.

Se preguntó una y mil veces cuál era el gusto de fumar, pues ella no le encontró la gracia.

Apagó la colilla del cigarrillo y con la ayuda de sus manos alejó el humo hacia la ventana para que no quedara el pasoso olor en su habitación.

Una vez terminado, y una vez finalizada la tarea, se recostó sobre su cama, y miró el techo, mientras era absorbida por sus pensamientos.

Lo seguiría intentando al correr de los días hasta considerar que realmente había aprendido el vicio.

Por el bien de él, por su logro, y por la promesa incumplida.

.....

Tres días más tarde…

La práctica hace el maestro, en su caso al principiante.

Estaba decidida, él tenía que dejar ese horrible hábito si o si. Ella ya había hecho su parte, sólo debía cambiar el curso de la rutina del Nara, independiente de lo que haya tenido que hacer o aprender.

Lo buscó en el campo de entrenamiento, hasta que encontró al moreno a unos pocos metros de distancia, recostado en el césped mirando las nubes.

Hay cosas que nunca cambian.

Caminó unos cuantos pasos y se sentó a su lado.

-Hola Shika – lo saludó dedicándole una sonrisa genuina.

Él la miró de reojo y correspondió el saludo.

-Ino. – Dijo devolviendo su mirada al inmenso cielo azul, poblado de pomposas nubes.

-¿Cómo estás? – preguntó al momento que observaba la cajetilla de cigarrillos de él, recostada en el césped, a su lado.

-Bien. ¿Y tú problemática? – ella rodó sus ojos. ¿Acaso no había otra palabra más para calificarla? ¿Por qué siempre problemática?

¡Caray!

-Bien… - respondió con un suspiro.

Shikamaru se incorporó sentándose y cruzando sus piernas. Tomó la cajetilla de cigarrillos y sacó uno.

Ino enarcó una ceja y miró cada acción del moreno. No sabía si lo hacía a propósito o qué, pues él siempre fumaba frente ella, cuando ella estaba con él.

¿Extraño, no? Era como si buscara las fuentes para obligarla a discutir con él.

Lo observó oprimir el cigarrillo en sus labios suavemente… Por mucho que no aceptara los gustos de él, no podía negar lo increíblemente sexy que se veía. Si el sólo imaginar esos labios sobre los suyos, presionándolos de aquella manera, le provocaba que miles de mariposas revolotearan por su vientre.

Lo reconocía, Shikamaru Nara, era atractivo. Bueno, ok, también le gustaba mucho.

Sacudió su cabeza por los inapropiados deseos ocultos por su compañero de equipo, y sopló desganada su flequillo dorado.

Lo miró por el rabillo del ojo.

Cuando él eliminó el humo, ella decidió que ya era tiempo para intervenir.

Se acercó más a él, y casi lo golpeó cuando intencionalmente Shikamaru eliminó el humo en su rostro.

-Idiota – susurró entre dientes volteando su rostro, frustrando su objetivo.

Shikamaru rió de medio lado y continuó fumando, ignorando por completo los ojos azules que por alguna razón que desconoce lo observaban como queriendo algo.

No alcanzó a llevar el cigarrillo a sus labios, cuando la rubia se lo arrebató.

-Esto es mío.

Él frunció el ceño.

Ino devuélvemelo. – Advirtió tratando de quitarle el cigarrillo que tanto empeñaba la ojiazul por mantenerlo fuera de él. –Ino – advirtió una vez más, levantándose.

-No me gusta que fumes – le dijo parándose y escondiendo el cigarro a sus espaldas, y alejándose de él, que intentaba sin resultados quitárselo.

-Que molesto – murmuró él, dándose por vencido, mientras encendía otro para enojo de la rubia.

Ino apagó el cigarro, y se dedicó a arrebatarle el que acababa de prender.

-Shikamaru pásamelo.

-Ino esto no es asunto tuyo, si fumo es mi problema. Métete en tus asuntos y déjame en paz. – Le dijo fastidiado de los reproches que casi a diario le daba ella.

-Es también asunto mío, le prometí que te cuidaría. – El moreno negó con la cabeza y comenzó a alejarse de ella. -¡Espera! – le gritó ella corriendo para alcanzarlo.

-Déjame en paz ¿Quieres?

-No lo haré – y en un hábil movimiento logró quitarle el cigarrillo. Él redujo el entrecejo y nuevamente comenzó a tratar de arrancarle de las manos el cigarrillo que a él le pertenecía.

Si seguía así terminaría sin ninguno.

-Ino…

-No lo haré. – Lo siguiente que vio fue a la ojiazul dándole una suave aspirada a su cigarrillo, y para su sorpresa, ella parecía saber lo que estaba haciendo, de hecho sabía fumar.

-¿Qué estás haciendo?

-Fumando ¿Acaso no ves?

-Eso lo sé ¿Por qué lo haces?

-Porque tú lo haces. – Él arqueó una ceja.

-No por eso tienes que hacerlo.

-Lo hago si yo quiero, es mi problema – dijo ella marcando sutilmente las últimas palabras.

Él no replicó, pues eran las mismas palabras que él usaba cuando ella le pedía explicaciones de por qué fumaba.

-¿Quieres? – le ofreció ella.

Shikamaru la miró con cara de signo de interrogación. Ella se empeñaba en que dejara de fumar y ¿ahora le ofrecía fumar? ¿Qué demonios estaba pasando con ella? ¿Se le había zafado un tornillo o qué?

Ino sonrió y se acercó a él. Al parecer todo estaba funcionando.

-¿Quieres o no? – le preguntó mientras le daba otra pitada al cigarro.

Él no respondió.

-Yo sé que quieres – dijo con voz melodiosa acercándose a él. -¿Quieres? – ofreció una segunda vez, como él nuevamente no contestó, ella dio otra pitada más.

Botó el humo suavemente en el rostro de él, de la misma manera que él lo hizo con ella, y pareció molestarle al moreno.

-Te gusta a ti no más – murmuró al ver la reacción del cabeza de piña.

Aquello pareció no gustarle en absoluto al Nara, por tanto, le quitó el cigarrillo, dándole una larga pitada y eliminando el humo de la misma manera que ella lo había hecho con él hace segundos atrás.

-Idiota – susurró sin voltear su rostro, sintiendo como el humo del tabaco pegaba en sus labios junto con el aliento de él.

Una vez más, y de menos distancia, él volvió a dejar salir el humo en el rostro de ella, que para su suerte Ino aún no lo golpeaba por lo que estaba haciendo.

Sin darse cuenta, ella le quitó el cigarrillo, y ella hizo lo mismo con él. Cada vez, parecía más un juego de "quien se enoja primero por eliminar el humo en tu rostro" Aspiró una segunda vez, y cuando ella dejó escapar el tabaco inhalado, por la mínima distancia que había, él aspiró el humo de sus labios, sin siquiera rozarlos.

Ino amplió sus ojos, obviamente estaba sorprendida.

-¿Qué haces?

-¿Crees que voy a desperdiciar mis cigarrillos? – la sonrisa que se formó en sus labios, bastó para que el corazón de ella se acelerara por completo.

Pues aquel contacto había sido suficiente como para considerarlo algo "no de amigos" Aunque para ella su amigo era bastante guapo, y ya no lo miraba con los mismos ojos de siempre, o sea ¿Cómo resistirse a mirar de otra a forma a alguien como él…?

Rápidamente él volvió a quitarle el cigarro, dando una larga pitada a lo poco que le quedaba y acercándose más a ella.

Ella sin ataduras, sin querer separarse, no se negó a la cercanía.

Aspiró el humo que se desprendía lentamente de los labios del moreno que casi tocaban los suyos.

Juró que sentía más dulce el sabor de la nicotina en su boca cuando él le traspasaba la fumada.

Cuando eliminó suavemente la bocanada de humo, aún estaba él a una corta distancia de ella realizando delicados movimientos sobre sus labios, casi rozándolos. Si no fuera por su inexperiencia, juraría que él trataba o quería besarla.

Cosa que ella por alguna razón también quería hacerlo.

Le comenzó la taquicardia, y consigo el sonrojo.

-¿Cuándo aprendiste a fumar? – le preguntó él, esta vez palpando los labios rosas con los suyos.

-Eso no importa – ella respondió deslizando dulcemente sus labios sobre los de él, que por alguna causa anónima no sabía el por qué no podía alejarse.

Bueno… algo sospechaba.

-¿Cuándo? – volvió a pedir, presionando sus labios con delicadeza pero aún no con un contacto o fuerza necesaria para considerarlo un beso.

-No es asunto tuyo – replicó sintiendo el aliento de él ingresando en su boca, por la apertura de sus labios que esperaban ser besados.

-Ahora lo es… - presionó su labio inferior, preparándose para besarla. –… fumaste mi cigarrillo…

-¿Y eso qué? – exclamó Ino cerrando sus ojos, e inclinando levemente su rostro a un lado.

-Eso es asunto m- - no pudo terminar porque una bocanada de humo apareció a un costado de ambos.

Se separaron rápidamente y fijaron su mirada a quién interrumpió el que sería su primer beso.

-La Hokage los necesita urgente en su oficina – anunció el Anbu con máscara de águila.

-Está bien – Shikamaru fue quién hablo pues Ino aún no podía pronunciar palabra alguna.

El Anbu desapareció, dejándolos solos una vez más. Estaba más que claro que había aparecido solo para arruinar el momento… Bueno, eso querían creer.

Ino miró de reojo al Nara, y le fue inevitable no sonrojarse. Su rostro ardía, y si que lo hacía.

Él actuó como si nada y caminó, dejándola atrás.

-¿Vas o te quedas aquí problemática? – preguntó volteando a mirarla.

Ella asintió en silencio y lo siguió. Tratando de no mirarlo a los ojos, y de no mirar sus labios, pues si lo hacia, no se haría responsable de sus actos.

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-Ve a buscar tus cosas – Shikamaru interrumpió sus recuerdos de manera súbita.

Sacudió su cabeza y asintió en silencio, algo dudosa.

-Shikamaru…

Aquel indicio, implicaba que ya era el fin de ellos dos. Él no fumaba porque se lo había prometido, mas ahora verlo aspirando el cigarrillo daba por confirmado que ya no quedaba nada más entre ellos.

El moreno en ningún momento le dijo nada, ni siquiera la miró…

Respiró profundamente y caminó hacia la habitación.

Buscó sus cosas, las ordenó y las dispuso en dos maletas. Tardó en hacerlo, pues no quería irse de aquel lugar. Quizás era algo estúpido e ingenuo pensar que él le pidiera que se quedara, pues él no lo haría.

Sacó de una cajonera sus últimas ropas, y una pequeña caja en dónde guardaba algunas fotografías y cosas que consideraba importantes. Se sentó en la cama, y abrió la caja. Sacó un encendedor, y lo guardó entre sus ropas.

Suspiró continuamente cuando comenzó a ver las fotografías de ellos dos, había fotos de ellos juntos desde sus días genin…

Una lágrima recorrió su mejilla, mas no la removió.

-Apúrate, tengo que salir – dio un brinco al escuchar su voz fría, agotada de sentimientos cálidos dirigidos hacia ella.

Inclinó su cabeza y lo miró. Estaba de brazos cruzados apoyado en el recuadro de la puerta con una expresión aburrida en el rostro.

No dijo nada sólo asintió en silencio, y lo observó marcharse de ahí, dejándola sola.

Cerró la pequeña caja, y la guardó en su equipaje. Una vez lista, tomó ambas maletas, y salió del cuarto en dónde alguna vez compartió tantos momentos inolvidables junto a él.

Dejó las maletas en la entrada, y sacó de sus ropas el encendedor, y un par de llaves.

Se acercó al moreno, a una distancia considerable, que estaba de pie junto a la ventana.

-Shika…

-¿Qué quieres?

-Toma… - le dijo extendiéndole ambas cosas.

El Nara volteó y miró los objetos en la mano de ella.

Sabía que a partir de ese momento, no había retorno, era el adiós final de un vínculo que no podría ser enlazado una vez más, debido a la traición de ella.

Aquel objeto platinado en su mano, era el rompimiento de una promesa que había jurado sería de por vida, era el fin de una promesa dirigida a ella desde lo más profundo de su corazón.

Ino también observó el encendedor en su mano, recordando exactamente lo mismo que el Nara. La promesa.

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-¡Hola Shika! – saludó con voz armoniosa su amiga ruidosa que acababa de irrumpir en su habitación.

-Problemática… podrías al menos golpear – dijo él entre dientes, apoyando su cabeza en el marco de la gran ventana en dónde se encontraba hasta hace pocos momentos, descansando.

-¡No exageres! Ni que fuera alguna vez a ve- - decidió por su bien no continuar.

-¿Qué ibas a decir?

-¿Yo? – preguntó apuntándose ella misma. Shikamaru rodó los ojos y negó con la cabeza. Ino era un caso perdido.

-¿Quién más?

-Jajaja. – Rió desviando su mirada y caminando hacia la gran ventana, sentándose frente de él. –No me hagas caso.

Él suspiró largo y tendido, y fijó su mirada en la de ella que lo inspeccionaba detenidamente.

-¿Qué pasa Ino?

Ella no respondió.

-¿Ino, qué pasa?

Tampoco lo hizo.

-¿Ino? ¡Hey! – pasó su mano por delante de los ojos azules, hasta que ella reaccionó. -¿Qué te pasa Ino?

-Nada, solo estaba perdida en mis pensamientos. – Justificó lo cierto, pues los últimos días, estaba muy preocupada por él. Shikamaru actuaba como si algo lo perturbara, y estaba más distraído de lo normal. Si ni siquiera había ido a ver a Kurenai durante la semana, y eso si ya se le hacía extraño.

Por eso, trataba de buscar en él, en su mirada o en algún indicio gesticular, alguna respuesta, mas no la encontró.

Y como buena amiga y compañera, se interesaba por lo que le pasaba, sobretodo porque él se guardaba todo y no decía nada acerca de cómo se sentía. Por ende, no le quedaba más opción que ir a verlo, y por la razón o la fuerza averiguar qué pasaba con él.

Y si pasaba algo malo, ella se encargaría de estar ahí para él, porque, sin duda, ella siempre estaría para él, para lo que fuera. Independiente de lo que sea, siempre estaría dispuesta a estar con él, para él.

-Problemático… - murmuró en tono aburrido, ignorando los ojos examinadores de ella.

-Shika… - lo llamó suavemente.

-¿Qué?

-¿Te pasa algo? Te he visto muy extraño los últimos días y…

-No pasa nada. – La interrumpió cerrando sus ojos.

-Yo sé que te pasa algo. Anda, dime que es. ¿Si?

Shikamaru entreabrió los ojos y suspiró.

-Que eres problemática… te dije que no pasaba nada. – Sólo mentiras. Era claro que le pasaba algo. ¿Qué cosa? Ni él lo tenía claro aún como identificar correctamente de qué se trataba. Sólo sabía que era por el vacío de la pérdida de quién fue su mentor, un segundo padre para él. Quizás era absurdo, ya que, él había fallecido hace bastante tiempo, pero... aún había algo ahí. Algo que le impedía hacer algo más, algo que provocaba una barrera entre él y la gente que lo rodeaba, a excepción de Ino. Ella era la única capaz de quebrajar su coraza. La única que era capaz unificar su sentir, y olvidar el vacío en su pecho... Era extraño.

-Mientes – lo acusó sospechando, y siendo consciente de qué era lo que le sucedía al Nara. La pérdida era un sentimiento permanente después de todo.

-¿Miento? - él abrió completamente sus ojos y enarcó una ceja.

-Si, mientes.

-¿Cómo sabes?

-No me viste a los ojos.

Negó con la cabeza, y sacó del bolsillo de su chaqueta, una cajetilla de cigarrillos. No quería seguir más con la conversación. Siempre era exactamente lo mismo.

No alcanzó a encender el cigarro, cuando ella se lo quitó de los labios.

Ino los puso en sus labios, y lo prendió arrebatándole el encendedor al moreno, que no parecía muy contento porque le había usurpado su cigarrillo.

-Ino… - ella le dedicó una sonrisa con fingida inocencia, mientras eliminaba el humo lentamente.

Sin volver a advertir, se acercó a ella, mirándola directamente a los ojos. Sabía que, cuando fijaba sus ojos en aquellos zafiros brillantes, no podía dejar la mirada de lado.

La rubia volvió a dar una nueva fumada, y eliminó el humo de manera lenta, no intimidándose por la cercanía de él, que sin duda, le gustaba, ni tampoco intimidándose por su penetrante mirada, ni mucho menos por los labios de él que ya casi rozaban los suyos de manera seductora.

Era, un deja vú, que honestamente ella repasaría todos los días, pues no podía negar lo sexy que era aquel juego, si es que era un juego.

Shikamaru le quitó el cigarrillo y lo apagó en un cenicero, no importándole que se haya desperdiciado casi entero, ni nada. En ningún momento, dejó de mirarla, ni tampoco de rozar sus labios.

Ino sintió la presión en su labio inferior, suavemente, y fue en ese momento en el que se preguntó de dónde había sacado tanta fuerza de voluntad para aguantar las ganas de besarlo.

Y ya sin soportar más la tortura de no sentirlos, fue ella quien junto sus labios, de manera tímida y delicada, pero él inmediatamente correspondió de forma apasionada.

Miles de burbujeos sintió en su vientre, al momento que su corazón latía a mil por hora.

Casi se sintió derretir cuando la exploración de sus bocas, se profundizó. El sabor de él era dulce y embriagante, casi adictivo, pues no podía parar de besarlo ni siquiera para respirar.

Entrelazó sus dedos en los cabellos de la nuca de él, y lo obligó a acortar más el espacio inexistente entre ambos.

Entonces su respiración se agitó cuando la lengua de él, recorrió la suya de manera lenta y demasiado excitante para ser verdad. Juraba que su corazón iba a salir de su pecho por la fuerza palpitante, era increíble la sensación. Y juraba también que si seguía así, pronto olvidaría hasta su nombre…

De hecho, no se dio ni cuenta cuando estaba de pie, y él la abrazaba por la cintura, aún besándola con la misma intensidad que ya la estaba volviendo loca.

Porque se había quedado sin respiración, se separó de él, de lo contrario no lo hubiera hecho.

Lo miró algo avergonzada, pues había sido su primer beso, por tanto, significaba algo importante para ella, bueno para ambos.

Podía sentir su rostro colorado y ardiente, no era para menos, era lógico que se sintiera de aquella manera.

Él no parecía avergonzado, sino que satisfecho. Pero de igual manera notaba el sonrojo en sus mejillas.

-S-Shika… - dijo con voz entrecortada por la recuperación de la respiración. –Yo… yo… lo siento… - no sabía por qué se disculpaba, si sabía que a fin de cuentas había sido de ambos la correspondencia a aquel beso.

Él la acercó más a ella y la volvió a besar, con casi o más intensidad que el beso anterior. Ya no era un beso puro, casto… era un beso que conllevaba algo más que pasión. Algo denominado deseo.

Sin poder evitar el contacto, lo abrazó por el cuello para que así él quedara a su altura y profundizara mucho más el beso deseoso.

Acarició su rostro al momento que él la aferraba más a su cuerpo y recorría con sus grandes manos, sus caderas lentamente.

El beso se hizo más candente, y la temperatura había cambiado considerablemente.

Su control, se había ido por el retrete, pues nada pudo hacer cuando él la recostó en la cama, aún besándola, mientras viajaba peligrosamente los dedos por sus pechos que provocaban que su corazón se acelerara más por el contacto.

Un gemido involuntario escapó de sus labios cuando él comenzó a masajear su busto por encima de la ropa.

Shikamaru, cada vez aumentaba más la frecuencia de los movimientos sobre su pecho cubierto, obligándola a gemir en su boca.

Era delicioso como su jadeo hacía eco en su boca, y lo que era más delicioso era sentirla friccionarse bajo él. Aquella acción sólo provocó que él hiciera lo mismo, causando que su masculinidad se excitara mucho más.

Ella separó sus piernas permitiendo el roce directo entre sus sexos, aún cubiertos. La sensación de frote entre sus muslos era riquísima, sobretodo cuando sentía la masculinidad fortalecerse cada vez más.

Nunca en su vida, había experimentado esa sensación tan placentera y satisfactoria. El solo roce provocaba que su interior se encendiera de manera casi quemante, pero increíblemente estimulante.

Él dejó de besarla, y arrancó la molesta ropa superior de la rubia, dejándola cubierta sólo por los sujetadores, que no tardaría en quitar. Masajeó sus pechos aprisionados, sintiendo en la palma de sus manos, los pezones endurecerse.

Sin una gota de autocontrol, le sacó el sujetador, dejando a sus ojos probablemente la vista más bella que jamás haya visto.

Ella lucía sumamente hermosa, era preciosa en su totalidad. Tal vez su rostro de embobado lo haya delatado, pero era difícil resistirse a la maravillosa vista frente él. Sus labios hinchados por la fricción con los suyos, sus ojos con un brillo especial, y su cabello rubio desordenado, daban por hecho que para él, no existía una mujer más bella que Ino.

Se sintió avergonzada cuando examinó su cuerpo semidesnudo. No se intimidó, ni fue mucho la vergüenza como para cubrirse, pero si se sonrojó. Acarició los brazos de él, que estaban a cada lado de su cuerpo, acorralándola.

Le sonrió, y él la besó.

Aquel gesto le había encantado, verla tan hermosa e inocente bajo sus brazos, le provocó una sensación tan linda, que sólo trajo consigo que la volviera a besar porque ya no aguantaba verla así.

Sabía que sus actos quizás no eran los correctos, pero si ella en algún momento desistía de lo que iban a hacer, él la dejaría, pues no podía obligarla a que anestesiara el dolor en su pecho.

Sentía el malestar en su corazón, sin poder repararse, y sabía que ella era la única que podría aliviar lo que sentía, lo que lo dañaba, pues Ino se había convertido en una persona tan indispensable para él, que sólo ella podía ayudarlo. No había nadie más.

Es por eso, que era consciente de que si ella desistía, no obstaculizaría su decisión, porque lo que sentía por ella, cómo necesidad, no era sólo que significaba aquella palabra, sino que era una integridad de lo que ella lograba hacerlo sentir cuando estaba en su compañía, hacerlo sentirse querido.

Y era mutuo.

La abrazó y beso su cuello, luego se hizo camino para susurrarle unas cuantas palabras.

-¿Estás segura? – le preguntó tiernamente, preocupado por el daño que podría hacer.

-Si Shika… - ella respondió en un susurro suave.

Él beso su mejilla, y acarició su rostro, observando cada facción de ella.

-Linda… - dijo sonriendo, volviendo a besar sus labios.

Pronto el beso se transformó en uno mucho más caliente que los anteriores, más lujurioso y deseoso de más.

Shikamaru se despojó de sus ropas rápidamente, quedando sólo con sus boxeadores que revelaban su masculinidad rígida a través de la tela.

Ella quedó fascinada con cada fibra muscular bien marcada en el cuerpo del moreno. ¡Diablos! ¿Cuándo se había puesto tan atractivo?...

Mordió su labio inferior en actitud coqueta.

Él inmediatamente devoró su cuello, mordisqueándolo de vez en cuando, descendiendo hasta el horizonte de sus pechos.

Se llevó un pequeño botón rosa a sus labios, succionándolo de vez en cuando, y más fuerte cuando ella jadeó sonoramente. Recorrió con sus dientes la carne excitada, otorgando una leve presión indolora, sólo para causar placer, que bien sabía estaba dando resultados pues ella, no paraba de quejarse deliciosamente por sus acciones.

Mientras tanto masajeaba ferviente el otro pecho, apretando con sus dedos índice y medio, el montículo rosa ya endurecido.

Luego, invirtió la labor, otorgando el mismo placer en el otro pecho.

Con su otra mano, viajó por el muslo derecho de la rubia, ascendiendo por bajo su falda púrpura, hasta llegar al interior de ellos. Levantó su cuerpo, y dejó de friccionarse en su contra, de saborear sus pechos, una vez que sus dedos se encontraron con la feminidad cubierta por unos cortos y pequeños pantaloncitos ajustados.

Se los sacó, despojándola también de la falda, dejándola solo con unas sensuales pantaletas negras, que se adaptaban perfectamente a sus curvas.

Ino sonrió avergonzada, pues era la primera vez que la veían de tal manera. En un arrebato de adrenalina, mezclada con lujuria, se levantó, rodando por el cuerpo del moreno, hasta quedar sobre él.

Quedó con ambos muslos sobre la cadera de él. Retiró coqueta la cinta que ataba su cabello, dejándolo suelto.

Shikamaru adoró la iniciativa de Ino, y sobretodo la sobreexplotación de su belleza. Ahora la veía más hermosa que nunca.

Ella sonrió maliciosa y comenzó a mecerse contra la entrepierna de él. Sintió la masculinidad palpitante del Nara haciendo contacto con su centro, y endureciéndose cada vez más. Aumentó el balanceo apoyando ambas manos en el fuerte pecho de él, apretando sus músculos por la sensación de calor que aumentaba en su cavidad.

Soltó un quejido de insatisfacción cuando el gran bulto quería introducirse en su interior, pero se veía frustrado por la tela que aún cubría ambos sexos.

-Shika…

No era tiempo aún, ella debía estar en condiciones adecuadas, ya que, era su primera vez, lo sabía, por tanto, debía ser precavido, pues lo último que querría en la vida es lastimarla, de hecho ni siquiera querría algo así... Nunca.

Tomó con ambas manos su delgada cintura y la obligó a que ella se recostara sobre él, para besarla.

Cuando la estaba besando, con sus dedos bajó hasta las pantaletas de ellas, e ingresaron en ellas. Pudo sentir de inmediato la calidez que brotaba de su interior, digitó sus pliegues sin presión, ganándose varios quejidos sensuales en su boca. Su dedo medio buscó en su castidad, hasta que dio con el paradero de aquel pequeño botón carnoso, que sabía provocaría mucho placer.

Lo presionó suavemente, y lo comenzó a deslizar su dedo en el botón con movimientos de arriba abajo, primero lento, pero cuando su cuerpo y el de ella se perlaron por completo de sudor, aumentó la frecuencia.

No pasó mucho tiempo cuando ella gritó por las sensaciones provocadas por sus movimientos.

Ella se aferró más a su pecho, y se meció en la mano de él, que seguía con lo mismo. Probablemente terminaría desquiciada, pues no soportaba más la deliciosa sensación ardiente en su núcleo.

Shikamaru introdujo su dedo, e inmediatamente ella se balanceó en su dedo. Pronto, introdujo otro, obteniendo lo mismo, balanceos desenfrenados de parte de ella.

-Shika…. – jadeó cerrando sus ojos. –Shika…

Él retiró sus dedos bañados en miel, dando el indicio de que ella ya estaba lista.

-¿Ino? – ella asintió, descubriendo en sus ojos qué planeaba.

Se sacó sus pantaletas, y él sus boxeadores.

No puedo evitar obviar lo que ocultaba el perezoso, era mucho de lo que esperaba… Se recostó en la cama, quedando ahora él sobre ella.

Ino separó sus piernas y él se posó entre ellas, antes de introducirse la miró directo a los ojos.

Ella asintió una vez más.

Se sintió seguro, por lo que, lentamente y sin querer hacer daño, se introdujo en ella. Pudo sentir destruirse la barrera virginal por la invasión de su membrecía. Y también la agradable sensación de estar en ella. Era increíble…

Ino cerró sus ojos fuertemente cuando el miembro de él, la invadió. No dolió tanto cómo creía que dolería, pero si le era difícil acostumbrarse a la invasión de tener algo en su interior que definitivamente no bordaba los parámetros normales, de hecho era mucho más.

Él la besó tiernamente, y comenzó a moverse en ella lentamente, sin apuro, y tratando de controlarse para no herirla.

¡Kami! El calor en su cuerpo la estaban enloqueciendo, pero lo que más la volvía loca, eran los movimiento de él sobre su cuerpo.

Comenzó a mover sus caderas una vez que se acostumbró a sentirlo dentro de ella, y aumentó la frecuencia al sentir el ardor delicioso expandirse en sus paredes internas.

La embistió acompañando sus caderas, y dejando de besar sus labios para ir a mordisquear la nívea piel de su cuello.

Su piel se erizó completamente cuando ella gimió su nombre en su oído. Condenar, Ino se estaba convirtiendo en su perdición, en su locura temporal, en su necesidad. Lo sabía, lo supo aquel día en que casi besó sus labios, aquel día en que ella comenzó con su juego del cigarrillo.

No le importaba si había sido un juego o no, porque sabía que lo que estaba viviendo en ese momento era real. Tan real que estaba dispuesto a ser parte de ella siempre, pues ella había y estaba anestesiando su dolor.

Y Kami sabe cuánto tiempo deseó ser parte de ella, estar con ella, besar sus labios.

-Shika… - jadeó la rubia cerrando sus ojos y mordiendo su labio inferior por las maravillosas sensaciones que se colaban hasta sus huesos.

Siempre deseó que su primera vez fuera con el hombre correcto, con su príncipe azul, con alguien a quien amara, con alguien con el cual se sintiera amada, y esa era la situación ideal. Porque aún no tener ningún tipo de relación amorosa con el Nara, sabía del interés hacia ella, sabía que era mutuo, y lo mejor de todo, sabía que él desde ese momento jamás la dejaría.

-S-Shika… - gimió más audible sintiendo su cuerpo reaccionar involuntariamente.

-Ino – suspiró ronco buscando sus labios, e introduciendo su lengua en su boca para intoxicarse en ella.

Aumentó las embestidas, transformando los movimientos en arremetidas rápidas, y profundas.

Sintió las uñas de Ino encarnarse en sus brazos al momento que una descarga eléctrica recorría su médula espinal, expandiéndose en cadena por toda su piel.

Sus músculos comenzaron a contraerse y a actuar casi sin consentimiento. Estaba tan cegado en éxtasis, que ni siquiera era consciente de los jadeos que ahogaba en la garganta de la rubia.

-Ah... ah… - la abrazó fuertemente sin romper el beso mientras agitaba sus caderas en ella. Los quejido de ella colarse en su boca, aumentaban más la incandescente emoción ardiente en todo su cuerpo.

Una arremetida más poderosa hizo que millones de sensaciones brotaran por sus poros, desencadenando una cantidad asombrosa de efectos sobre sus cuerpos jamás experimentados. Sus cuerpos ya iban a sucumbir, ya estaban a punto del colapso final.

-¡Ah, SHIKA! – gritó aferrándose a su pecho, y escondiendo su rostro en el cuello sudoroso de él, al momento que envolvía las caderas del moreno con sus piernas que se estremecían sin su consentimiento.

Juró que casi moriría por el brote de tanto deseo por su cuerpo tembloroso.

La arremetió una vez más, descargando en el interior de ella, toda su lujuria oculta.

Besó su mejilla, y descansó su cabeza sobre el pecho de ella después de retirarse de su interior.

Escuchó el golpeteo acelerado del corazón de ella a la par con el suyo, increíblemente sincronizados, siendo sólo uno. Desde día, posiblemente, para siempre.

-¿E-Estás bien…? – ella fijó sus zafiros en él que buscaron sus ojos, y asintió en silencio.

De cierta manera, se sentía algo avergonzada, pues jamás imaginó que el mismo día en que daría su primer beso, perdería su virginidad…, mas obvió aquello, no era el tiempo para pensar en eso, además no se arrepentía. El momento había sido maravilloso, y estaba completamente feliz porque al menos había sido con un buen hombre, un hombre al cual ella quería profundamente.

Shikamaru acarició la suave piel de su vientre plano, masajeando delicadamente cada espacio de piel bajo él.

-No vuelvas a fumar – pidió Ino jugando con los cabellos cafés del moreno.

Él, apoyó sus codos en la cama, a cada lado de la cintura de ella y la miró en silencio durante un rato. Al diablo, si tenía que dejar el cigarrillo por estar con ella lo haría, por Ino absolutamente todo. Se lo debía a Ino, ella reparó un poco su soledad... ella sanó su corazón, y lo haría completamente al pasar del tiempo.

Se separó de ella, y fue a buscar el encendedor platinado.

No demoró mucho.

Se volvió a recostar al lado de la rubia, al momento que esbozaba una sonrisa. Posiblemente, se trataba de la sonrisa más transparente, genuina, y real que jamás había dibujado en sus labios.

-Lo prometo – le dijo entregándole el encendedor. Ella sonrió, aceptando aquella ofrenda y se abalanzó sobre él hasta quedar encima de su cuerpo, obviando el calambre de sus piernas, y el dolor que sentía al interior de sus muslos.

-Gracias…

-Gracias a ti Ino, ahora… no te dejaré – ella enarcó una ceja.

-¿Por qué?

-Porque de este momento serás sólo mía… - antes de que Ino replicara, él la besó profundamente, dando por sellado, a través de sus besos la promesa que acababa de cambiar su vida para siempre.

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-Déjalos en la mesa. – Ordenó con desdén, volviendo a darle la espalda para mirar por la ventana luego de que terminara de recordar aquel maravilloso día.

Asintió con una débil afirmación, e hizo lo que él pidió. Dejó las llaves y el encendedor, que alguna vez fue de su sensei, y caminó hacia la entrada.

No pudo controlarse, por lo que comenzó a llorar suavemente.

-L-Lo siento… lo siento Shika… - dijo antes de salir del departamento del Nara.

Fijó su mirada a la mesa en dónde la rubia había dejado las llaves y el encendedor de Asuma.

Caminó hacia la mesa y tomó el encendedor. Lo observó unos segundos, antes de que su vista se nublara por las lágrimas.

Lo guardó en el bolsillo de su pantalón y se sentó en un sofá.

Escondió su rostro con ambas manos y lloró sintiendo como poco a poco su vida se volvía un infierno, sintiendo como su corazón se quebraba por el engaño y dolor una vez más por aquellos intrépidos recuerdos que por más que quería, no podía olvidar.

TO BE CONTINUED...