Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
-Bla bla - Diálogo.
-Bla bla - Pensamientos.
~oO:: Nada Quedará ::Oo~
.
Lo cierto (Capítulo VI)
.
~oOoOoOo~
Dos días libres luego de la misión. No era malo, pues aprovecharía ese tiempo para descansar y poder pensar en lo qué, y en el por qué había hecho tal estupidez, dado que aún no recordaba como había sucedido todo. Tenía una laguna mental, que por más que se esforzaba, no lograba recordar absolutamente nada.
Terminó de sacar las últimas prendas de la maleta, y las ordenó en su ropero.
Respiró profundamente, y salió de la habitación una vez terminada su tarea.
Apenas llegó a la planta inferior, escuchó el timbre. Fue a la entrada, abrió la puerta, y le sonrió de medio lado a la muchacha del otro lado.
- Hola frente.
-Cerda ¿Qué tal?
-Bien… - dijo en un suspiro, haciéndose a un lado para que la pelirrosa entrara.
-Mentira, no estás bien, luces horrible. ¿Qué pasó? – le preguntó al notar sus ojos hinchados, y algo rojos.
-Todo – Sakura enarcó una ceja, y se sentó en el sofá.
-¿Cómo?
-Shikamaru terminó conmigo… - murmuró mirando sus manos como si fuesen lo más interesante del mundo.
-¿Qué? ¿Por qué? – no creía en las palabras de Ino. Ella y Shikamaru eran una pareja muy sólida como para terminar su relación de un día para otro. -¿Es una broma, verdad?
Ino se quedó en silencio, e hizo contacto con los ojos verdes de su amiga.
-No… ojala fuera broma frente. – Respondió sentándose en un sofá frente a la médico.
-Pero… ¿Qué pasó? – preguntó aún no creyendo las palabras de Ino.
-¿De verdad quieres saber? – sólo asintió en silencio, expectante. –Le fui infiel…
A la pelirrosa casi se le cayó la mandíbula al piso. ¿Era cierto lo que había dicho Ino? ¿No…? Comenzó a reír a carcajadas al ver el rostro de de la rubia.
-Jajaja. Casi caí en tu juego cerda… - articuló aún riendo, pero al ver que la ojiazul comenzaba a llorar detuvo la risa. –Oh no… ¿Es cierto?
La Yamanaka no dijo nada, solo lloró por las risas de su amiga que la hicieron sentirse peor.
-Pero cerda tú… se supone que lo amas… ¿Por qué? – simplemente negó con la cabeza. –Me cuesta creerlo, de verdad.
-Lo sé… - dijo limpiando las lágrimas de su rostro. –Pero te juro frentezota, no tengo idea de por qué lo hice… de hecho ni recuerdo bien todo… - agregó avergonzaba de si misma.
-¿En serio?
-Sí, sí, sí… es cierto, no sé por qué lo hice, yo amo a Shikamaru, pero no puedo entender por qué mierda me acosté con ese otro imbécil – gruñó negando con la cabeza. –no sé por qué…
-Ese imbécil del que hablas, no será por casualidad ¿Aoba Yamashiro? – inmediatamente fijó sus zafiros en las esmeraldas.
Se sorprendió, pues no tenía idea de cómo Sakura sabía eso, si sólo le había dicho a Shikamaru, a menos que Aoba haya comentado algo, pues dudaba mucho que el Nara anduviera comentando por ahí la causa de su ruptura…
-¿C-Cómo sabes? – pidió con curiosidad por saber cómo diablos se había enterado de que era él.
-Eh, bueno, no lo sabía, lo deduje – murmuró bastante pensativa.
-¿Cómo?
-A ver, lo que pasa es que Shikamaru fue ayer en la noche al hospital, porque tenía un corte en el antebrazo.
-¿Un corte? ¿Por qué? ¿Qué le pasó? – exclamó con preocupación, al momento que su corazón bombeaba muy rápido.
-Nada grave. – Ino enarcó una ceja incrédula. –No me mires así, y déjame terminar. – Asintió en silencio, y dejó que ella continuara hablando. –Estaba con Chouji, así que le pregunté a él que le había pasado, él me dijo que se había peleado con Aoba Yamashiro. Eso es lo que sé, por eso dije su nombre, pues no creo que Shikamaru ande golpeando a cualquiera porque si…
-Mierda… - susurró por lo bajo, aún procesando las palabras de Sakura.
-Y si que le dio una paliza. Le fracturó la nariz y unas cuantas costillas. Debió estar muy enojado Shikamaru para golpearlo de tal manera.
-Ya lo creo…
-Así que imagino que lo hizo por ti, no sé… ya sabes como son los hombres.
-No puedo creerlo… Shika no es agresivo…
-Ajá, eso lo sé, pero los hombres lastimados actúan sin raciocinio.
-Tienes razón.
Hubo una pausa prolongada, antes de que la pelirrosada rompiera el hielo.
-Entonces… ¿Cómo te sientes cerda?
-Horrible – apoyó los codos en sus rodillas, y acto seguido, apoyó su rostro en sus manos. –Soy la peor mujer que existe en el mundo… a veces aún me cuesta creer que le haya hecho esto…
-Me imagino pero… ¿Por qué lo hiciste? Digo, uno no engaña a su novio porque si.
-Te juro frente, que no tengo idea de por qué lo hice. Un momento estaba en un bar, tomándome una copa, y al siguiente estaba en la cama con él. Ni siquiera alcancé a beberme la copa completa, yo no sé qué pasó… de verdad no lo sé.
La médico enarcó una ceja, como sospechando algo.
-¿De verdad no recuerdas?
-Nada… Lo último que sé, es que fui al tocador, cuando volví, continué bebiendo de mi copa, además de eso no recuerdo más… sólo cuando estaba con él, haciendo lo que ya sabes.
-Eso es raro.
-Dímelo a mí. Soy tan estúpida…
-No lo digo por eso, sino porque es extraño que no recuerdes más. ¿Cómo te sentías? – inquirió cambiándose de sofá, sentándose al lado de la rubia.
-Bueno, hasta antes de ir al baño bien, y después de las vagas imágenes que tengo, creo que muy, pero muy bien… cuando entré en razón de que estaba con él, sentía que mi cuerpo actuaba sin control, y créeme que no era precisamente por el sexo.
-Eso dice mucho Ino… esto es grave.
-No entiendo ¿Por qué?
-Porque no es normal que no recuerdes nada, no estabas ebria ni nada de eso… no sé, pero tengo la impresión de que hay algo más oculto.
La pelirrosada llevó su mano a su mentón, y se quedó pensando, la verdad era que la confesión de la rubia era muy, pero muy extraña, tenía algunas sospechas, pues su versión, y los hechos, los atribuía a una clara respuesta. No quería adelantar, ni deducir apresuradamente las cosas, pero si su amiga estaba diciendo la verdad, que ella creía que sí, entonces se trataba de algo muy grave, probablemente Ino había sido drogada. Estaba casi segura de que era así.
-¿Cómo qué? – por el rostro de la pelirrosada, pudo advertir qué era lo que pasaba por su cabeza, la conocía bastante bien. –No estarás pensando que…
Sakura la miró directamente a los ojos, dando por afirmado lo que pensaba.
-No lo dices en serio… ¿Sakura?
-Es sólo una posibilidad, no digo que sea así… pero es probable. ¿No habías sospechado nada Ino?
-Bueno yo, la verdad es que no, ni siquiera se me había cruzado por la cabeza – desvió la mirada de su amiga y cerró los puños con fuerza.
¿Cómo es que no había pensando en algo así? Podría ser muy probable, ya que, los recuerdos eran escasos, además que su actuar fue irracional.
Aunque si fuera así, se encargaría de darle su merecido a ese maldito…
-Espero que no sea lo que piensas frente… o sino, no quiero ni pensar en lo que va a suceder.
-Ni yo. Probablemente Shikamaru lo mataría, a menos que lo hicieras tú antes.
-¡Mierda!
-Lo siento Ino. Mira… investigaré que pasó, trataré de buscar información para justificar que él si te drogó. Y si fue así, que créeme sé que así fue, lo más probable es que haya sido con éxtasis, y eso sólo se consigue en un solo lugar de esta aldea. Y si el idiota no lo sacó de aquí, tengo mis contactos en otros lugares.
-¿Lo harás? – preguntó esperanzada rogando que la médico descubriera la verdad, pues ella no podía ni siquiera acercarse a Aoba.
-Claro. Para eso están las amigas ¿No? – sonrió de medio lado.
~oOo~
.
Eliminó el humo de su organismo lentamente.
Aún no lograba razonar el por qué de tan absurda situación que marcó su objetividad.
Cada segundo, cada minuto, cada hora y día era tortuoso en extremo por la ansiedad de no saber la causa verdadera de tal traición.
¿Por qué? ¿Por qué aún después de todo lo que había hecho por ella, había actuado con tan poca dignidad? ¿Cómo fue capaz Ino de condenar su existir de tal manera?
Aspiró una última pitada de su cigarrillo, y lo apagó.
Por más que lo intentaba, una y otra vez, sin resultados, era imposible olvidar el aliento cálido de la rubia que permanecía en su interior.
Quizás le faltaba valentía, o juicio, mas no sabía de dónde obtenerlo para la recuperar la lucidez de su razón.
Suspiró cansino, descargando en aquella respiración el adiós imperdonable de la ingratitud de la cual fue víctima.
-¿Imperdonable...?
Cuestinó con la mirada fija hacia un punto inexistente, fue en ese instante que sintió una mano posarse en su hombro.
No dijo, ni hizo nada. Aquella persona que bien conocía, posiblemente se encargaría de guiar sus anhelos para poder volver a creer una vez más, sin tener que desconsolarse por no encontrar la justificación imperfecta, porque Kami sabe que una respuesta es "imperfecta".
-Hijo… - nada, no podía hacer nada. Sólo era capaz de deambular en lo que su mente se negaba a aceptar para que de una vez, pudiera seguir adelante sin tener que recordar el dolor que lo acechaba.
A lo mejor era estúpido de su parte, o algo contradictorio… pero ¿Qué más podía hacer?
-¿Quieres hablar? – negó con un suave movimiento de cabeza.
La verdad era que no quería hablar, ni tener que repasar una vez más las palabras que lo habían hecho pedazos. Además ¿Para qué? Su padre ya estaba enterado de la situación, por Yamanaka.
-Si no quieres hablar, al menos tendrás que escucharme. – Nuevamente se quedó en silencio, no otorgando respuesta alguna.
Después de todo, quería escucharlo, quería tomar consciencia a través de él, lo que vacilante temía hacer.
Sintió a su padre sentarse a su lado, mas no lo miró.
–Sé, y créeme que no soy quién para decirte lo que debes o no hacer, puesto que ya eres un hombre grande… pero no creo que encerrándote en ti mismo sea la mejor manera para afrontar la situación.
Escuchó atento las sabias palabras de su padre, y analizó cada una de ellas para llegar al trasfondo de lo insinuado.
Era cierto que estaba encerrado en si mismo, dado que era la única alternativa que tenía.
¿Qué otra cosa podría hacer?
Nada, no iba andar por ahí fingiendo que todo lo que había pasado no lo había afectado en lo más mínimo. No podía, porque simplemente, y a pesar de su apariencia desganada, la pesadez en su pecho, tenía tal herida que era imposible desentenderse de la realidad, por muy tormentosa que fuera.
Podía ser un hombre fuerte, algo perezoso, y vago, mas eso no le quitaba el hecho de que su sentir era frágil e inestable a causa de una mujer que vulneró sus emociones.
Aunque no quisiera creerlo, ella había jugado con su confianza, había destruido todo lo que él le dio, todo lo que temió alguna vez entregar para no pasar por aquella situación, que lastimosamente pasó de todas formas.
¿Cómo volver a confiar si el respeto se había desvanecido?
-No estoy seguro de cómo fueron las cosas, y creo que no tengo opinión válida para darte en esta situación, pero nosotros, los humanos, poseemos una valiosa característica que nos hace diferente de los demás seres vivos. Nosotros poseemos razón, y un valor que es capaz de lidiar con tu dolor… - Las palabras de Shikaku hicieron eco en su cabeza.
Él tenía razón, una muy buena razón sólo entendida por humanos. Pero no, no lo iba a hacer, aunque por dentro su alma gritara a gritos que lo hiciera.
-No la perdonaré… - susurró mirando de reojo a su padre.
-¿Por qué no? – contrarrestó inmediatamente el mayor.
-No quiero hacerlo, al menos no aún. – Dejaba la duda, la esperanza y era capaz de reconocerla.
Estar en tela de juicio, era mejor que negar absoluto perdón.
-Entiendo hijo, al menos está la posibilidad del perdón y eso es un avance.
Respiró profundamente y fijó sus ojos en sus manos.
-Soy consciente de que los errores son de humanos, lo sé, y es por eso que existen las segundas oportunidades y el perdón, pero… - se quedó en silencio un rato, tratando de elegir adecuadamente las palabras. –Es difícil para mí verla y actuar como si nada hubiera pasado. Cada vez que veo sus ojos, cada vez que… Es sólo que no puedo evitar imaginarla con él.
-Shikamaru… No será fácil, pero sé que puedes afrontar esto y salir adelante. ¿Tú la amas, no?
Mordió su labio inferior antes de responder.
-Más que a mi propia vida… - murmuró honestamente, sintiendo como un ligero peso dejaba sus hombros.
-Entonces, lucha por esa causa. – Dijo su padre antes de levantarse. –Ella te ama, te necesita, tal cuál cómo tu a ella.
Asintió en silencio. No había duda, su padre era muy pertinente acerca de regirlo por la razón.
-Recuerda que nadie es perfecto, ni siquiera ella… es humana. – Dijo una última vez, dándole unos suaves golpecitos en la espalda antes de irse.
Muy cierto, ella no era perfecta, nunca lo fue, aunque muchas veces, o mejor dicho la mayoría de las veces, la veía perfecta. Ella era humana igual que él, con defectos, con errores de por medio… una persona cómo cualquier otra, que independiente de lo que haya pasado, merecía perdón.
Al final las piedras obstaculizan el camino por una razón con causa efecto; Para caerse, levantarse y aprender. E Ino no era la excepción.
Consideraría el perdón, porque aunque quisiera negarlo en su totalidad, sabría que la perdonaría. Sólo que necesitaba tiempo.
TO BE CONTINUED...
