Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
-Bla bla - Diálogo.
-Bla bla - Pensamientos.
~oO:: Nada Quedará ::Oo~
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Agonía (Capítulo VII)
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Tres días más tarde…
¡Maldita sea! Por más que intentaba poder pensar en otra cosa, no podía, pues a cada instante la imagen de ella, llorando, pidiendo su perdón, le remordían la consciencia. Si bien era cierto, le dolía mucho la traición, también le dolía el hecho de ignorarla y tratarla con indiferencia, ya que, le había prometido nunca hacerle daño, mas la espina estancada en su corazón se encargaba de sacar lo más frío de él y tratarla con desdén, por tanto, herirla.
Quizás no debió ser tan duro el día anterior…
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Caminó tratando de pensar en una manera de enfrentar a Ino, y poder de esa manera aclarar la situación. Por muy tortuosa que fuera, quería pedirle la verdad acerca de lo ocurrido, pero no quería escuchar un "no sé por qué lo hice" de parte de ella.
Sabía que debía haber una causa, lo sabía, por tanto necesitaba escuchar una buena excusa para el perdón.
Por último que culpara al idiota.
Suspiró y observó el campo de entrenamiento, antes de tumbarse en el suave prado. Pero, no lo hizo cuando divisó a la rubia sentada y apoyada en la corteza de un árbol. Ocultando su rostro entre ambas piernas flexionadas.
La miró un largo rato, pensando en que quizás era posible hablar con ella.
Se acercó lentamente a la rubia, y se sentó a su lado. Ino no hizo absolutamente nada. Se quedó tal cual.
No pudo pronunciar palabra alguna, sólo pudo contemplarla, a pesar de que ella trataba de ocultar su rostro.
Sabía que ella reconocía su presencia, por lo que, era consciente de que Ino no tenía intenciones de hablar con él, al menos eso creía, pues ni siquiera lo había mirado… nada.
-Perdí tu respeto – susurró ella aún no dejándose ver. –Perdí mi dignidad… pero sé, y estoy casi segura de que no fue porque lo quisiera.
Escuchó sus palabras, mas no replicó. Tenía un nudo en la garganta.
-De verdad lo siento.
Respiró hondo, para así despejar su mente. No era fácil volver a oír su voz, ni mucho menos estar a su lado.
-Siento lo que hice, y sé que no me creerás, pero… puedo demostrarte que yo en verdad no lo hice porque quería. Ao-
-No digas su nombre. – La interrumpió no queriendo escuchar de sus labios el nombre del desgraciado.
-Lo siento.
-Sólo no digas su nombre… no lo hagas. – Luego de eso, ambos se quedaron en silencio.
Pudo ser testigo de que las palabras de ellas eran fidedignas, y en el fondo siempre lo supo, sólo que… era difícil aceptarla como si nada hubiese pasado. Esa respuesta no servía, no servía para calmar el dolor.
-Nunca quise hacerte daño Shikamaru.
-Pero lo hiciste.
-No sabía lo que hacía.
-Nunca nadie sabe lo que hace – al decir aquello, ella descubrió su rostro y lo miró a los ojos. –Son falencias humanas… supongo.
-¿Tú…?
-No Ino, no te perdonaré. - quizás fue muy duro, mas no se pudo contener. –No te perdonaré, aún… - pensó.
Fue testigo del dolor que le provocó a ella al escucharlo, pese a que no era cierto. Sabía que tarde o temprano iba a perdonarla, pero por alguna razón no fue capaz de darle el beneficio de la duda.
Desvió su mirada cuando notó los ojos azules humedecerse rápidamente. ¡Mierda! Odiaba hacerla llorar, pero no podía…
-Y-Yo… lo siento Shika… N-No quería, yo sólo…
-Calla, no es necesario que me des justificaciones ahora. No así cómo estás. – Dijo, no dejando en ningún momento el tono frío de su voz. –No es momento… - murmuró mirándola de soslayo.
-T-Tengo que irme. – No pudo detenerla, ya que fue inútil, ella se levantó y desapareció en un torbellino de pétalos.
Olió el dulce olor floral que se desprendió luego de que se fuera.
-Ino…
Si, se había comportado como un idiota.
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Cerró sus puños con fuerza, y se reclamó por estar pensando en él mismo, en vez de la misión de la cual estaba a cargo.
En vez de pensar en una estrategia, vagaba por las emociones y recuerdo de la mujer que amaba, y quería perdonar inútilmente.
-¡Shikamaru cuidado! – alertado por el grito de su compañero Kiba Inuzuka, alcanzó a hacerse a un lado, y esquivar, gracias a sus buenos reflejos, un par de kunai que iban directo a su espalda.
Frunció el ceño, y se regañó a si mismo por no prestar atención en lo que estaba haciendo. ¡Condenar! Ni siquiera había sentido el ataque hacia él, todo por estar pensando en su rubia locura.
Fijo sus ojos en el tipo que lo miraba como queriendo matarlo. Negó con la cabeza y dejó escapar un suspiro.
-Tsk…
Realizó rápidamente un par de sellos, e hizo uso de su técnica de manipulación de sombras para inmovilizar al enemigo.
A una velocidad digna de un shinobi, su sombra lo capturó, dejándolo estático y a su disposición. Sonrió de medio lado, y acto seguido, realizó otros sellos, y su sombra disimuladamente comenzó a subir por las extremidades de aquel sujeto, hasta llegar a su cuello.
Lo estranguló sin piedad, dejándolo sin aire, y matándolo al instante. Lo soltó, y lo dejó caer pesadamente al suelo.
No eran competencia para él.
-Uno menos – murmuró observando si es que quedaban más sujetos por atacar.
Fijó su mirada en el chico perro que casi acababa junto con Akamaru, a otro sujeto.
-Dos menos… - dijo cuando vio que el Inuzuka liquidaba sin mucho problema al otro tipo.
Luego de eso, todo pareció quedar en silencio, demasiado sospechoso para él, por lo que, en postura de ataque esperó a que apareciera otro sujeto, pues sentía un chakra observarlo.
-Tsk. Problemático… - arqueó una ceja, y lanzó una kunai a su derecha, cuando un movimiento cerca de unos arbustos se hicieron evidentes.
Nada sucedió, el arma sólo dio en un pequeño tronco.
-¿Jutsu de sustitución? – Buscó con la mirada a quién lo observaba. Podía sentirlo…
Pronto, comenzaron a caer cientos de pétalos desde el cielo. Fijó su mirada al inmenso océano azul.
Algo raro estaba sucediendo…
Observó cuidadosamente a su alrededor, sin dejar, en ningún momento la guardia baja. Un pétalo púrpura cayó suavemente en su rostro, lo tomó entre sus manos y éste al instante se deshizo, convirtiéndose en un intenso líquido carmesí.
Arqueó una ceja, aún mirando sus dedos bañados en sangre.
Su cabeza comenzó a reaccionar rápidamente, advirtiéndole que todo lo que sucedía no era real, posiblemente se trataba de una ilusión.
¡Mierda! Demasiado tarde, había caído en un genjutsu…
No desesperó en ningún momento, trató de obviar, y bloquear lo más que pudo sus emociones, pues sabía que le jugarían en contra si es que no lo hacía.
Respiró profundo, y se preparó mentalmente para el siguiente movimiento de quien fuera que estaba jugando con él.
Escuchó unas risas a su izquierda, reconociendo de inmediato una risa bastante particular, una risa que bien él conocía… miró de reojo a su lado, e ignoró con todas sus fuerzas obviar la escena ante sus ojos.
Sabía que era un maldito juego, aquello no era real… no era real, no era real.
¡Maldita sea!
Su respiración se agitó, volviéndose pesada. Volteó su cuerpo al origen de las risas. Se quedó paralizado viendo como su amada rubia era besada en el cuello apasionadamente por el idiota de Aoba Yamashiro.
-No de nuevo… Ino no…
Apretó con fuerzas sus puños al momento que sus ojos le comenzaron a arder.
-Oh… Aoba… eres tan caliente… - jadeó ella desviando su mirada hacia él. –No como el vago de Shikamaru… - agregó sin dejar en ningún momento el contacto visual con sus ojos caoba. Ella le sonrió maliciosa y cerró sus ojos disfrutando de los mordiscos que le propiciaba Yamashiro.
Sentía una obstrucción en la garganta que lo forzaban a respirar más agitado, y miles de espinas clavarse en su pecho por la imagen y palabras de ella.
-Cógeme… - gimió entre ahogos la rubia entreabriendo sus ojos y fijando su mirada nuevamente en él, mientras que Aoba tocaba ferviente su cuerpo por cada espacio de piel.
Sabía que todo era un estúpido juego de su mente, de sus más grandes temores, lo sabía, pero aún así no podía contenerse. No podía soportar ver a Ino con otro hombre, siendo besada y acariciada por otro que no fuera él.
Mordió el interior de su mejilla, y se abalanzó sobre Aoba, con un único plan en mente, matarlo. Lo golpeó una y mil veces, sin detenerse ni siquiera por un segundo, hasta que sus manos se acalambraron.
Pestañó unas cuantas veces seguidas cuando notó que sólo estaba golpeando el pasto… no estaba golpeando al idiota.
Se levantó rápidamente y se encontró con la mirada maliciosa y azulada de la rubia.
-Ino… - susurró sólo para él mismo.
-Eres un imbécil… ¿Lo sabías? – le dijo ella acercándose peligrosamente a él. –Tanto tiempo engañándote y nunca sospechaste nada, eres un estúpido…
Sólo estaba estático, sin hacer, ni decir absolutamente nada, sólo observando sus ojos azules, nada más.
-No sé cómo nunca te diste cuenta de esto – Ino abrió la chaqueta que llevaba, revelando un gran vientre. –Mi dulce bebé, es una suerte que no sea tuyo.
No pudo aguantarlo, sus ojos se cristalizaron por completo, dando paso a cientos de lágrimas que bajaron dolorosamente por su rostro aún sorprendido.
En ese momento, Aoba se acercó a ella, y la abrazó, tocando delicadamente su vientre. Él le susurró algo al oído, y ella sonrió maligna.
Ino se acercó a más a él, reduciendo la mínima distancia, mientras Yamashiro sólo la observaba con una amplia sonrisa triunfal en su rostro.
Mordió su labio inferior, y aunque quiso, no pudo dejar de mirarla ni por un segundo.
Ella acarició su mejilla suavemente, mientras que con su otra mano sostenía fuertemente una kunai que ascendía peligrosamente por su cuello.
Hizo caso omiso al ataque silencioso que ella planeaba hacer, teniendo muy en claro, que ya no quedaba más, ninguna otra razón por la cual seguir viviendo. Todo estaba perdido, nada podía hacer contra ella, absolutamente nada...
Cerró sus ojos cuando sintió el frío filo de aquella arma sobre su yugular. Una última lágrima se desprendió de sus ojos ya cerrados.
Suspiró y esperó sin rechazo el ataque.
No podía dañarla, no a ella…
-¡SHIKAMARU! – un grito estridente se escuchó cerca de él.
Abrió sus ojos y notó que no era Ino quien sostenía el arma en su cuello, sino que una mujer morena de largos cabellos plateados.
Lo siguiente que vio, fue a Akamaru atacar a la mujer que estuvo a punto de asesinarlo. Sacudió su cabeza, y los pétalos habían desaparecido. Se encontraba precisamente en el mismo lugar en dónde estaba antes de caer en el genjutsu.
Buscó a Kiba con la mirada y lo encontró a unos escasos metros de distancia de él, batallando con otro sujeto que no había visto.
Akamaru lanzó a la chica cerca de un árbol azotándola fuertemente contra el tronco.
Aprovechó ese momento para realizar su técnica de estrangulación. Apretó con fuerza el cuello de ella, sintiendo a través de su sombra los desesperantes latidos de ella.
Miró a sus ojos negros, y aumentó la presión, dejando casi sin oxígeno a la muchacha que comenzaba a perder el conocimiento.
Lo último que vio antes de caer al suelo inconsciente, fue un brillo misterioso en los ojos de ella clavarse en sus orbes chocolates, y su sombra romperle el cuello a la muchacha sin compasión.
Lo demás, es historia.
TO BE CONTINUED...
