N/A. Entre el Sirius de Irati (que escribe en LJ) y el de Silence de su fic Tiniebla me van a volver loca. Es tan morboso… Necesitaba proponer algo con ese Sirius para los drabbles en 30 minutos, e intenté hacerlo. No suele ser mi forma de escribir a Sirius, pero es como me lo imagino, el Sirius joven de los libros… y, oh, sexe!

Advertencias: Slash. James-Sirius. Sirius-Bella implícito.

ENTINTADO

IX. DROGAS

Baja de la Harley, lanzando las llaves al aire, recogiéndolas sin tener que mirar. Se aparta el pelo de la cara, enredado por la velocidad excesiva del vuelo, y echa un vistazo a su alrededor: James aún no ha llegado.

Entra en el bar sin echar ni una breve mirada al puerta, que, cruzado de brazos, se apoya en la pared, intimidante. Se dice que no tiene prisa, pero lo cierto es que sí. Prisa por emborracharse, por quitarse ese aburrimiento de encima, por reír y olvidar, y quizá por echar un polvo rápido contra la pared de los baños.

La música atronadora retumba en sus oídos, palpitante, hirviente, repetitiva. Pasa entre cuerpos sudorosos, que se apretan, y él empuja a su vez, notando formas voluptuosas. Los ambientes cargados le gustan. Lugares donde no tiene que fingir, donde todo el mundo está tan colgado que ni le reconocerán, ni le recordarán.

Se deja caer sobre una silla incómoda y metálica, en una de las mesas que hay pegadas a las paredes. Estira las piernas despacio, cruzando los pies enfundados en esas botas negras, llenas de hebillas. Se dedica a mirar, buscando, aunque no está seguro de qué. Las tías –unas más mujeres, otras más niñas- pasan ante él con faldas cortas y botas altas. ¿Camisetas? No se fija en eso, a menos que tengan unos pechos grandes. Los labios también le gustan: sonrisas arrogantes, confiadas y, a veces, fingidas. Las melenas negras, como las de ella, le dejan sin respiración.

Una tiene ojos de gato. Nocturnos, oscuros. Le recuerda tanto a ella que está a punto de llamarla por su nombre. A punto, pero no lo hace. En cambio le coge de la muñeca cuando pasa por su lado, la folla con la mirada, y luego la desnuda con su sonrisa.

Ella se lame los labios, y Sirius se levanta para llevársela adónde sea.

Una mano en su pecho se lo impide, y vuelve a caer pesadamente sobra la silla. Alza los ojos bebidos –de humo, de música, de excitación- y ve a James despidiendo a la chica, que desaparece como si nunca hubiera estado ahí.

-Joder, Cornamenta –protesta, cabreado.

-Tienes que dejar de tirarte a todas las que se parezcan a Black –le recrimina, y Sirius hace un mohín, enfurruñado, y, tan solo puede, que algo preocupado. Potter sonríe, le coge de la barbilla y entreabre los labios-. Anda, toma.

Cuando James le besa es cuando nota que su saliva, su lengua, su boca, sabe a alcohol y a droga dura. Gime contra sus labios, cogiéndole bruscamente por la nuca. Él quiere emborracharse, de una u otra cosa.