N/A. Desde que releí el sexto por segunda vez he querido hacer un fic sobre estos dos. Es la pareja ideal para Ginny, y, con perdón, Zabini tiene que estar JODIDAMENTE BUENO. OMG WHOAAAA ºwº

Va para Drabbles en 30 minutos, según:

Reto: la protagonista debe ser Ginny, y hay que buscarle una pareja...

Joanne

ENTINTADO

X. PECAS

Blaise Zabini era un Slytherin de pómulos altos y ojos sesgados. Se distinguía con facilidad de Draco Malfoy, quien caminaba a su lado en ese momento, pero no por ello era menos arrogante, o elitista.

-Maldito Slughorn –masculló Draco entre dientes. Zabini esbozó una tenue sonrisa. Su compañero estaba indignado por no haber sido invitado en el tren a su selecto club. Por mucho que alardeara de que ahora estaba metido en cosas mucho más importantes, había cosas que nunca cambiarían, y una de ellas era que gente como la chica Weasley o el inútil de Longbottom estuviesen por encima de él.

Torció la esquina, en dirección al Gran Comedor para la cena de presentación de curso, y alguien chocó contra él.

La pelirroja movió la cabeza, mechones de pelo ardiente rozando su piel pálida llena de pecas, y una mueca se formó en sus labios llenos al reconocerlos.

-Mira por donde vas, Zabini –masculló desafiante.

La veía inquieta, y eso le gustó. Los dedos de su mano derecha se movían, preparada para coger la varita en caso de que ellos intentasen algo.

-Tendrás que tirar la túnica, Blaise –susurró Draco, esbozando una sonrisa mordaz-. Te habrá pegado las chinches que tiene su ropa de segunda mano.

-Serás…

Va a atacar, pensó Blaise, viendo como el cuerpo de ella se tensaba. Bajó la mirada un segundo hasta los muslos, insuficiente para que ella se diese cuenta, pero suficiente para él, que pudo recorrerla entera. Tenía pecas en las piernas.

-¡Eh, Ginny!

Dean Thomas había aparecido por el pasillo, y la llamaba agitando la mano. Ginny lo miró, y después de dirigir una despreciativa mirada a los dos Slytherin, se dio la vuelta y se marchó con paso airado.

-Sigo sin saber qué ven en ella –dijo Malfoy cuando estuvieron solos, encogiéndose de hombros.

-Yo tampoco.

Y era cierto.

Seguía sin saber qué veía en ella.