Los hermanos Lestrange os desean un feliz y particular San Valentín ♥

Contestando al reto del meme de drabbles de norixblack. Pidió Rody/Rab, en la mansión Lestrange y con una varita de objeto. Lo de la varita me lo he pasado un poco por el forro debo decir... xD

Rating: PG-13

Summary: No es así como toca los libros.

ENTINTADO

XVII. PASAR PÁGINA

-¿Adónde vas?

La voz, grave, tranquila, sonó cerca de la ventana. Rodolphus Lestrange simplemente se detuvo. No necesitó girarse para ver de quién se trataba. Lo sabía muy bien.

-No hagas preguntas. -Dirigió sus pasos hacia el salón, abandonando el pasillo, y se paró momentáneamente bajo el umbral, hasta que pareció arriesgarse a llegar algo tarde. Sus ojos verdes se fijaron en los de su hermano, parecidos, aunque algo más oscuros-. O, si las haces, al menos que no sean tan estúpidas.

-Ella ha salido antes.

No parecía sorprendido, y Rabastan supuso que su hermano ya lo sabía. Lo miró de soslayo, observando su túnica y su capa negras, sin adornos, ni siquiera un mero ribete. Demasiado oscuro. Quizá, pensó, incluso habían entrado juntos a su servicio.

Dejándole fuera a él.

-Llévame.

De petición no tuvo nada, y mucho menos sonó a súplica. Se incorporó, acercándose a su hermano mayor.

-No me ha dado instrucciones al respecto -respondió secamente Rodolphus.

-No me importa.

Rabastan dejó escapar una sonrisa amarga al ver que los labios de Rodolphus se distendían, sin llegar a formar nada claro.

-¿Sabes lo que podría suponerme?

-Perfectamente.

El mayor le detuvo cuando Rabastan dio un paso al frente, acercándose demasiado. Su mano izquierda le cogió por el hombro, clavándole fuertemente los dedos.

Desde luego no es así como toca los libros. Le pasó por la cabeza que, en cambio, quizá sí hiciese eso con Bellatrix.

La mano derecha fue a su barbilla, el pulgar apoyado en el mentón, impidiéndole apartar la mirada.

-Sin importarte las consecuencias.

Los labios de Rabastan se curvaron agresivamente, dejando entrever los colmillos. Hizo un movimiento de cabeza, librándose de los dedos manipuladores de su hermano.

Esta vez Rodolphus sí le dejó acercarse.

Podría haberlo considerado un ataque, aunque no precisamente uno en el que pudiera sacar la varita para defenderse. La lengua de Rabastan se comportó demandante, caprichosa e inquieta desde el principio. Entró en su boca, a pesar de la resistencia que puso Rodolphus, más para alargar el juego que por otra cosa.

No debería haberlo hecho.

Impulsivo a sus diecisiete años, no se lo tomó como tal. Su cuerpo decía todo lo que su boca ocupada no podía. Quizá incluso no sabría. Cuando Rabastan le cogió del brazo, tan fuerte que le hizo daño, pudo decir que, por primera vez, veía a su hermano perder completamente el control.

Le había visto contenerse durante mucho años.

El pijama era grueso, de manga larga, y hacia arder literalmente el cuerpo del más joven. Lo sintió incluso por encima de su ropa. El pecho duro subía y bajaba, ansioso, y, si Rabastan hubiera podido pensar en algo más que marcar y lamer, se habría sentido triunfante por dominar a su hermano.

Poderoso.

La mano de Rodolphus le rodeó el cuello, cortándole la respiración. Rabastan entreabrió los labios, hinchados, pero no se alejó. Una nueva acometida, y su lengua volvía a enroscarse con la de su hermano como serpientes que era, recorriendo cada diente con rapidez. Parecía faltarle tiempo.

Se respiraron, casi oliéndose, mordiéndose. La mano se cerró un poco más y a Rabastan se le pasó por la cabeza si pensaba matarlo.

Podría hacerlo.

El sabor de la sangre le inundó la boca, y ni siquiera supo decir en un principio si era suya o de él. El dolor, sin embargo, no tardó en aparecer. Agobiado de pronto, notó que todo el calor que había sentido se transformaba en una tensión desagradable. Tuvo que apoyar las manos en el pecho de su hermano para que le dejara alejarse.

Se miraron. Rodolphus respiraba con tanta calma que Rabastan se sintió hasta humillado.

-Quiero defender la sangre -dijo en un susurro ronco, tercamente.

-¿Qué sangre?

Parecía estar incitándolo.

Rabastan se lamió el labio, palpando la herida que él le había hecho, y no pudo evitar una sonrisa.

-Esta sangre.