N/A. Contestando a Miss Marlene en el reto de ¡Harry, varitas fuera! organizado en livejournal a raíz de la sexta película. Pidió una explicación al hecho de los mortífagos se pasearan por Hogwarts tras romper unos cuantos cristales. Aquí no hay nada serio, supura crack por todos lados.
ENTINTADO
XXII. UNA VAJILLA NUEVA Y RELUCIENTE
Tom Riddle apretó tanto los labios que acabaron convertidos en una fina línea pálida y sus dedos se crisparon en torno al tenedor. A su lado, Lestrange y Avery se alejaron un poco de él. Tom nunca gritaba. Nunca discutía. Se quedaba quieto, sin hablar, desprendiendo aquella gélida ira que hacía que sus más allegados prefiriesen mantener cierta distancia. Sería de idiotas no hacerlo.
-Por qué -preguntó al fin- soy el único que tiene un plato distinto al resto.
Los tres pares de ojos se clavaron en el plato. Los de Riddle oscuros, entrecerrados y peligrosos. Los de los otros dos Slytherin bastante más abiertos y sorprendidos. Avery tragó saliva ruidosamente.
-El otro día en la cocina escuché que iban a cambiar la vajilla.
Sus palabras flotaron unos segundos en el aire, tan tenso que podría haberse cortado con el cuchillo de mantequilla.
-Pero por qué -insistió Tom Riddle, su voz un siseo furioso- soy yo el único que tiene un plato distinto.
¿Por qué las filigranas de los demás platos eran un par de líneas oscuras y la de Tom un motivo de flores rosa? Avery sabía bastantes cosas y era capaz de inventarse otras tantas, pero para eso no tenía respuesta.
OoOoO
Lord Voldemort escuchó a Amycus crujiéndose los dedos de la mano. El chasquido hizo que más de un mortífago diese un brinco, y decidió que ya estaban todos los suficientemente tensos como para poder seguir hablando.
-Ya sabéis lo que hay que hacer -siseó, acariciando la cabeza de Nagini, que reptaba por el respaldo de la silla.
-Sí, mi Señor -respondieron, unos más alto y otros más bajo, algunos inclinándose y otros quedándose quietos como estacas, pero en conjunto sonando bastante bien.
Sonrió satisfecho.
-No quiero que quede ni un plato -repitió-. ¡Ni uno solo!
-¡Sí, mi Señor!
Ahora había sido incluso mejor.
-Vais a romper toda la vajilla. -Se detuvo, alzando la mano-. Y luego vais a pasearos por Hogwarts, ¡para demostrar que de Lord Voldemort no se ríen ni los elfos, ni Albus Dumbledore, ni nadie!
Soltó una carcajada malévola que crispó a los mortífagos más aun que los nudillos de Amycus.
-Ahora podéis iros -dijo, recuperando el aliento-. Ah, y Bella...
-¿Sí, mi Señor?
-Ponle entusiasmo.
