El vals
Segunda parte
Claudia alcanzó a Lisa cuando ésta ya había salido del hotel y se dirigía a caminar por los jardines del mismo.
-Los aviones para volver están en este otro lado, tontuela – le dijo, pasándole la mano por los hombros.
-Hice el ridículo al salir así, ¿verdad?
-No tanto. Todos creen que saliste por el beso de Kyle, cuando realmente saliste por el beso de Rick. Pero sólo yo me di cuenta.
-No sé qué me pasó, Claudia.
-Sí sabes. Son celos.
-Sí. Yo sé que debo olvidarlo, que es imposible competir con Minmei, pero...
-Te entiendo, pequeña. Pero no vale la pena darle más vueltas a asunto. Rick no es para ti, pero apareció Kyle. ¿Por qué no lo intentas con él?
-Puede ser... – la imagen de Rick sonriente después de besar a la cantante se replicó en su cerebro -. De hecho, es buena idea. Pero debe estar furioso conmigo.
-No se siente furioso. Conozco a los hombres. Debe creer que te abrumó con su masculinidad y por eso huiste. Mira, vuelve con él, intercambien teléfonos y nos vamos de aquí. Corre.
Lisa le hizo caso a su amiga. Nadie se dio cuenta de que volvió al salón, excepto Kyle; el resto de los invitados estaban demasiado emocionados mirando a Minmei con su noviecito y haciéndoles preguntas creyéndose periodistas.
-¿Nos vemos alguna vez, creo? – preguntó Lisa, asombrada de su propia audacia.
-Me encantaría – respondió rápidamente él. No estaba seguro por qué se sentía tan feliz, pero ya pensaría en ello. Al menos, la idea de volver a verla lo distraía del dolor de ver a Minmei con ... con ése.
-Tú ya sabes donde encontrarme... es decir, ya nos conocemos, y...
-Por supuesto – respondió él.
-Mi teléfono está en la guía. Llámame tú, si quieres...
-Te llamaré mañana. No intentaré besarte de nuevo, no vayas a salir corriendo y te caigas – él sonrió.
-Perdón. Es que a veces soy algo irreflexiva.
-Pues me encantan los desafíos, así que no te preocupes.
Esta vez ella sonrió. Dejó el baile, a Rick y a Minmei hablando de su amor, y se dirigió con Claudia a las naves para salir de Las Vegas.
A la mañana siguiente Lisa despertó triste, pensando en Rick y el beso que le había dado a Minmei, pero después recordó a Kyle y se sintió mucho mejor.
-Siempre supe que Rick no era para mí – reflexionó Lisa -. Más vale así, que me olvide de él.
La fuerza de la costumbre la hizo tomar el teléfono para llamarlo, como cada mañana, pero se acordó a tiempo que seguramente él le usaría como confidente para contarle lo mucho que amaba a Minmei.
Así que no llamó, pero mantuvo el teléfono descolgado mientras rememoraba dolorosamente los acontecimientos de la víspera.
Por eso Rick, cuando la llamó, encontró su teléfono ocupado. Pensó que ella hablaba con Kyle.
En esos momentos, Kyle tomaba una taza de café mientras miraba a Minmei dormir plácidamente; pensaba en Lisa. Pensaba si valía la pena renunciar a Minmei – la glamorosa cantante, la mujer soñada por todos, el ídolo de multitudes – para intentar amar a la oscura y anónima comandante Hayes.
No podía decidirse. Por eso no quiso llamar a Lisa.
La comandante Hayes desayunó tranquilamente. Tenía turno en la tarde, como todos los del puente. El almirante Gloval había decidido que se merecían una mañana libre después del baile. Por eso se sorprendió cuando sintió a Claudia.
-¡Lisa! ¡Abre, es urgente!
¿Qué querría? ¿Hubo una emergencia acaso?
Claudia estaba sonriente en la puerta, rodeada de ramos de flores y peluches.
-¡Claudia, qué amable eres! ¡Me traes flores!
-No seas tonta, las dejaron aquí unos mensajeros. Vine a ver cómo estabas y me encuentro con este montón de regalos. Apúrate, hay que entrarlos.
Muertas de la risa entraron con los regalos de la comandante. Eran sólo siete, pero como era la primera vez que Lisa recibía regalos de un hombre, le parecieron excesivos.
-¡Qué amable es Kyle! – dijo Lisa.
-Lo siento, Lisa, pero no son de Kyle – respondió Claudia mientras examinaba las tarjetas.
-Entonces son de... – el rostro de Lisa se iluminó ante la posibilidad.
-No, tampoco son de Rick.
-¿Y de quién, entonces?
-De "quiénes", comandante; anoche cuando dejaste de ser la dama de hielo, derretiste a medio ejército.
-¿Qué?
-¡Mira! – Claudia aguantaba la risa mientras leía las tarjetas – nuestros oficiales tienen su corazoncito, pero no tienen mucho estilo para escribir:
-"Comandante, mi corazón espera la oportunidad de obedecer sus órdenes de combate; con amor, coronel Peters" ¡Oh, vaya! El coronel Peters nunca me había habado, excepto para darme órdenes o discutir una decisión.
-Y hay más. Te escriben coroneles, tenientes, generales y hasta el almirante Gloval.
-¿Y qué dice el almirante Gloval? Espero que no sea algo romántico, para mí es como un padre.
-Tranquila, nos mandó algo a todas. Dice algo así como "La felicito por sus estrategias del baile, espero que las aplique en el puente"
-Qué dulce – Lisa miró con cariño las flores del capitán y su tarjeta. De pronto, se puso seria -. Rick no envió nada.
-Deja de pensar en él. Piensa en Kyle.
-Kyle tampoco envió nada.
-Dale tiempo. Y si no te resulta con él, tienes seis candidatos. Siete si cuentas a Gloval.
-¡Claudia, no juegues!
Claudia la ayudó a arreglar los regalos y redactar notas de agradecimiento para los galantes caballeros. Después, ambas se despidieron para prepararse para el turno de la tarde.
-Hoy veré a Rick – dijo Lisa mientras se vestía. Y por primera vez, la idea no le produjo dolor.
Después del almuerzo comenzó el turno de la tarde. Lisa tuvo que aguantar ver a Kim, Sammy y Vanessa riéndose por lo bajo cuando pasaba al lado de ellas, hasta que se cansó:
-¿Y a ustedes, qué les pasa?
Sammy se rió más fuerte y después puso cara de disculpa:
-Estábamos diciendo que pareces otra...
-El nuevo amor hace que te veas más bonita – dijo Vanessa.
Lisa sonrió, halagada a su pesar.
-¿Ustedes creen?
-Sí – dijo Sammy -, cuando andabas detrás del teniente Hunter siempre andabas seria y enojada. Esta tarde te ves tan alegre...
-Bueno, gracias. Creo – Lisa se alejó de las muchachas y se encontró frente a frente a Rick.
-Si no le molesta ir a su lugar en el puente, comandante, es hora de comenzar los patrullajes – masculló él.
-Aún quedan cinco minutos, Rick.
-Y supongo que los quiere aprovechar hablando de su nueva conquista, ¿no?
-Si ella quiere usarlos para eso, tiene derecho – intervino Claudia -. Usted, capitán Hunter, debería aprovechar este tiempo para ir a su avión y prepararse para el despegue. ¿No cree?
-Él no te conviene, Lisa. Sólo te usa para darle celos a Minmei – dijo Rick antes de irse.
Las chicas quedaron en silencio.
-No le hagas caso al teniente, Lisa. Creo que le dura la resaca de anoche – dijo Kim.
-Debe estar celoso – dijo Vanessa.
-¿Y por qué celoso? Es novio de Minmei, cómo va a estar celoso por Lisa... – Sammy se llevó las manos a la boca, arrepentida de lo que había dicho.
-No te preocupes, Sammy. Sé que nunca podría competir con la famosa estrella de la canción. Pero él fue tan amable conmigo... – suspiró Lisa – pensé que podía tener esperanzas.
-¡No quise decir eso, Lisa! – se disculpó Sammy – Es que ella es una artista famosa, nadie podría competir con ella.
-Si dejaron de hablar del nuevo novio de la comandante Hayes, me gustaría que alguien se dignara a darme las indicaciones del patrullaje – reclamó Rick por el intercomunicador. Las chicas volaron a sus puestos de trabajo.
Rick estuvo sumamente irritable toda la tarde. Le gritó a la mitad de los pilotos, y cuando alguien lo felicitaba por su compromiso con Minmei la gran cantante ídolo de la Tierra, se limitaba a encogerse de hombros y gruñir palabras ininteligibles.
-Más vale que arregles la cara, teniente – lo retó Max -. Deberías estar feliz por lo tuyo con Minmei, y parece que hubieras comido vinagre. ¿Sigues con resaca?
-No te metas en lo que no te importa, Max.
-Es que sí me importa, Teniente. Eres mi amigo y no te ves feliz. Además, con esa expresión asustas a los pilotos novatos.
Rick se quedó callado, dudando si hablar o no. Pero se decidió.
-Max – dijo -, creo que he arruinado mi vida.
-Yo también lo creo – respondió Max.
Continuará...
