Capitulo 2
Cumpli nueve años, cada dia me decía a mi mismo que las cosas mejorarían pero el dolor de haber perdido a mi madre no desaparecia. Mientras mi padre rondaba por la casa tenia que hacer acopio de todas mis fuerzas para sonreir como si todo fueran mariposas y arcoíris cuando en realidad mi corazón de rompia en pedazos y el único momento en que podía ser yo mismo eran esas tres o cuatro horas en la habitación de Blaine mientras nuestros padres miraban los partidos de la tarde o salían al taller. En esos escasos momentos podía mirarme al espejo con los ojos llenos de lagrimas, ignorando la presencia del morocho, y decirme que no tenia caso mentirme a mi mismo, mi vida jamas seria como antes sin ella a mi lado. Blaine sabia que lo menos que debía hacer entonces era acercarse a consolarme con lastima grabada en sus ojos, el podía entender que aquel tiempo era necesario, que debía poder ser yo mismo sin que nadie se sintiera culpable a mi alrededor y me impidiera llorar a gusto con tontas palabras de animo. Blaine comprendia que el dolor debía ser sentido para que algún dia las heridas cicatrizaran y estaba dispuesto a morder sus labios y hacerse a un lado en la habitación, dejándome llorar en silencio y sin interrupciones.
Durante todas las tardes que habíamos pasado juntos desde que nos habíamos conocido llegamos a la conclusión de que jamas terminaríamos de caernos bien pero que no teníamos mas opción que soportarnos, amábamos a nuestros padres y nos gustaba verlos tan felices juntos, no eramos nadie para arruinar su alegría con nuestros caprichos infantiles. La convivencia no era fácil, cada tanto terminábamos gritándonos y discutiendo ferozmente pero calmándonos a tiempo para cuando nuestros padres regresaban a casa y que asi nos vieran jugando juntos como si fueramos grandes compañeros. Eso era lo mas cercano a amigo que tenia a esa edad ya que en la escuela siempre estaba apartado de los otros niños; un poco porque ellos no querían juntarse conmigo y otro poco porque yo tampoco tenia intenciones de acercarme a ellos, al no sentirme bien conmigo mismo tampoco me sentia bien compartiendo con el resto de la sociedad. Mas bien era una molestia ir al colegio cada dia y encontrarme con los abusivos de siempre que disfrutaban de recordarte que eras escoria y que tu existencia no tenia sentido lógico, que lo diferente no era bienvenido y que si no podias confundirte entre la multitud no eras igual de eficiente como persona que los demás.
Si, quizás ese dia estaba mas deprimido de lo usual y veía mis problemas habituales mas grandes de lo que eran en realidad. Es porque ese dia se cumplia un año de la muerte de mi madre, había sido encerrado en un casillero, me habían acusado injustamente de copiar en una prueba, mi serie romántica favorita había acabado con el protagonista marchándose solo con el cadáver de su amante en brazos, los del equipo de futbol habian manchado mi camisa favorita con granizado de fresa y, para colmo, se sumaban un par de horas a mi muy feliz visita a Blaine ya que nuestros padres habian decidido transformar el partido en algo que pudieran compartir con nosotros. Desafortunadamente esto significaba una salida a la plaza del frente del edificio para correr tras la pelota con mi vecino hasta que mis piernas perdieran sus fuerzas y el sudor me hiciera perder el sentido de la razón.
"Hoy tu humor parece incluso peor que de costumbre". Solto Blaine cuando nuestros padres se hubieron distraído charlando en las gradas, tenia la pelota bajo el brazo y se acercaba a asegurarse de que mi respiración hubiera vuelto a la normalidad. Estaba agotado, furioso con el mundo y conmigo mismo, con la injusticia, no estaba seguro que era lo que me había irritado tanto pero algo había explotado en mi interior y simplemente estaba cansado de llevar ese peso. Gruñi sin prestar atención al morocho y agarre lo primero que encontré, un pedazo de ladrillo del edificio. Comence a garabatear el piso con líneas naranjas sin formar ninguna clase de figura en especial, solo líneas curvas, trazos llenos de odio. Presionaba con fuerza y me olvide del mundo mientras dejaba el suelo hecho un desastre, queria luchar de alguna manera con todo lo que me rodeaba y no había encontrado mejor forma que aquella. De repente me detuve a comprobar la obra y ahogue un grito, como podía haber hecho eso? Por que? Solte el ladrillo, ahora convertido en una roca pequeña, y las lagrimas comenzaron a resbalarse por mis mejillas al tiempo que los pasos de nuestros padres comenzaban a oírse a nuestras espaldas: "Dios mio! Quien hizo esto?" Grito Burt y me dirigio su mirada desilucionada.
"Fui yo". Dijo Blaine rápidamente y su padre tironeo de su remera, rezongándole, mi mente estaba demasiado ocupada como para oir al hombre exigiéndole que subiera de inmediato a buscar algo para limpiar aquella barbarie. No nos llevábamos bien y sin embargo se había echado la culpa, era la primera cosa buena que alguien hacia por mi y venia de nada mas y nada menos que de mi irritante vecino con el que no tenia mas opción que pasar mis tardes. Lo vi alejarse, siendo arrastrado por su padre que no había dejado de gritarle, y mi corazón dio un vuelco. Senti la culpabilidad desgarrándome, la mirada de mi padre todavía observándome con desilusión como si supiera claramente que la culpa no había sido del morocho. Yo también estaba desilucionado de mi mismo, algo dentro de mi había cambiado de un momento a otro. Tenia que aprovechar esa lección para ser mejor persona; me prometi a mi mismo que seria mas fuerte, desde ese dia iba a dejar de lloriquear y maldecir al mundo. Si queria que mi alrededor cambiara debía empezar cambiándome a mi, ya no soñaría con mi felicidad, la construiría con mis propias manos hasta quedar conforme de forma que el dia de mi muerte pudiera cerrar los ojos sin arrepentimientos. No todo es gris, no toda la gente tiene planeado lastimarte, Blaine acababa de enseñarme que siempre habría alguien dispuesto a sacarte sonrisas y darte la mano para evitar que caigas. Blaine, por abrirme los ojos, gracias.
