Notas de autor: Es corto, muy corto este capítulo, aviso. Pero vendrá acompañado de un maravilloso epílogo que subiré pronto, muy pronto, para que conozcáis el final de la historia. Con boda incluida.
Gracias a todos los que os pasáis por aquí y dedicáis un poco de vuestro tiempo a leer y comentar mis fics. A los anónimos también, que os leo pero no os puedo responder. *Abrazo*
Y a mi maravillosa beta, que sufrió beteando contrarreloj. I LOVE YOU.
Episodio 5: La verdad que duele… y libera.
Cuando Draco recibió la lechuza con la caligrafía descuidada de Potter, se sintió desanimado y decepcionado al mismo tiempo; si bien sabía que el único capaz de ayudarlo con preparativos para Pansy era él, le molestaba servir solo para eso en la vida del auror. A Draco le había costado mucho aceptar que su amiga Pansy realmente iba a casarse con un Weasley, y sin embargo, el asimilar sentir algo por Potter, no. Llevaba tiempo soñando con él, y el hecho de que los sueños se tornaran algo más... atrevidos, lo incomodó al principio, pero terminó por rendirse. De alguna forma, el mundo de las relaciones interpersonales eran incomprensibles, por eso, ahora, tanto él como Pansy habían caído por dos estúpidos gryffindor. Y todo estaría bien si realmente fuera él el único afectado; pero Potter lo evitaba deliberadamente, y uno no evita a una persona salvo que tenga miedo de que ocurra algo; por eso, cuando le respondió, lo hizo lo más escueto que pudo, y sin hacer preguntas, como si a él no le importara nada lo que necesitara el otro. Y ahora estaba metido en una tienda con el auror a medio vestir en el probador de al lado, fingiendo no sentirse afectado, cuando solo deseaba estar más tiempo con ese imbécil, incluso llegar a insultarle, para al menos tener algo de la atención que Potter parecía considerar no darle por no ser merecedor de ella. El muy gilipollas se ponía esas túnicas de mago, cada cual más hermosa, y todas le sentaban como un guante; si bien salía todo desastroso del probador y él tenía que colocarle el cuello y estirarle las prendas, recibiendo además una mirada que parecía decir "vísteme o desvísteme". Esa actitud tan pasiva de Potter lo estaba poniendo nervioso, y tras cinco trajes distintos, Draco decidió terminar con la pantomima.
—Creo que este será el mejor para Weasley, tiene un buen corte y los detalles minuciosos están muy bien conseguidos. No luce demasiado bien en ti, Potter, pero tu amigo es más alto y tiene otro porte distinto —por si acaso, introdujo unas nada sinceras opiniones degradantes hacia él, con el mejor tono profesional. Funcionó, porque Potter lo miró algo furioso, y se quitó el traje a toda prisa. Con una sonrisa de suficiencia, agarró la prenda, no esperó a que el otro saliera del probador, y fue directamente a hablar con Lorian Elwood, la dueña, para detallarle qué quería dejar en la prenda y qué quería cambiar; todo, ajustándose al escaso presupuesto de Weasley. Sonrió satisfecho: le quedaría un traje simple, pero con buena tela y adornos poco comunes. Ese día, el pelirrojo parecería un sangrepura y Pansy adoraría su elección.
—Bien, ya está todo, señor Malfoy. Le remitiré todos los detalles al señor Potter por lechuza, y cuando esté terminado, a primeros de septiembre, les avisaré para que se pasen —Harry salía entonces del probador ajustándose sus prendas muggles, y apenas tuvo tiempo para saludar a Lorian cuando se encontró junto a Malfoy fuera de la tienda.
—Ha sido muy fácil. ¿Tenías ya una idea en mente? —parecía impresionado.
—No. Tengo costumbre de elegir lo mejor, pero eso ya lo sabes o no me habrías llamado.
—Claro —Potter se despeinó, como si quisiera decirle algo pero no se atreviera. El muy capullo parecía tan cómodo de vestir con prendas muggles y esos tejanos decoloridos tan pasados de moda—. Gracias, Malfoy. Te invito a algo.
El rubio le tomó la palabra, y Harry ofreció entrar en Florean&Fortescue, pero Draco prefirió hacer uso de la bodega de los Black, así que tras ejecutar la desaparición, ambos tomaban vino de saúco en el sofá de la segunda planta de Grimmauld Place.
—¿Estás enfadado conmigo?
—¿Por qué? Nunca he sido agradable contigo, no sé en qué lo has notado —dijo Draco, socarrón.
—Malfoy... estás muy cortante, más de lo habitual.
—Quizá es porque tú me has estado evitando todo el rato. ¿Qué pasa, tu polvo ocasional te deja tan satisfecho que ya no necesitas relacionarte con nadie más? —el moreno frunció el ceño ante aquella acusación.
—Yo no te evito, ¿por qué tendría que hacerlo? Simplemente, he estado muy ocupado —Draco clavó la mirada en el pequeño tapiz adornando la pared junto a las escaleras y se dijo que la casa necesitaba una buena decoración; parecía del siglo pasado. Lo miró a los ojos, intensamente, ofendido.
—¿Y qué pasa durante el almuerzo? No me digas que te han cambiado la hora de comida —ante aquello, Potter tuvo la decencia de no abrir la boca y decir mentiras.
—He estado algo perdido en mis emociones —dijo, finalmente, sintiendo la cercanía del otro como algo incómodo.
—Mejor dicho negando tus emociones —había un brillo en los ojos del rubio, un brillo diabólico, un cartucho abierto imposible de parar.
—¿Disculpa?
—Deja de comportarte como un estúpido cobarde y acepta la realidad, Harry, porque sé que te mueres de ganas de volver a besarme —el tiempo pareció detenerse; Draco estaba sentado con las piernas abiertas, su camisa desabrochada, como aquella vez, mirándolo desafiante. Harry tragó saliva y desvió la mirada, azorado, y con el ceño fruncido, estableció:
—Tenemos que hablar —Draco adivinó el siguiente paso: la tanda de excusas, y no queriéndose ver rechazado, se lanzó sobre el auror, sujetándole los brazos contra el sofá para impedirle moverse; sin embargo, el auror estaba tan sorprendido, que no opuso resistencia; tampoco cuando Draco se relamió los labios antes de posarlos donde hace días deberían estar; Draco lo sintió tensarse en el beso, pero enseguida se sintió correspondido. Sus manos probaron la tela de sus ropas, sus dedos acariciaron torsos desnudos, mientras ambos se embebían en la necesidad urgente de probarse, de sentirse. Sus cuerpos parecían pura mecha ardiente y sus brazos rodeaban al otro exigiendo su presencia, temiendo su reacción si ponían todo eso en palabras. Al término del beso, Draco sonrió, jocoso.
—¿Podemos dejarlo para mañana? —algo avergonzado, el auror se agachó a por su camiseta, quitada apresuradamente por el rubio.
—Claro —la prenda fue arrebatada inmediatamente de manos del auror y tirada al suelo.
—Esto no. Hablar —y Draco volvió a besarle, con más tranquilidad, pero con el mismo tono insistente, acariciándole con suavidad los pezones usando el pulgar, arrancando un jadeo del moreno, que asintió y lo apretó contra su cuerpo. Y así permanecieron varios minutos, uno sobre otro, frotándose, tocándose, besándose y disfrutando ese momento, hasta que oyeron un "plop" frente a ambos.
—Amo Harry, Kreacher siente interrumpir, pero hay alguien que pide paso por la chimenea —Harry se recompuso inmediatamente, mientras el elfo tenía los ojos tapados por sus huesudas manos, no queriendo ver más; bastante tenía con la asociación del traidor a la sangre y la jovencita Parkinson. Kreacher fue al baño, decidiendo que ese día era mejor vomitar su almuerzo.
§§§§
Harry no podía creerlo: Draco Malfoy se había lanzado sobre él para besarlo con pasión... por Merlín, el mundo estaba cambiando a pasos agigantados y Harry no sabía dónde meterse; de modo que era correspondido. El moreno se permitió disfrutar las caricias del aristócrata, que no había tomado tanto como para estar borracho, pero sí lo suficiente para ejecutar un movimiento sorprendente, atrapándolo en su propio sillón, envolviendo su cuerpo. Contrario a lo que había supuesto, la piel de Malfoy no era fría y escamosa como la cruel serpiente que era, sino ardiente e hidratada, que al contacto con la suya parecía prender una mecha imposible de apagar. Harry, curioso, se entregó a sus besos, le acarició la espalda y el cuello, incluso en algún momento se arrebataron las camisetas y las gafas y ahora yacía semidesnudo junto a él, incapaz de parar su deseo por seguir adelante. Una voz grave lo sacó de su ensoñación, y Harry quedó todo azorado al ver a su elfo muerto de la vergüenza informándoles de alguien que pedía paso por flu. Se puso las gafas, bajó a todo correr, sin apenas decirle nada a Malfoy; una rubia cabeza se asomó parcialmente por la chimenea. Harry asintió y un rubio de rostro dulce, algo más bajito que él, con ojos claros que se entrecerraron al mirarlo de arriba abajo atravesó las llamas.
—Hum... hola, Harry —el moreno se puso la camiseta que había cogido apresuradamente del suelo y se arregló los pantalones, donde un bulto revelador salió a saludar.
—Nigel... ¿ocurre algo?
El rubio abrió la boca para dar alguna explicación cuando Draco Malfoy apareció, descamisado, con el mismo bulto en los pantalones que Harry, y ni tratando de ocultarlo, le sonrió con desmedido triunfo.
—Buenas, Wespurt. ¿Se te ofrece algo? —Harry miró a Draco, y después a Nigel, sin entender—. Estamos un poco... ocupados, como puedes ver. Harry, ¿le has invitado tú?
El moreno se volvió, aturdido, puro desconcierto pintado en su rostro; lo suficiente para hacerle a Nigel encontrar la voz y expresar su opinión libre y llanamente.
—Harry... creía que tú y yo —balbució, afectado, pues sus ojos comenzaron a aguarse—... pensé que éramos algo. Ya sé que no dejamos nada claro, pero...
Harry se acercó a Nigel, pero no supo cómo excusarse: había sido pillado en plena acción, y nada de lo que dijera parecería contentar a un ahora abatido ex gryffindor.
—Tú me dijiste que no te gustaba Malfoy. No me había acostado con nadie porque solo quería estar contigo y ahora —dirigió su mirada totalmente enojada hacia Malfoy, quien lo miraba con diversión—, no entiendo nada...
—Lo siento, Nigel, no sé qué decir —el rubio, pensando que Harry trataría de formar al menos una excusa y decir que nada de eso era cierto, que todo fue una equivocación y que ese idiota de Malfoy le había echado Amortentia en la bebida, sintió la furia arder en su interior.
—¡Mierda, Harry! ¡Soy tu amigo! Estoy dispuesto a dártelo todo y tú te enrollas con este tipo tan despreciable, ¡pura basura mortífaga! ¿Qué estabas pensando? Entiendo que experimentes, joder, ¡pero esto! ¿Has pensado en lo que significa enredarte con esta gente? ¡Te manipulará, te hará daño, te humillará públicamente y luego irá por ahí contando que se ha acostado contigo!
Draco Malfoy parecía gozar del espectáculo, y lo miraba, en silencio, con una enorme sonrisa, sintiendo la necesidad de entregarle un pañuelo a Wespurt para limpiarse sus patéticas lágrimas, mientras Harry tenía un momento de iluminación. Veía moverse la boca de Nigel, todas las palabras que dirigía las reconoció como aquellas que él alguna vez le dijo a su amigo Ron. Se sentó en una silla cercana, dándose cuenta, por primera vez, de que él y Nigel eran iguales: ambos tenían prejuicios insanos contra los slytherins, ambos los catalogaban como antaño hicieron Harry y Ron y ahora, como si se escuchara a sí mismo, sintió vergüenza. Naturalmente, Nigel se marchó por la chimenea en cuanto dejó de gritar y Draco subió a la segunda planta para vestirse y dejar a Harry solo. Minutos después, el rubio bajó para encontrar a Harry en la misma posición, olvidada ya su excitación y con un dilema moral pendiente.
—Me marcho, Harry. ¿Te veo el lunes en el Ministerio? —el moreno alzó la mirada. El verde había vuelto a cubrir sus orbes, nada que ver con el profundo color negro mientras lo besaba. Sin embargo, contra todo pronóstico, Harry le cogió del brazo.
—No. Quédate.
—¿Estás seguro? —por Merlín, Draco Malfoy con una mirada preocupada y realmente abatido le hacía querer tenerlo con él toda la noche en Grimmauld Place.
Harry se levantó.
—Mira... no sé qué nos ha pasado, pero no quiero mentirme más. Si Ron y Pansy encontraron algo entre ellos sin haberse relacionado en Hogwarts durante años... solo quiero decir que tenías razón. Quería besarte y estuve evitándote porque todo esto... creí que no estaba bien —con cuidado, apoyó la mano a un lado de la cabeza de Draco y lo besó con cariño—. Me gustas, joder. No sé cómo ha pasado.
Draco sonrió, divertido:
—¿Estás seguro de que no te he echado nada en la bebida? —el moreno abrió los ojos, horrorizado.
—¿Lo has hecho?
—¿Tú qué crees? —Draco le atusó ese cabello salvaje y mirándolo de arriba abajo, estableció—. Te paseas por el Ministerio con esa túnica de auror y cuando te veo solo me dan ganas de arrancártela; y el día de la cena con Granger te pones esa... prenda tan adecuada. Estuve a punto de hacerlo, Potter. Eso significa que tú también me gustas, con toda tu imbecilidad y tu mal gusto para vestir.
Las palabras socarronas de Malfoy solo le hicieron sonreír.
—Vaya, qué bonita declaración. Ahora no tengo túnica que puedas arrancarme, pero siempre puedo ofrecerte algo de la vinoteca Black. Al parecer, eso sí te gusta.
A partir de ese día, Harry decidió que a pesar de las consecuencias, estaba preparado para afrontar lo que el destino le había preparado, sin importar de qué casa era o qué sangre tenía su pareja, descubriendo que Draco tenía muchas inseguridades y otras tantas similitudes con él que ignoraba. Comparándolo con otros amantes o parejas, Harry decidió, finalmente, que no podía haber elegido mejor, porque amaba a Draco Malfoy con toda su luz y sus sombras, al igual que el rubio parecía caer ante su eterna postura de héroe.
Fin
