Capitulo 18
El verano termino y yo aun vivía con Wesley, no había hablado con Blaine o Chandler desde la discusión y no pretendía hacerlo. Ibamos a diferentes institutos asi que con el único que tenia que cruzarme todos los días era con Adam y no había problema con eso ya que este apreciaba a los Warblers tanto como a mis vecinos, el era quien me mantenía al tanto sobre lo que ocurria en el edificio en mi ausencia:
"¿Recuerdas el chico que vimos en la cafetería?" Me dijo y asentí, Sebastian era su nombre, me había caído mal al instante en que nuestros ojos se habian cruzado: "Blaine parece destrozado desde que te fuiste y ese chico todos los días a su casa, a veces parece que incluso viviera allí". Por la voz de mi amigo supe que tampoco le tenia mucho cariño al muchacho.
Al salir del instituto me sentia desorientado, no queria volver a la casa de Wes pero tampoco al edificio, solo me quedaba caminar durante horas sin rumbo como venia haciendo hace tiempo. Pase por calles que me traían gratos recuerdos y llegue al vecindario donde tenia otros miles mas, todos con Blaine y Finn, la plaza donde jugábamos y el almacen donde comprabamos golosinas. Finalmente me tope con las puertas de la Iglesia y me detuve; solo había entrado una vez, Blaine había estado conmigo aquella tarde diciéndome que no creía en el Dios que los catequistas enseñaban sino en aquel que abria su mente y corazón a todos sin prejuicios, no lo había entendido en esos momentos pero ahora mas que nunca necesitaba de alguien asi que pudiera comprenderme. Abri las puertas y me sente en uno de los bancos vacios, los recuerdos seguían persiguiéndome. Senti entonces ese presentimiento que otras tantas veces había sentido, como cuando el celular vibraba en mi bolsillo y sabia que era Blaine quien llamaba, o cuando llorando contra la pared sabia que el se encontraba del otro lado. Me voltee imaginando la silueta de un pequeño Blaine a mi lado, el de aquellas épocas en las que habíamos entrado juntos, y me encontré con el actual y verdadero justo detrás de mi asiento ¿Por qué se encontraba ahí? ¿Por qué justo cuando yo venia? ¿Me habría seguido hasta alla?
El sacerdote comenzó a hablar e hice todo lo posible por prestarle toda mi atención pero no podía sabiendo que el aliento que sentia sobre mi nuca era la respiración tenue del morocho y la voz que contestaba a las plegarias era su encantadora voz, simplemente moria porque volviera a contestar ya que no lo había escuchado hablar desde la pelea. Uno nunca se da cuenta de la falta que el otro le hace hasta tomarse un largo tiempo de distanciamiento, entonces cada detalle parece mucho mas grande. Asi había ocurrido cuando habíamos dejado de hablarnos antes, durante nuestra infancia, ahora volvia a sentir que las hazallas se repetian y esto me daba la esperanza de que algún dia podríamos volver juntos.
El cura me saco de mis ensoñaciones cuando anuncio que debíamos darnos la paz y al mirar a mi alrededor encontre que la persona mas cercana era Blaine, seguido de una señora dos asientos mas adelante. Sabia que el morocho estaba esperando mi saludo pero no estaba preparado, no me sentia bien para perdonarlo aun "No puedes hablar de etiquetas y ponerle una a Wesley, con todo lo que esta pasando ¿Tienes idea de lo que le hace sentir ser discriminado por muchos por ser creido? La gente solia apartársele por no conocerlo de verdad y el tuvo que lidiar con eso durante años, Blaine, eres solo otro mas, como los que nos aislaban por ser diferentes". Pense y poniéndome de pie fui a buscar a la señora de los bancos siguientes, dejando al chico sin el saludo. Enseguida me arrepentí, Dios tambien estaba rodeado de prejuiciosos en su época y había sabido perdonarlos esperando que las personas tambien lo hicieran con sus conocidos, no estaba tomando su ejemplo pero la hora de dar la paz había terminado y yo no se la había dado a Blaine.
Sali de la Iglesia sintiéndome decepcionado de mi mismo y vi pasar al chico frente a mi dejándome una de sus miradas devastadas, heridas, simplemente no pude seguir soportándolo y lo llame: "Blaine, espera, necesitamos hablar" Tenia que perdonarlo, remendar mi error. Pense en las veces que había agachado la cabeza para pedir disculpar y recordé que, en realidad, nunca me había disculpado con Blaine sino que era el quien siempre dejaba su orgullo de lado para ser amigos de nuevo. Me sentí culpable, no era justo.
"Lo siento" Susurre y me contemplo boquiabierto, era la primera vez que me disculpaba y mis mejillas se sonrojaron considerablemente "A veces me enojo con demasiada facilidad…"
"¿A veces?" Pregunto alzando la ceja, haciéndome rodar los ojos.
"Esa tarde estaba sensible y me dolio que criticaras a mi amigo porque no esta pasando por un buen momento, lamento no haberte dirigido la palabra en todas las vacaciones, te…" Me interrumpio rodeándome con sus brazos y atrayéndome hacia su pecho, su abrazo me reconforto haciéndome escapar un suspiro y recostando mi cabeza contra su hombro.
"Te amo" Confeso y las campanas de la Iglesia comenzaron a sonar marcando las seis de la tarde, me aparte apenas de su abrazo sin dejar de acariciar su cabello rizado.
"Tambien te amo" Alcance a decir antes de que sus labios buscaran los mios y el viento arrastrara los petalos amarillos del árbol de la plaza para envolvernos en una escena de amor sincero y caricias retenidas por mucho tiempo, disfrute de la magia de sus ojos verdes llenando mi alma y respire su aroma inconfundible sintiendo que ya no discutiríamos de nuevo, queria aferrarme a el y no volver a dejarlo pasara lo que pasara.
"Seguiremos discutiendo de todas formas, Kurt, porque nuestro amor es como una Montaña Rusa. A veces estamos en la cima y luego caemos en picada pero finalmente empezamos a subir y volvemos a lo mas alto sabiendo que caeremos de nuevo eventualmente, no podemos evitarlo, es nuestra forma de querernos pero incluso conociéndonos no tengo miedo de arriesgarme a caer otras mil veces con tal de llegar de nuevo a la cima". Le sonreí, yo pensaba de igual manera y sabia que pelearíamos otras tantas veces pero no me importaba mientras pudiéramos volver juntos, le prometi que no dejaría que el orgullo me privara de disculparme las próximas veces que discutiéramos. Nos tomamos de la mano y regresamos juntos a nuestro departamento, en el edificio donde habíamos vivido desde niños y compartido tanto, juntos.
