CAPITULO 2: LLAMADAS

Yuki ha llamado, quiere que te reúnas con ellos en Kyoto- el maestro se lo tomó con calma, sabía que su hijo no sería fácil de convencer.

¿Qué diablos quiere ahora la maldita rata?- murmuró sin mirarle mientras le golpeaba. El maestro se sobrepuso rápidamente de la embestida. Kyo casi había llegado a ser tan bueno como él. Casi. No sabía cuánto tiempo más podría contenerle. El exgato había desarrollado una fuerza casi sobrenatural en aquellos dos años en la montaña.

Debemos regresar, Kyo, no podemos seguir huyendo toda la vida- dijo en tono cansado. Empezaba a notar el paso de los años, sobre todo tras este periodo en la montaña. Dos años en los que no había visto sonreír ni una vez a su hijo.

¿Quién está huyendo?- dijo el chico golpeando un árbol. Sus ojos granates miraban fríos, llenos de dolor. El chico no era el mismo desde aquella tarde. El árbol cayó inerte sobre la ladera.

Creo que esta vez deberías ir- dijo retirándose a la cabaña, era hora de preparar la cena.

Ellos no tienen nada que pueda interesarme- dijo mientras seguía haciendo sus katas. Kazuma le miró de reojo, sabiendo que las palabras que iba a pronunciar caerían dentro del chico, en lo más hondo de su corazón. Ese corazón que desde hacía tiempo era sólo hielo.

La han encontrado- dijo siguiendo su camino. Dejó de oír los movimientos de su alumno, pero no se volvió, sabía que debía dejarle solo.

Cuando su padre entró en la cabaña Kyo calló de rodillas, con las palabras de Kazuma resonando en su cabeza. Sabía lo que aquello significaba. Notó como el corazón empezaba a dolerle al latir de nuevo. No estaba muerta. Y sus labios, después de tanto tiempo, esbozaron ese nombre que había intentado olvidar.

-Tooru...

Una lágrima silenciosa rodó por su mejilla, dándole una muestra, de que todo aquello vivido, todo aquello sentido que creía olvidado, seguía allí, tan vivo como el primer día. Dolía.

Se levantó notando el peso real de su cuerpo que tras aquellos años de entrenamiento había perdido cualquier rastro del larguirucho adolescente que era. Su pelo naranja, ligeramente más largo, cubrió su rostro al quitarse la cinta negra que utilizaba para entrenar. Entró en casa y sin decir nada se dirigió a su cuarto. Al pasar al lado de Kazuma éste sonrió. Entre el cabello de su hijo pudo vislumbrar lo que era el amago de una sonrisa.

Miró las llamas y deseó que todavía hubiese una oportunidad para que fuesen felices. Que aquella muchacha que trajo luz a sus vidas le salvase otra vez.

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Yuki colgó el teléfono y se apoyó en la pared.

-Has hecho lo que has podido, Yuki- dijo Machi desde el sofá. El chico se sentó a su lado.

-Ese estúpido gato es tan terco...no creo que aparezca- dijo pasando un brazo sobre los hombros de la chica.

Yo creo que si vendrá- dijo Shigure entrando por la puerta.

-Es tan idiota...estoy seguro que le echa la culpa de todo a ella- dijo mirando al experro que tomaba asiento frente a ellos.

-En realidad no sabemos si ella tiene la culpa- dijo el inu tranquilamente.

¿La culpa de qué, Shigure? ¿De liberarnos?- el semblante del chico estaba serio- Haru me ha dicho que ella no los ha reconocido.

¿Qué quieres decir con eso?- preguntó Machi. Shigure miró a la chica. Después de aquel tiempo se le hacía difícil creer que ella no hubiese estado allí siempre. Había ocupado el lugar que Tooru había dejado en el ratón, aportándole una seguridad que ninguno creyó que encontraría.

Debe haber perdido la memoria- murmuró Yuki.

Hatori- salió sin pensar de la boca de Shigure.

Él no es capaz de hacer eso, os lo habría contado- dijo Machi. Confiaba ciegamente en el exdragón, con su calma y paciencia le recordaba a Yuki más que el hermano de éste.

No si ella se lo hubiese pedido- dijo Shigure.

¿Quieres decir que ella decidió olvidarnos? ¿Y que Hatori la ayudó?

Es difícil asegurarlo, desde su boda con Mayu poco después de la desaparición de Tooru apenas hemos sabido nada de él- dijo el inu- aunque es curioso que se mudaran a Osaka, que está relativamente cerca de Kyoto.

Llamaré a Hatori ahora mismo- dijo el nezumi decidido. Volvió a coger el teléfono, Shigure se lo quitó de las manos.

Si no ha dicho nada hasta ahora, no creo que le hagas hablar- una sonrisa confabuladora se formó en su rostro- citémosle en Kyoto.

¿Crees que acudirá?- preguntó Machi. Ella también iría. Sabía lo que Tooru significaba para su prometido.

Hatori nunca se negaría a una reunión de los doce- dijo cogiendo el teléfono- sobre todo si se lo pide Aya.

Una gota de sudor cayó de la cabeza de la joven pareja. No estaban tan seguros de ello.

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El plato se hizo añicos en sus manos. Algo andaba mal, muy mal.

¿Estás bien, Hana?- dijo Tooru tomando la mano de la chica y observando los cortes. Desde que había visto a aquellos dos en el restaurante no habían cesado los malos augurios.

Claro- dijo sonriendo a la pequeña onigiri, quien al ver la sonrisa de su amiga se tranquilizó- tú ocupate de prepararte, Tooru, yo arreglaré todo esto.

Un suave ronroneo vino del suelo, Tooru cogió al gato que se enroscaba entre sus pies.

-¡Kyo!- llamó la chica mientras abrazaba al gato. Se fue a su cuarto. Su rostro cansado no pasó desapercibido para Saki, hacía días que la oía gritar por las noches, y sabía que era el mismo sueño una y otra vez. Había pensado en contárselo, pero entonces rompería su promesa, y con ella el deseo de Tooru. Pero ¿esto la hacía realmente feliz? Su subconsciente luchaba por salir desde el día que encontraron a ese gato y Tooru pronunció aquel nombre.

Había llamado a Hatori y se lo había preguntado, pero el dragón le había dicho que era imposible, que ella no podría recordarlos, a menos que… Y no sabía porqué, pero estaba casi segura de que aquella única posibilidad iba a cobrar fuerza, que era posible que Tooru se encontrase frente a frente con los 13.

Se limpió el corte y miró el calendario. Viernes, día de privados. Aquello solía resultar realmente agotador, sobre todo para Tooru. Contempló a la chica que terminaba de arreglar su pelo en dos coletas.

-¿Estás lista?- miró a su amiga, Tooru miraba al gato que se había adueñado de su cama.

¿Crees que estará bien?- Hana suspiró, seguramente todo aquello tenía algo que ver con sus pesadillas, pero Tooru no le había contado nada. Vio el miedo de los ojos de su amiga. Aquellos sueños aunque de una manera abstracta, estaban demasiado cerca de la verdad.

-Claro, es solo un gato, Tooru- dijo empujándola hacia la puerta. La ojiazul se resignó a seguirla, sin decir nada. No sabía porqué pero la idea de perderlo le hacía doler el corazón de una manera tan intensa…un dolor que le parecía conocido, pero que era incapaz de identificar. Si al menos recordase algo de su pasado…

Hana nunca quería contarle nada, y ella notaba cómo ese gran silencio se hacía cada vez más grande en su interior, creándole una angustia que no lograba calmar. Lo único que la morena siempre repetía era que había que mirar hacia delante, que el pasado había desaparecido y anclarse en él sólo producía dolor. Sólo sabía una cosa: no tenía familia. Hana había estudiado con ella y se habían hecho amigas, pero ¿cuándo? ¿Dónde? Los fuertes pinchazos en la cabeza volvieron a aparecer, diciéndole que detrás de todo aquel silencio había algo más. Un secreto que no debía saber. Recordó el sueño. Recorrió las jaulas de los animales una a una. De repente se llevó una mano al pecho, presa del dolor y la sorpresa.

Hana se giró al ver que su amiga no la seguía. Tooru estaba allí, pálida, con una mano fuertemente apretada contra el pecho.

Tooru, ¿estás bien?- los ojos azules se movieron lentamente hasta mirarla de frente, el color fue llegando lentamente a sus mejillas.

Sí, ha sido sólo un mareo- dijo retomando la marcha- debemos darnos prisa o llegaremos tarde.

Hana corrió para darle alcance. Tooru la había mentido, nunca se le había dado muy bien hacerlo. Su instinto le decía que su amiga sabía algo más de lo que le decía, pero que no pensaba contárselo. Al menos no de momento. Vislumbró el letrero del restaurante al final de la calle y sintió una punzada en el pecho. Distinguió a Hatsuharu en la puerta. Tomó la mano de Tooru y la llevó por la calle de atrás para entrar por la puerta de servicio, debía evitarlo todo el tiempo que pudiese.

Tooru ni se daba cuenta de por donde iba. Aquellos ojos se habían grabado en su mente. Se había parado delante de la jaula del conejo y al observar sus ojos había sentido una especie de dejavú. Unos segundos después se daba cuenta, que aquellos mismos ojos, los había visto en aquel chico con el que había tropezado hacía unos días. ¿Por eso se había sorprendido? ¿Quizá él…la conocía?

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Kagura buscaba por toda la estación. Kazuma le había avisado que llegaría en el último tren de la mañana. Llegarían algo más tarde, pero llegarían.

Vaya, debí suponer que te enviarían a ti a buscarme- la voz conocida a sus espaldas la hizo girarse. Su sonrisa murió en sus labios al ver aquellos ojos granates tan llenos de dolor como años atrás.

-Kyo- dijo la chica intentando abrazarle. Él la esquivó como si no se hubiese dado cuenta de la acción de Kagura y se dirigió a la salida de la estación.

Debemos darnos prisa, el resto nos espera- dijo sin girarse a mirarla. Ella le siguió en silencio.

Sabía que esa no era la verdadera razón de sus prisas. Tooru. Desde que ella desapareció la parte humana de Kyo había muerto. Sabía lo que aquello significaba. En realidad se había dado cuento mucho tiempo antes pero se lo había negado a sí misma. Ella había sido la única capaz de aceptarlo en su verdadera apariencia, la única que le había entendido, la única que le había hecho sonreír de verdad. Dolía, pero no podía hacer nada, aquella tarde se había dado cuenta de que Kyo no sería suyo. Ahora solo pretendía que el gato fuese feliz.

Ella no recuerda nada, Kyo- murmuró, sabiendo que sus palabras llegarían a los oídos del neko. El gato se paró por unos segundos, comprobando el camino, como si esas palabras nunca hubiesen sido pronunciadas.

¿Es este el camino correcto?- dijo mirándola por primera vez a los ojos. La chica sintió un escalofrío. La apariencia fría de Kyo no impedía que la chica se percatase que durante ese tiempo el chico se había vuelto más fuerte, más atractivo, y que los viejos deseos adolescentes brotasen de nuevo por unos segundos.

En la calle siguiente debemos torcer a la izquierda y habremos llegado- dijo adelantándose.

El gato la siguió en silencio, con pequeños pasos y sin pronunciar una palabra. Kagura hubiera dado lo que fuese por saber que pasaba por su cabeza en esos momentos. Se dedicó a sonreír al vislumbrar el cartel del restaurante y distinguir en la puerta a Shigure.

- Sabía que vendría- murmuró para sí mismo el inu al vislumbrar al neko detrás de la muchacha.

La prueba, estaba a punto de comenzar.