Wola! Estoy un poco desanimada porque desde el capítulo 1 no he tenido más reviews, y aunque me guste escribir no tengo mucho tiempo para ello, y si la gente no te apoya…pero no hay que rendirse, no? Aquí va un nuevo capitulo, espero vuestra opinión!!!!!!!!!

CAPITULO 3: ENCUENTROS

Hana miró preocupada como su compañera se terminaba de colocar su kimono de trabajo. Sabía que el momento se acercaba, no sabía que hacer. Ellos vendrían y si todos se reunían el sello…Hatori era la única posibilidad, si él no venía el sello no se rompería, o al menos no del todo. No sabía muy bien las consecuencias, a ella sólo le habían explicado lo necesario para que no hiciese preguntas, para que se encargase de Tooru.

Y ella había aceptado sin dudarlo. Había sido el deseo de la ojiazul y la había apoyado, aunque ella no estaba de acuerdo. ¿Cómo podría estarlo? No sólo había olvidado a la familia Soma, se había olvidado completamente del pasado. Ningún recuerdo de nada doloroso, pero tampoco de todas aquellas cosas buenas que había vivido. Ni siquiera recordaba a Kyoko. Aquello debía haber sido lo que más dolió a la chica, pero no había dudado.

-¿Estás ya, Hanna?- preguntó Tooru con su habitual sonrisa. Hanna sólo pudo sonreírla y desear que pasase lo que pasase, nunca perjudicase a Tooru.

-Te sigo- dijo la bruja cerrando la taquilla. Las chicas fueron a la sala principal donde el jefe las distribuiría.

-Miyagi, reservado 1, Hanajima el 2, Honda el 3- las tres se dispusieron a tomar sus posiciones- ¡Honda! – las chicas se pararon y se giraron a mirar al hombre- Encárguese de dar un buen servicio, han pagado una buena suma para que los atienda.

Tooru mostró una expresión confundida. ¿Alguien quería que ella los atendiese? Aquello era más que extraño, normalmente no servía mesas y no conocía a casi nadie que no fuese del trabajo. Su corazón se estremeció, ¿Podría ser que fuese alguien de su pasado? Tenía tantas preguntas…Perdida en sus pensamientos no se dio cuenta de la expresión de su amiga, que resignada se dirigía a su reservado. No podía protegerla, y aquello la hacía sentir mal. Tooru desapareció en la cocina para preguntar los platos del día y entonces Saki les vio.

Hanna notó sus piernas flaquear por unos segundos. Era él, era imposible no reconocer su cabello anaranjado y sus ojos granates. Notó su mirada puesta en ella, tan fría, tan distante, tan alejada de aquel Kyo que habían conocido…los otros no la habían visto.

-Hanajima-murmuraron los labios del gato. Hanna entendió su nombre sin escuchar su voz. Shigure y Kagura se giraron a mirarla, y una sonrisa ilusionada se formó en sus labios. Ella sabía porqué, sabían que donde estaba ella estaría Tooru.

-Kyo- dijo en un susurro.

- Lo dejamos en casa, Hanna, ¿No lo recuerdas?- dijo la ojiazul haciendo acto de presencia e interponiéndose en la vista de su amiga- los platos del día son: Sopa de miso y algas con encurtidos, sushi de salmón y atún y carne a la brasa con verduras del tiempo, ¿lo recordarás?

Hanna se volvió aún más pálida al ver la mano del inu en el hombro de su amiga. Tooru se giró lentamente, encontrándose con un hombre muy atractivo vestido de traje, al mirar sus ojos y su sonrisa desvergonzada notó de nuevo la oscuridad apoderarse de ella y el dolor atenazar su cuerpo, igual que el día que se encontró con aquel muchacho rubio. Sus piernas le fallaron y Shigure la sujetó con delicadeza, todavía incapaz de creer que la que estaba en sus brazos era la pequeña onigiri.

- Tooru- gritó Hanna acercándose a ella. La muchacha abrió los ojos de repente y empezó a buscar a su alrededor a su amiga, para encontrarse de nuevo con los ojos del extraño.

- ¿Estás bien?- peguntó el desconocido con una sonrisa casi paternal. Ella se ruborizó y se levantó lo más rápido que pudo.

- Lo siento- dijo haciendo una pequeña reverencia, haciendo que el hombre ampliase su sonrisa.

- No importa, es normal- dijo él levantándose de su situación inclinada en el suelo tras haberla cogido- eres más ligera que antes, ¿lo sabías?- la chica intentó procesar las palabras, aquel hombre había dicho antes, ¿antes de qué?- oh, perdón, debí presentarme, mi nombre es Soma Shigure- dijo ofreciéndole su mano.

Soma. El apellido resonó en su cabeza una y otra vez, como un eco, como si su mente buscase en su subconsciente algo. Pero nada. Sólo estaba logrando un gran dolor de cabeza. Hizo una reverencia sin atreverse a estrechar su mano.

- Honda, Tooru- dijo lentamente, con una de sus amables sonrisas, haciendo que la cara del Soma se relajase totalmente.

-¡Tooru!- se giró hacia la voz que la llamaba, pero unos fuertes brazos la abrazaban. Levantó la cabeza y pudo distinguir al muchacho rubio del otro día.

- Deberías comportarte un poco, Momiji, si no la asustarás- dijo un chico de su edad con el pelo blanco y negro que llevaba agarrada por la cintura a una chica guapísima de cabello muy largo color azabache.

- ¡Tooru-chan!- dijo una chica de unos trece años haciéndose paso entre los adultos y lanzándose a abrazar las piernas de Tooru. La ojiazul no se movía, permanecía estática, contemplando como todas aquellas personas aparecían y la saludaban como si la conociesen de siempre, y ella…ella no sabía quien era nadie, no sabía qué hacer.

Oyó un maullido proveniente de la puerta, lo reconoció al instante. Se soltó como pudo y corrió buscando al animal, que se encontraba enroscándose en los pies de otro hombre.

-¡Kyo!- gritó intentado llamar la atención del gato, si el jefe lo volvía a descubrir allí la despedirían.

No se dio cuenta de cómo el silencio se había hecho de golpe, ni como toda la familia observaba a la chica arrodillada a los pies de aquel muchacho- ¡No puedes estar aquí! ¡Tienes que volver a casa!- dijo levantándose con el gato anaranjado en brazos, el gato sólo ronroneaba mientras buscaba las caricias de su dueña- lo siento- dijo de nuevo haciendo una reverencia ante el desconocido que iba acompañado de una chica- por favor, no le diga nada a mi jefe, sino él…- su voz se perdió al encontrarse con los ojos granates del chico que la miraban intensamente. Su pelo naranja cubría parte de su rostro, era mucho más alto que ella y tenía un rostro severo. Notó como las facciones del chico se suavizaban y le dedicaba un amago de sonrisa. Era guapo, muy guapo, su corazón empezó a latir más fuerte y notó como sus mejillas se sonrojaban.

- No te preocupes, no dirá nada- dijo guiñándole un ojo la muchacha que se encontraba a su lado- él…es muy tímido, no te lo tomes a mal- dijo en un susurro apenas audible para los dos. La onigiri sonrió y sintió una agradable sensación de complicidad con la muchacha.

- Yuki, te gané la puesta, te dije que el estúpido gato vendría- dijo Shigure, lo que hizo que Tooru mirase a Shigure sin entender nada.

- ¿Qué harás con tu gato?- preguntó la chica. Tooru lo miró por unos segundos mientras el gato seguía ronroneando, no podía ir a casa a llevarlo, pero si lo descubrían…- ¿Por qué no lo dejas con nosotros?- dijo tomándolo en sus manos, el gato bufó al verse separado de su querida dueña, pero volvió a su estado anterior al ser depositado en los brazos del chico de ojos granates que no entendía que hacía aquel animal en sus brazos.

-Kagura- dijo con voz ronca, intentando decirle que no estaba de acuerdo con el plan de ella. El gato ya se había acomodado en sus brazos y ronroneaba.

- No quiero molestarles- dijo la onigiri acercándose al muchacho mientras sentía que los nervios se hacían dueños de su estómago, aquel chico producía unas sensaciones muy extrañas en ella, sensaciones que de alguna manera no le resultaban desconocidas- aunque es extraño, Kyo suele ser muy arisco con los extraños y a usted…- al levantar la mirada se dio cuenta de que el gato parecía la imagen felina del chico que lo llevaba en brazos, su pelo anaranjado, sus ojos rojizos, su actitud…sintió como si le conociese de hace tiempo, pero claro, aquello era simplemente imposible. Los ojos granates no se apartaban de ella y eso la ponía cada vez más nerviosa.

- No te preocupes- dijo el chico apartando por primera vez la mirada y llevándose al gato hacia donde los demás esperaban.

- Está nervioso, esa es su forma de ser amable- dijo Kagura con una sonrisa. Tooru la correspondió y vio como todos aquellos hombres se dirigían a la zona de reservados. La chica a su lado les siguió. Pronto quedó la entrada vacía, ocupada por una sorprendida Tooru, una estupefacta Hana y una maravillada Miyagi.

- ¿Habéis visto tantos chicos guapos juntos alguna vez?- dijo con los ojos llenos de corazoncitos mientras se perdía por los pasillos sin ser escuchada por las dos chicas.

El silencio llenó la estancia mientras las dos chicas permanecían en silencio. Tooru agitó la cabeza intentando que sus pensamientos se aclarasen y que todo lo que acababa de pasar era algo real. Aquellas personas se mostraban amables con ella, la niña, el chico rubio, el hombre del traje, la muchacha y aquel chico…recordó sus ojos y una imagen fugaz atravesó su mente. El mismo chico, algo más joven, sonriendo y llamándola. Se cubrió el rostro mientras una lágrima se resbalaba por su mejilla. No sabía porque, pero dolía, se sentía triste, si al menos supiese el porqué…

Al apartar las manos de su rostro vio a su amiga alejarse.

-¡Hana!- llamó apenas con un hilo de voz.

La chica se paró pero no se giró, valoraba sus opciones. Necesitaba tiempo, tiempo para decidir que era lo correcto. Si le decía todo lo que sabía, aquellos dos años no habrían servido para nada, pero ¿Y si con eso lograba hacer feliz a Tooru? Se alejó por el pasillo como si no la hubiese escuchado. Había visto la expresión del gato y no había podido evitar sonreír. Aquello debía haber echo mucho daño al chico, nunca se había parado a pensar en sus sentimientos. Tomó aire y se metió en su reservado. Esa noche tendría muchas preguntas que contestar.

¿Hana no la había escuchado? Tooru era incapaz de pensar que su amiga la había ignorado. Lentamente se dirigió al reservado. Abrió la puerta. Notó todos los ojos puestos en ella y bajó la vista, tomando su lugar.

-Buenas tardes, mi nombre es Honda Tooru y hoy seré su camarera.

-¿No prefiere sentarse con nosotros?- dijo un hombre de pelo largo y ojos grisáceos enfundado en un abrigo largo de color granate.

- No me está permitido.

El hombre seguía mirándola conservando la sonrisa.

- Honda-san, ¿Ha oído alguna vez hablar del horóscopo chino?- le preguntó el hombre que había dicho llamarse Shigure. Tooru negó con la cabeza, incapaz de enfrentarse a todas aquellas personas- érase una vez un Dios que llamó a los animales a su presencia, les dijo: "os invito a una fiesta que celebraré mañana, procurad no llegar tarde". Cuando se enteró el ratón, que era muy travieso…

- Fue a ver a su vecino el gato y le engañó diciéndole que la fiesta sería dos días después- pronunció Tooru en voz baja, con las palabras que le susurraba una voz en su interior-el día de la fiesta, el ratón engañó al buey para subirse a su espalda y así llegó el primero, después acudieron el resto de los animales, uno detrás de otro y la fiesta duró hasta el amanecer- las lágrimas empezaron a brotar sin explicación de sus ojos, ante la mirada sorprendida del resto- pero el gato engañado se quedó sin ir.

El silencio se hizo por unos segundos mientras todos la miraban expectantes y preocupados, si ella no recordaba nada ¿Por qué sabía de aquella historia?

La onigiri se cogió la cabeza, intentando hallar la respuesta a esa misma pregunta en su interior, y de repente, entendía lo que su pesadilla representaba, los animales, el ser misterioso. Todo empezó a volverse oscuro a su alrededor, mientras su cabeza bombeaba dolorosas imágenes que la hacían romperse por dentro.

-Él quiere llevárselo- dijo la chica cayendo de rodillas, incapaz de soportar el dolor- quiere encerrarlo- once personas se levantaron rápidamente de la mesa, mientras el neko se había quedado inmovilizado, intentando entender las palabras, incapaz de acercarse, incapaz de saber qué hacer en ese momento- no puedo permitírselo, debo hacer lo que pueda porque sea libre- la chica calló al suelo- y el gato antes estático se levantó de repente y apartando a sus primos se hizo paso hasta acercarse a la onigiri. Sus manos temblaron ante la posibilidad de cogerla en brazos, de tocarla, de darse cuenta de que la chica no era una nueva burla de su mente, sino que era real. Por fin la había encontrado. ¿Por qué?

-¿Está bien?- preguntó Kureno preocupado.

- Creo que sólo ha perdido el conocimiento- dijo Yuki tomándole el pulso.

El neko no apartaba la mirada de su rostro. Con una mano apartó uso mechones de su rostro. La chica entreabrió los ojos, dejando al muchacho estático, incapaz de moverse.

- Kyo, no te lleves a Kyo- murmuró Tooru antes de volver a desmayarse.