Veo mi cara bonita en sus ojos viejos
Escucho nuestra sangre corriendo de un lado a otro
Alzo las manos, huyo de ti
Es muy frío, tan peligroso que no puedo quedarme.
La señora Everdeen curó las heridas de Madge con eficacia. Solo eran un par de cortes superficiales, aunque estaban llenos de barro. Aplicó un par de cremas que guardaba en su armario y desapareció para lavarse las manos. No volvió.
Katniss presionó su puente de la nariz con los dedos, incapaz de encontrar ya una solución. Una manera de evitar que Madge huyera y se hiciera daño de nuevo. Estaba llegando a un punto frustrante.
No importaba que le dijera, cuantas veces intentara convencerla de que no era su culpa. Nunca hacía caso, nunca se lo creía. Lo había intentado infinidad de veces, y ella solo negaba con la cabeza como si estuviera diciendo un disparate. Tenía completamente asumido que todo era culpa suya y nada iba a hacerle cambiar de opinión.
Todavía seguía disculpándose con Peeta cada vez que lo veía, y eso tampoco ayudaba a la salud mental de ambos.
—Qué se supone tengo que hacer, ¿Madge? –Preguntó, derrotada.
—Hacer… ¿qué? –Preguntó ella, obnubilada como siempre. Miraba un punto concreto de la puerta, casi con temor.
—¡Qué tengo que hacer para que dejes de creerte culpable! ¡No lo eres!
Madge siguió mirando a la puerta con una expresión bastante cercana al miedo. Ni se dignó a contestar esa patraña. Todos decían lo mismo, y todos mentían. Nadie sabía la verdad, a nadie le parecía importar la gente que hubiera matado. Y eso estaba mal… ¿Porqué trataban de olvidarlo? Ella no podía olvidar. No quería olvidar.
En realidad solo un tercio de su mente estaba preguntándose eso. Solo había una parte de su mente que se planteaba lo que ocurría en la realidad. La otra parte estaba demasiado ocupada en busca que amenazas inexistentes.
Siempre había alguien.
Siempre había alguien, al que ella había bautizado interiormente como "Él". Él la seguía a todas partes, siempre andaba cerca, detrás de ella. Lo podía casi escuchar, riéndose de ella. Amenazándola. A veces casi podía sentir sus dedos –o garras, no lo tenía muy claro– sobre su piel, como un monstruo salido de una pesadilla.
Cualquier ruido se convertía en un paso. Cualquier voz en un insulto. Cualquier contacto en una mordedura permanente. Él la seguía. Él la buscaba, y la asustaba cuando creía que no le prestaba suficiente atención. Él la esperaba en todos rincones y no había escapatoria.
Y el día en que la encontrara, Madge estaría un poco más tranquila. Pero no, Él solo quería asustarla. Nada más.
—¡Madge!
—No puedo hacer nada Katniss… Lo siento… No lo hago queriendo, te lo prometo. –Contestó ella automáticamente.
—Ya lo sé Madge, pero has de hacer un esfuerzo.
—No quiero que os preocupéis por mi… estoy bien.
Katniss dio cinco de sus gráciles –Y peculiares– Pasos y se agachó justo enfrente de Madge. Ella se puso nerviosa al instante ¿Y si Él aprovechaba para atacar entonces? ¿Y si Él le hacía daño a Katniss?
La cazadora ignoró la actitud de Madge y continuó.
—No estás bien Madge, ya lo sabes. Es normal. Y sabes que te ayudamos porque te queremos, ¿de acuerdo? Volverás a estar bien, lo sé. Porque tú eres una chica valiente. Pero has de convencerte de que todo este… miedo, no es real. Además, lo que pasó en los juegos… es pasado. Has de salir adelante, todos lo hacemos.
Madge asintió, sin poco convencimiento. No estaba muy atenta, para variar. Se había entretenido mirando los ojos de Katniss, buscando en ellos algún tipo de amenaza, malicia o estrategia. No lo encontró, nunca lo encontraba. Sus ojos eran grises, ligeramente rasgados y bonitos. Sinceros. Preocupados, pero desconocedores a su parecer.
Alguien abrió la puerta, y Madge cayó al suelo del susto.
Gale intentó poner la cara más serena que pudo. Estaba esperando esa reacción, de hecho. Era muy normal en ella, rutinaria. Al menos tenía el consuelo que ocurría con todo el mundo. Observó como los ojos de Madge se dilataban de nuevo al reconocerlo. Miró al suelo, avergonzada.
—Hola Gale –Suspiró Katniss, porque al fin y al cabo alguien tenía que hablar.
—Hola Katniss, y gracias… ¿Madge?
—Ya voy.
Madge se levantó precariamente y miró a Katniss con una disculpa pintada en todo su rostro.
—Lo siento tanto…
—No pasa nada. Recuerda lo que te he dicho, ¿vale?
—Si… claro.
A decir verdad, ya no se acordaba de lo que había dicho.
Gale y Madge salieron del hogar de las Everdeen. Empezaba a lloviznar de nuevo, por lo que Gale le puso su chaqueta a Madge sin preguntar. Madge se sintió un poco más protegida entre la tela, pero no iba a reconocerlo.
Aunque estaba viviendo con Gale, no iba a reconocer que era el único con el que se sentía segura. Habría sido absurdo decírselo. De hecho le parecía enfermizo.
Al menos Él no solía aparecer cuando Gale se encontraba cerca, y eso hacía que casi gravitara a su alrededor, en busca de protección. Le parecía un chico absolutamente invencible. Pero seguía sintiéndose insegura con el hecho de estar rodeada de gente.
Quizás por eso se escapaba con tanta asiduidad.
Dos horas más tarde se prepararon para dormir. Separados.
Gale lo encontraba absurdo. Seis de cada siete noches Madge se presentaba en su cuarto, temblando en el marco de la puerta y pidiéndole si podía dormir con él, solo por esa noche más. La noche restante se dedicaba a distraerlo para que ambos no tuvieran que irse a dormir.
—Gale… ¿Podrías…? Podrías quedarte despierto, ¿conmigo? Solo un poco, te lo prometo… por favor…
—Claro, porqué no.
Esa iba a ser una de esas noches "especiales".
Ese "solo un poco" pasó a ser unas dos horas, en las cuales miraron la televisión capitolina o hablaron de cosas insubstanciales. En algún punto dado de la noche se movieron al cuarto de Gale, donde ella lo ayudo a hacer unos deberes por los cuales nunca se preocupaba. No parecieron suponerle ningún problema.
Gale aventuró que tanto de lista era Madge. Pero estaba demasiado cansado.
—Madge… ¿no tienes sueño?
Negó con la cabeza, distraída en unas operaciones que Gale estaba seguro que él no iba a entender aunque lo intentara. Suspiró.
—Pues yo me voy a dormir, tengo que irme en… dentro de tres horas.
—Pero…
Inmediatamente hizo un mohín que le rompió el corazón. Quería dormir, pero era incapaz de soportar esa cara de perrito apaleado que le dirigía todas las noches. Sin embargo decidió hacerse el duro por una vez.
—Buenas noches Madge –Dijo, apagando el interruptor más cercano. La habitación se cernió en un silencio lúgubre, pero solo por pocos segundos.
—¡Espera espera espera! No… por favor Gale…
—As de dormir, hemos de dormir. Nada más que discutir.
El silencio se hizo de nuevo, pero Madge no se movió. Intentó mover su sábana, pero le estaba haciendo resistencia pasiva – ¿A sí? Pues ahora verá – Pensó.
—¿Quieres contarme que ha pasado esta tarde, entonces?
—Buenas noches. –Contestó instantáneamente.
Se fue, pero Gale no se quedó tranquilo hasta que volvió media hora más tarde para que ahuyentara sus pesadillas.
N/A:
N/A: ¡Hola a todo el mundo! Bueno, como empiezo el fic quiero iniciarlo bien, ¡por lo tanto review time!
Andy Pandis: ¡Muchas gracias por ser el/la primero/a en comentar!
Elphyra : Que dirte que no sàpigues, ¡ja parlarem! :)
Mizu: Espero que te haya quedado un poco más claro que ha pasado con Gale y Madge este capítulo. En efecto, Madge lo pasa fatal. La veo un poco como Annie, pero quizás más cuerda.
KoyukiBetts: Bueno, no tengo mucho que decirte porque ya contesté tu review, solo que muchísimas gracias por comentar, ¡en serio! Esa review kilométrica me alegró el día.
Como veis será bastante breve, de momento. Si me dejáis una review muy larga con muchas cuestiones intentaré resolverla mediante PM.
El fragmento evidentemente está traducido (no tiene mucho sentido, ¿no?) Y pertenece a la canción: Pretty Face de Sóley.
¡Nos vemos en el siguiente capítulo!
