Y lo volví a escuchar otra vez

Pero esta vez no era el fin

La habitación está muy silenciosa


Los días restantes pasaron demasiado deprisa, puesto que nadie quería que pasaran.

Madge y Gale se dejaron un poco de tonterías y empezaron a vivir, como se dice. Madge todavía necesitaba bastante apoyo moral, pero Gale estaba ahí. Él por su parte empezaba a aprender cómo tratar con una vencedora post traumática, por lo que ella mejoró substancialmente. Por primera vez parecían vivir en la misma casa, ya no eran extraños.

Katniss por su parte estaba más que preocupada.

¿Quién se creía, su padre? Ella no era su padre, no podía enamorar a alguien que no fuera de la veta, no estaba a su alcance. No solo monetariamente… en general. Había demasiados aspectos en los que no podrían coincidir nunca, jamás de los jamases. Mientras tanto seguía suspirando como una idiota cada vez que pasaba por la calle de los Mellark, cosa que no podía evitar.

Peeta estaba confuso. Todo lo que creía haber ganado con esa temporada juntos había desaparecido por completo. La panadería no era ya un refugio, un lugar idílico. Ahora estaba vacío, no encontraba placer en permanecer en esa estancia que tanto había adorado. Se pasaba el día soñando despierto, esperando a que la chica pasara por la calle de nuevo, como antes no le había importado.

Pero ya no era suficiente. Verla de lejos ya no era lo mismo si no podía hablarle. Si no podía rozar su brazo accidentalmente, admirarla cuando estaba girada a pocos pasos o simplemente notar como ella se daba cuenta de que estaba allí. Se sentía tan ignorado por todo el mundo que tenía ganas de gritar y reivindicar su propia existencia. Sin embargo estaba tan obstinado en su creencia de que Katniss era un amor pletórico que no podía ver más allá de sus ojos soñadores.

El invierno empezaba a afectar el distrito. El colegio se había tomado esas vacaciones obligatorias tan deseadas y las lluvias, nieves y heladas empezaban a azotar con fuerza por consecuencia. Las calles estaban prácticamente vacías, por lo que la presencia de Katniss o Gale en ellas era extraña. El chico seguía visitando su familia asiduamente, y Madge lo había acompañado hasta que empezó a enfermar por su estado todavía delicado.

La chica odiaba estar sola, por lo que solía seguirlo corriendo a hurtadillas hasta que él se daba cuenta de que estaba allí. Nunca se la llevaba a su casa realmente, pero a Madge le gustaba jugar y él le seguía el juego si eso la hacía feliz.

Pero el último día antes de la gira había llegado y Madge estaba sumida en un mar de nervios.

Sabía que no le harían nada hasta que terminara, ¿pero y si lo hacían? ¿Y si cuando volviera había perdido alguien más? Dudaba que el capitolio se saciara solo con una muerte. Quería proteger a todo el mundo, pero sin embargo no podía ni tener cura de sí misma. El día transcurrió lenta y pesadamente, con esa sensación pegajosa que se siente al saber que algo malo va a suceder.

Y efectivamente, justo a las siete de la noche algo malo ocurrió.

Madge estaba tumbada en el regazo de Gale, y él se dedicaba a enrollar sus dedos en el pelo rubio. Habían pasado muchas tardes así, tranquilos. Ambos disfrutaban del silencio cuando las palabras que había para llenarlo no eran lo suficiente trascendentales. Además, aquello era una despedida. Gale no podía acompañarla así como así. De hecho era bastante imposible por muy famoso que se fuera gracias al beso.

El timbre sonó, y Madge se levantó corriendo a abrir la puerta. No tenía una idea exacta de quien sería, pero no estaba dispuesta a dejar a Gale que lo descubriera. Quien se encontró era una visita no inesperada. No del todo.

Snow se sentó en el despacho como si fuera el amo y señor de la casa. De hecho lo era.

Madge se sentó frente a él, medio acurrucada en su butaca. Intentó deshacer las tontas trenzas que Gale había estado haciendo, pero ya era demasiado tarde. Respiró hondo para calmarse y apaciguar el miedo.

El presidente se relamió sus gruesos labios con gusto. La tenía justo como la quería, acorralada y asustada. Manipulable. Iba a ser una tarea muy fácil.

—Dime Madge, ¿como han ido estas semanas?

—Bien… —Medio tartamudeó ella.

—Estoy deseando que llegues al capitolio, la fiesta en tu honor será increíble.

—Esto… Gracias…

—Siento mucho la muerte de tu madre. —Saltó de repente, con falsedad. La sonrisa todavía estaba estancada en su rostro, una burla más.

Madge se sintió morir, pero continuó intentando aserenarse.

—Gracias…

—¿Sabes qué Madge? Tengo unos pequeños problemas contigo… sobre una promesa que no sé si estás dispuesta a cumplir. Lo estás, ¿Madge?

Hacerse la tonta era la mejor idea posible.

—¿Qué promesa…?

—Quizás esto te refresque la memoria. —Contestó él siniestramente.

Le alargó un sobre que tenía un sello del capitolio. Madge lo abrió con manos temblorosas, no queriendo ver lo que contenía. Casi se cortó los dedos con el tajante papel fotográfico. No estaba preparada para lo que vio.

Era una batalla vista desde el cielo. Una especie de revuelta. Los cuerpos blancos se confundían con los de ropajes insulsos y tristes. Varias cosas ocurrían en la misma escena, y eso la hipnotizó. Se creyó capaz de mirar esa imagen por horas y horas.

—Hay más —Replicó Snow, arisco.

Entonces empezó a pasar las hojas y realmente descubrió lo grave de la situación. Personas bien distintas combatían una y otra vez contra cuerpos blancos, perdían. Algunas ejecuciones sanguinolentas también estaban incluidas. No dejaban dudas de quien iba ganando pero… algo estaba mal allí. El capitolio no debía tener ningún problema con ello, solo eran distritos débiles.

—Yo… —Intentó disculparse ella.

—Tú has hecho esto —Respondió Snow, tajante como el hielo— Tu has hecho que toda esta gente se condene a muerte.

—Pero… —Madge sintió como las lágrimas empezaban a caer sin poder evitarlas.

—Puedes arreglarlo. Has de arreglarlo.

Madge estaba desesperada. Snow la atravesaba con esos ojos malévolos tan suyos y no podía parar de temblar. De repente el peso de todas esas ejecuciones le había caído en los hombros, de la nada. Intentó aserenarse de nuevo, pero esta vez no lo consiguió. Se hizo un poco más la pelota y esperó a que él le diera una solución.

—Una sola palabra. Un gesto. Cualquier movimiento que pueda significar un apoyo para una revolución hará que todos tus amigos y familiares restantes mueran ejecutados enfrente de tus ojos ¿Entendido?

Asintió sin dudarlo, haciendo el inútil esfuerzo de secarse las lágrimas.

—Bien… un placer hablar contigo, Madge. Oh, casi se me olvidaba, este sobre también es para ti.

La chica contempló el segundo sobre con terror mientras Snow se marchaba. La estancia quedó en silencio de nuevo, solo interrumpida por sus todavía persistentes llantos. El hedor era tremendo, una olor que intentaba ser agradable y perfumada pero que hacía que le entraran arcadas. Olía igual a la rosa que le mandó cuando su madre murió. Pero había otro matiz que probablemente seguiría oliendo para el resto de su vida.

Olor a sangre.

Abrió el sobre poco a poco, temiendo que fuera a explotar inminentemente. Dentro de él solo había el peso de un papel, otra foto. La giró con extrema lentitud, pero cuando vio lo que era la giró de golpe, incrédula.

Era una imagen de una cámara de seguridad. Se mostraba una calle de la veta, bastante vacía. A juzgar por la iluminación debía ser la tarde. Solo había dos personas, y las podría reconocer a quilómetros de distancia. Se besaban.

Katniss y Gale se besaban.

La fecha hizo que de nuevo tuviera ganas de vomitar. En números blancos, se perfilaba la fecha del día anterior.

N/A ¡Hola de nuevo! Siento MUCHO la espera, sigo estando muy ocupada. Los capítulos tardarán más en venir, como veis. Sé que dije que en este se explicaría qué había dicho en la declaración, pero lo guardo para el siguiente capítulo.

De nuevo muchas gracias por todas las reviews (que ahora contestaré sin falta, que vergüenza) Y el apoyo, ¡nos vemos en el siguiente capítulo!

Gracias especiales para Eva Mellark Everdeen (Beta) y Elphyra, que me ayudan siempre con mis locas ideas.

Canción: Breath of life - Florence and the machine