Gale corrió hacia el teléfono con la foto en la mano. Temblaba de arriba abajo con un revoltijo de sentimientos monumental, si saber cómo explicarse y pedir perdón. En realidad, no tenía que disculparse… pero decidió que la vena tozuda no podía salir precisamente ahora. Ya saldría más tarde, cuando se parara a pensar en lo que el Capitolio acababa de hacer.

Buscó entre los teléfonos que habían enviado unas semanas atrás, por si en algún momento se quería poner en contacto con ella. Supuso que todo lo que dijera por ahí se podría utilizar en su contra, pero realmente no le importó.

El teléfono del vagón número cinco sonó, pero nadie quiso cogerlo.

Madge cepilló su cabello metódicamente, al ritmo del teléfono. Desenredó cada mechón y cada hebra enredada hasta que su melena quedó completamente lisa. Sus raíces dolían, pero le daba igual. Lanzó el cepilló al otro lado del vagón y, cuando el teléfono dejó de sonar, lo lanzó también. El aparato rebotó contra el suelo, soltando una que otra pieza.

Si hubiera contestado, Madge habría dicho que no la destrozara más.

Que se hería fácilmente.

Le habría implorado que la dejase vivir.

Sin miseria. Ni dolor. Ni amor.

Porque al fin y al cabo sabía que esto pasaría tarde o temprano. No podían seguir así, queriéndose e ignorándose a temporadas. Realmente, su trastornada mente no daba para más. Salió del vagón e intentó sonreír a quien veía pasar. A Haymitch. Fingió una sonrisa al mentor, y él fingió una por respuesta. Se sentaron y se miraron el uno al otro, sin compartir una conexión concreta. Descansando la mirada el uno en el otro. Durante horas. Hasta que el tren llegó al distrito once.

Gale escuchó una especie de golpe en el otro lado y lo dejó estar definitivamente. Si le hubiera dado una oportunidad, le habría dicho que no había pasado un día desde que volvió que no la había querido.

Pero eso ya no era posible, así que solo lo dejo estar por el momento.

Las palabras del discurso sonaban vacías y insubstanciales. Querría haber hablado de la valentía de Rue. Del sacrificio de Tresh, la promesa. Pero no podía decir nada de lo que no le hubieran preparado, y no quería que por su culpa alguien más pereciera. Alguien más que no fuera ella misma, claro.

Inevitablemente buscó en el mar de expresiones un poco de comprensión, pero no la encontró. Solo eran miradas confusas, que no entendían el poco interés que le daba a los tributos que en su momento honoró. Algunos empezaban a renegar de ella por lo bajo, y eso le dio verdaderas ganas de llorar.

A mitad del discurso, sin embargo, dejó que las lágrimas corrieran por sus mejillas y empezó a hablar con el corazón.

Katniss miró su pierna vendada por debajo la sábana. La vasta tela era lo único que la cubría ahora. No más mantas. Más calor. Solo ella en su archiconocida choza a la que le gustaba llamar hogar. Prim y su madre andaban en la otra punta del la veta curando a un pobre enfermo pariente lejano de su padre. Su madre lo hacía más por compromiso, pero lo raro allí era que alguien de tanta edad estuviera todavía vivo siendo pobre.

Su pierna no era un verdadero problema. Se había resbalado al caer por el hielo y una piedra congelada le había hecho una larga rascada, pero superficial. Nada grave, pero en su condición era peligro de infección. Su madre le había cambiado la venda por la mañana, pero se la había dejado tan tensa que no podía caminar. Quizás a propósito. Miró el techo con extremo aburrimiento, sin ganas de dormir en absoluto.

Alguien picó a la puerta del casi inexistente hogar.

Los habitantes del distrito 11 empezaron a dispersarse como así lo pedían los agentes de la paz. Effie Trinket la miró un poco horrorizada mientras la arrastraba al interior. Haymitch la seguía de cerca, y más tarde Cinna se unió. Los cuatro, más todos los estilistas, entraron en el gran salón.

En ese instante, solo podía sentir una presencia tan fuerte que le cortaba el aliento. Llenaba el espacio, el cielo invisible y el suelo. Estaba detrás de cada sombra, en cada mirada. Una sensación olvidada se anidaba en ella como si siempre hubiera estado allí. En cierto modo era cierto.

Él había vuelto. Con fuerza.

De repente todos los sonidos empezaron a amplificarse. Cada ligero contacto era un puñetazo. Cada susurro un grito al viento. El mismo aire parecía aplastarla en el suelo. Cerró los ojos con la vaga esperanza de poder atenuar el miedo, pero eso solo la hizo estar más perdida. Cuando abrió los ojos lo encontró borroso y tuvo ganas de gritar. Unas ganas terribles de desaparecer de allí.

Sintió como un par de brazos la arrastraban con fuerza por allí y ella se dejó llevar, conmocionada.

—… esto son más medicinas, y esto pan… le he traído una magdalena a Prim, espero que… —Siguió parloteando Peeta, mientras Katniss lo miraba atontada.

No entendía que hacía allí, pero automáticamente lo atribuyó a la lástima.

—Peeta.

—¿Sí?

—No… para. No quiero que te compadezcas de mí ni de mi familia. Sabía que lo haría. Todos lo hacen. ¿O crees que no advertí las caras de lástima que todo el mundo me dirigía en la panadería? ¿Crees que no veo la lástima que te doy en tus ojos? Puedo cuidar de mi familia, estamos bien.

—Katniss… ¿no lo entiendes? —El tono irado de Peeta sorprendió a la cazadora— ¡No me das pena! ¡Ni lástima! ¡Sé de lo que eres capaz! Solo… me preocupo por ti, ¿de acuerdo? Nadie… bueno… nadie parece preocuparse por ti de verdad y… yo… Para mi Katniss… tú eres…

—Peeta, para. No… no mientas… —Dijo ella, intentando ignorar la absurda situación.

—Qué… ¡Te quiero! ¿De acuerdo? Estoy enamorado de ti desde que te vi el primer día del colegio… ¡he estado pensando SOLO en ti desde entonces!

Peeta siguió hablando de lo que sentía, pero Katniss no estaba atenta. Solo un pensamiento se filtraba en su mente, tan poderoso y certero que no lo podía controlar. La duda se sembraba de nuevo ¿Podría ser ella?

El chico al ver la cara desconcertada de la cazadora solo suspiró e hizo de tripas corazón. Miró esos labios que tanto había anhelado y se preparó para lo peor.

Sus labios se chocaron, y por un instante, la situación pareció congelarse.

N/A: Siento la tardanza, y esta vez no he podido contestar reviews. Espero que os guste el capitulo, pero por favor os pido que no comentéis nada que queráis que responda. No podré hacerlo. Leeré todas las reviews por supuesto y apuntaré vuestras sugerencias. Adoro el apoyo que me dais pero no puedo corresponderlo por falta de tiempo.

¡Nos vemos en el próximo capítulo!