—Cállate, so palurdo. —Contestó ella, cortante como el hielo.
Haymitch estalló a reír de nuevo, ante la mirada atónita de los presentes. La recién llegada lo ignoró olímpicamente y se dirigió a Madge.
—Bonito discurso. Llevo esperando 13 años para esto, ¿sabes? Ahora puede iniciarse la…
—¿¡Pero de que hablas!? ¡LUNÁTICA! –Gritó Effie, al borde del ataque de ansiedad.
—Effie, cálmate. —Portia dijo, intentando poner paz.
—¿Calmarme? ¡Calmarme! ¡Es que no te das cuenta de lo que esto significa! ¡La ruina! ¡Morirá! ¡Moriremos todos por su culpa! ¡Y todo por culpa de una rabieta de la inútil esta! Nos torturaran… ¡con suerte! Me sentiré afortunada si no me cortan la lengua… ¡y todo por tu culpa! ¡Niñata asquerosa…!
Effie se abalanzó a Madge, encolerizada. Todo el mundo estaba en shock ante el comportamiento de Effie. Nadie la había escuchado gritar e insultar de esa forma. No obstante, Portia la agarró del brazo y le arreó una bofetada.
El silencio se hizo en la sala. Hasta Haymitch dejó de reír. Las dos mujeres se miraron intensamente, con rostros irados. Finalmente Effie se soltó del agarre de Portia y se marchó por la puerta grande, dando un portazo que casi rompe las tazas, copas y otros objetos delicados de la sala.
Madge se dejó caer en el sofá, abatida. Empezó a respirar hondo, intentándose calmar. Effie tenía razón. El equipo de preparación la miró con desconfianza y miedo, reflexionando sobre los gritos de Effie.
Sin embargo, la calma se rompió de nuevo cuando Cinna entró de nuevo en la sala. Nadie había advertido su ausencia, de hecho. Su rostro había palidecido notablemente y tenía los ojos muy abiertos. Todos los presentes tragaron saliva como si fueran pavos, esperando atemorizados las noticias del diseñador.
—Madge… te casas en cuatro horas y media.
El silencio se hizo de nuevo.
Tres horas y veinticinco minutos más tarde Madge se probaba por primera vez su vestido de novia. Cualquier chica en su situación se sentiría feliz a rabiar, se sentiría hermosa. Madge solo se sentía como una muñeca de trapo envuelta en papel de váter.
Sin embargo no podía negar la elegancia y belleza del "papel de váter".
Era un vestido… sutil. El conjunto de telas que lo formaban se entrelazaban y unían armoniosamente, las costuras eran tan invisibles que el traje parecía sostenerse por arte de magia.
La parte de arriba estaba forrada de encaje, con corte palabra de honor muy ajustado. El encaje y la estrechez se mantenían hasta la mitad del muslo, donde se ensanchaba poco a poco hasta el suelo. La falda era un amasijo de gasa, seda y otras telas lujosas, todas en el mismo tono de blanco ligeramente roto, elegante.
Para darle el toque nupcial final, Cinna había ideado un velo todavía más largo que el vestido, que se acomodaba debajo de su intrincado moño trenzado. A parte de todo eso, tanto el peinado como el vestido estaban decorados con sutiles flores de color rosa muy pálido.
El equipo de preparación estaba a punto de echarse a llorar. Con razón. La miserable, inocente y ahora condenada a muerte vencedora estaba tan hermosa que era muy triste pensar que todo lo que sucedería en una hora y treinta y cinco minutos solo sería una gran farsa.
Madge ni siquiera sabía con quién la habían emparejado. Tenía una leve esperanza de que Gale fuera su falso marido, porque entonces no parecería tan falso… pero por otro lado le daba repelús pensar que él no la amaba a ella, y que si eso sucedía solo sería un castigo para él.
Sin embargo, se obligó a si misma a no embelesarse con esa cuestión i a centrarse en sus verdaderos problemas. El miedo se apoderó de ella otra vez. De hecho, nunca había desaparecido. Siempre estaba ahí, en mayor o menor medida, dejándola intranquila i vulnerable.
Cinna la sacó de sus pensamientos cuando colocó, cerca de su corazón, el pin de sinsajo. Madge no supo si se alegraba por tener el recuerdo de Maysilee cerca en un día como ese o si le horrorizaba el revolucionario detalle.
El diseñador colocó otras tres capas de tul a la falda del vestido, pero eso si que hizo reaccionar a la vencedora. Él las había colocado adrede, mirándola a los ojos, intentando explicarle algo que no podía. Madge lo entendió, porque estaba claro que estaba siendo vigilada a todo momento en busca de actividades sospechosas para añadir a su fatídico expediente.
Entonces Cinna levantó un poco la tela y dejó ver a Madge que había letras blancas impresas en el tejido. Eran difíciles de leer, pero no imposibles. La vencedora se dio prisa en leer el mensaje oculto.
"No te matarán, el capitolio te quiere demasiado. Tu muerte provocaría que se creen todavía más dudas y más enemistad hacia el gobierno. A ti a Gale os convertirán en un objeto, el modelo de la familia perfecta. Mataran o dejaran en condiciones horribles al resto de gente que conoces, aunque solo hayas intercambiado una palabra con ellos."
Madge asimiló las palabras horrorizada, dejando caer la tela.
—¿Te gusta más así? —Preguntó Cinna, diciéndole que no con la mirada.
—No… no me convence.
Cinna echó el tul al fuego, eliminando cualquier rastro de su predicción.
El conocimiento de que seguiría viva no la había aliviado para nada, pero si lo había hecho el saber que Gale estaría bien. Sin embargo no podía dejar morir a toda esa gente. Su sola existencia ya se había cobrado muchas vidas.
Entonces un pacificador irrumpió en la sala, indicándoles que la ceremonia iba a comenzar en breve.
El plató del programa de Caesar Flickerman se había transformado por completo para hacer posible el evento. El propio presidente de Panem iba a casarlos, lo que hizo a Madge tener ganas de vomitar. Sin embargo los nervios la consumían y no podía pensar con claridad. Iba a ver a Gale, a quien había echado de menos secretamente más de lo que se podía imaginar.
Los focos la iluminaron y el capitolio entero empezó a gritar su nombre. Por los altavoces sonó una música nupcial fuerte y escandalosa que la aturdió.
Y de repente, su padre estaba allí, a su lado, a punto de acompañarla al altar como en cualquier boda capitolina que se preciara. Madge estuvo a punto de echarse a llorar y de tirarse a los brazos de su padre para esconderse de todo ese miedo que no la dejaba prácticamente vivir.
Sin embargo avanzaron. Paso a paso, elegantemente. Ambos temblaban levemente por mucho que quisieran evitarlo, y no lo hacían por alegría o excitación precisamente.
El caminillo estaba recubierto de flores blancas y rosas, todo muy discreto. A su alrededor habían hileras y hileras de bancos, repletos de los capitolinos más ricos de la ciudad, los cuales no conocía. Todos estaban eufóricos y alzaban sus brazos para tocarla, pellizcaban su falda comentaban el vestido y gritaban su nombre. Sobre todo eso. No paraban de gritar, reír, canturrear la melodía de la marcha nupcial y hacer de toda la escena un panorama muy macabro.
No obstante, ellos siguieron andando, intentando abrir los ojos pero no ver nada. No le importaba lo más mínimo que salieran medio bizcos en las fotografías y filmaciones.
Milagrosamente el caminillo se acabó relativamente pronto y de repente ahí estaba. Delante de su futuro marido, el señor Gale Hawthorne.
N/A: ¡Anda! ¿Otra vez por aquí?
Siento mi tardanza, he tenido muchos problemas para ponerme a escribir. Ahora me intentaré organizar mejor y no dejar fanfiction así de colgado de nuevo al menos hasta que termine esta historia
Para quien lo habías supuesto… ¡el nuevo personaje no es Johanna! Se irá revelando quien es a medida que pasen los capítulos.
¡Espero que os haya gustado y nos vemos en el próximo capítulo! (Se que echabais de menos la coletilla)
