-Regálame una sonrisa-
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"Todo el vacío de mi vida lo llena tu sonrisa."
Alfonso Orantes
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Las chicas entraron en una tienda con la intención de probarse algún que otro vestido. Los chicos las vieron dirigirse a los probadores y las siguieron para esperar fuera a que salieran a enseñarles los vestidos. Kari fue la primera en salir con un vestido playero azul claro, T.K. y Davis poco tardaron en abrir la boca de par en par, Kari estaba muy guapa con aquel vestido. La chica dio una vuelta con aquel vestido vaporoso delante de sus amigos y sonrió mirando fijamente a T.K. que parecía haber recuperado la compostura. El rubio asintió imperceptiblemente y Kari supo entender aquel gesto. Se volvió a meter en el probador, estaba más que claro que aquel vestido se iba con ella a casa. Con cuidado, se metió en el probador contiguo en el que estaba metida Yolei enfundada en un vestido color lila pálido.
─Pero qué guapa estás...─ Exclamó Kari al ver a su amiga. La chica esbozó una pequeña sonrisa, hacía mucho que no llevaba un vestido así y se sentía un poco rara pero no le quedaba mal.
─¿De verdad crees que me va bien?
─A mí me encanta, ¿por qué no sales y que lo vean los demás?
Yolei salió sin estar muy convencida de ello, T.K. sonrió en cuanto la vio salir, Cody también se fijó en el que el vestido playero que había elegido su amiga le hacía una figura muy bonita, Ken se la quedó mirando con su habitual máscara de impasibilidad y tuvo que ser Davis el que hizo la "gracia" diciéndole que parecía que iba disfrazada. Todos lo asesinaron con la mirada e incluso T.K. le dio una fuerte colleja, a veces se pasaba con lo que decía aunque no lo dijera con intención de herir. Yolei se quedó seria y tardó dos segundos en meterse en el probador, quitarse el vestido, ponerse su ropa y salir corriendo de allí. Al pasar por su lado, Ken se dio cuenta de que estaba llorando.
─¿Por qué demonios has dicho eso?─ Exigió saber Kari mientras miraba a Davis con gesto enfadado.
─Pero... si eso sabe que nunca se lo digo en serio... Ella también me pica siempre diciéndome que corro como una chica y cosas así y nunca nos enfadamos...
─Pues se ha enfadado─. La voz de Ken los sorprendió a todos, el joven lo dijo mirando al suelo y finalmente se fue corriendo, seguramente a buscar a Yolei.
Ken salió de la tienda e intentó vislumbrar a la del pelo morado entre la gente que pasaba a aquellas horas por la galería comercial. Detrás de él no tardaron en aparecer Davis y Cody y después aparecieron T.K. y Kari. Los cinco decidieron repartirse para buscar por el centro comercial antes de ir a buscarla a su casa. Al cabo de una media hora, volvieron a reunirse, la búsqueda había sido infructuosa. Además, no ayudaba el hecho de que a aquellas horas todo estaba lleno de gente y que Yolei no daba señales de vida cuando la llamaban o le mandaban un mensaje.
Kari posó una mano sobre el hombro de Ken, se le veía preocupado. Davis se acercó a él e intentó disculparse pero Ken hizo un gesto impidiendo que el chico hablara.
─No está enfadada contigo.
─¿Cómo?─preguntó Davis, sorprendido.
─Lo está conmigo.
─¿Por qué dices eso?─preguntó Kari mirando a Ken a los ojos.
─Porque lo sé, Kari. Lo sé─. La castaña asintió y le tendió una de las bolsas que llevaba en la mano.
─Ve a buscarla y dale esto─. Dijo la castaña mientras Ken miraba en el interior de la bolsa─. Ve a por ella, Ken.
El chico tadó un poco en reaccionar pero finalmente echó a andar saliendo de la galería comercial. Iría a buscar a Yolei a su casa.
La joven hacía rato que se había encerrado en su cuarto. Ninguno de sus hermanos estaba en casa y sus padres a esas horas estaban en la tienda y seguramente cerrarían tarde como siempre. Se sentó en la cama y le vino a la cabeza el rostro de Ken y su habitual impasibilidad. Siempre se mostraba tan indiferente que al final no había podido resistirlo más, ni siquiera había cumplido la promesa que se había hecho a sí misma de hacerlo sonreír antes de llegar a casa. Le había dolido que él no hiciera ni un mero gesto al verla guapa con aquel vestido. La había herido. Tembién recordó que luego tendría que llamar al pobre de Davis para decirle que no estaba enfadada con él por nada del mundo, aquella broma que le había hecho era común entre ellos y sabía que Davis nunca lo diría para hacerle daño.
El timbre sonó y se levantó sin ganas, no sin antes limpiar las lágrimas que todavía caían por sus mejillas. Miró por la mirilla en cuanto llegó a la puerta y al ver a Ken allí dio un paso hacia atrás. El chico volvió a llamar, sabía que Yolei estaba en casa pero seguramente estaba tan enfada que no iba a querer abrirle.
─Yolei, sé que estás ahí. Por favor, quiero y necesito hablar contigo...
La puerta se entreabrió tras realizar a petición un par de veces más. Yolei le dejó pasar con la cabeza baja, él entró y escuchó el chasquido de la puerta al cerrarse. La joven pasó por su lado pero él la detuvo, le cogió la bolsa y se la dio. En ese momento, Yolei alzó la cabeza y su mirada se cruzó con la de Ken. Ella miró alternativamente a Ken y a la bolsa un par de veces.
─ ¿Podrías probártelo para mí, por favor? – Yolei tragó saliva y sintió como sus mejillas enrojecían pero finalmente asintió. Le indicó a Ken que se sentara en uno de los sillones y ella se marchó a su cuarto. Cuando llegó cerró los ojos con la espalda apoyada en la puerta y se desvistió con rapidez para enfundarse el vestido. Desde que había visto a Ken allí se le había pasado casi por completo el desenfado y la desilusión.
Ken no tuvo que esperar demasiado para ver regresar a Yolei con paso vacilante por el pasillo. Él la miró con atención y sin darse cuenta esbozó una sonrisa, una amplia sonrisa. La chica se quedó con la boca abierta, paralizada y Ken se la quedó mirando un tanto extrañado.
─ ¿Qué es lo que pasa? – Murmuró él mientras se levantaba del sillón y se acercaba a ella.
─Tú has…
─ ¿Yo qué?
─Sonreído…
Ken se relajó en ese momento, ahora entendía a la perfección el motivo por el que Yolei se había molestado antes. Se había enfadado con él porque no había dicho nada de nada sobre su aspecto. El chico le cogió un mechón de pelo lila entre los dedos con suavidad.
─ ¿Estás bien? – Preguntó el joven mientras miraba fijamente a la joven.
─Ahora sí, pensaba que nunca te vería sonreír…
─No suelo sonreír mucho, solo delante de personas… muy especiales…
Yolei no dijo nada, tan solo se quedó mirando a Ken, como éste se entretenía con su mechón de pelo. La joven estuvo tentada de llevarse una mano al pecho, podía sentir como su corazón latía a una fuerza inusitada y tenía miedo de que se le fuese a salir de allí o que Ken lo escuchase.
─Ken…
─Dime.
─Gracias por venir.
Él negó con la cabeza.
─No tienes que darme las gracias – Ambos rieron, era la primera vez desde que se conocían que no había palabras suficientes para expresar lo que estaban sintiendo. Ken dio un paso hacia adelante, una leve vacilación lo detuvo pero fue Yolei la que se puso de puntillas y buscó los labios de él con los suyos. El contacto los hizo flotar a ambos y Ken ladeó la cabeza y rodeó la cintura de Yolei con los brazos para tenerla más cerca.
El beso fue suave y tierno, un primer beso lleno de inocencia. En cuanto se separaron se miraron a los ojos y en esa mirada Yolei pudo decirle a Ken que ya le había perdonado pero que a partir de ahora tendría la obligación de novio de echarle piropos. Él abrió la boca pero la cerró y la abrazó.
Ya casi era de noche cuando Ken se marchó a casa, Yolei fue a despedirlo a la puerta de su casa.
─Nos vemos mañana – Dijo él mientras salía por el umbral de la puerta.
─Ken… antes de que te marches...
El chico se detuvo y se quedó frente a ella, esperando que le dijera algo.
─ ¿Qué deseas? – Preguntó él mientras la rodeaba suavemente con los brazos buscando sus labios con los suyos. Ella lo miró con ternura, Ken podía llegar a ser muy cariñoso una vez ya estaba dado el primer paso.
─Regálame tu sonrisa – Ken sonrió con cariño y Yolei le dio un fuerte abrazo muy contenta porque no solo había conseguido cumplir la promesa de hacerlo sonreír sino que además se había asegurado de que tanto esa sonrisa como las futuras iban a ser solamente para ella, todas y cada una de ellas.
Fin
