Beuno, bueno, bueno. Sé que este fic iba a ser un ONE-SHOT, pero resulta que mis Raquellions me presionaron para que continuara, ¡y no puedo decepcionar a mis fans! En fin, gracias chicas y gracias Valme por ayudarme con mi crisis de no saber como continuar. Esto es para vosotras. ¡Y espero vuestros comentarios!
Ya de vuelta en el coche, comentamos algunos aspectos del caso que teníamos entre manos y que todavía estaba en sus inicios. Castle, sentado a mi lado, fruncía el ceño mientras recopilábamos la información que habíamos descubierto:
- Vale. Entonces… Tenemos a nuestra víctima, que es John Kind, treintañero que fue encontrado con una puñalada en la espalda en su casa de Tribeca. ¿Quién lo encontró? – preguntó.
- Un vecino vio la puerta entreabierta de su apartamento y avisó a la policía. Lo encontraron caído al lado de la encimera de su cocina, por lo que parece, había estado sentado en un taburete y al morir cayó al suelo, clavándose ese collar que no ha aparecido.
- ¿Qué collar? – inquirió Castle, mirándome como si se hubiera perdido algo. Suspiré, entre exasperada y divertida.
- Hombres… - puse los ojos en blanco y me reí ante la exclamación de protesta del escritor. – Estabas tan ocupado jugando con el microscopio que no atendiste a Lanie.
- Bueeeeno, puede ser. Pero normalmente atiendo – afirmó, abriendo mucho los ojos. Sacudí la cabeza, riéndome.
- Quita esa cara, que es adorable.
Por el rabillo del ojo vi su sonrisa, le acababa de subir el ego. Ay, por dios, este hombre me volvía loca en todos los sentidos habidos y por haber. ¿Cuándo había hecho yo una locura como la de esa tarde? ¿En el sitio de los archivos? Me estaba volviendo una linfómana. Me reí de la estupidez de mis pensamientos y me centré en el caso.
- Cuando lleguen Espo y Ryan ampliaremos la información de la pizarra y podremos empezar a trabajar bien, con cosas sólidas. – Hice caso omiso a la mirada de lascivia de Castle y a su sugerente subida y bajada de cejas. Entramos en el vestíbulo de la comisaria, guardando distancias ya. Odiaba tener que hacer esto… Castle era irresistible. Iba tan perdida en mis pensamientos que, al entrar en el ascensor, no le vi venir.
De pronto, me encontré con la espalda pegada a la pared del ascensor, aprisionada por el cuerpo de Castle, que sonreía traviesamente:
- Ahora es el momento de que yo lleve un poco el control… - susurró, mientras sujetaba mis manos y me impedía moverlas. Solté una exclamación de sorpresa que se convirtió en un jadeo ahogado al sentir sus labios en mi cuello, mordisqueando y besando cada tramo de mi piel, soplando sobre mi pelo para apartarlo. Giré la cabeza, dejándole más piel al descubierto y luego busqué sus labios, pero entonces Castle se separó de mí, bruscamente, y normalizó la respiración.
- ¿Qu…? – pregunté, confusa, pero el "plin" de las puertas del ascensor me lo dejaron claro. Solté un gruñido, frustrada. Odiaba quedarme a medias. Oí su grave risa detrás de mí, pero no me giré, simplemente le ignoré, colocándome un mechón de pelo detrás de la oreja y caminando rápido para alejarme de su perfume y de él.
Como Esposito y Ryan no habían llegado todavía, me senté en mi mesa a hacer papeleo atrasado. Sonreí levemente a Castle cuando me dio un café, pero no le miré. Mis hormonas estaban demasiado alborotadas últimamente. Él simplemente se sentó en su silla, cogió su móvil y se puso a jugar. Por los movimientos que hacía y sus gruñidos supuse que sería el Angry Birds. Era tan infantil a veces… "Para. Concéntrate." Me dije a mi misma y volví a centrarme en el papeleo. El pelo me molestaba así que me hice un moño, como el que había llevado antes.
A la media hora mis compañeros llegaron. Espo caminó directamente hacia mi mesa y se situó a mi derecha, poniéndome al día con las notas que habían cogido. Cuando levantó la mirada de la libreta, su cara fue una mezcla total de confusión, sorpresa y sospecha.
- ¿Pasa algo? – pregunté, sin darme cuenta de nada.
- N-No… Perdona, ahora vuelvo. – dijo mientras salía corriendo hacia la sala de descanso, arrastrando a Ryan detrás. Me giré hacia Castle, extrañada.
- Como estamos hoy, ¿no?
Él me sonrió traviesamente, bajó la voz hasta que yo solo pude oírlo y me dijo:
- Pues espérate a casa… - carraspeé, apartando la mirada rápidamente, diciéndome a mí misma que no me sonrojara.
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Mientras tanto, en la sala de descanso, Esposito y Ryan conspiraban en susurros:
- ¿Qué demonios te pasa? – protestó Ryan, alisándose el traje.
- ¿¡Se lo has visto?! – siseó Espo.
- ¿El qué? ¿A quién?
- ¡A Beckett! ¡El chupetón de su cuello! – se señaló el punto en su propio cuello. Ryan palideció y se quedó con la boca abierta.
- ¿Y lo lleva al aire? – eso no pegaba con la Beckett que él conocía.
- Yo creo que no se ha dado cuenta o se le ha olvidado – comentó Espo, espiando a Beckett y Castle a través del estor. – Hermano, tenemos que investigar. Me huele a gato encerrado…
Ryan contuvo las ganas de soltar una contestación irónica y se puso serio:
- Hablaremos con Lanie. Son mejores amigas y las mejores amigas se lo cuentan todo, ¿no? – Esposito asintió e iban a salir cuando Ryan le retuvo – Pero no hasta que yo lo haya visto.
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- ¿Sabéis que parecíais las viejas del visillo? – comenté, haciendo una broma. Sonrieron nerviosamente, y yo entrecerré los ojos, con sospecha. Ryan me miró fijamente, y luego desvió la vista y comenzó a contarme las novedades, que eran escasas e inútiles. Cuando terminaron ambos se fueron medio corriendo, con excusas baratas:
- ¿Qué mosca les ha picado? – pregunté, totalmente sorprendida y confusa. Castle se encogió de hombros, con la misma cara que la mía.
- Ya me lo contarán. – comentó, volviendo a centrarse en su juego. Iba a decir algo pero entonces su iPhone pitó.
- Castle, te he dicho millones de veces que le quites el sonido – dije, sin levantar la vista de los papeles.
- Es un mensaje. De Espo. – le miré, instándole con la mirada a que me dijera lo que ponía.
- "Mírale el cuello. Parte derecha" – leyó Castle en voz alta, con el ceño fruncido. Me llevé la mano allí, buscando algo, quizá un grano, un lunar, un tumor. No noté nada y se lo enseñé a Castle. Éste palideció y se agarró a la silla mientras mascullaba un "¡Mierda!"
- ¿Qué pasa, Castle? Me estas asustando…
- ¿Recuerdas nuestro momento en el… el ascensor? – asentí, tragando saliva por la intensidad de los recuerdos. – Bueno, pues parece que me pasé un poco con los besos y…
No le dejé seguir. Le cogí de la manga y lo arrastré tras de mí hacia el baño, igual que minutos antes había hecho Esposito con su compañero. Me paré delante del espejo y solté un grito que Castle ahogó con su mano.
- ¡Ssshh! ¡Van a pensar lo que no es!
- ¿¡Que van a pen…?! ¡CASTLE! ¡YO TE MATO! – grité. Me daba igual, ¡Me había hecho un chupetón! – ¡Por dios bendito! ¡Esto se avisa! Ahora van a empezar a investigar. Lanie ya lo sabe. Tu madre ya lo sabe. Alexis lo sabe también, ¡y ahora ellos!
- Oye, ni que te avergonzaras de mí – dijo Castle, dolido.
- ¿Serás tonto? – Medio grité, enfadada por su ceguera – No me avergüenzo de ti. Si hago esto, si tengo miedo, es porque no quiero que te vayas. ¡No quiero que me dejes!
Noté como se enternecía su mirada al comprenderlo finalmente. Me cogió del codo, guiándome hacia mi mesa, haciendo caso omiso de las miradas de los que seguían en homicidios. Recogió mis cosas mientras yo aún seguía en shock, y me llevó de vuelta al ascensor. Nada más cerrarse las puertas me besó, pero nada como lo anterior. Este beso iba cargado de amor y cariño:
- Te hice una promesa, y la voy a cumplir. Aunque me cueste el ferrari. – susurró. Solté una temblorosa risa.
- ¿Sabes? Como este ascensor tenga cámara oculta, tenemos un gran problema… - nos reímos y apoyé mi cabeza en su pecho – Siento haberte gritado, pero no quiero perderte.
- No lo harás. Siempre, ¿recuerdas? – me besó en la frente suavemente y salimos del ascensor, hombro con hombro.
