Aquí llega la continuación, un poco retrasada pero oye, más vale tarde que nunca :D Como siempre, millones de gracias a mis Raquellions 3 Comentar, que no cuesta nada y le alegra a una la vida ;)
Esposito y Ryan traspasaron las puertas de la morgue a medio correr, llamando a Lanie a gritos. Vieron los cadáveres en sus camillas, tapados por sábanas azules, pero ni rastro de la forense.
- Hermano, llámala y pregunta. – dijo Ryan con un gesto de cabeza.
- ¿Y porque tengo que llamarla yo? – preguntó Espo.
- Porque eres tú el que estuvo liado con ella… - respondió su compañero como si fuera obvio. Esposito hizo un gesto como de que tenía razón y sacó el móvil del bolsillo. Se apoyó en una camilla mientras esperaba. La canción de "Fuck U Betta" llenó la morgue, aumentando de volumen a medida que los segundos pasaban. Los dos detectives intercambiaron miradas de desconcierto.
- Esto es muy raro, colega. Lanie está siempre pegada al whatsapp, dudo que se olvidara el móvil.
- ¿Entonces…? ¿Insinúas que quizá le ha pasado algo? – inquirió Ryan, enarcando las cejas. Su compañero se encogió de hombros, sin saber que más pensar.
- Todo parece apuntar a eso.
Entonces Ryan palideció de golpe y abrió la boca, pero sin lograr articular palabra. Levantó una mano, señalando algo por encima del hombro de Esposito. Éste frunció el ceño, extrañado, y se giró:
- ¡AAAH! ¡JODER, LANIE! – gritó mientras saltaba hacia atrás, apartándose de la camilla en la que se había apoyado. La forense se sujetó la barriga, riéndose a carcajadas, empezando a llorar de la risa.
- Ay, tendrías… Tendrías que haberte visto la cara… - articuló entre risa y risa, casi sin aire. – Y Ryan… jajaja – no pudo continuar hablando.
- ¿Y qué esperas que haga si de repente te levantas de una camilla? ¿Se puede saber a qué juegas? – preguntó Espo, enfadado de haberse asustado. Lanie se secó las lágrimas e intentó tranquilizarse.
- Es 1 de abril, tontos. ¡Feliz día de los inocentes! Cuando os oí entrar llamándome a gritos decidí adelantar la broma que tenía reservada para Castle… No sé cómo no os disteis cuenta, me estaba partiendo de la risa por la anticipación.
Ryan sonrió de lado, todavía recuperándose del susto de haber visto una sábana azul que él creía que tapaba a un muerto, alzarse con una mano alargada hacia su compañero. Lanie bajó de la camilla y se alisó el traje:
- ¿Qué queríais? – preguntó, conteniendo la risa todavía. Esposito y Ryan intercambiaron miradas, y al final el primero se lo explicó todo a la forense. Ésta puso cara de póker y frunció el ceño.
- No voy a traicionar a mi amiga porque a vosotros os de por creeros Sherlock Holmes.
- Somos detectives, nos pueden los instintos – justificó Espo.
- Además, Beckett es como una hermana, solo queremos asegurarnos de que el tipo sea decente… - argumentó Ryan.
- No me vais a convencer. Hice un voto de silencio… - Lanie se encogió de hombros y se dio la vuelta, dando a entender que la charla había acabado. Los detectives se miraron, suspirando.
- Vaaaaale… Pero no nos rendiremos. – dijo Esposito. La forense hizo un gesto con la mano, sin volverse a mirarles. Cuando oyó las puertas cerrarse tras ellos, cogió su móvil y mandó un mensaje a Beckett.
"Nena, no se habrás hecho pero los chicos me han interrogado sobre ti y el chico escritor. No he soltado prenda pero no se rendirán"
"No es lo que hice yo sino lo que me hizo Castle sin avisar…" Respondió Beckett. Lanie abrió la boca, sorprendida.
"Eres una malosa, detective. ¿Voy a tener que vigilarte de cerca?"
"Raour. No conoces mi lado más salvaje jajaja". La forense soltó una carcajada, y meneando la cabeza comentó en voz alta y a nadie en particular:
- Solo necesitaba un poco de sexo del bueno para desmelenarse…
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Un suspiró se volvió a oír, desconcentrándome. Ya era el quincuagésimo décimo del día. Me giré hacia Castle, levantando una ceja:
- ¿Qué te pasa? Como sigas suspirando te vas a desinflar.
- Nada – respondió con voz tristona. Eso me hizo pensar que a lo mejor me estaba pasando un poco con mi plan de haberme olvidado su cumpleaños. – Es solo que… ¿No sabes qué día es hoy?
Me encogí de hombros, siguiendo con la broma.
- No sé. 1 de abril, nada especial… ¡Oh! ¿¡Cómo se me pudo haber olvidado?! – exclamé, dándome una palmada en la frente. Castle levantó la cabeza rápidamente, mirándome con ojos brillantes de la emoción – ¡Hoy echan el capítulo 100 de mi serie favorita!
Y… ahí desaparecía su esperanza. Contuve las ganas de reírme mordiéndome el labio.
- ¿Seguro que hoy no pasa nada más? – preguntó Castle. Hice como que me lo pensaba y entonces volví a hacer lo mismo: dar una palmada y observar cómo se ilusionaba cual niño pequeño.
- Hoy es 1 de abril. ¡Claro! Hoy es el día de los inocentes.
Y otra vez se iba la esperanza de Castle, haciendo que suspirara y se hundiera en la silla. Me mordí la lengua, bajé la voz y susurré:
- ¿Quieres venirte a mi casa esta noche?
- Mejor en la mía… - musitó él, con voz triste.
- Pero ¿y Martha? No quiero que nos vuelva en pillar como la última vez…
Ese comentario arrancó una fugaz sonrisa en la cara del escritor, probablemente estaba recordando en momento.
- No te preocupes, se fue a los Hamptons con un… - Castle frunció el ceño, intentando recordar – catador de olores… No preguntes – dijo al ver mi cara de extrañeza. Oh, sí, eso era algo que había aprendido últimamente: se vive mejor en la ignorancia. Me encogí de hombros y centré mi vista la pantalla del ordenador, escribiendo algo por aquí, quitando de allá y ¡voila! Informe terminado. Miré el reloj de mi padre, parpadeando para humedecer mis ojos.
- Castle.
- ¿Sí? – dijo éste, levantando la cabeza rápidamente.
- ¿Nos vamos ya?
- ¿Terminaste el informe?
- Sip.
- ¡Que rapidez! – exclamó, admirado. Hice un gesto con la boca, la verdad si había sido rápida.
- Tengo ganas de llegar a casa – comenté, con voz sensual. Castle tragó saliva notablemente.
- ¿Tienes algo pensado para esta noche? – preguntó tras aclararse la garganta. Sonreí, traviesamente.
- Quien sabe… - cogí mi chaqueta y fui al ascensor, sin esperarle. Sabía que caminaría a paso rápido hasta ponerse a mi altura, hecho un manojo de nervios. – Bueno, Castle, no te puedes quejar… Has sobrevivido al día de los inocentes sin acabar escayolado, asesinado por la cafetera, mordido por un perro, atascado en un ascensor…
- Vale, vale. No hace falta que sigas – la cortó el escritor. – Supongo que en parte tiene que ver con que los chicos no hayan estado casi aquí.
- Es cierto… ¿Qué andarán haciendo? – nos miramos y nos encogimos de hombros a la vez. Al darnos cuenta, sonreímos, con ganas de llegar ya a casa.
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- Josh no es, anda perdido con las tribus de algún lugar de Asia. – informó Esposito, dejando el móvil en la mesa y dando un sorbo a su cerveza.
- Me alegro, no me caía nada bien. Tenía una pinta de falso… - contestó Ryan desde la otra punta del salón de su compañero. Cogió el bloc de notas y tachó el nombre de Josh Davidson. – Yo he hablado con robos y Demming tampoco puede ser, al parecer está en una relación seria con una abogada.
- Hum – Espo hizo un gesto, acercándose a donde estaba su amigo. Le tocaba tirar en el Wii Sports. – Tampoco me era simpático.
Ryan le dio la razón y fue a buscarse otra cerveza.
- ¿Crees que Beckett sospechará? – preguntó. Espo negó con la cabeza y le hizo un gesto para que le trajera a él una.
- ¿Y Castle?
- No sé, hermano. Me choca mucho… Tal y como es Castle no ha dado signos de estar celoso ni interesado en saber quién es.
- Ya… Es raro, quizá es que él también tenga una novia secreta y no quiera que investiguemos.
Esposito se encogió de hombros y se apartó para dejarle espacio a Ryan. Cogió el bloc y tachó a Demming mientras miraba quien les quedaba:
- Sorenson esta ilocalizable. Demming, descartado. Josh, descartado. ¿Castle? – garabateó el nombre rodeado de muchos interrogantes. Miró su compañero y luego al bloc, frunciendo el ceño.
- Habrá que averiguarlo… - dijo Ryan, antes de anotarse un home run.
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- ¿Castle? – pregunté, buscándole por el salón. Me apreté el cinturón de la bata para que no se viera lo que llevaba debajo y volví a llamarle.
- Estoy aquí – respondió desde el despacho. Le cogí de la mano, tirando de él hacia el sillón, notando su vista clavada en mi bata. Impidiendo que me tocara, ya que entonces arruinaría mi sorpresa, le besé tentadoramente. Castle gimió, luchando por liberarse.
- Te propongo un juego – comenté, divertida mientras me sentaba en el sillón, lejos de él. Me miró, inquisitivamente, esperando – Verdad o atrevimiento.
- ¿En serio? ¿Hemos vuelto a mi época de adolescente rebelde?
- Ssshh, no me arruines la sorpresa. Empiezo yo – sonreí traviesamente - ¿Qué eliges? ¿Verdad o atrevimiento?
- Verdad – respondió Castle rápidamente.
- ¿En serio te tragaste toda mi farsa de que no recuerdo que hoy es 1 de abril, el día de tu cumpleaños? – se le iluminó la mirada, sonriendo abiertamente.
- ¡Sabía que era una broma! – exclamó, ilusionado. Me reí, verle así merecía la pena. Se quiso acercar a mí pero le frené con una mano. Castle me miró, contrariado. - ¿Qué pasa?
- ¿No quieres tu regalo antes del postre? Bueno, TUS regalos… - dije, remarcando el plural. Abrió muchos los ojos, sorprendido.
- ¡Claro! ¡Venga, venga!
Adoraba verle como un niño pequeño… Me mordí el labio, juguetonamente, y saqué del cojín que tenía en la espalda un paquete. Se lo iba a dar cuando le llamaron por teléfono. Con cara de fastidio, cogió el iPhone del bolsillo del culo y respondió:
- Castle al habla. - … - Gracias chicos, os lo agradezco de verás. - … - Bueno, sí, hablamos mañana que ahora estoy ocupado ¿vale? - … - Sí, sí – apenas les estaba prestando atención y estaba segura de que ellos se daban cuenta. Castle se despidió con un rápido "Adiós y gracias de nuevo" y colgó si dar tiempo a que contestaran al otro lado.
Me miró, apenas controlando su emoción y nerviosismo. Quitó el papel rápidamente y se quedó mirando el regalo, maravillado.
- ¿En serio? – preguntó, entre ilusionado y enternecido. Asentí, contenta de que le gustara. – Pero… Aquí solo hay un chaleco.
- Eps – levanté un dedo, parándole – Ahí entra en juego mí segundo regalo.
Sensualmente, fui deshaciendo lentamente el nudo de mi bata, viendo la cara de tonto que se le quedó a Castle. Seguro que ya estaba su mente sucia desvariando… Dejé caer el cinturón al suelo. Los ojos de Castle se habían oscurecido rápidamente por el deseo y me recorrió con la mirada de arriba abajo. Se levantó, acercándose a mí, pegando nuestros cuerpos. Cogió los bordes de mi bata y la apartó mientras me besaba. Sonreí en su beso y me separé, girando para que pudiera admirar mi traje.
- ¿Te gusta? – Castle se rio pero asintió.
- No te voy a negar que esperaba otra cosa…
- Oh, entonces… ¿No te apetece una partidita ahora? – dije mientras apoyaba la pistola del laser tag en mi mejilla y reposaba mi mano en la cintura en una pose sensual.
- ¿Al mejor de cinco? – contestó Castle, separándose de mi rápidamente, buscando la columna para esconderse.
- Al mejor de diez. Empezando… ¡YA! – mientras me reía, corrí a esconderme detrás del sillón, apagando la luz por el camino.
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- ¿No crees que nos estamos pasando? – preguntó Ryan, sujetando la mano de su compañero antes de que éste llamara a la puerta.
- No. Ya le oíste. Castle se vuelve loco en su cumpleaños y esta vez ni nos ha prestado atención. A éste le pasa algo…
- Aun así, ¿hacía falta venir hasta aquí? – rebatió Ryan, señalando con la mano el pasillo que conducía al loft de Castle.
- Mira, yo quiero averiguar que pasa aquí. Parece que todo el mundo lo sabe menos nosotros. Y Gates… ¡Odio esa sensación! ¿No te parece injusto? – dijo Esposito. Ryan dudó por unos segundos pero luego asintió:
- ¡Qué narices! Es injusto. Venga.
Iban a llamar cuando oyeron ruidos al otro lado de la puerta. Ryan hizo un gesto de silencio y se llevó la mano a la cintura. Se oyó un golpe, un gritó, algo que se rompía y luego el golpe de alguien cayendo al suelo. Los dos detectives intercambiaron una mirada, desenfundando las armas. Esposito llevó la cuenta con una mano y a la de tres dieron una patada a la puerta, abriéndola de golpe:
- ¡NYPD! – gritaron mientras entraban, pero se quedaron parados en la entrada, con la boca abierta. Bajaron las armas y Ryan encontró la voz para exclamar:
- ¿¡BECKETT?!
