Este va dedicado a mi navy, que hoy tenía un día malo... ¡Anímate guapísima! Espero que os guste la continuación y avisaros que esto no termina todavía muajajaja ¿Un comentario, plis? ;)
¿Alguna vez en mi vida había pasado tanta vergüenza? ¿Alguna vez había estado tan frustrada por semejante interrupción? ¿Alguna vez me habían pillado en esa situación, con esas pintas? ¿Alguna vez había estado tan ruborizada? ¿Alguna vez me había quedado tan en blanco que no sabía ni como me llamaba? Sí, eso sí. Cada vez que me perdía en los ojos de Castle, pero no era ese el caso… Como una autómata, totalmente desconectada mi mente de mi cuerpo; me quedé mirando a unos horrorizados, traicionados, estupefactos, sorprendidos… un mix de sentimientos que se reflejaban en las caras de Esposito y Ryan, que estaban aún parados en la puerta, pistola en mano y postura de ataque. Lentamente, empujé el pecho de Castle con mis manos, diciéndole sin palabras que se retirara de encima de mí. Éste tardó en reaccionar, tan descolocado como yo por haber sido pillados en ese preciso momento. ¿No podrían haber venido antes cuando yo aún estaba vestida? ¿O después cuando me habría dado tiempo a vestirme? Parecía que tenían una alarma para interrumpirnos en los mejores momentos, en los más importantes.
Como si lo estuviese viendo todo desde fuera y no desde mi cuerpo, me vi levantándome y ayudando a Castle. El chaleco del laser tag estaba tirado al lado de la mesa del salón, junto con la camisa de Castle. Me abroché algunos botones de la camisa, de mala manera, sin fijarme en que estaba colocándolos mal, solo quería taparme de las taladradoras miradas de mis compañeros. Crucé los brazos en mi pecho, escondiendo así mi negro sujetador de encaje, y cambié el peso de una pierna a otra, sin saber que decir. Castle se aclaró la garganta y Esposito y Ryan parecieron reaccionar por fin. Guardaron las armas y se cruzaron de brazos, obviamente, esperando una explicación. Me adelanté un paso solo para volver a retroceder, rascándome la cabeza. "Y ahora… ¿¡Qué les digo yo?!" pensé mientras me estrujaba el cerebro en busca de una respuesta. Miré a Castle, suplicante, rogándole que me ayudara. Tragó saliva, recibiendo mi mensaje y miró al suelo, buscando las palabras adecuadas. Se inclinó a la izquierda, ahora siempre me daba cuenta desde que Meredith me lo comentó, me daba rabia no haberlo visto antes…
- Emm… Chicos, ¿sabéis que día es hoy? – preguntó Castle. Le miré abriendo mucho los ojos, sin saber que pretendía.
- Tu cumpleaños, ya lo sabemos – respondió Esposito fríamente, enfadado. Me dolía verle así…
- A parte de eso, hoy es el día de los inocentes.
- ¿Y? – habló Ryan, entrecerrando los ojos.
- ¡Inocentes! – exclamó Castle sin mucho ánimo.
Ryan levantó una ceja, echó la cabeza un poco para atrás y volvió a entrecerrar los ojos.
- ¿En serio? ¿De veras crees que nos lo vamos a tragar? O sea, entramos en tu casa porque oímos golpes – señaló el suelo con un dedo – y algo que se rompía. – Su dedo acusador apuntó al jarrón que había caído en medio de la pelea – Pensábamos que te estaban atacando, Castle. ¡Eres nuestro hermano! – "Ya no" murmuró Esposito. Ryan se giró hacia él, asintiendo con gravedad.
- Chicos, un… - empecé a decir, defendiendo a Castle, aprovechando para acercarme un poco más al escritor.
- Espera. Por favor. – Me interrumpió Espo antes de seguir exponiendo las circunstancias de nuestro encuentro – Veníamos preparados para defenderte de tu atacante, pensando que por cómo eres, debía de ser un hombre corpulento o con muy malas pulgas. Veníamos a protegerte, a salvarte. ¡Hasta derribamos la puerta! Lo que fuera para librarte de ese "atacante" – El detective dibujo unas comillas en el aire.
- Exacto. Estábamos preocupados de verdad, tío. Nos olimos algo al oír que estabas tan despistado, tan frío cuando te felicitamos. Tú siempre te vuelves loco con tu cumpleaños… Supusimos que algo estaba pasando así que vinimos solo para cerciorarnos de que estabas bien, hermano. ¿Y que nos encontramos? ¡Qué estás más que ocupado! – siguió Ryan, abriendo los brazos para ser más expresivo. Yo cambié otra vez el peso de pierna, sin saber qué hacer, simplemente acercándome cada vez más a Castle para apoyarle. El pobre solo había dado la cara por mí…
- ¡Joder si estaba ocupado! ¿Tú sabes lo que es entrar esperando encontrarte a ti medio muerto en el suelo y encontrarte en el suelo pero muuuuy vivo? Vamos, tardamos un poco más y esto habría sido porno… - dijo Espo, jocoso.
- ¡Nunca habíamos visto a Beckett así! Tan desatada, tan llena de deseo, tan apasionada… Por cierto, me gusta ese encaje. ¿Qué marca es? A Jenny le encantaría por su cumpleaños - Solté una carcajada al comprender que solo estaban de coña, me acerqué a ellos y les di un golpe en el hombro.
- Auch – se quejaron.
- ¡Ni auch ni leches! ¿Sabéis el susto que nos habéis dado? A parte de que nos habéis cortado el rollo de mala manera… - dije medio enfadada. Castle seguía sin reaccionar.
- ¡Oye! ¡Que los del secreto sois vosotros! ¡Estamos en nuestro derecho de vengarnos! – exclamó Ryan, saliendo fuera de mi alcance y levantando ambas manos.
- Mira, no me piques… Si no os lo hemos contado es por lo discretos que sois…
- Jo, ¿no confiáis en nosotros? Me lo esperaba de Castle pero no de ti, Beckett – Esposito puso cara de pena.
- Tonto – dije, empujándole suavemente. Él sonrió y me dio un abrazo.
- Entonces… ¿era una broma? – inquirió Castle, totalmente perdido. Todos nos reímos, mirándole. Me acerqué a él y le susurré:
- Te puedo asegurar que lo de antes no era una broma. – levanté el tono para que me oyeran – Lo suyo si fue una broma.
- ¡Yo os mato! ¡Qué mal me lo habéis hecho pasar! – se quejó Castle. Volvimos a reírnos y Ryan preguntó:
- ¿Desde cuándo lo sabe Lanie? Me acabo de dar cuenta de que nos dio largas al interrogarla…
- Hace poco, también nos pilló… - contesté, encogiéndome de hombros.
- Wow, sí que estáis recuperando el tiempo perdido eh…
Castle me sujetó de la cintura para que no fuera a darle a Esposito, que riéndose salió medio corriendo hacia atrás. Tropezó con algo y se cayó de culo al suelo, todavía riéndose.
- Karma – dije, sacándole la lengua. Él me hizo un gesto nada bonito y aceptó la mano que su compañero le tendía para levantarse.
- ¿Y cuando pasó el milagro? – preguntó, sacudiéndose los pantalones.
Castle y yo nos miramos por lo que parecieron horas aunque fueron segundos.
- Cuando yo renuncié – respondí al mismo tiempo que Castle decía "Cuando Beckett renunció". La sonrisa de Ryan flaqueó un poco, lo había pasado mal esas semanas. Espo le dio un cariñoso golpe en el hombro con el puño y sonrió.
- Tío, me debes… ¿Cuánto eran? ¿100 pavos?
- ¡Ey, ey, ey! – paró Ryan a su compañero, que ya estaba con la mano extendida. Levantó un dedo y se giró hacia nosotros - ¿Quién fue el que dio el paso?
- ¿En serio? ¿Apostasteis eso? ¿Y la vida privada que? – Ellos le quitaron importancia con un gesto mientras yo exclamaba, haciéndome la sorprendida.
- Ciertamente, creo que fue Beckett. Fue ella la que vino a buscarme, yo pensaba desaparecer del mapa. – una sensación de tristeza me invadió al recordar lo mal que le había tratado. Eso me perseguiría para siempre… Castle lo notó y me apretó contra su cuerpo, cariñosamente.
Ryan dio un salto mientras daba una palmada, cosa curiosa. Contuve una carcajada, mordiéndome la lengua para no decir nada.
- ¡JA! Desembolsa los 100 pavos, hermano. – Esposito puso cara de haber olido la basura y lentamente, sacó el dinero de la cartera. Ryan tiró de ellos para conseguir quitárselos a su compañero y se los restregó por la cara. – Gracias, Beckett. Apostaré por ti siempre.
- Lo siento, tío… Te juro que la noche anterior lo intenté yo pero esta señorita es muy cabezota – se disculpó Castle. Espo sonrió e hizo un gesto con la mano.
- Ya… Si yo mejor que nadie debería saber eso…
Castle se extrañó ante ese comentario y me miró, pero yo puse cara de póker. No ahora…
- Os dejamos para que podáis seguir… jugando, claro. – dijo Ryan, burlón. Iban a salir por la puerta, cuando les llamé:
- ¡Chicos! ¿Os puedo pedir un último favor? – pregunté, ahora seria. Ellos se giraron hacia nosotros, que seguíamos abrazados, y asintieron. – No le contéis o deis a entender nada a Gates, por favor, si lo descubre echará a Castle…
Ellos sonrieron de lado.
- ¿Por quién nos tomas? – preguntó Esposito.
- Eso. No somos cotillas – secundó Ryan. Levanté la ceja, mirándoles escéptica y Ryan rectificó – Bueno, no lo vamos gritando a los cuatro vientos…
Sonreí, asintiendo. Ellos se fueron, colocando la puerta de forma que daba el pego a menos que la empujaras. Me giré en cuanto les vi desaparecer, y entrelacé mis dedos por detrás de la nuca de Castle, perdiéndome en ese mar azul que eran sus ojos.
- Al fin solos… - susurré sobre sus labios.
Nos besamos lentamente, disfrutando el uno del otro, sin prisa ni desenfreno. Me separé cuando los pulmones me pidieron oxígeno a gritos y le acaricié la mejilla.
- ¿Por dónde íbamos?
Castle sonrió traviesamente y me cogió en brazos de golpe, haciendo que se me escapara un gritito.
- Detective, ha sido usted muy mala. No tiene ningún derecho a quedarse callado y no puede buscar abogado hasta que la haya torturado un poquito. – fue diciendo Castle, intercalando besos por todo mi cuello y mis labios, sonriendo con cara suspiro y gemido que se escapaba de mi garganta.
