Unos golpes muy peculiares, insistentes, suaves y extraños me despertaron en medio de la noche. Abrí un ojo, el otro estaba enterrado en la almohada, y miré el móvil, frunciendo el ceño ante el resplandor de la luz. Extendí mi mano derecha por la cama, buscando entre las sábanas el cuerpo de Castle.
- Arg – se me escapó un quejido al recordar que esa noche no dormíamos juntos por una emergencia familiar. Suspiré, sin ganas de moverme de la cama, pero los extraños golpecitos volvieron a sonar por mi casa. Me incorporé, dando un golpe en el colchón, molesta. Mientras me hacía un moño fui murmurando para mis adentros:
- Son las 2:30 de la noche. ¿Qué narices pasa?
Metí mis calentitos pies en las zapatillas de andar por casa, y al salir de la habitación, por ir rascándome un ojo, me golpeé el codo de forma horriblemente dolorosa con el marco de la puerta.
- ¡Auuch! – exclamé, en voz baja, irritada. Frotándome el acalambrado brazo, miré mi casa en busca del causante de los golpecitos que se extendían por toda mi casa como si estuviera vacía y llena de eco. Fruncí el ceño, extrañada:
- No puede ser… - murmuré. Arrastrando las zapatillas, sin fuerzas para levantar los pies del suelo y evitar ese molesto "fru-fru", fui hasta la puerta de entrada de mi loft. La abrí de golpe, sin molestarme en mirar quien estaba al otro lado, tenía una gran sospecha.
Una piedrecita golpeó mi barriga, y la persona que había al otro lado pegó un brinco, sobresaltado, eso casi me hizo sonreír pero tenía los músculos de la cara todavía atontados. Alterné mi dormida mirada entre la piedrecita que había caído a mis pies y la cara de un Castle normalizando los latidos de su corazón, con una mano en el pecho.
- Solo por curiosidad… ¿Se puede saber qué haces tirando piedras a mi puerta a las 3 de la noche?
- Bueno, creo que no puedo tirarlas a tu ventana así que decidí tirarlas a tu puerta. ¿A que es original? – contestó, sonriendo mientras subía y bajaba las cejas, buscando mi aprobación.
Por toda respuesta, solté la puerta, me di media vuelta y sin esperarle, murmuré:
- Ya sabes dónde está la cama. Por si te pierdes, sígueme.
Volví a arrastrar los pies camino a mi habitación, llenando la casa otra vez con ese enervante sonido del "fru-fru".
- ¡Eh, eh! ¡Espera! – dijo Castle, entrando tras de mí solo para chascar los dedos, darse media vuelta, cerrar la puerta de mi loft y volver a donde estaba yo parada, observando la escena con la sombra de una sonrisa en mi boca. Me crucé de brazos, no porque estuviera enfadada, sino porque me pesaban y el codo todavía me dolía. Se aproximó a mí a paso rápido, con cara que era una mezcla de una sonrisa reprimida, necesidad y cariño. Suspiré cuando sentí sus fuertes brazos rodearme, y hundí mi nariz en el hueco de su cuello, colocándome (sí, no había mejor forma de describirlo) con su colonia.
- ¿Has cambiado de colonia? – pregunté, rozando con mis labios su cuello al hablar. Vi cómo se le erizaban los pelos del cuello y sonreí, ocultando mi sonrisa en su camisa.
- Sip, ahora uso One Million. Como lo notaste… - comentó, divertido por mi rapidez.
Asentí, rodándole con mis brazos.
- Sabes que me encantan tus colonias – deposité un suave beso en su cuello y me libré de sus brazos, pero entrelazando nuestras manos. Tiré de él hacia mi cama, con ganas de tumbarme de nuevo y dormir, pero ahora con la mejor compañía posible.
Castle no se resistió mucho, se le veía en la cara que estaba cansado aunque una sonrisa de felicidad estuviera instalada en sus labios y se resistiera a dejarse vencer por los bostezos que contenía a duras penas. Nos tumbamos ambos en la cama, pegaditos nuestros cuerpos hasta que no cupo entre ellos ni una mota de polvo. Alargué la mano, tanteando las sábanas hasta que encontré el borde de la manta, y nos tapé a ambos. Frente contra frente, nos miramos a los ojos, los párpados cada vez pesándonos más.
- ¿Qué pasó en tu casa? – inquirí, reprimiendo un bostezo.
- Una falsa alarma. Alexis creyó haber visto un ratón al ir a guardar su ropa en el armario y mi madre se volvió loca. Necesitaban a un hombre valiente y fuerte que les diera seguridad.
- ¿Y te llamaron a ti? Yo habría llamado a Espo o a un bombero… - dije, picándole. Castle entrecerró los ojos y por un momento pensé que no los volvería abrir otra vez.
- Ja, ja, ja. Que graciosilla, detective… Por cierto, el otro día tuvisteis un momento incómodo Esposito y tú por un comentario suyo. ¿Pasó algo?
Me hice la loca, fingiendo que no lo recordaba.
- Sí, él dijo que él mejor que nadie debería saber lo cabezota que eres. Me extrañó por tu reacción por otra cosa…
"Mierda…" pensé. Actué con rapidez, inventando sobre la marcha mientras un solo pensamiento se instauraba en mi mente "No ahora".
- ¿Eh? No me di cuenta… - me encogí de hombros como pude, sacando el labio inferior mientras hacia una mueca. Castle volvió a mirarme inquisitivo, sabiendo que ocultaba algo. Tenía todo el derecho a preguntar, la verdad… Aun así, se calló, y besándome suavemente susurró contra mis labios:
- Cuando estés lista me lo cuentas, ¿vale? Recuerda que estoy aquí…
Asentí, llamándome de todo en mi mente y sintiéndome como la mierda porque no me merecía a semejante hombre. Me giré, quedando de espaldas a él para que no me viera llorar silenciosamente. Castle me abrazó por detrás, depositando un beso en mi nuca, y al cabo de un rato su lenta y profunda respiración me hizo saber que ya estaba dormido. Cuidadosamente, para no despertarle, me deshice de su brazo y me levanté, cogiendo mi móvil de la mesilla. Levantando mucho los pies para no hacer ruido, y vigilando los traicioneros marcos de las puertas, me metí en el baño para lavarme la cara y mandarle un whatsapp a Espo.
"Castle se dio cuenta el otro día. No merece que se lo oculte…" Me quedé mirando la pantalla hasta que las letras se convirtieron en meros borrones y me escocieron los ojos. Parpadeé y me sorprendí al ver que me había llegado una respuesta.
"No, no se lo merece. Cuéntaselo, Beckett, sabes que yo lo quise hacer desde un principio pero tú me pediste que no. Ahora es el momento."
"Lo sé" me mordí el labio, indecisa. "Pero tengo miedo…" acabé tecleando, desahogándome con él como tantas veces había hecho.
"Ya te lo dije una vez y te lo vuelvo a repetir". Esperé la continuación, que no se hizo de rogar. "Si piensas que es una debilidad, hazlo tu fuerza."
Suspiré. Siempre me decía eso y siempre me sentía reconfortada.
"Gracias, Espo". Quería escribir algo más pero él respondió antes.
"De nada, Kate. Eres mi 'hermana', ¿no?" Sonreí a medias.
"¿No me repudiasteis por haberme guardado semejante secreto?" pregunté, de broma.
"A ti, nunca. A Castle tampoco. Somos una pequeña familia, pero fuerte y unida". Una lágrima cayó en la pantalla. La sequé rápidamente mientras mascullaba que vaya puntería…
"Dulces sueños, Javi. Un beso" Respondí, dando fin a la conversación. Me sequé las traicioneras lágrimas con el dorso de la mano, mirándome en el espejo para que no se notase nada. Salí silenciosamente del baño y me quedé mirando la cara dormida y relajada de Castle. No se lo merecía, y yo debía contárselo… Asentí secamente, dándome las fuerzas necesarias. Me metí en la cama y el murmuró:
- ¿A dónde fuiste?
- Al baño, si quieres me hago pis en la cama – susurré, aguantando una sonrisa mientras me secaba una escurridiza, y la última, lágrima.
- Como quieras, Kate – respondió, perdido ya en sus sueños de escritor. Me mordí la lengua para no reírme, me encantaba cuando hablaba en sueños. Excepto cuando había dicho 17 veces Jordan y yo me había celado de lo que resultó ser una marca de coches… Sacudí la cabeza, me tumbé a su lado de nuevo, notando como volvía a rodarme la cintura con su brazo rápidamente, acercándome a su cuerpo, hundiendo su cara en mi pelo antes de soplar mientras movía la nariz porque le hacían cosquillas. "Un día le tengo grabar" pensé, divertida. "Pero primero le cuentas lo que pasó" me recordó una vocecilla repelente. La sonrisa se me borró de la cara de golpe y cerré los ojos, deseando que no amaneciera nunca, que esa noche se hiciera eterna. "¿Cargarás con el peso de esta mentira para siempre?" me había preguntado Esposito. Yo no había respondido en su momento, pero debería hacerlo. Pronto.
