Antes de nada, agradecerles a Valme, mi editora; Neus, mi RRPP; y Laura, mi Navy; porque si no fuera por ellas no habría habido capitulo nuevo hasta que superase mi bloqueo inspiracional jajajaja ¡Muchisimas gracias chicas! Ah, se me olvidaba... ¡Espero reviews!


Algo me estaba haciendo cosquillas en el brazo, recorriéndolo de arriba abajo. Entre las brumas de mi sueño solo pude pensar que era un mosquito bastante estúpido buscando un lugar donde aterrizar para alimentarse. Con ese pensamiento en la cabeza, saqué una mano de debajo de mi cuerpo y di un manotazo en el lugar donde se había parado. Me extrañé ligeramente por el tamaño del mosquito, pero me dije "Era uno gordo…". Todo solucionado. Pero lo raro fue que el mosquito maldito se quejó. Exclamó un "auch" bastante alto que terminó de despejarme la niebla de la somnolencia y hacerme preguntarme qué demonios tenía yo en el brazo. Abrí un ojo, y después abrí el otro, adaptándolos poco a poco a la luz que se filtraba por la persiana ligeramente bajada. Mientras parpadeaba para evitar deslumbrarme, algo se interpuso en mi campo de visión.

Aaah, acababa de averiguar quién era el mosquito… Me acerqué a él, enterrando mi cara en el hueco de su cuello mientras notaba sus brazos rodearme.

- Buenos días, princesita. He soñado toda la noche contigo, tiraba piedras a tu puerta y tú llevabas esa camiseta extra grande que tanto me gusta… Solo pienso en ti, princesa. Pienso siempre en ti…

Solté una carcajada al ver la adaptación casera de la famosa frase.

- Que sepas, que apartando lo tierno que ha sido, acabas de matar a la película con tu interpretación.

- Exagerada… - dijo Castle, dándome un lento beso. Cuando nos separamos para respirar, continuó hablando – He estado pensando, mientras te observaba dormir, que me apetece irme de vacaciones… ¿Qué te parece?

- ¿A dónde? – pregunté, picada por la curiosidad.

- Hum… ¿Qué tal a la bella España? "Paella, sol, mar…"

Enarqué una ceja ante su demostración del idioma.

- ¿De verdad? "No sabía que te gustaba España" – le dejé boquiabierto con mi increíble pronunciación.

- Auch, eso me dolió más que el manotazo… - se hizo el dolido, pero no le duró mucho - ¿Cuándo aprendiste español?

- Estuve dos meses de vacaciones en España y antes de eso chapurreaba un poco.

- Vaya, detective… Nunca deja de sorprenderme… ¿Cuántos idiomas sabes? Es por no quedar mal otra vez.

- Francés, Italiano, Alemán, Ruso, Español e inglés, obviamente.

Alargué una mano para cerrarle la boca, que se le había quedado abierta de par en par:

- ¡Y yo volviéndome loco con el traductor de google para mis libros! Si lo llego a saber me habrías hecho una lista con tacos en ruso. – Ante mi mirada extrañada, respondió rápidamente – Para Pochenko. Al final no los usé por eso…

- Bueno, es cierto eso de que todos los días te vas a la cama sabiendo una cosa nueva.

- Pues acabamos de batir el record, no nos hemos ni levantado de ella – empezó a reírse solo con su broma - ¿Llamo al World Guinness Records?

Mi ceja levantada y cara de "¿en serio?" le dejaron clarito lo que pensaba de la idea. Sonreí ante su cara de fingida decepción y le di un beso en la punta de la nariz.

- ¿Qué te parece irnos a Londres?

Se le iluminó la mirada y luego, echando un vistazo a los lados de forma teatral, me indicó con un dedo que me acercara. Juntó nuestras cabezas y dijo en un susurro:

- ¿Te cuento un secreto? Una de las cosas de mi lista de hacer antes de morir es darme un beso con una impresionante mujer a la que adore en la parte más alta del Ojo de Londres.

Me reí mientras intentaba que no se notara mucho que me había ruborizado, aunque solo fuera ligeramente.

- ¿Tienes hambre, princesita? – me preguntó, susurrándome en el oído. Ese preciso momento fue el que escogieron mis tripas para sonar audiblemente. Castle sonrió, subiendo y bajando las cejas. - ¿De dónde salió eso?

Fue bajando por mi cuello y mi pecho hasta llegar a mi vientre, mientras yo arqueaba involuntariamente la espalda, buscando más contacto. Jugueteó en mi ombligo, haciéndome suspirar, y cuando mis tripas volvieron a sonar, se levantó de la cama. Castle me miró, divertido, desde el borde.

- ¿Se puede saber a dónde vas? – pregunté, molesta porque había parado.

- A prepararte el desayuno. ¿Tortitas o gofres?

- Ninguna de los dos. Ahora quiero otra cosa – contesté mientras tiraba de su brazo, tirándole en la cama, y me coloqué yo encima rápidamente para que no se me escapara.

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- Mmmm… Huele bien – dije, mientras me acercaba a la barra americana, secándome el pelo con una toalla.

Castle levantó solo un segundo la mirada de la sartén para que no se le quemaran los huevos, pero se quedó sin respiración al verme. Es cierto, solo llevaba puesta una toalla, anudada en el pecho. Era cierto también que lo había hecho a posta, una pequeña revancha por lo que había querido hacerme él antes. Sonreí, traviesamente:

- ¿Ves algo que te guste, Castle? – enarqué una ceja de forma sugerente. Él simplemente cerró la boca y bajó la mirada lentamente, recorriéndome con ella. Se aclaró la garganta e intentó concentrarse en los huevos que tenía en la sartén.

Cuando terminamos de desayunar, alargué la mano para mirar mi móvil, costumbre que tenía para ver si había alguna llamada perdida de la comisaria. Tenía un whatsapp de Lanie que me hizo soltar una carcajada y sentir la inquisitiva mirada de Castle clavada en mí. Me hice la inocente, haciéndole creer que eso que me había hecho reír había sido otra cosa, y no un chiste verde de Lanie.

- ¿De qué te ríes? – preguntó, interesado.

- De nada… - contesté, encogiéndome de hombros. Castle salió de detrás de la barra, acercándose a mí con cara de querer explicaciones. - ¿Qué es?

- Ya te he dicho que nada.

- Veeenga… Por fis, por fis… - rogó, poniendo cara de cachorrito abandonado. Me reí, sacudiendo la cabeza.

- No… - empecé, pero se lanzó a por mi iPhone. Aparté la mano rápidamente y hui de él. Estuvimos peleando así por un rato hasta que Castle me besó de repente, sin aviso ninguno. Cuando me recuperé de la sorpresa de ese beso, respondí inmediatamente, sintiendo sus manos jugar con mi pelo y la toalla. Solté un suspiró que se cortó de golpe cuando Castle me arrebató el teléfono de la mano.

- ¡Ey! ¡Eso no vale! – exclamé, molesta por haber sido tan estúpida.

- Has empezado tú - contestó, sonriente. Desbloqueó mi iPhone y empezó a trastear con él, girando la pantalla y soltando suspiros de frustración. - ¿Por qué no pones la opción de fijar pantalla? – exclamó, mientras daba vueltas con el iPhone, intentando que la pantalla coincidiera donde él quería, pero el móvil parecía sentir las ganas de jugar que tenía yo, porque hacía lo contrario a lo que Castle le pedía. Medio minuto después, logró hacer que coincidieran y miró la pantalla, sonriendo triunfalmente. Pero su cara se tornó seria, con el ceño fruncido y expresión de incomprensión.

- ¿No lo pillas? – pregunté, extrañada. Era muy fácil. Castle negó con la cabeza, todavía frunciendo el ceño.

- No es eso. Es que te está llamando un tal "¡NO COGER!".

Salté del taburete en el que me había sentado para observar la escena, y le arrebaté el teléfono de las manos, pulsando la tecla de "ignorar" por el camino. Mi mente era un lio de pensamientos, pero el que más relucía, como un cartel de neón parpadeante, era un "Mierda. Mierda. Mierda. Mierda. Mierda. Mierda". "¿Cargarás con el peso de esta mentira para siempre?". Respiré hondo y me dispuse a darle largas con el tema, pero antes incluso de decir nada, él soltó:

- Ni se te ocurra mentirme, Kate. ¿Quién es "¡NO COGER!"?

- Nadie – respondí, con voz temblorosa.

- No empieces otra vez, por favor.

Negué con la cabeza, notando como la sangre huía de mi cuerpo, viendo cómo se me emborronaba la vista por las lágrimas que poco a poco se iban acumulando en mis ojos. "¿Cargarás con el peso de esta mentira para siempre?". Cogí aire y huyendo de su mirada, me dispuse a decirle la verdad.

- Es Josh. Ha vuelto a New York y no me deja en paz… Lo siento, Castle. Sé que tendría que habértelo contado a ti el primero pero tenía miedo, no quiero que te haga daño…

Me lanzó una mirada dolida y me di cuenta de cómo había sonado eso. Intenté arreglarlo rápidamente:

- No me refería a eso, y lo sabes. Es muy violento cuando se enfada, es un caprichoso y un niño mimado que no atiende a razones. ¡Ni siquiera cuando le amenazó Esposito! – mi voz reflejó lo desesperada que estaba.

- ¿Esposito ya lo sabía? ¿Era este vuestro secretito? – inquirió Castle, con la mandíbula apretada y los puños igual. Me limité a asentir ligeramente. Le vi marcharse hacia la puerta a grandes zancadas, le llamé a gritos, pero no me hizo caso. En algún momento caí al suelo, llorando, y ya no me volví a levantar… "¿Cargarás con el peso de esta mentira para siempre?".