Bueeeno, aquí llega la continuación, recién sacada del horno de la inspiración. ¡Gracias por leer y comentar!

Nota: Esto es un "aparte" donde cuento que le hizo Castle a Josh (espero que no os lo esperarais mucho porque sino habré fracasado como escritora jajajaja). Después ya volvemos con el POV de Beckett.


Josh entró en su apartamento silbando una cancioncita irritante. Tiró el abrigo al sillón de la entrada sin haber encendido la luz todavía, y a oscuras, se dirigió a la nevera a coger una cerveza. Al volver por la entrada vio su abrigo caído en el suelo, al lado del sillón. Se agachó a cogerlo, extrañado, y lo volvió a tirar. Iba a ir a la habitación a cambiarse de ropa cuando oyó el sonido del abrigo caer contra el suelo. Otra vez. Se giró, enfadado ya, pero asustado a la vez, intentando vislumbrar algo entre las sombras. Entonces Castle habló:

- Que maleducado. ¿No me invitas a una cerveza?

El cirujano pegó un respingó y corrió a encender la luz. Se dio la vuelta y se le cayó la cerveza, esparciendo el líquido por todo el suelo.

- ¿Qué…? ¿Qué coño haces tú aquí? – preguntó Josh, carraspeando cuando le falló la voz. Castle se levantó del problemático sillón, sonriendo falsamente.

- Vine a hacerte una visita.

- ¡JA! ¿Quién te manda? ¿O vienes tú solo? –echó un vistazo a su alrededor, sin ver a nadie.

- ¿Sabes lo mejor? – continuó el escritor, haciendo caso omiso de lo que el otro farfullaba. - Vengo en son de paz y no paro de recibir llamadas de la comisaria… - sacude la cabeza, fingiendo sentirse ofendido.

En ese preciso momento el iPhone de Castle comenzó a sonar, dejando oír su melodía. Éste lo sacó de su bolsillo y le enseñó la pantalla a Josh, que pudo ver a Esposito sonreírle desde el teléfono. Tragó saliva, y dio un paso atrás, buscando una salida.

- Ni se te ocurra. Tú y yo vamos a charlar. – dijo el escritor, señalándose.

- ¿Y si yo no quiero? – desafió Josh.

- ¿Tú crees que tienes escapatoria? – Castle soltó una carcajada irónica. – Estás en tu casa pero no puedes huir.

- Puedo llamar a la policía… - dijo el cirujano, sonando poco convencido.

- Claaaro… Llámales y dales saludos de mi parte.

Castle se sentó en el sillón otra vez, tranquilamente, sabiendo que tenía el control de la situación, y dejando notar que lo sabía. Señaló el otro sillón, indicándole a Josh que se sentara.

- Solo quiero saber cosas sobre ti. Que tal te va la vida, porque acosas a Kate… Sencillo, ¿verdad?

- Eh, eh, eh – le paró el cirujano, levantando su dedo índice – Yo no estoy acosando a Katie.

- Kate. – dijo Castle, secamente y enfadado. – Sabes que odia que la llamen así. Solo su padre puede…

Josh puso cara de circunstancias. Reculó hacia la habitación, echando una rápida mirada hacia ella. Tenía un bate de béisbol apoyado al lado de la puerta, si pudiera llegar a él…

- ¿Cómo entraste en mi casa, mono escritor? – preguntó, intentando despistarle. Castle se repantigó en el sillón, todo cómodo.

- Resulta que ser escritor que busca documentarse tiene sus ventajas. Para un libro de Derrick Storm…

- La versión corta, por favor. – le cortó Josh, con sorna. Castle puso una mueca de asco.

- Me enseñaron a usar la ganzúa. – abrevió. Iba a callarse y pasar a otro tema pero no pudo evitarlo - ¿Sabes? No comprendo que vio Beckett en ti.

Josh le miró de arriba abajo mientras daba otro paso hacia atrás.

- La incomprensión es mutua. – murmuró. El escritor sonrió, se estaba divirtiendo de lo lindo.

- ¿Te traigo algo de la habitación, doctor motocicleta? – inquirió, jugando con él. Vio como Josh palidecía. – No eres muy sutil, que se diga.

El cirujano puso cara de póker, la misma cara que usaba cuando una operación había ido mal. Se metió las manos en los bolsillos y se resignó a hablar con aquel hombre que odiaba tanto.

- ¿Qué quieres, Castle? – preguntó, soltando un suspiro de cansancio.

- Nada, nada… No te preocupes. – dijo éste, haciendo un gesto con la mano. – Solo saber que narices intentas. ¿Crees que Beckett va a volver contigo?

- Hay bastantes probabilidades, ¿sabes? No fui yo el que la puso delante del punto de mira…

No le vio venir. De repente se vio a sí mismo tirado en el suelo, con sangre cayéndole de la nariz. Se llevó una mano allí, secándosela y palpando para ver si estaba rota. Todo bien…

- Pero que cojones… ¿¡Eres gilipollas?! – gritó, una vez repuesto del golpe y la sorpresa.

Castle le miró desde arriba, enfadado. Abrió y cerró la dolorida mano.

- Repítelo y te parto la cara con el bate de béisbol…

Josh se levantó, quedando a su altura.

- Adelante. Atrévete – le miró a los ojos, y vio algo que no le gustó, algo que le hizo asustarse.

- No me lo hagas decir dos veces… No voy a dudar ni un segundo. – Castle volvió al sillón, tranquilamente, aunque por dentro estaba que mataba a alguien. – El caso es que… Ya puedes ir olvidándote de eso.

- Porque tú lo digas… - dijo Josh, con sarcasmo.

- Estamos juntos, Josh. Llevamos casi un año.

- ¿Y? Me la suda, Castle. Estoy seguro de que si se lo pido ella volverá corriendo a mí. Yo le doy algo que tú no…

Castle soltó una carcajada y murmuró:

- Sí, demasiada libertad…

El cirujano abrió y cerró los puños, conteniéndose porque había visto el bate de béisbol al lado de la mano de Castle.

- ¿De verdad la quieres? – preguntó éste, en voz apenas audible. Josh asintió, lentamente, desconfiado. - ¿Darías tu vida por ella?

- Sin dudarlo. – afirmó. Castle sacudió la cabeza, con cansancio.

- Yo estaría dispuesto a renunciar a ella.

- ¿Esto tiene truco? – preguntó el cirujano, con los ojos entrecerrados.

- No… Yo sé que la pongo en peligro constantemente, y eso me reconcome.

- Conmigo el único peligro que tiene es cortarse con un bisturí. – dijo Josh.

- No, imbécil. Es policía, no sé si lo recuerdas… - rebatió Castle, hablándole como si fuera tonto.

- Yo la hago renunciar. – afirmó el cirujano, convencido.

- Seguro… Sigue soñando que es gratis…. Pero si me prometes que la vas a cuidar y querer. Que la vas a proteger de todo de lo que yo no puedo hacerlo. Si me prometes que la vas a hacer reír y que va a ser tan feliz contigo como lo ha sido estos días conmigo. Entonces, yo renunciaré a ella con tal de protegerla…

- Acepto. – dijo Josh, serio. Le tendió la mano al escritor, que se la quedó mirando con cara de asco. – Esta desinfectada, eh.

- No es eso… Ni de coña te estrecho yo la mano – dijo, horrorizado, pensando en el doble significado que tenía ese simple gesto. El cirujano se encogió de hombros.

- ¿Cuándo…? – comenzó a decir, pero Castle le cortó, levantando un dedo.

- Echa el freno, doctor motocicleta. Primero, ella no es una mercancía, y la estás tratando como tal. Segundo, no voy a renunciar a ella así como así. No soy un gilipollas, por mucho que lo creas. ¿Qué es indispensable para ella todas las mañanas? – preguntó.

Josh puso cara de incomprensión antes de responder.

- ¿El deporte?

- ¿¡El deporte?! ¿¡En serio?! – Exclamó el escritor, saltando del sillón - ¡El café! – Calmándose, procedió con la siguiente pregunta - ¿Cómo lo toma?

- ¡Yo que sé! Grande y con leche – aventuró. Castle frunció el ceño, molesto.

- Tendría que haber preestablecido un puñetazo por cada fallo… – dijo – Es café grande con leche semidesnatada y dos terrones de vainilla, idiota. ¿De qué color tiene los ojos?

El doctor motocicleta dudó:

- ¿Marrones?

Castle cerró los ojos un momento, respirando hondo.

- A veces marrones, a veces verdes, a veces grises. Depende del tiempo que haga, depende de su estado de ánimo… ¿Y tú dices que la quieres?

- Que no sepa estos detalles no significa que no lo haga.

- No. Pero que no sepas estos detalles significa que Beckett no te importa una mierda, significa que cuando te miras al espejo solo puedes admirarte a ti mismo y no a la maravillosa mujer que se mira junto a ti, que no estas deseando acostarte y levantarte a su lado cada día, que no te vuelve loco. Que no sepas estos detalles significa que ni de coña arriesgarías tu preciosa cara – dijo, señalándola con cara de asco mientras se acercaba a Josh – ni tu precioso culo por ponerte delante de una bala.

- Habla don Perfecto, ¿no? Él que lo sabe todo sobre ella, y, sin embargo, la pone en peligro cada día.

- ¿Y te crees que no me martirizo con eso ya? – inquirió Castle, denotando dolor en su voz.

- Parece que no lo suficiente si, aun así, dejaste que la dispararan. – escupió Josh.

Tampoco lo vio venir está vez. Se quedó en el suelo tirado, la cara encogida en las manos.

- ¡Aaah! – gritó, escupiendo sangre al suelo, haciendo que se mezclara con la aun derramada cerveza.

- Te. Lo. Advertí. Y alégrate, que fue suave – dijo Castle, remarcando cada palabra. Dejó el bate de béisbol en el sillón, vigilando a Josh, que aún seguía en el suelo lamentándose por su cara. – Con suerte, eres cirujano. Malo será que ningún compañero te cosa ese labio. Y que te miren la ceja…

Abrió la puerta de la casa del doctor motocicleta, y desde el umbral, amenazó:

- Vuelve a acercarte, llamar, o intentar establecer cualquier tipo de relación con Kate, y te juro que la próxima vez necesitaras cirugía facial y un buen abogado.

Se fue, tranquilo, sabiendo que le había quedado claro a Josh que era mejor que no se acercara a Beckett.