El ruido de unas llaves en la cerradura de mi casa me despertó de repente. Miré a mi alrededor, desconcertada, no reconocía donde estaba. Parpadeé varias veces y entonces todo vino a mi mente de golpe, haciendo que hundiera de nuevo la cara en el cojín y me arrebujara en la sudadera que me había puesto al quitarme la toalla. Solté un suspiro y me froté un ojo, notando la sequedad de mi piel por las lágrimas.
- ¿Kate? – preguntó alguien, inseguro.
Me levanté de golpe del sillón, tan de golpe que se me oscureció la vista y di un paso tembloroso hacia atrás. Cuando se me pasó el mareo vi que Castle se había acercado a mí rápidamente, preocupado.
- ¿Estás bien? – inquirió, a una distancia prudente pero con los brazos extendidos.
- Pues no lo sé, sinceramente. – Dije, mientras me cruzaba de brazos – No sé si debería besarte y abrazarte o pegarte una torta por lo mal que me lo has hecho pasar.
Una sonrisa indecisa apareció en la cara de Castle cuando vio que no estaba todo perdido, pero desapareció pronto, oscureciéndole la cara.
- Tienes que comprender… Después de que me dijeras eso lo único que quería hacer era matar a ese tipo.
No soporté más la distancia entre nosotros y me lancé a sus brazos. Me apretó fuerte contra su pecho mientras yo hundía mi cara en su cuello, aspirando su aroma, sintiéndome tranquila por fin.
- Dime que no lo has hecho, por favor – rogué, con la cara aún escondida.
Él negó con la cabeza:
- Tranquila, está intacto… Bueno, relativamente intacto – se corrigió.
Me alejé un poco para poder mirarle a la cara.
- ¿Cuánto es relativamente? – pregunté, no preocupada por Josh sino porque éste presentara una demanda. Castle colocó sus dedos índice y pulgar a poca distancia, y me encogí de hombros. – Aceptable.
Él me sonrió, haciendo que las comisuras de mis labios se curvaran inevitablemente. Entrelacé nuestros dedos pero Castle hizo una mueca. Fruncí el ceño y le cogí la mano, llevándome sus nudillos a mis labios.
- Vamos a mirarte esta mano, anda. No sé para qué le diste un puñetazo cuando existen cosas que hacen más daño – bromeé.
- Oh, bueno, lo primero fue un puñetazo.
- ¿Y lo segundo? – pregunté mientras le enrollaba la venda en los despellejados nudillos.
- Digamos que lo segundo le dolió más… - respondió, evasivo.
Le sostuve la mirada un momento y luego la aparté. Me iba a levantar de su pierna para guardar el botiquín, pero me retuvo.
- ¿Seguro que estás bien? – inquirió, sujetándome suavemente de la barbilla.
Asentí, pero luego suspiré:
- No te voy a negar que no lo he pasado mal estas horas sin saber de ti, con miedo de que hicieras algo de lo que luego te arrepentirías… Pero me alegra saber que mantuviste tu mente fría y que estás de vuelta…
Castle me abrazó, y susurró en mi oído:
- Siempre volveré. Ya lo sabes…
- ¿Lo sé? – pregunté, dejando que mis miedos relucieran.
- Deberías – contestó simplemente, mirándome a los ojos fijamente, dejándome ver la firmeza con la que lo decía.
Bajé la mirada y tragué saliva.
- ¿Y si un día te das cuenta de que puedes tener a alguien mejor?
- Hey, yo no quiero a nadie mejor. – Me acarició la mejilla, con ternura – Yo te quiero a ti.
- ¿A pesar de todo? – no pude evitar preguntar.
- Con tus virtudes y tus defectos.
- Hasta que la muerte nos separe – dije, bromeando. Castle sonrió y yo le di un largo beso.
- Mmmm… Lo estaba deseando ya – murmuró contra mis labios.
- Haberlo dicho, yo también lo estaba deseando.
Nos sonreímos mutuamente, y dados de la mano, fuimos intercambiando besos camino a la habitación.
- Kate, Kate – dijo Castle, sacudiéndome para despertarme. Solté un quejido y le aparté la mano. – Oh, venga Kate, te están llamando.
Eso me hizo despejarme. Me senté en la cama, apartándome el alborotado pelo de la cara mientras bostezaba. Agarrando con una mano la sábana para taparme, me estiré hasta que mis dedos tropezaron con el borde de iPhone.
- Beckett – respondí, conteniendo un nuevo bostezo.
- Perdona que te despierte a estas horas pero pensé que querrías saberlo.
- ¿Eh? ¿Saber el qué, Esposito? – pregunté. Castle se levantó a mi lado, mirándome fijamente y analizando mi cara.
Cuando colgué, le miré, aun en shock por la noticia.
- ¿Qué? ¿Ha pasado algo grave? ¿A quién ha sido? – inquirió atropelladamente Castle, preocupándose.
- No… O sea, sí. Es que… - sacudí la cabeza, sin terminar de creérmelo del todo.
- Beckett me estás asustando. ¡Quieres decirlo ya!
Levanté la mano, pidiéndole un momento de silencio, tratando de ordenar mi espeso cerebro. Le miré y lo transmití tal y como me lo había contado Espo a mí:
- Josh ha muerto.
- ¿¡Qué?! – Medio gritó Castle – Juro por dios que yo no he sido.
- Lo sé, lo sé. Tranquilo. – le puse una mano en el brazo, logrando que se relajase.
- ¿Cómo…? – empezó él, pero se cortó al no saber cómo decirlo.
- Tenía una operación de urgencia esta noche. Llegó hecho un terremoto al quirófano, arrasando por su paso. Se tropezó con un cable de una de las máquinas y cayó al suelo, clavándose el bisturí que llevaba en la mano.
Castle apretó los labios, conteniendo una carcajada.
- No te rías, Castle. Se ha muerto… - dije, intentando sonar seria.
- Ya, pero… - no pudo más y empezó a reírse. Esperé pacientemente a que terminara, mirándole con cara de enfado, pero por dentro también tenía que tragar las ganas de reírme. – Uuff, vale, ya paro. Lo siento, de verás que lo siento. Es que… Joder, vaya muerte más patética.
Nuestros ojos se encontraron y me permití soltar una carcajada, pero me corté, conteniéndome.
- Esto no está bien, el karma nos va a castigar.
- Yo ya iba a ir al infierno de todos modos – dijo Castle.
- Hey, yo también – levanté mi mano, buscando chocar los cinco con él.
Nos tumbamos de nuevo, sonriendo por nuestras bromas. Nos tapé con la manta ya que la sábana no bastaba teniendo en cuenta que estábamos desnudos. Castle me besó lentamente, y repitió la pregunta que llevaba toda la tarde haciéndome:
- ¿Estás bien?
- Sí… Creo que sí. La verdad, aún no asimilo que esté muerto, y sin embargo no le lloraré ni sentiré su pérdida.
- Si puedo decir mi opinión, y ten muy presente que soy tu novio… – previno, con el dedo índice alzado frente a su cara – Para mí está mejor muerto.
Le di un suave golpe en el hombro, y contuve un bostezo.
- Duerme un poco, princesita, que hoy ha sido un día movidito… - me dijo, dándome un suave beso en la frente. Asentí, mientras me acurrucaba contra él, sintiendo el calor de su piel sobre la mía, sus fuertes brazos rodearme y el latido de su corazón resonando en mi oído.
