Perdón por la tardanza... Me centré en el otro fic y ahora los exámenes están a solo 2 semanas y se me acumula la materia :S Pero intentaré seguir escribiendo. ¡Espero reviews!


- Buenos días – saludé, entrando con energía en la planta de Homicidios. Hoy venía a resolver un asesinato y nada me pararía.

O sí…

- Beckett, quiero verla en mi despacho. Ahora. – me llamó Gates desde la puerta. Sin darme tiempo a nada, dio media vuelta y entró en su guarida, esperando que yo la siguiera. Respiré hondo, armándome de valor.

- Sí, señora – murmuré por lo bajini, conteniendo las ganas de hacer un saludo militar. "Eso sería más propio de Castle" pensé, tragándome la sonrisa.

- Siéntese, por favor – me indicó con una mano una de las sillas, mientras ella tomaba asiento en su butaca de cuero.

- ¿Ocurre algo? – pregunté mientras cruzaba las manos en el regazo.

- No, es pura rutina. – "Excusa barata" pensé. - ¿Cómo va el caso?

- De momento estamos un poco atascados, señor, pero voy a ponerme a ello hoy con fuerzas.

- ¿Va a venir hoy Castle? – inquirió, echándose hacia atrás.

Esa pregunta me descolocó. Me quedé mirándola por un segundo sin saber reaccionar.

- Erm… No, señor.

- Mejor. Puede irse.

Wow. Que a Gates no le gustaba Castle era mundialmente conocido, pero nunca había sospechado que llegara a esos límites. Me paré frente a la puerta, con una mano en el pomo.

- ¿Puedo preguntarle por qué ha dicho mejor? Castle ha demostrado ser de gran ayuda en…

- Lo sé – me cortó, haciendo un gesto con la mano – Pero últimamente parece más una distracción que una ayuda. ¿Me equivoco, detective? – enarcó una ceja, escrutándome por encima de sus gafas.

Recé para que fuera miope y no pudiera apreciar el ligero temblor de mis manos y como tragué saliva ante su comentario. Asentí, y abrí la puerta para irme.

- Detective – me llamó cuando estaba cruzando el umbral. Paré en seco, y giré sobre mis tacones.

- ¿Sí?

- No deje que esto vuelva a pasar.

- No comprendo… - dije, a pesar de que algo me decía que era mejor no preguntar

- Yo haré como que no he visto nada si ustedes se comportan en el trabajo.

Vale, ahora sí que me había descolocado. Creo que me quedé con la boca abierta, o quizá no… Ciertamente, mi cerebro dejó de procesar lo que ocurría mientras se centraba en "no he visto nada". "¿¡Qué demonios habrá visto?!" me preguntaba una y otra vez.

Ella agitó su mano, dándome a entender que me fuera. Como una autómata, cerré la puerta tras de mí y caminé hacia mi escritorio. Me dejé caer en la silla, notando los ojos de Ryan y Esposito clavados en mí, preguntándome en gritos silenciosos qué demonios había pasado.

- ¿Se ha muerto alguien? – bromeó alguien a mi espalda. Oí el ruido de un vaso de café chocando contra la madera de mi escritorio.

- Sí pero no – contesté, recuperándome poco a poco de la charla con Gates.

- Ooops, perdona. No caí en que Josh… – Castle se llevó una mano al cuello y sacó la lengua por un lado.

- Hermano, más bien sería… - Espo hizo como que se clavaba algo en el estómago.

Ryan y Castle le rieron la broma.

- Chicos, ¡un poco de respeto! – pedí.

- ¿Por el médico motocicleta? – preguntó Castle. Contuve la risa ante la imagen de los tres hombres en línea mirándome todos con caras escépticas y una ceja levantada.

- Estáis de foto… - comenté.

Se miraron los unos a los otros y cambiaron de postura. Castle se sentó en su silla mientras Espo y Ryan me miraban inquisitivamente.

- ¿Por qué siento que me he perdido algo? – preguntó el escritor, con cara de fastidio.

Le sonreí:

- Porque lo has hecho. Hoy vas a tener que irte.

- ¿¡Qué?! – se irguió de golpe - ¿¡Qué he hecho mal?! Oye, si fue por lo de anoche, ya sabes que yo siempre suelo tener ganas pero…

Me lancé a taparle la boca, antes de que soltara lo que iba a decir. Ryan alzó las cejas, curioso.

- No es por eso. – Y añadí bajando la voz para que solo Castle me oyera – Y no hace falta que airees nuestra vida sexual aquí…

- Perdona – murmuró, triste. Iba a contarle lo que pasaba pero alguien me interrumpió.

- Señor Castle, pensé que no vendría hoy – dijo Gates, parándose junto a la puerta de su despacho y observando nuestro pequeño corro.

Esposito y Ryan se apresuraron a irse, mascullando algo de una prueba a seguir. "Serán cobardes" pensé, meneando la cabeza.

- En teoría, no iba a hacerlo. – respondió Castle.

- ¿Entonces? – inquirió Gates, interponiéndose entre el escritor y yo, de espaldas a mí. Me asomé por encima del hombro del capitán, gesticulándole a Castle.

- Sabe lo nuestro – dije moviendo solo los labios. Él hizo un gesto de incomprensión que provocó que Gates se diera la vuelta para mirarme. Fingí que me rascaba la frente, pensativa.

- Pues… Pensé que quizá la… Los, perdón – rectificó ante mi gesto de alarma. – Los detectives podrían necesitar de mí… - guiñó los ojos, intentando entenderme. – de mi atención, eso. De mi atención a los detalles. – tras Gates hice un gesto como de "Aleluya" porque había conseguido descifrar mis indicaciones.

La capitana se volvió hacia mí, pero reaccioné y empecé a dar manotazos al aire.

- Un mosquito – dije, con cara de molestia. Hizo un gesto con las cejas, alzándolas y bajándolas rápidamente.

Cuando Gates miró a Castle, éste cambió su cara de risa a su cara seria.

- Bueno, en ese caso, quédese y haga algo útil.

- La verdad – dije, situándome con rapidez al lado de Castle – es que él se iba a ir a escribir. Como ya le dije en la reunión de antes – clavé los dedos en el antebrazo del escritor para que atendiera – estamos un poco estancados.

Castle sonrió falsamente, emitiendo una suave y nada creíble risa.

- Pero que si el capitán quiere que me quede, pues me quedo – dijo.

Apreté con más fuerza, provocándole una mueca de dolor. Me miró, enfadado, y le devolví la mirada en el mismo estado de humor.

- No hace falta. Sino dentro de nada te estás quejando porque Gina te presiona – respondí, con los dientes apretados y hablándole a gritos con la mirada, gritos que él no quería escuchar.

- No, tranquila. Tengo unos cuantos escritos ya de esas no… De cuando tengo problemas para conciliar el sueño.

- ¿Sí? Pues por una vez que vayas adelantado no pasa nada.

- ¿Y si no quiero ir adelantado? – preguntó, olvidándonos completamente de Gates y encarándonos mutuamente.

- Nunca lo llevas a tiempo, Castle, siempre en el último día a base de Red Bull, café y noches en vela.

- ¡Es mi forma de escribir! No tiene horarios, ¡surge sola!

- Pues métele caña o domestícala. No es sano eso…

- ¡Venga ya! Es solo Red Bull.

- ¿Sabes la de mierda que lleva eso? – le corté. Iba a empezar a enumerar cuando nos cortaron.

- ¡Basta ya!

Ambos nos callamos de golpe. Por primera vez me di cuenta de lo cerca que estaba de Castle, siempre hacíamos lo mismo cuando peleábamos o teorizábamos: acercarnos peligrosamente. Nos miramos a los ojos fijamente y entonces nos separamos.

- Miren, Detective Beckett usted tiene un caso que resolver. Y usted, Señor Castle, haga lo que quiera porque le diga lo que le diga lo iba a hacer igualmente. – Él sonrió con un poco de autosuficiencia mientras Gates se alejaba. Yo puse los ojos en blanco y crucé los brazos, dándole un poco la espalda a Castle. Antes de entrar en su despacho giró sobre sus talones para rematar. – Aunque personalmente creo que debería hacerle caso a su novia.

La mandíbula del escritor se descolgó de golpe.

- Eso te estaba intentando decir. – comenté, aun molesta con él.

- ¿¡Cómo!? ¿¡Cuándo!? ¿¡Qué?! – balbuceó. - ¿¡Ha dicho "novia"?!

Me senté en mi silla y le ignoré mientras repasaba la pizarra situada a mi izquierda. Él suspiró audiblemente.

- Lo siento…

- Creo que deberías hacer caso al capitán. Total, ahora obedeces sus órdenes, ¿no? – dije, sin levantar la vista de los documentos que estaba repasando.

- Pero… Yo… Nunca he… - soltó un gruñido de frustración al no saber cómo expresarlo. Contuve una sonrisa y le miré con una ceja alzada.

- Ya sabes dónde está el ascensor.

- Pero yo no… No quería… ¡No sabía…! – dijo, abriendo mucho los ojos. - ¡Aaah! – exclamó.

- Para ser escritor eres muy parco hablando… - me burlé, conteniendo a duras penas la risa. Castle hizo una mueca y se dirigió hacia el ascensor con paso apesadumbrado.

Cuando habían pasado unos 10 minutos desde que se hubo ido, cogí el iPhone y vi que tenía un mensaje de los chicos relacionado con el caso. Antes de que la fría policía de homicidios cerrara las puertas del muro y dejara los sentimientos ahí metidos para centrarse en el trabajo, tecleé rápidamente un whatsapp para Castle.

"Espero que cuando llegue después de un agotador día de trabajo, esté la cena hecha y servida, un buen baño preparado y la cama llena de rosas. ¡Ah! Y como no… Mi escritor favorito dedicado al 100% al cuidado de su musa."