Bueno, quería avisar de que el final de esta historia está cerca, muy cerca. Espero que os haya gustado :)
Metí la llave en la cerradura, apoyándome ligeramente en la puerta para tener un buen ángulo, a veces se quedaba atascada ya que tenía los dientes nuevos todavía. La empujé con el hombro mientras tiraba de la llave para sacarla, iba a entrar en su casa, esperando mi baño y mi cena, pero me quedé parada en el umbral, desconcertada. Estaba todo a oscuras.
- ¿Castle? – pregunté, ligeramente asustada.
Di un paso dentro, y luego varios más, parándome en la entrada. Miré a los lados y dentro del salón, intentando distinguir algo entre las sombras.
- ¿Rick? ¿Estás aquí? – el miedo se dejó entrever en mi voz.
Me llevé la mano inconscientemente a la cintura, notando el frio metal de la pistola en mi mano, dándome la tranquilidad y seguridad que me faltaba cuando se trataba de gente que me importaba. Oí un suave ruido proveniente del despacho, así que caminé despacio y en silencio hasta allí. Me coloqué a un lado de la entrada, con la espalda contra la estantería, preparada para actuar.
"Te tengo" pensé cuando vi una sigilosa sombra moverse por la habitación, sorteando la mesa con facilidad, como si supiera exactamente dónde estaba. No desenfundé el arma ya que en la oscuridad las probabilidades de fallar iban en mi contra, tuviera buena puntería o no. Me quedé esperando ahí, agazapada entre las sombras del umbral, esperando a que se me acercara o a que hiciera algo que le delatara.
"Ahora, Kate" me dije a mi misma en mi mente, cuando vi que se dirigía hasta donde estaba yo. Retrocedí hasta la entrada para que no me viera, pero fue un gran error ya que desde allí no podía ver el despacho ni ver al visitante. Me tensé, caminando de espaldas y desatendiendo el resto de habitaciones para centrarme en el salón, acercándome a donde estaba la cocina para esconderme tras la barra. Estiré un poco el cuello para ver algo aunque sin delatarme, y en eso estaba, escrutando las sombras que creaba el mobiliario, cuando noté una mano posarse en mi hombro.
Me asusté, y mi lado de policía reaccionó ante una agresión. Me separé de quien me había tocado y lancé una patada en la dirección donde se veía la figura de un hombre. Éste retrocedió por el impacto de mi pie en su pecho, tropezando y cayéndose al suelo.
- ¡Aaah! – exclamó, ahogado por el ruido de un taburete y un cuerpo golpeando el suelo con fuerza.
Por unos segundos, me quedé en la misma posición de defensa, con una pierna ligeramente adelantada por la patada. Entonces me di cuenta de quien había gritado y corrí a encender las luces de un manotazo. Castle estaba espatarrado en el suelo, con una mano en la cabeza, y tirada al lado, había una silla de la cocina.
- ¿¡Tú eres tonto o qué!? ¿¡Estás buscando que te mate?! – le grité, enfadada.
- No hacía falta pegarme una patada – se quejó él, masajeándose el pecho con cara de dolor.
- ¡Castle! – Exclamé - ¡Te me has acercado por la espalda, con la casa totalmente a oscuras!
- ¡Solo quería darte una sorpresa! – replicó.
- No me gustan las sorpresas. Ni los sustos. Ya lo sabes – dije, hablándole ya en un tono normal. Me acerqué a él y le tendí la mano para ayudarle a levantarse. Cuando estuvo de pie rocé con mis dedos la zona del pecho donde le había dado la patada. – Lo siento, ¿estás bien?
Castle asintió, sonriendo levemente.
- Soy un hombre sólido. Perfecto para mujeres como tú.
Solté una carcajada, ahogada por un beso que no vi venir. Le respondí con ganas, demostrándole lo mucho que le había echado de menos con ligeros mordisquitos en los labios. Un gemido ronco escapó de su garganta, tan gutural que no pude contener la risa. Nos separamos cuando los pulmones nos pidieron a gritos oxígeno. Desabroché lentamente los botones de su camisa, deleitándome con la piel que iba dejando al descubierto.
- Tienes el baño preparado… - dijo él, entre beso y beso – Aunque si quieres lo dejamos para luego…
Sonreí traviesamente, y le abrí la camisa.
- Solo quiero ver donde te di la patada. – dije, acariciando con ternura la zona rojiza por el golpe. – Te saldrá un moratón – avisé.
Se encogió de hombros, haciendo una "U" con las comisuras de sus labios:
- Puedo vivir con eso…
- Bien – murmuré, perdiéndome otra vez en sus labios. – Ahora… ¿Qué tal si me doy ese bañito que mencionaste mientras preparas la cena? – pregunté, sonriendo traviesamente ante su mirada desconcertada. Se quedó refunfuñando en la cocina mientras yo me sumergía en agua caliente con espuma.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
- Mmmm… Algo huele maravillosamente bien – dije mientras me acercaba a la barra americana de la cocina, todavía envuelta en aroma a cerezas.
- Podría haber sido yo si nos hubiéramos duchado juntos – bromeó Castle, dándose la vuelta para mirarme, llevando en las manos un plato que dejó en la barra, junto a otros más.
Me senté en un taburete y observé lo que había ahí puesto, tapado de manera que no se viera la comida que había debajo. Fui a levantar una de las tapas, pero Castle me dio suavemente con la cuchara de madera en la mano, manchándome de salsa de tomate.
- ¡Ey! – me quejé, llevándome la mano a la boca para chupar la salsa.
- No mires, es una sorpresa.
- Pues venga, ¡que tengo hambreeeee! – alargué la última vocal, como si fuera una niña pequeña.
- Vooooy – respondió Castle en el mismo tono. Sonreí tontamente, ese tipo de sonrisas que solo él podía sacarme.
- Toma, ponte esto – dijo, tendiéndome una tira de tela negra. Me quedé mirándola con el ceño fruncido, intentando averiguar que era. La cogí y me la até alrededor de la frente. Al mirarme, Castle soltó una carcajada, y rodeó la encimera para acercarse a mí. Desató el nudo y me la colocó sobre los ojos, impidiendo que viera. Antes de alejarse, me dio un beso en la nariz, la cual tenía arrugada.
- No me gusta esto de no ver – dije.
- Mientras no me pegues… - dejó caer Castle. Sonreí, e hice un gesto como diciéndole "No prometo nada". – Abre la boca – pidió.
La abrí, pero la volví a cerrar a los pocos segundos, insegura.
- Venga, no te voy a meter nada raro. Confía en mí. – suspiré, removiéndome en la silla. Lo medité por un rato, y finalmente, abrí la boca. – Un poco más – volvió a pedir Castle, acariciándome con su aliento la oreja. Obedecí, con cierta incomodidad todavía.
Algo llenó mi boca, la cual me apresuré a cerrar, pillando el dedo de Castle en el camino. Jugueteé con la lengua, acariciándoselo, sonriendo. Él retiro el dedo, dejando que pudiera probar lo que me había metido en la boca. Con un poco de miedo, mordí.
- Oh – solté, cuando noté el ácido jugo de la naranja llenar mi boca y mojar mis labios. Cuando tragué, abrí la boca automáticamente, confiando ya al 100% en Castle.
Me dio comida variada, desde carne y pescado hasta pasta con tomate. Me rodeaba para coger la comida, llenándome con su colonia, empapándome los sentidos con todo tipo de sabores y olores. Y todo bien regado de variados vinos, claro está.
- Vayamos a por el postre – susurró.
Lo siguiente fue un trozo de manzana, seguido de una caricia de él. Luego hubo todo tipo de frutas silvestres intercaladas con besos. El tener los ojos cerrados hacía la experiencia mil veces más excitante, tenía el resto de los sentidos amplificados, sobre todo el gusto y el tacto.
- Pasemos a lo dulce – susurró Castle contra mis labios. Abrí mi boca y me dio una fresa todavía con el jugo de haber estado con azúcar. Pedí más, pero noté su mano en mi barbilla indicándome que cerrara la boca. Desconcertada, obedecí. Entonces, noté sus labios contra los míos, pero acompañados de una sorpresa. Gemí, extasiada.
- Chocolate – murmuré. Devoré sus labios, quitándole rápidamente todo rastro del dulce que encontraba. Nuestras lenguas interpretaron una danza mientras intercambiaban la acidez de las frutas con la dulzura del chocolate.
Castle se separó, a pesar de mis quejas. Pude notar su presencia otra vez junto a mí, y enredé mis piernas en su cintura, atrayéndole contra mí. Extendí las manos a ciegas, buscando las suyas, tropezando por el camino con una taza que llevaba. La cogí y la dejé torpemente en la encimera, tirando un poco de lo que había dentro ya que me cayó en la mano. Castle me la cogió, retirando él lo que me había manchado con pequeños besos. Incapaz de aguantar más, tiré de su camisa hacia mí, buscando su boca. En medio de mi búsqueda, encontré su barbilla, así que seguí la línea de su mentón hasta que la encontré.
Nuestros labios se unieron con fuerza, con hambre, con pasión. El fuego nos comía por dentro, pidiendo a gritos ser sacado ya. Todo estorbaba: la ropa, la cinta, la silla… Todo. Abrí de golpe su camisa, sonriendo en medio del beso cuando oí unos cuantos botones rebotar contra el suelo. Mi camisa y su camisa salieron volando, yendo a parar a algún sitio del salón. En medio del momento, Castle me quitó la cinta porque le molestaba ya que tenía mi cabello aprisionado. Aunque noté la luz al otro lado de mis párpados, aunque ni me molesté en abrirlos, todo era mejor sin ver.
Castle cargó con mi cuerpo, llevándome al sillón entre risas, suspiros y besos. Caímos juntos encima de los cojines, mirándonos con complicidad ya que no era la primera vez que acabábamos ahí después de que el apetito ganara al hambre de comida. Volvimos a perdernos en lo que el otro nos ofrecía, llenando el salón de música con nuestros gemidos ahogados por besos. Y cuando estábamos a punto de pasar a actos mayores, el ruido de una llave en la cerradura nos alertó de que alguien venía.
- Mierda – mascullé, saltando del sillón en busca de mi ropa.
Como no la encontraba, me metí corriendo en la habitación de Castle, escondiéndome tras la puerta. Él aún estaba en el sillón, sorprendido por mi reacción.
- ¡Oh, Richard! Me has asustado – exclamó Martha desde la puerta, mirando el salón y la cocina.
- Ya, hoy no paro de hacerlo…
- ¿Interrumpimos algo, papá? – preguntó Alexis. "Menos mal que me escondí" pensé.
- Pueeees… - Castle miró a su alrededor, la ropa esparcida, él sin camiseta, los platos aun en la encimera – Sí. Definitivamente, sí.
- Oups, no era nuestra intención… - se disculparon. – Pues nos vamos al cine, hay una película que queríamos ver.
- Gracias.
- No me las des querido, yo también he sido joven aunque no lo creas…
- Hasta mañana, papá - dijo Alexis, dándole un beso a su padre.
- Buenas noches, calabacita. Divertiros – se despidió el escritor.
- Buenas noches, Richard. Buenas noches, Katherine – gritó Martha, sabiendo perfectamente que yo estaba por ahí escondida. Una sonrisa asomó a mis labios mientras luchaba por no reírme. La puerta de la habitación se abrió de golpe, dando paso a un Richard Castle totalmente desnudo cargado con ropa. La dejó caer al suelo, y haciendo una pose cómica, dijo:
- ¿Por dónde íbamos antes de semejante interrupción?
Solté una carcajada y salté a sus brazos rápidamente.
