Disculpar la tardanza, no me había olvidado de FanFiction, solo que tuve los finales más unas cuantas subidas de nota y... Ya sabéis ;) Bueno, aquí llega el final de este fic... Me he divertido mucho haciéndolo y leyendo vuestras reviews, ¡muchísimas gracias por vuestros comentarios tan alentadores! Un gracias especial a mis Raquellions, os quiero chicas :*
Pues nada, gracias por leer y comentar, espero que sigáis haciéndolo en mis otras historias ;)
Entré al departamento de homicidios con una gran sonrisa en la cara, no por el maratón de ejercicio que había hecho ayer con Castle, o que el café de esa mañana tuviera un corazón hecho con la crema, sino porque el haberme llevado los informes sobre el caso a casa había arrojado un halo de luz. Tenía un sospechoso potencial.
- Espo, necesito que llames inmediatamente a la limpiadora, la señora Harris. – ordené, dejando la cazadora de cuero en el respaldo de mi silla. – Ryan, sé que debes de estar hasta los mismísimos de ver el vídeo de vigilancia, pero necesito que lo vuelvas a hacer estando yo presente.
El detective asintió, Esposito levantó la vista de la pantalla del ordenador, y tapando el auricular del teléfono para que no se le oyera, inquirió:
- ¿Tenemos al asesino?
- Puede. Percibo buenas vibraciones. – respondí, caminando a toda prisa hacia la pizarra.
- ¿No vas a compartir el nombre? – preguntó Ryan, sin levantar la vista de la pantalla.
- No todavía. Quiero contrastarlo antes.
Aunque la verdadera razón era que no quería que gastaran bromas si me equivocaba, la que les había dado también era bastante cierta. Ryan me hizo un gesto con la mano y nos dirigimos a la sala de conferencias para ver el vídeo de la cámara de vigilancia. Toqueteó varias cosas rápidamente en la pantalla táctil, cortesía del alcalde, y en seguida aparecieron las imágenes. El detective ralentizó la velocidad y se giró para mirarme.
- Avanza hasta cuando pasa el técnico del gas.
Ryan deslizó los dedos y pronto la pantalla se congeló en la imagen de un hombre enfundado en un mono naranja butano con un maletín de herramientas en la mano.
- Amplía.
El zoom aumentó y lo configuró para que no se pixelara la foto.
- Ryan, te presento al asesino.
- Pero se bajó en el tercero para arreglar una fuga, aunque el propietario de la casa no estaba – señaló el detective. Sacudí la cabeza y levanté un dedo.
- No, no, no. Eso es lo que quería hacernos creer, en realidad…
- ¡El técnico del gas! – exclamó un acalorado Castle entrando de golpe en la sala. Me lo quedé mirando, cortada a la mitad en mi explicación. Sonreí, nuestra "conexión", como la llamó él, seguía funcionando.
- Eso le estaba diciendo a Ryan ahora, Castle. ¿Cómo te diste cuenta?
- Repasé todas las fotos y me di cuenta de que el mono le queda grande, y el extraño brillo de sus uñas me dio que pensar… ¿Desde cuándo un técnico del gas se hace la manicura?
- ¡Exacto! Además, si te fijas en su reloj, lo más probable es que sea un Rolex. Que yo sepa, un técnico no se puede permitir ese reloj… - añadí. – Así que comencé a pensar, ¿quién se haría pasar por técnico para poder asesinar a Kind? Y me di cuenta de que…
- Su socio, el señor Rice, perdería mucho dinero si Kind aceptaba la oferta y vendía su empresa. – me interrumpió el escritor, emocionado.
- Entonces, miré en las cuentas de Rice y resulta que anda un poco mal de dinero.
- Eso explica porque el otro día mintió cuando dijo que había dormido en su despacho por quedarse hasta tarde trabajando – me interrumpió Castle, pensando en voz alta. Asentí, sonriendo y satisfecha. Eso era lo llamado "trabajo en equipo". Ryan nos miraba alternativamente, con el ceño fruncido.
- Estoy seguro de que esto lo practicáis en casa para luego dejarnos sorprendidos con vuestra… - pensó en cómo definirlo.
- Conexión – dijimos Castle y yo a la vez. Intercambiamos miradas, sonriéndonos, con deseo.
- Beckett, la limpiadora está aquí – Espo se asomó a la puerta para informarme. Le di las gracias y salí a paso rápido hacia la sala de interrogatorios. Castle entró en la de observación tras guiñarme un ojo.
-o0o0o-
Salí de la "caja" y me apoyé contra la puerta, suspirando. Por fin pruebas sólidas, por fin podría cerrar el caso.
- A ver, Esposito, Ryan – dije, mientras leía las anotaciones que había hecho en la libreta – La señora Harris me ha contado que Rice y Kind discutieron la semana pasada sobre algo relacionado con una venta. Ella intervino cuando llegaron a las manos y el señor Rice se marchó hecho una furia, según me ha dicho.
- Eso concuerda con las quejas de los vecinos por los gritos y golpes – dijo Ryan. Asentí y continué:
- Cree recordar que desde aquel día, Kind llevaba una cadena colgada al cuello con un USB. Si el asesino se la quitó, y ese es Rice, debería tenerla por casa o su despacho. Pedir una orden de registro, hay que encontrarlo.
Ambos detectives asintieron y se abalanzaron a sus mesas para cumplir mis órdenes. Qué suerte había tenido con aquellos dos… Sacudí la cabeza, buscando al otro hombre de mi vida.
- Hey, Castle. No sabía que estabas aquí – saludé, entrando en la salita de observación.
- ¿Me buscaba, detective? – inquirió, levantando una ceja. Sonreí, traviesa.
- Quizá, señor Castle.
- Antes de nada, quiero comprobar si nuestra conexión sigue funcionando. Te apuesto un beso a que les has pedido a los chicos una orden de registro para la casa y la oficina de Rice.
Entrecerré los ojos, divertida.
- ¡Pues claro! ¡Así yo también! Has estado presente en el interrogatorio.
- ¡Aaah! Pero en él no has dicho nada de órdenes de registro – dijo Castle, moviendo las manos y poniendo cara de inocente. Solté una carcajada.
- En todo caso, no he aceptado la apuesta, así que te quedas sin beso.
Se me acercó peligrosamente, mientras me miraba fijamente a los ojos.
- No puedes resistirte.
- ¿No? ¿Quieres probar? – le reté, intentando que no se notara mi nerviosismo. Tenerle tan cerca era mucho…
- Adelante – susurró.
Nuestros labios se acercaron despacio, y una vez se tocaron, adiós control. Retrocedí hasta encontrar la puerta de la sala con mi espalda, y apoyados contra ella, nos entregamos en cuerpo y alma a aquel beso robado. Nuestras manos recorrieron el cuerpo y el pelo del otro, buscando huecos por los que colarse, y arrancando suspiros.
Le mordí el labio inferior suavemente, juguetona, y él respondió con un gruñido grave. Sonreí en medio del beso, y aguanté la risa.
- Yo también se jugar a eso… - murmuró, antes de perder su cara en mi cuello, volviéndome loca con sus besos y sus caricias.
Me tragué los gemidos, intentando mantener el silencio, ya que estábamos en la comisaria. ¡Dios, que morbo! "Esto ya es preocupante, Kate. Vete al psicólogo, llama al Dr. Burke… ¡Estás desatada!". Sacudí la cabeza y Castle volvió a atrapar mis labios en un beso interminable. Entonces…
Toc. Toc. Toc.
- Detective Beckett, abra la puerta.
- ¡Mierda, Gates! – susurré, empujando a Castle lejos de mí. El escritor se colocó la camisa y se masajeó los labios, buscando disimular la rojez. Yo me hice un moño alto y me abroché los dos botones que Castle había soltado para poder enloquecerme.
- ¿Cuándo cerraste la puerta? – inquirí, aun susurrando.
- ¿Se puede saber qué hace? ¿Quiere abrir de una vez? – insistió Gates.
- Espere. Un momento. Se ha atascado – dijo Castle, disimulando. – En cuanto me respondiste al beso – me respondió, bajando la voz.
- ¿Usted también está ahí dentro?
- ¡Ya! – exclamó Castle, abriendo la puerta de un tirón, pareciendo que de verdad se había quedado atrancada. – Sí, señor, estábamos comparando impresiones sobre el interrogatorio.
- Exacto – le apoyé – Ambos estamos de acuerdo en que el gran sospechoso es el socio, Rice.
- Muy bien… ¿Y necesitabais cerrar la puerta? – preguntó, mirándonos alternativamente por encima de las gafas.
- Fue sin querer – dije. – Me apoyé contra ella y se cerró.
- Aaah, comprendo. – Gates contuvo una sonrisa.
- ¿Quería algo, señor? – preguntó Castle, mientras se colocaba la americana.
- Nada, es por rutina.
"Otra vez con la rutina" pensé. Carraspeé, y sonreí de lado.
- Si me disculpa, voy a ver si ya tenemos las órdenes – dije, saliendo de la sala.
- Te acompaño. – se apresuró Castle.
Tras una última mirada, Gates cerró la puerta de la sala de observación y se dirigió hacia su despacho.
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- ¿Steve? – preguntó la capitana, recuperando el teléfono.
- Sí, sigo aquí – respondió su marido.
- Nada, ya está.
- ¿Todo bien?
- ¿Eh? Sí, sí – aseguró Gates – Intentaba impedir que una escena acabara en… ya sabes, cosas de adultos.
- ¿En la comisaria? – se escandalizó su marido.
- Dudo que lo hubieran hecho, la detective Beckett es muy sensata, aunque parece que ha perdido un poco el norte desde que está con Castle.
- ¿Juntos? ¿Por fin?
- Ya ves… Lo más divertido es oír las excusas que crean, son bastante imaginativas. ¿Éramos nosotros así, Steve? – inquirió la capitana con cierta nostalgia.
- Supongo, cariño. ¿Qué tipo de excusas ponen?
- Puf… De todo. Mira, el otro día…
La capitana Gates se echó hacia atrás en su silla de oficina, sonriendo, contenta de compartir aquello con su marido y oírle reír a través del auricular.
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- ¿Crees que se lo ha tragado? – preguntó Castle, intentando ver a Gates desde detrás de las cortinas corridas de su despacho, o su guarida, como él decía.
- Claro. Tenía sentido. – contesté, segura de mi respuesta.
Nuestras miradas se encontraron y sonreímos mutuamente.
- Y todo comenzó por tus ganas de manzanas… - comentó Castle, sacudiendo la cabeza mientras se reía.
Le guiñé un ojo, traviesa. Tras unos minutos de silencio, hablé, poniendo cara de circunstancias:
- Pueeees… Sigo con ganas.
FIN
