Hola muñecas, :D Ya vengo con el sexto capitulo de esta historia, el cual me quedo bastante larguito ya averiguaran ustedes porque. Enjoy yourselves :3

"000" - Dialogo de los personajes

"000" - Pensamiento de los personajes

/***/ - Flashback

Disclaimer: Naruto no me pertenece, es propiedad de Kishimoto-sensei, si fuera mio probablemente no sería tan genial.


Frenesí

狂乱

/***/

El pasto crujía ante los firmes pasos de la niña que canturreaba una melodía que se acababa de inventar. En su brazo izquierdo llevaba una canastilla con algunos alimentos. La verdad es que no le agradaba mucho la idea de tener que cocinar para Orochimaru y sus subordinados. Karin era la única mujer en la base y Kabuto le ordenó que preparara la cena para ellos. Se sentía ofendida, no le parecía que se aprovecharan de la condición de su género para obligarla a hacer ese tipo de quehaceres. No es que fuera algo indigno, es más, hasta era entretenido. Pero ella no era ninguna sirvienta. La admiración y agradecimiento que ella sentía por Orochimaru de a poco se iba corrompiendo ya que esté solo la utilizaba como una muñeca por la cual todo tipo de personas horribles y desagradables, debían de enterrar sus dientes, en adición de las tediosas horas que pasaba en el laboratorio siendo víctima de sus incontables experimentos. En un principio entrenaba con ella, pero ahora estaba totalmente enfocado en sus otros súbditos, en especial Sasuke. El tipo estaba obsesionado con él.

De momento se dio por vencida y prefirió obedecer a Kabuto, esta situación era preferible a estar acorralada frente a un sujeto dispuesto a rasgar su delicada piel con sus asquerosos colmillos. Un estruendoso ruido la sacó de sus cavilaciones y rápidamente se ocultó tras unos arbustos. Aseguró sus anteojos y observó en la lejanía que se trataba de Sasuke entrenando con Orochimaru. Puso especial atención en él gesto del chico de Konoha. Su cara, normalmente carente de expresión alguna, estaba deformada en una salvaje contorsión de furia, capaz de matar a quien sea que se le pusiera enfrente tan solo con el poder de esa mirada. Karin suprimió un suspiro y continúo con lo que estaba haciendo. Sasuke estaba determinado en convertirse en el más fuerte, su perseverancia y su fría actitud le cortaban la respiración, y el misterioso fluir de su chakra, la atraía como un imán. Desde aquel momento en que Sasuke le salvo la vida, ella había sido cautivada por él de una manera indescriptible.

Al anochecer, Karin ya tenía todo listo para que los hombres recuperaran fuerzas comiendo hasta saciarse. La pelirroja solía cocinar algunas veces con su madre en Kusagakure, y en otras ocasiones la observaba rebanar los vegetales mientras ella cuidaba a su pequeña hermana que tenía un año de nacida, así que recordaba algunas recetas. Un feo estremecimiento transitó hacia su cabeza. Sacudió la cabeza, tratando de borrar las súbitas imágenes que se infiltraron en su mente, imágenes de la masacre de la que había sido víctima su aldea. Ese era un recuerdo que estaba sellado en lo más hondo de su mente.

- !Puaj! A mí no me gusta esta mierda- se quejó Suigetsu al probar el platillo que esmeradamente preparó la joven kunoichi.

- ¡I-Idiota! Si no te gusta entonces deberías cocinar tú!

- Mmm… no está mal, pero podría estar mejor. Sera cuestión de práctica, como todo en esta vida.- comentó Kabuto.

- ¿Qué tipo de guiso es este, Karin? - cuestionó el líder de la aldea oculta del sonido.

- Es un estofado en salsa de tomate, Orochimaru-sama.

La pelirroja miró de reojo al azabache, el objeto de su interés. Él tomo un bocado y una mueca inescrutable se apoderó de su semblante. Karin no pudo adivinar lo que le pasaba por la mente, y supuso que no le había gustado. Un ligero enfado embargó a la niña. Total, si no les agradaba su manera de cocinar, tendrían que conformarse ya que eso es lo que había, y eso incluía al Uchiha. Ella no estaba ahí para complacerlos. Karin les dio la espalda, indignada.

- ¡No exageren, no es una delicia pero sabe bien!- comentó uno de los hombres que se encontraban ahí- ¡Jo! ¡Además miren, a este niño sí que le ha encantado!

La kunoichi giró su cabeza en un santiamén y vio anonadada como Sasuke comía con ganas. Todos a su alrededor le observaron curiosos. Dejó el plato limpio y pidió repetir la porción. Karin recuperó su orgullo y gustosa le sirvió más.

Sasuke, les daba la razón, tal vez no era lo más sabroso que había degustado. Pero al probar aquel sencillo guiso de aspecto dudoso, casi se paraliza su corazón. El sabor era muy parecido, por no decir idéntico a las comidas que su madre solía prepararle. Era tan familiar que se quedó pasmado y sin dudar consumió todo lo que pudo. La sazón de Karin, tan parecida a la de Mikoto Uchiha, le proporcionó una tenue sensación de bienestar, que hacía mucho tiempo no lo poseía.

Antes de engullir el tercer plato, el niño echó un vistazo a la creadora del platillo con curiosidad.

/***/


La joven abrió los ojos pesadamente. El cuerpo le dolía de una manera descomunal. No tardó en darse cuenta que alguien la transportaba en sus brazos, por lo tanto tan solo percibía el azul del cielo que se cernía sobre ellos al andar. " ¿Sasuke?… no, esta persona no es Sasuke."

Su mente no lograba recapitular las cosas con claridad, tan solo recordaba el momento en que se enfrentaban contra el jinchūriki de ocho colas. Ella había curado a Sasuke dejando que este la mordiera, absorbiendo su chakra. En determinado momento Jūgo también lo ayudo, aprovechando la compatibilidad del sello maldito.

Jūgo llevaba entre sus brazos a la muchacha que acababa de recuperar el conocimiento. Se dirigían nuevamente a su escondite. Karin hizo un esfuerzo a pesar de sentirse débil, pero no percibió la presencia de Sasuke ni Suigetsu. Casi al llegar, ella le indicó al peli-anaranjado que podía continuar ella sola.

- ¿Y Sasuke? – titubeó la pelirroja preguntándose por su paradero

- Si todo va bien, al anochecer él y Suigetsu estarán de vuelta. Tenía que ocuparse algunas cosas.- contestó Jugo. Se encontraba vigilando una olla con agua hirviendo, a punto de preparar una bebida caliente.

- ¿Qué sucedió exactamente?

- Todos estuvimos a punto de fallar nuestro cometido. En especial tú, que estuviste a punto de morir, de no haber sido por Sasuke. Hizo un gran esfuerzo para apagar las llamas que te envolvían. - Ahora la pelirroja recordaba el momento exacto en que intentaba escapar cuando repentinamente un increíble ardor le hizo perder el conocimiento. No pudo evitar sentirse feliz al escuchar lo que Sasuke hizo por ella.

- ¿Entonces qué sucedió con el Hachibi?

- Fue capturado. Akatsuki deberá hacerse cargo de lo demás.

Ella le preguntó si se encontraba bien y con eso se retiró a su habitación. Sasuke era fuerte y Suigetsu también lo era a pesar de su horrible personalidad, así que suspiro aliviada. Se deshizo de sus prendas y se metió a la regadera. Lavó minuciosamente su cabello, su rostro, y cada resquicio de su cuerpo. Se vistió con ropas limpias y se dejó caer sobre el futón.

La kunoichi estaba consciente de que Taka estaba asociado a una organización criminal y por ende sus vidas se encontrarían en peligro muchas veces, pero las cosas habían estado tranquilas desde la muerte de Itachi y por un momento se olvidó de una cosa tan importante. Además lo que había estado sucediendo entre Sasuke y ella mantenía su mente enfrascada.

Karin estaba totalmente segura de que Suigetsu sospechaba lo que estaba ocurriendo, si no es que ya lo sabía. Aunque él no había dicho nada, temía que aquella noche en que desapareció sin más, él se hubiese dado cuenta. Sabía por su chakra que ocultaba algo. Eso la incomodaba, ya que se trataba de un precioso secreto que tan solo la concernía a ella y a Sasuke Uchiha. A instantes sopesaba la situación, imaginando cómo reaccionarían sus compañeros, y a veces era una idea atractiva. Jūgo probablemente no reaccionaria de ninguna forma en especial, pero a Suigetsu le echaría en cara con prepotencia, todas las veces en que el se había burlado de los sentimientos que albergaba por su líder. Aunque ultimadamente la idea de mantenerlo oculto la convencía más, porque para ella tomaba un significado más especial, además ella no tenía idea que lo que Sasuke sentía por ella aún.

Los siguientes días estuvieron descansando y recuperando fuerzas así que de momento considero no conveniente reanudar sus visitas nocturnas a la habitación del Uchiha. Cada que Sasuke se encontraba con aquellas extrañas personas de Akatsuki, notaba ligeros cambios en su chakra que no lograba deducir con claridad. Se le veía más circunspecto, indudablemente concentrado en su siguiente movimiento. Pero ella lo entendía. A veces cuando él se encontraba mirando el horizonte, ella se sentaba a su lado, y él chico acogía su compañía. Como habían estado ocupados desde la localización de Killer Bee, Karin ya extrañaba su presencia solamente para ella, la pelirroja necesitaba de él, de aquel contacto íntimo que habían estado construyendo desde aquella vez. Todavía no se había convertido en su mujer. Se tocaban y se besaban de todas las maneras posibles, pero el azabache seguía conteniéndose.

El impacto de unas violentas gotas de agua helada empapando su espalda, la sacudió de sus reflexiones.

- !¿ Porque rayos hiciste eso?!

- ¡Pon atención cuando se te llama!- alegó el oji-violeta. La chica estaba frente a las llamas de una fogata. Llevaba el pelo recogido. El Hozuki caminó hacia ella y se recostó en el piso. Sosteniendo el peso de su cabeza con su brazo izquierdo, el joven la examinó con la una mirada mordaz. Una media sonrisa surcando su rostro.

- Has estado actuando de forma extraña últimamente, cara de pez.

- ¿Por qué? ¿Acaso te interesa?

- Pffft! Como si eso pudiera ser posible.

Estuvieron sin pronunciar palabra alguna durante unos minutos hasta que el chico rompió el silencio.

- Oye… Karin. ¿Te has sentido sola últimamente verdad?- La chica acomodó sus anteojos y lo miró con pasmo.

- ¿! De qué demonios estás hablando!?

- Tú sabes de lo que estoy hablando- pronunció el albino con voz rasposa. Cierta malicia se asomaba en sus palabras.

- ¿¡Estás loco!? si vas a venirme a decir sandeces como esa, mejor ni me dirijas la palabra, imbécil.

Suigetsu observó alejarse a la causa de todos sus males, notando su rostro enrojecido. Soltó un quejido estirándose y se apoyó con totalidad sobre la hierba, mirando las copas de los árboles que lo rodeaban. Había estado evitando deliberadamente ponerse a recapacitar sobre sus sentimientos por la pelirroja, después de la noche en que descubrió su pequeño secreto. Se sentía débil y consternado así que como era costumbre suya, hacerla rabiar era lo único que podía hacer. Quería molestarla, quería hacerla enfurecer con todas sus fuerzas no importaba que ella lo odiara. De esa manera sentía que la castigaba por el remolino de emociones que ella despertaba en él.

Y ahora que él lo sabía, sin querer dejaba entrever en sus venenosas burlas, lo enterado que estaba sobre su relación con Sasuke. Se daba cuenta de que eso la alteraba aún más. Lanzó un enorme bostezo, descargando parte de su frustración y se dirigió al lago a perderse un buen rato, harto de pensar en aquello y lo otro. Harto de seguir sintiéndose de esa manera.


Una abrumada Karin caminaba por los pasillos de la base abandonada. Jūgo dormía como un tronco en el piso de abajo después de haberse pasado todo el día en el bosque, seguramente conviviendo con los animales que rondaban por ahí, como tanto le gustaba. La pelirroja se sentía disgustada al percibir las ironías del peliblanco. "Maldito Suigetsu". Eso era algo personal y le sabia mal que él se regocijara burlándose de ella. Se encerró en su habitación y se tranquilizó poco a poco. De pronto se preguntó qué es lo que estaría haciendo Sasuke. "Probablemente ya ha regresado de su caminata nocturna". Oh, como deseaba tenerlo con ella en ese instante. Así que tomo una rápida decisión.

Liberó sus cabellos color cereza de la cinta que los sujetaba y los cepilló esmeradamente, se despojó de sus medias, sus shorts y su saco lavanda. Guardo sus anteojos en un cajón. Sin hacer ruido caminó hacia el cuarto de su líder, la oscuridad del lugar se asemejaba a la de un túnel. Con cuidado abrió la puerta y la cerro tras de sí. Entrecerró los ojos tratando de enfocar su pobre visión en medio de aquellas penumbras. Sentía su presencia dentro de la habitación pero no lograba divisarlo.

- Karin.

De repente sintió unas ásperas manos sujetando sus caderas. El susodicho estaba detrás de ella. Una sonrisa instantánea se dibujó en el rostro de la fémina. Sasuke estaba esperandola.

La joven se acercó a besarlo con necesidad, sujetando con ambas manos su cuello. El muchacho aprovechó esto para elevarla, haciendo que lo rodeara con su piernas. Ella se enganchó a los fuertes hombros y con alegría comprobó que no llevaba su camiseta.

Aterrizaron en el futón sin despegar sus labios un segundo. Karin, ansiosa con la precipitación de los eventos se colocó sobre él, e intento sacarse el top negro que llevaba puesto, pero se detuvo cuando el Uchiha encendió una pequeña lámpara situada a un lado suyo. Él la observó con ojos penetrantes.

- Continua- le ordenó.

Con la respiración agitada, lentamente se desprendió de aquella prenda ante el escrutinio del chico y prosiguió, desatando su sostén del mismo color. Sus bellos pechos se liberaron ante la la oscura mirada de Sasuke. No eran grandes, ni pequeños, aunque la cuestión del tamaño no le interesaba en lo absoluto. El azabache la acercó un poco más y se dedicó a besar y succionar el valle que separaba ambos senos. Karin tembló ante la maravillosa sensación. La joven soltó un quejido cuando sintió sus fuertes manos situarse sobre su trasero, despedazando la prenda interior que llevaba puesta.

La apretó contra si con urgencia, sintiendo su suave desnudez. La mano de la pelirroja se situó cerca de su entrepierna acariciándolo, apresurándolo para que se deshiciera de la parte inferior de sus ropas, pero el seguía deleitándose con el sabor de su piel, esta vez transitando sus labios por el delgado torso de la muchacha, repasando sus costillas. Con la mente hecha un manojo de nervios, Karin hizo que el chico se recostara por completo y con tosquedad retiró todas sus prendas restantes, pero justo cuando disponía a deshacerse de sus boxers, el azabache se puso de pie y él mismo se deshizo del último trozo de tela que lo cubría. Ella lo admiró embelesada, casi conmovida. El joven era tan bello y exquisito que la hacía perder la razón.

Sasuke se arrodilló y ella se abalanzó sobre él, besándolo con un ímpetu renovado. Nuevamente postrados sobre aquel colchón, se abrazaron y se tocaron con fervor. Karin sabía que estaba vez llegarían hasta el final. Los guturales y masculinos sonidos que emergían de la garganta del chico cada vez que ella oprimía su sexo contra él, la estaban enloqueciendo. Lo necesitaba dentro, lloraría, si no lo tenía dentro de ella lo más pronto posible.

Entonces como si le leyera el pensamiento, el azabache la levantó un poco, rozando la punta de su virilidad tentativamente en su gloriosa humedad. Ella con su mano lo guió hasta la entrada de aquel paraíso que se abría solo para él. Sus dedos cogieron sus caderas con tanta fuerza que estaba seguro que las marcas de sus uñas quedarían permanentemente en su piel. La pelirroja dio un pequeño alarido de dolor, cuando entró en ella de un solo empujón. Él era enorme. Karin se preguntó por un segundo cómo es que había logrado entrar de una manera tan profunda. Le hacía daño pero era una dolencia soportable. Él no podía esperar a que ella se acostumbrara a su presencia y ella tampoco quería hacerlo esperar así que la chica empezó a menearse de manera serpenteante sobre él. La mente de Sasuke, embriagada en delectación, no lo dejo formar ningún pensamiento coherente, y opacando los movimientos de su pareja, entraba y salía de ella con violencia creando una fogosidad extraordinaria entre los dos. La joven gemía suave y entrecortadamente, dejándose hacer de todas las maneras que el deseara ya que a pesar de estar en una posición dominante, no podía con la fuerza del Uchiha, quien extasiado por la estrechez y calidez que lo envolvía no dejaba de moverse.

Justo cuando la molestia había cedido y el placer le había reemplazado en su totalidad, el chico aumentó la rapidez de cada impulso de sus caderas hasta que la tomó por el trasero inmovilizándola y gimió deliciosamente mientras eyaculaba en su interior. Aquel sonido era lo más sexy que ella jamás había escuchado. Karin dejo escapar un suspiro que reflejaba cierta desilusión, mientras intentaba recuperarse un poco. Pero a ella no le importó. Esa había sido la primera vez de ambos y sea como sea, había sido perfecto.

Pero el Uchiha no tenía ninguna intención de detenerse. Sin salir de ella, la colocó debajo suyo. Se incorporó un poco y la examinó de tal manera que Karin sentía como si la perforara con esas pupilas negras. El pelinegro reflexionó un segundo en lo hermosa que lucía de esa manera.

- ¿Sasuke? – él no dijo nada, así que ella levantó la parte superior de su cuerpo, intentando besarlo pero él la esquivó. Karin le observó con interrogación cuando sus grandes manos del pelinegro la obligaron a recostarse de nuevo. Con lentitud, descendió hasta la altura de su pecho y con delicadeza saboreo sus endurecidos pezones.

El muchacho empezó a excitarla otra vez. Probando la blanda piel de sus pechos, marcando su cuello, lamiendo sus labios. El Uchiha comenzó a moverse de nuevo, despacio. Ella lo miró con asombro al sentir como se endurecía en su interior. Sus movimientos eran erráticos, en esta posición la inhabilidad de ambos salía a la superficie, pero eso no era ningún problema. Sus cuerpos se acoplaban con una armonía casi celestial. Una súbita e intensa corriente de placer invadió el cuerpo de la muchacha, concentrándose en la parte baja de su vientre y empezó a gemir en cadena, sin poder controlarse. El chico por un momento abrió los ojos y situó la vista donde ambos estaban unidos. El vaivén aumentó en fuerza y velocidad. El azabache gruñó y colocó con algo de brusquedad las piernas de su compañera sobre sus hombros, mientras la penetraba como un loco.

La pelirroja observó con fascinación como aquel estoico rostro, se sumergía en el placer que ella le proporcionaba al dejarlo invadir su parte más privada. Era la visión más perfecta que habían presenciado sus ojos. Pero quería tocarlo, y quería abrazarlo. Extendió sus manos hasta tocar su cara y él se detuvo. Ambos jóvenes se miraron por un largo segundo, jadeando, sin tener control de su respiración. Ella intentó besarlo de nuevo y esta vez él se lo permitió. Sasuke la abrazó y ella lo rodeo con sus extremidades, aumentando la profundidad de sus embestidas.

Al borde de la locura, ambos se fusionaron con ardor en aquel ritual. Karin sentía desfallecer. Podía sentir la intensidad de su orgasmo aproximándose como una ola ante las brutales estocadas de su pareja. Palpó los fuertes músculos de su masculina espalda, riachuelos de sudor surcando cada parte de su marcado torso, hasta que repentinamente alcanzó la tan esperada cúspide. Un ardiente clímax que le voló la mente. Karin gritó su nombre, sumergida en aquella sublime sensación, arqueando su cuerpo a más no poder. Él se aferró a sus muslos y cavó en ella con fuerza, observando cómo se retorcía. Las contracciones en el interior la muchacha oprimieron su miembro causandole una magistral sensación y después de unos vigorosos movimientos más llegó al éxtasis por segunda vez, escondiendo su rostro en el hombro de la chica, mordiéndola para suprimir los gemidos que se escapaban por su boca. Sasuke absorbió un poco de su chakra, mientras disfrutaba de su potente orgasmo intensificándolo aún más, hasta que finalmente, exhausto, se dejó caer delicadamente sobre ella.

Permanecieron unos minutos en esa posición, hasta que salió del interior de Karin y se recostó a un lado suyo. Estaban cansados, pero eran jóvenes, así que no tardaron mucho tiempo en recuperarse. Ella lo tomó de la mano. Sonrió concluyendo que mañana tendría un horrible dolor al caminar, pero eso no le importaba, porque la causa de ello había sido Sasuke.

- Hagámoslo otra vez… Sasuke - pronunció la pelirroja con voz ronca- hagámoslo toda la noche, hasta que no podamos más- suplicó mientras besaba con sensualidad la espalda del muchacho.

Él la observó intrigado y con un gesto que ella solo podía entender, le permitió continuar. La kunoichi se acercó a la lamparilla, apagó la luz y lo abrazó como si la vida se le fuera en ello, ambos entregándose nuevamente a las recientes e impresionantes emociones que acaban de descubrir en la oscuridad de la madrugada, inmersos en un mundo que acababan de crear.