-¿Crees que te le pareces?- Me preguntó la voz de un hombre que a la vez que escuchaba un manotazo sobre la mesa. Debajo de su mano es escuchaba el crujir de un pergamino, así que no me quedaba más que suponer que me estaba comparado con quien estaba retratado ahí. Su voz sonaba como si estuviera disfrutando el momento. Por suerte ya había terminado de comer y ese hombre no me había arruinado el placer de un buen pescado. Ya me imaginaba que estaba pasando pero lo dejaría continuar a su antojo.
-Discúlpeme, pero soy ciego. No puedo responder a su pregunta.
-¿En serio? Este es un cartel de "Se busca".- Después empezó a describir la imagen que veía. Un niño de tez pálida, pelo negro largo y cada uno de los rasgos de mi cara, al menos de lo que recordaba de mi niñez. Y sobre todo mencionó el rasgo que me dio el sobrenombre que aparecía en el pedazo de papel. Habló de unos ojos rojos, inhumanos. No importaba cuantas veces había repetido que sólo había sido el fuego reflejado en mis ojos, se seguía diciendo lo mismo. Y por eso estaba seguro que el cartel decía Kururugi "Ojos de Dragón" Seiryu, mi nombre. Y que la recompensa que estaba escrita ahí era de un millón de berries. No lo suficiente como para que me cazaran demasiado activamente pero si lo suficiente para que vinieran por mí algunos caza recompensas de vez en cuando como ahora. Lo deje hablar, que hiciera todo el teatro que quisiera. Clamó mi nombre a los cuatro vientos, para ver si hacía algún efecto. A veces esto si tenía efecto, rumores habían llegado al pueblo y había exclamaciones de sorpresa o miedo. Pero su exclamación cayó en oídos sordos esta vez. Y por fin llegó la pregunta.- Sin embargo no entiendo. Aquí sólo dice asesinato. No es un crimen lo suficientemente grande como para poner una recompensa, y menos de un millón. Me parece extraño.
-Todos me preguntan lo mismo.- Empecé a buscar el dinero para pagar. Lo tenía muy organizado en fajos para no equivocarme. Mientras manoseaba los billetes empecé a explicar el asunto.- La recompensa la conseguí por el asesinato de mis padres. Fue hermoso. Empecé por mi padre. Le corté primero la mano derecha, para que no se pudiera defender. Mientras me veía con incredulidad seguí atacando. Lo cortaba poco a poco, asegurándome que sufriera. Cuando me cansé de eso le destrocé la rotula, para que me dejara seguir trabajando. Le corté los dedos y luego los miembros. Después de cortar ambas piernas y brazos seguí con la cara. Primero la nariz, después un ojo y una oreja. Cuando le acababa de abrir el vientre y empezaba a jugar con sus entrañas llegó mi madre. Saltó sobre el cuerpo mutilado llorando. Antes de que se diera cuenta de que pasaba le corté un pie. Repetí lo mismo que le había hecho a mi padre, mientras este gritaba que me detuviera. Cuando su sangre estaba tan mezclada como sus entrañas, decidí que era momento de matarlos. Mi madre fue la primera para desesperación de mi padre. Fue muy divertido. De hecho… me sentaría bien un poco de ejercicio.- Por fin había encontrado el dinero el cual puse sobre la mesa. A través de esta sentí como temblaba el hombre que se me había acercado.
Salí del bar aguzando el oído por si alguien venía detrás de mí. Sin embargo todo estaba tan silencioso que parecía como si se hubiera vaciado el lugar, solamente las alteradas respiraciones indicaban que aún había vida ahí adentro. Esperé un momento más y luego empecé a caminar para salir del pueblo. Cuando me alejaba los susurros nacieron por fin pero aún así nadie se animó a venir por mí. Sin embargo era otro día que tendría que dormir a la intemperie después de ese discurso. Seguro que pronto todos en este pueblo sabrían la noticia y sería imposible conseguir que alguien me hospedara. Ya me había acostumbrado a eso pero siempre era mejor tener una cama. Además tendría que ir al siguiente pueblo rápido antes de que se enteraran de los rumores pues si no me haría más difícil conseguir mi siguiente transporte.
Esta isla también había sido una decepción. No había anda que me fuera de interés. Mi búsqueda era difícil, por no decir imposible. Sin embargo no podía desistir, era mi razón de vivir. No me detendría hasta el final, no importaba el sufrimiento, la soledad, que la gente me despreciara y odiara, mientras pudiera llegar al final, incluso con acercarme habría valido la pena. Eran más de diez años que llevaba en ese camino. Ningún otro estaba hecho para mí, mis pasos sólo recorrerían ese oscuro sendero. Y si vivía para vivir el final sólo me quedaba desaparecer en la oscuridad. Era mi forma de vivir.
Mientras pensaba esa clase de cosas unos suaves pasos aparecieron atrás mío. Parecía que alguien se había animado a seguirme. Dejé que lo hiciera hasta un apartado claro que encontré al sentir el sol en mi cara, con la finalidad de que nadie interrumpiera lo que iba a empezar. Después de dejar mi mochila me volví hacia el origen del sonido. Le sonreí al quien me estaba siguiendo.
-¿Puedo hacer algo por ti?
-¿Sabías que te seguía?- Una voz profunda y calmada, parecía coincidir con el resto de información que estaba catalogando sobre él. Por el tiempo entre sus pisadas supuse que era alto, pero no parecía demasiado pesado pues no pisaba con demasiada fuerza. Su pie derecho hacía más ruido que el izquierdo y un golpeteo proveniente de su cadera me indicaba que era zurdo. Siempre era divertido enfrentarse a alguien zurdo, cambiaba la forma de pelear.
-Así es.
-Vaya. ¿También sabes por qué te seguía?
-Supongo que es por la recompensa. Debiste enterarte en el pueblo.
-Otra vez acertaste.
-¿Escuchaste toda la historia?
-Sí.
-¿Y aún así quieres enfrentarte a mí?
-Me entraron más deseos de capturarte. No puedo dejar que un bastardo como tú siga libre.
-¿Me dejarás agarrar mi arma?
-Yo no soy como tú. Adelante.
-Gracias.- Me di la vuelta y agarré mi mochila, buscando en su interior, después de todo ahí guardaba mi colección de espadas. Cada vez que derrotaba a un enemigo me llevaba su arma, así que para esos momentos ya tenía una cantidad aceptable. Las estaba palpando cuando su voz se arrastró hasta mis oídos.
-Puedo hacerte una pregunta.
-Creí que ya habías escuchado lo de la recompensa.
-No es eso. ¿Por qué eres ciego?- Me sorprendió la pregunta, era la primera vez que alguien la hacia. Agradecí estar de espaldas por que así estaba seguro que mi cara no delataría mis emociones.
-Me los arranqué.
-¿Por qué? ¿Por qué harías algo así? Si lo de los ojos fuera verdad tendría sentido pero si es mentira como he escuchado a la gente decir…
-No fue por eso. Los ojos engañan. Los humanos confían demasiado en la vista y por eso mismo se dejan engañar por lo que ven. Las mentiras se creen por que no escuchas la voz de quien habla, vez su cara. Sin embargo la mentira esta ahí. Sin ojos puedo verla. El haberme privado de la vista me hizo más fuerte.- Por fin encontré lo que buscaba. Mi vieja amiga. Aún tuve que rebuscar un poco más. Por fin encontré la espada corta que buscaba. Las saqué las dos lentamente y desenfundé en seguida. Al mismo tiempo se deslizó el siseante sonido de la espada de mi contrincante saliendo de su vaina.- Cuando quieras. Estoy listo.
-¿Usarás el estilo de tu familia?
-Pues sí. Me sorprende que hayas escuchado de él.
-Eres asqueroso.- Le dediqué mi más encantadora sonrisa.
-Gracias. Empecemos.
No esperó que intercambiáramos una sola palabra más. El caza recompensas fue contra mi sin ninguna finta, completamente directo. Era bastante claro que quería acabar conmigo lo más rápidamente posible. La fuerza, velocidad y presición de su golpe me indicaron que no era un aficionado. Desde su primer ataque tomó la iniciativa, decidido a obligarme a defenderme hasta el agotamiento, el cual provocaría un error. Golpeaba rápido y fuerte obligándome a usar las dos espadas para la defensa. Sin parar de empujarme avanzaba contra mí implacable, dispuesto a arrancarme la cabeza. Pero no había sobrevivido ese tiempo sólo por saber huir. Un simple movimiento inesperado, un paso hacia delante cuando esperaba que retrocediera, fue lo suficiente como para obligarlo a agrandar las distancias, justo lo que necesitaba. Cambiando la forma de agarrar la pequeña espada preparé mi técnica, una de las bases del estilo familiar.
-Kururugi Nitoryu: Hoshigiri
Pronto sentí la resistencia que presentaba el cuerpo de mi contrincante. Poco a poco percibí como decrecía hasta finalmente desaparecer. Después de un momento había terminado. Simplemente escuché como su cuerpo caía pesadamente atrás mío. Fui hacia el origen de ruido y tanteé con la punta de la espada el fardo que estaba en el suelo. Así por fin encontré la espada y su funda, para ponerlas en mi pequeña colección. Con cuidado devolví las tres espadas y agarré mi equipaje. Me había dado algo de hambre así que agarré un poco de mi alimento y reemprendí el viaje. Justo cuando sentí la fría sombra de los árboles del borde del claro sobre mí me volví e hice una reverencia.
-Lo siento, aún no puedo entregar mi cabeza. Viniste demasiado temprano.
Sin nada más que decir al cuerpo del vencido me di la vuelta. No me gustaba el curso que habían tomado los acontecimientos pero ya no podía hacer nada. Tenía que vivir, tenía que seguir, hasta que me fuera imposible, hasta entonces no podía morir. Ese era mi camino.
