Lo había logrado. El gran mar se encontraba cerca, muy cerca, suficientemente cerca. Pero este paso para ingresar a la Grand Line sería el más difícil de la travesía. El subir la Reverse Mountain era un viaje peligroso, con una gran cantidad de embarcaciones que terminaban hechas pedazos contra la gran montaña, legendaria por su corriente ascendente, la única forma para entrar al Cementerio de Piratas. Ninguna embarcación comercial entraba por esa peligrosa ruta, quedándose en sus respectivos mares para evitar riesgos. Pues aún cuando hubieran logrado entrar estaban los rumores de extraños fenómenos y la mayor concentración de piratas, así como los más poderosos de esta calaña, no era exactamente un panorama acogedor para los comerciantes. Y menos cuando el último paso se había convertido en un lugar tan peligroso.
Después de que Smoker hubiera salido en búsqueda del último Rey de los piratas Loguetown había decaído. Esa ciudad, en un momento peligroso para cualquier infractor que quisiera entrar, se había vuelto una ciudad sin ley. Los delegados de los Marines, cada cual más débil que el anterior no habían podido controlar la afluencia de malhechores, que al darse cuenta de la libertad posible acudían con mayor frecuencia. Incluso se suponía que era base de un par de de bandas pirata bastante prominentes del East Blue., aunque no había nada confirmado y parecí improbable, pues no querrían tantos rivales pululando por su territorio. Pero el simple hecho de que existieran esos rumores indicaba lo mal que estaba la zona.
Y con todos los piratas había también una generosa ración de caza recompensas. De momento tenía suerte, pues parecía que mi vieja recompensa estaba olvidada, o no era lo suficientemente jugosa para llamar la atención de nadie. Ni piratas buscaban reyertas contra un "debilucho", ni los cazadores de fortunas, pues era bastante poco jugosa. Te todo modos decidí vendarme la cara como si estuviera desfigurado, simplemente por precaución. Además alguien como yo sí podía llegar a ser presa de las autoridades, alguien poco notable, sin asociaciones peligrosas, pero con precio sobre mi cabeza, así que parecía una forma fácil de anotarse una victoria. Probablemente podría escaparme, pero era mejor evitarse los posibles problemas.
Aprovechando el disfraz y la cinta sobre los ojos exploré, haciéndome pasar por un mendigo. Si alguien tiraba una moneda era ganancia y sería bastante improbable que alguien quisiera pelear por un poco de calderilla. Además podía pasar desapercibido mientras conocía la ciudad y escuchaba por encima a los transeúntes, para ver a quien convenía presentarle mi ofrecimiento de unión. No quería a una banda cualquiera. Unos debiluchos podrían ser exterminados en cualquier momento, unos demasiado prepotentes se creerían demasiado buenos para mí, o unos buscapleitos pues se meterían en tantos problemas antes de poder llegar a la siguiente isla. Con la mente pensando en más bien que evitaría, no estaba seguro de que tipo de banda realmente quería.
El día era lento y aburrido. Algunas reyertas en abres y mucho comentando la aparición de los Outlaws en Red Village, ahí mismo en el East Blue, así como todo lo relacionado con dicho asunto, pues había rumores de un cuartel de la marina atacado y tomado por la banda. Eso era lo que se hablaba. Entre más tiempo pasaba más me decepcionaba. La mayoría de los piratas que me encontraba no parecían tener nada de prisa por emprender el viaje, disfrutando de los placeres de la ciudad. Parecían más vividores, ebrios de alcohol y prostitutas baratas, que piratas aventureros de los siete mares. Casi toda expedición que escuchaba era para salir a una isla cercana para asaltar y conseguir suficiente dinero para una temporada más de libertinaje. Algunos pocos parecían dispuestos a ir tras la montaña, pero en general eran tan peleoneros que terminaban con un par de heridos antes de terminar sus planes. Estaba resultando un esfuerzo fútil.
Pero las esperanzas renacieron. Estaba en una esquina cercana al muelle, mendigando cuando pasó una pareja, un hombre y una mujer. Él era musculoso y alto, olía fuertemente a madera. Ella parecía de una estatura más normal y la rodeaba el olor de antisépticos. Alguien que trabajaba con madera y una doctora, juntos. Podían ser sólo unos habitantes, pero entre un olor salino me hacían pensar más bien en marineros. Además se parecían fuertes. Así pues los seguí.
Tan pronto como me fijé en su conversación sabía que tenía a unos personajes interesantes entre manos. Enseguida me enteré de que su viaje parecía llevarlos a Xartha, pues mencionaron el nombre al decir que sus provisiones debían de durar hasta llegar a ese lugar, y dicha isla estaba en el Grand Line. Y mientras que ellos buscaban los suministros médicos me enteré que otros tres habían ido por otras provisiones. Y escuché un nombre interesante en el ese grupo, un nombre que había aprendido no hace demasiado y que podía darme cierta palanca. Podía aprovechar la situación, pero antes quería asegurarme un poco como eran. Los seguía a cierta distancia, aprovechando que no tenía que verlos para saber donde estaban. Caminaban seguros, pero sin intentar llamar la atención, y definitivamente sin intentar atraer problemas. Me deban una muy buena impresión. Y no dejaron de causarla, por lo que cuando salían de una de las tiendas, la última por lo que dijo la mujer de voz dulce, me acerqué.
-Disculpen mi atrevimiento, amables señores. ¿Podrían darle un poco de caridad a un pobre ciego?
-Por supuesto. Aquí tienes un billete de mil berries, espero que te pueda ayudar.- Dijo la mujer, con un tono muy amable alargándome la mano con un papel en mano, que presumía que era el billete.
-Es usted muy generosa señora. Pero estaba en otro tipo de caridad. Estaba pensando en sí podrían presentarme a sus tres compañeros.- Mi comentario pareció sorprenderlos y sólo sirvió para ponerlos en guardia, pues el hombre acercó su mano a la cintura donde se escuchaba un repiqueteo metálico, aunque no acorde de una espada, parecía más sólido como un martillo. Y ella también pareció prepararse a combatir, aunque no tenía ningún arma. Sería malo si me atacaban antes de poder hablar. Levanté mis manos en señal de rendición.- Por favor no lo mal interpreten. No desea hacerles ningún daño, ni a ustedes ni a sus amigos. Quiero hablar con uno de ellos. Escuché que mencionaban el nombre de Eratia.
-¿Y qué si lo conocemos? ¿Tú qué quieres de él?- Era el hombre quién me interrogaba.
-Tengo un mensaje para Eratia, el Maestro Navegante.
-¿Un mensaje? Si eso cierto puedes decírnoslo a nosotros.
-Me pidieron que lo entregara directamente al interesado.- Era una mentira, pero así podría reunirlos a todos para negociar.- Así que si me guían hacia su localización actual o donde pensaban reunirse con él tendrían mi eterno agradecimiento.- Para que dudaran un poco menos me quité el vendaje de la cara, para enseñarles que al menos ahí no escondía nada. Ellos dos mientras tanto estaban hablando en voz baja ente ellos, un poco alejados, intentando que no los escuchara, así que cortésmente decidí filtrar sus palabras y centrarme en los sonidos de la calle para ver si había algo de interés. Todo parecía normal pero la inspección duró suficiente tiempo para que hubieran tomado su decisión.
-Está bien. Puedes acompañarnos al barco. Pero como intentes algo raro te irá mal. Somos más que tú y bastante fuertes.- Advirtió el hombre, bajando un poco el tono de voz, sonando más amenazante por su ya profunda entonación.
-No intentaré anda. Lo aseguró.- Al menos nada violento me dije a mí mismo.
El camino de vuelta se notaba más tenso. Ellos ya no hablaban entre ellos y tampoco parecían dispuestos a dirigirme la palabra, aunque debían de estar observándome bastante para ver si no hacía algún movimiento sospechoso. Llegamos al mulle donde había empezado a seguirlos. Sin embargo tenían su embarcación algo lejos, un poco apartada. Y cuando estuve lo suficientemente cerca noté por qué. Su madera tenía una fragancia algo diferente, no era igual a la madera común usada, despedía una fragancia fuerte, como si aún fuera parte del árbol, un árbol joven y robusto. Una embarcación singular no era duda. Parecía estar vacía cuando llegamos, algo imprudente que hacer. Subí por la pasarela, con el hombre atrás mío y la mujer delante. Llegamos a cubierta cuando de repente una voz desde el castillo de popa me sorprendió. Una chillona voz gritó.
-¡Rido! ¡Estella! Por fin llega alguien, me estaba aburriendo. Y este, ¿quién es?
Mi cara debía de ser un poema. La voz llegaba muy claramente a mis oídos, casi como si hubiera un hombre muy cerca de mí, pero no podía recoger nada más de mí alrededor. No olía a nada, no se escuchaba la respiración, ni siquiera el débil latir de un corazón. Absolutamente nada, sólo esa voz con un ligero eco, saliendo de la nada.
-Dice que tiene un mensaje para Eratia, Hilmar.- Dijo la chica, que inferí que su nombre era Estella. Y la voz sin cuerpo debía de ser el tal Hilmar.
-Disculpe, pero ¿con quién está hablando?
-Si no trajeras esa cinta podrías verlo. Es un ghost, de un bardo.- Era el tal Rido quién hablaba.
-¿Un ghost? ¿Un fantasma es lo que quieres decir?
-¡No soy un fantasma! ¡Soy un ghost!
-Algo similar a un fantasma.- Dijo Rido, con un ligero suspiro de desazón. Eso, aunque raro explicaba la situación y sólo me quedaba intentar adaptarme.- No hay razón para quedarse con la cinta si ya te quitaste las vendas puedes también dejar el acto de ciego.
-Esto no es un acto. Realmente soy ciego.- Respondí sonriendo, para ver si se calmaba un poco. Fue entonces cuando habló la doctora.
-Si quieres puedo hacerte una revisión, para ver si puedo hacer algo por tus ojos. Soy médica después de todo.- Ella parecía más conciliadora, intentando relajar el ambiente.
-Muy amable de su parte, pero dudo que pueda ayudar a mi problema. ¿O acaso puede recuperar ojos que ya no están en sus cuencas?- Mi comentario fue demasiado cortante, pues el silencio se instaló en el barco. Y lo que lo hacía aún más incómodo para mí era la incapacidad de localizar a uno de los tripulantes. No sé, me daba un gran sentimiento de inseguridad el no poder localizar a alguien. Con mis otros sentidos no importaba como se escondiera alguien, ni lo que hiciera, podía localizarlo. Pero un muerto, un hombre sin cuerpo, era algo con lo que me era difícil de lidiar.
Pero las sorpresas no terminaban. Mientras intentaba pensar en si había alguna forma de localizar a alguien sin cuerpo, de alguna forma secundaria sentí algo raro. Era como si dos olas se acercaran desde tierra firme. Se sentía como si parte del mar se hubiera separado y se acercara por atrás. Fue entonces cuando escuché voces y pasos. Tres personas venían en esa dirección. No pude más que preguntarme que a donde me había dio a meter. Un ser incorpóreo y ahora que se sentía de forma más concreta, dos que parecían sentirse como el mar. Y como era de esperar reaccionaron mal. Los piratas estaban al otro lado del barco, así que yo debía de ser la única figura visible. Y alguien raro visto desde abajo debía de parecer problemas. Una de las personas, la única que parecía una persona normal lanzó un cuchillo contra mí, que estaba de espaladas. Me volteé a tiempo para agarrarlo, pero la aparición de un arma de filo en mi mano sorprendió a los que me habían llevado y se pusieron en guardia. Fue entonces cuando vi por que la doctora no usaba armas. Era una usuaria. Una gran cantidad de algo que sonaba como el cristal se dirigió hacia mí para aprisionarme. Podía intentar defenderme, pero quedaría peor, así que no opuse resistencia a la prisión que envolvió mi cuerpo. Además eso sirvió otro propósito pues por suerte se desviaron un par de esferas con olor marino que se dirigían también en mi contra, aunque habían hecho una bastante extraña por lo que podía oír. Y aun peor cuando en vez de caer, los objetos circulares regresaron por donde vinieron. Estaba en un barco de locos y raros. Así que un espadachín que no podía ver no sería tan raro. Al verme aprisionado los tres que venían se subieron al barco.
-¿Qué está pasando aquí?- Preguntó el único hombre de los recién llegados.
-Nos encontramos a este hombre en el pueblo y dijo que tenía un mensaje para ti.- Respondió Rido.- Pero al ver que tenía un cuchillo en mano Estella lo atrapó.
-Un momento.- Era necesario interrumpir antes de que expusieran nada más.- Esta arma no es mía, es de una de las señoritas que acaba de subir.
-¿Es eso cierto?- La doctora era quien preguntaba esta vez.
-S-sí.- Era una voz bastante más aguda y era la de la agresora.- Vi a alguien en l barco y como ustedes no estaban cerca ataque.
-Puesto que se ha resuelto ese asunto ¿podrían soltarme por favor?- Me pareció que era una petición razonable. Y por suerte no fui al único ya que después de una breve confirmación de los presentes se retiró el cristal que me impedía moverme. No había que seguir en el asunto, así que pasamos a lo siguiente. Eratia fue el que siguió con la conversación.
-Bueno me dicen que tienes un mensaje para mí, ¿es cierto?
-Lo es. Un mensaje de Senka. – Ligeras exclamaciones de sorpresa llegaron de los presentes.
-Bueno, ¿cuál es?- Eratia se controlaba muy bien. No parecía haber cambiado su talante, pero un muy ligero temblor en su voz demostró cierta ansiedad.
-A cambio de esta información me gustaría un favor. Quiero unirme a su tripulación.- Las exclamaciones de sorpresa volaron por el aire otra vez.- Siempre he querido viajar por los mares, y esta tripulación parece bastante interesante, tiene un aire especial.- Media mentira al aire. El viaje marino no me interesaba demasiado, pero con gente como esa tarde o temprano me encontraría con quien estaba buscando, además que sus aventuras ayudarían a afinar mis habilidades como espadachín.- Soy hábil con la espada, y además puedo ayudar a reunir información, pues como ven nadie sospecha de un ciego.- Se escuchó como movían las cabezas y se consultaban con la mirada.
-Esto tendríamos que discutirlo como tripulación, y nos falta un miembro.- Así que faltaba alguien, pero entonces cobraba más sentido los pasos que se acercaban. Era un hombre, y parecía venir al barco.
-Menos mal que no tendré que esperara demasiado, pues parece que su amigo está llegando.- Casi conjurado por mis palabras se escuchó que alguien ponía el pie en cubierta.
Después de saludar al compañero recién llegado, cuyo nombre era Kyo, lo pusieron en antecedentes con respecto a la situación que se encontró en el barco. Al terminar la exposición, empezó la discusión. Me interesaba saber que se discutía, así que está vez agucé el oído, para enterarme de las opiniones. Parecía que no había muchos problemas. Aunque había causado una impresión algo desfavorable y decían que no confiaban del todo en mí, tampoco parecía haber objeciones en mi inclusión en la banda, pues no había dado muestras de ser peligroso. Así que todos terminaron accediendo, pero con la condición de tenerme vigilado y que al menor acto sospechoso me sacaban de la tripulación. Y así me lo informó Eratia, quien parecía fungir como capitán de esa extraña tripulación.
-Muy amables por aceptarme, a pesar de lo raro de mi introducción. Y bueno como miembro de la tripulación, creo que compartir la información que tengo es mi deber.
[i]Estaba de camino hacia Logue, pero a pesar de haber encontrado un pequeño barco mercante que me llevara, nos quedamos estancados por una tormenta repentina. Pudimos refugiarnos en una isla de tamaño bastante reducido, con un solo pueblo pesquero, que englobaba a la población del terruño. Y toda esa población estaba refugiada en la taberna, pero no era culpa de la tormenta, si no por una banda pirata que también decidió refugiarse en ese lugar. Los habitantes pensaron que en el número había seguridad, y el único edificio en el que todos podían estar al mismo tiempo era el establecimiento recreativo.
Así pues estábamos todos en un lugar que no se adecuaba a las necesidades, encerrados mientras escuchábamos al cielo llorar y rugir como un bebé enrabiado. La peor parte de la tormenta ya había terminado, pero aún llovía a cantaros. Y mi impaciencia ya no podía más. Tan cerca y tan lejos de mi objetivo, de poder entrar en el mar más grande del mundo e intentar cumplir mí objetivo. Estaba de un humor de perros y que cuando abrieran la puerta de repente y me tocara un baño de agua pluvial no ayudó para nada mejorar el ánimo. Y el ver a varios integrantes piratas entrar en el establecimiento tampoco fue bueno para el humor general.
Al haber amainado la lluvia parecía que algunas provisiones habían decrecido, así que venían en busca de lo que faltaba. Entraron como reyes del lugar, con pasos pesados y seguros, y para las pocas pulgas que tenía en ese momento la actitud de descaro fue lo que necesité para decidir que aunque no sabía quiénes eran debían demostrarme que tenían razones para esa actitud. Mientras eran atendidos, me levanté lentamente, dejé el dinero de la cuenta, saqué una espada y discretamente desenfundé y puse al filo sobre el cuello de uno de los que estaban recogiendo el botín. Un pesado silencio aferro el lugar, ignorando incluso el ruido externo.
-¿Qué diablos crees que haces?- La voz del pirata no delataba miedo, era fría, la de alguien que había visto esa situación muchas veces.
-¿Estás loco chico? ¿Acaso no sabes quiénes son? ¡Es la tripulación de Bianca! ¡Bianca, la Reina Blanca!- Había metido la pata hasta el fondo según esa voz masculina. Y sin embargo una sonrisa se dibujó en mis labios. Era una gran oportunidad. Aún me dolía la herida de Zoro, pero en la tripulación de un Yonkou debía de haber alguien hábil con la espada. Ya había visto mi nivel comparado con lo mejor de lo mejor, pero aún quería ver que eran las grandes ligas.
-¿En serio?- No había razón para negar mi ignorancia.
-Si no quieres morir más te vale quitar esa cosa rápido.
-La quitaré cuando escuches lo que quiero decir.- Los tres estaban acariciando sus armas.- Quiero ir a tu barco y lanzarle un reto al mejor espadachín de tu barco.- Las manos dejaron las armas, aunque fue para subir a cubrir las bocas, de las que unas estrepitosas risas salían sin poder.
-¿Quieres enfrentarte a Hakurón? ¿En serio? ¡Eres suicida chico! ¡Pero te servirá de lección! ¡Vamos!- De esa forma, casi sin sentido, al menos me llevarían al barco, aunque fuera acompañado de burlas y risas.
Cuando nos acercamos al barco, del que había escuchado que se recortaba como una sombra blanca contra el cielo tormentoso, parecía casi una fiesta adentro. Música y risas sobrevivían a los intentos del clima de subyugarlos. Así que era para la fiesta para lo que necesitaban el alcohol extra. Subimos a bordo y gritaron para llamar la atención. Salieron dos personas, ambas mujeres por los pasos, aunque una era bastante musculosa. Pero la otra era mucho más imponente. Su olor, su mera presencia delataba una gran fuerza, una fuerza que había que respetar. Esa era Bianca, y aunque no había escuchado su nombre no me quedaba la menor duda. Los que me habían llevado les explicaron rápido que pasaba, al menos tanto como sus risas se lo permitían. Al terminar el relato hubo una reacción inmediata.
-¡Alguien despierte a ese vago de Hakurón! ¡Tiene a alguien que atender!- En seguida hubo movimiento en el interior.- ¡Y tú! ¿Conoces a Eratia?- Ahora me estaba gritando a mí. Era realmente imponente la mujer.
-Creo que no.- Respondí con sinceridad.
-¿Estás seguro? Es un navegante y tiene un recompensa de más de 200 millones sobre su cabeza.
-Supongo que de haber conocido a una persona así me acordaría.- Cuando estaba a punto de seguir el improvisado interrogatorio, la persona que había ido a buscar a Hakurón regresó con el mensaje que el espadachín estaba tomando una siesta y decía que no quería ser molestado por nada. En ese momento Bianca se volteo, entró en el barco, diciendo cosas no muy agradables sobre lo que le haría al hombre por desobedecer la orden. Y las amenazas sirvieron, pues un hombre salió después de poco tiempo, bostezando y seguido por gritos.
-Me dicen que me buscas. Pero por favor se breve, quiero regresar a mi siesta.
-No le hables así al chico Hakurón, ten modales.- Era la mujer fuerte la que hablaba.
-Lo que tú digas Rita.- lo dijo con desgana pero se cuadró en ese momento.- Bueno, escucharé tú petición.
-Eres el mejor espadachín de este barco ¿no?
-Así es.
-Pues entonces me gustaría tener un duelo contra ti.
-Por supuesto.- No había dudado un segundo.- Aunque será más fácil en la costa, así que sería mejor bajar.
Esas palabras eran suficientes. El reto había sido lanzado y aceptado, mi segundo golpe de suerte en términos esgrimisticos. Primero Zoro y ahora el espadachín de la tripulación de Bianca. Y tampoco esperaba quedar demasiado bien parado de ese enfrentamiento. De todos modos agarré mis mejores espadas y me preparé, esperando mientras él iba a buscar su arma. En el tiempo que ambos estábamos listos el rumor se corrió y a pesar del clima se escuchó como una buena parte de la tripulación iba a cubierta, listos para observar desde lo alto el combate. Bastante poco tiempo después del reto, los dos estábamos en la playa armados y listos para pelear.
Su actitud era muy diferente a la del antiguo Mugiwara. El cazador de piratas había sido muy pasivo, defendiéndose y permitiéndome esforzarme al máximo. Sin embargo Hakurón fue el primero en atacar, dejando claro que quería zanjar el asunto lo antes posible. Con un trueno como señal se lanzó encima.
-Estilo de la Luna Triste Iai: Santsuki
A medio movimiento el hombre empezó a girar. Su técnica era clara y por un segundo pensé que a pesar de su gran velocidad tenía una ligera opción. El movimiento era claro, aprovechando el giro desenfundaría y atacaría. Todo oponente impaciente se descuidaba y tenía que aprovechar eso para poder ganar. Si no había algún trueno podría localizar perfectamente a mi oponente. Así con el chapoteo de sus pasos pude estimar en qué momento debía dar el paso hacia atrás, calculado para dejarme en una gran oportunidad para contraatacar. Justo cuando la espada pasaba a unos escasos centímetros de mi cuerpo supe que la técnica no había terminado. El pie que debía de estar anclado atrás se había levantado con un sonoro desplazamiento de agua. Se avecinaba otro golpe. Pero mi técnica podía aún detener el segundo golpe y darme la oportunidad de atacar. Con la izquierda agarré a Iga no Kami y con la derecha a Kagetora y empecé mi movimiento.
-Kururugi Nittoryu Iai: Mangetsu
Mi técnica constaba también de dos partes, para formar una luna llena. Mi espada de menor envergadura salió de la funda. Normalmente intentaría encontrar el cuerpo del oponente, pero desvié la trayectoria normal para interceptar el arma agresora. Cundo se encontraron empecé mi giro. La idea era que puesto que el ya había acabado su movimiento tendría la nuca desprotegida podía atacarlo con la otra espada. Además teniendo la mano en la funda no podría reaccionar a tiempo para agarrar la otra espada que llevaba para defenderse. Pero mi sorpresa fue grande cuando tampoco esa vez se detuvo e hizo un tercer giro al mismo tiempo que el mío. Pero su espada estaba inmovilizada y no había cambiado la mano de lugar así que tendría que sustituir el tercer movimiento por un golpe con la funda en el que yo tenía ventaja. Nuestra velocidad fue similar, aunque me superaba logré lanzar el golpe a tiempo y directo a la cabeza. La trayectoria era tal que colisionaría con la funda enemiga. Hubo una estrepitosa colisión y medio segundo después un ominoso trueno.
Mi espada debía de estar ya en carne de mi enemigo, o al menos haber causado una herida, pero no cabía en mí de sorpresa. El sonido del golpe había sido claro y no había forma que un ruido tan conocido que a pesar de lo extraño no me cabía duda alguna. La funda tenía un filo, y además de gran calidad, como una gran espada. Y puesto que ambas armas emitían ruido similar deduje que la otra era bastante similar, así que realmente me estaba enfrentando a cuatro filos, no dos como lo esperaba. Tenía frente a mí un infierno.
La gran diferencia se hizo pronto aparente. No había anda que pudiera hacer para contraatacar. Mi estilo a dos espadas y usando la espada menor exclusivamente para defensa podía reaccionar, pero los ataque venían de tantos lados que no encontraba un espacio para atacar. Al tener que seguir el rastro de cuatro peligros, dos de los cuales de forma automática ignoraba por costumbre me estaba agotando. Tanto que por un segundo deje de pensar en una de ellas, que me recordó de su peligro cortándome la pierna. No era grave pero le dio a mi oponente la libertad de ejecutar otra técnica.
-Estilo de la Luna Triste: Tsubame Gaeshi.
Al plantar el pie para su ataque se noto que estaba ligeramente fuera de posición. Podía resistir la técnica. Esquivé el primer corte, descendente desde mi lado izquierdo. El segundo que caía desde el lado contrario me causó un ligero corte en el hombro que quería cortar y en el tercero actué. Solté a Iga no Kami, dejándola caer y desenfundé Osafune de un golpe. Cuñado se alejo para evitar el golpe tuve tiempo de hacer un técnica propia.
-Seiryu Nittoyu: Tora no me
Los ojos del tigre también era una técnica a dos pasos. Primero un golpe ascendente con una mano y descendente con la otra. El chiste era el segundo paso, que requería que saltara y girara en el aire. Al principio del salto hacía un corte ascendente can la misma mano pero el lado opuesto y caer con otro golpe descendente al otro lado, habiendo quedado a dos por lado, ligeramente parecido a la forma de los ojos de un tigre si todos los cortes marcaban el cuerpo. Sabía que los primeros golpes eran demasiado evidentes, legibles y fueron esquivados de forma evidente. Pero el punto era dejarlo en una posición de menor equilibrio en la húmeda arena. El plan fue como previsto. Lo tenía a mi merced. El principio del salto lo puso en una situación aún más precaria, dejándome el otro hombro listo y desprotegido. No terminaría el combate pero me daría una gran ventaja. Pero yo no estaba listo para las grandes ligas.
El peligro lo hizo tomarse las cosas más en serio. Su movimiento de retirada fue tan rápido que me quedé desconcertado de no haber encontrado ninguna resistencia al corte. El suave olor a sangre me dijo que era una herida, pero había muy poca, era un olor que casi se perdía en el olor marino de no ser por lo distinguible que era el olor férreo que tenía. Era un simple rasguño desde una posición de ventaja increíble.
-No está mal. Pero creo que es suficiente. Estilo de la Luna Triste: Byakko no Hane.
Había estirado los brazos y empezó a girar las espadas a una velocidad increíble. Entonces se lanzó contra mí. No era difícil saber donde golpearía, pero la velocidad de giro hacia que las espadas fueran casi imposibles de detener. Cada vez que se acercaba yo tenía que correr o salía volando a pesar de detener los golpes. Y eso me estaba acabando. Hasta el momento había logrado mantener el dolor y el sangrado en un mínimo, en una cantidad controlable para pelear. Pero ahora que las cosas estaban serias las repercusiones en mi cuerpo de la pelea estaban aumentado, sentía como la sangre fluía más y el dolor era tan intenso que empezaba o no sentirlo. La pérdida de sangre me agotaba y no tardé en hacer una guardia demasiado débil. Evité que la espada giratoria fiera contra mí cuerpo pero en vez de rechazarlo bajo e hizo un profundo corte en mi pierna derecha. Caí de rodillas, pero hice un corte desesperado para evitar un golpe fatal. Logré que se alejara pero me tenía contra las cuerdas.
-Es el final. Estilo de la Luna Triste: Hiraijin
El dolor no me permitía reaccionar. Estaba preparando una técnica bastante poderosa, y tenía una oportunidad de atacar mientras la preparaba, pero no podía levantarme. Hakurón sacaba y volvía a meter las espadas en sus vainas. Las chispas empezaron a cargar el ambiente, con el característico olor de los rayos. Sólo me quedaba apechugar el golpe que venía. No se movió del lugar en el que estaba para atacarme. Después de unos segundos nació el golpe que voló por los aires, como un trueno que venía directamente hacia mí.
El mundo desapareció por un segundo. Cuando regresó estaba acostado sobre la arena mojada, adolorido y rodeado de un ligero olor a quemado. No sentía nada, no había nada. Todo parecía a punto de desaparecer. Escuché a alguien muy lejos en la arena, que se detuvo un momento y empezó a hablar desde la lejanía.
-Si te encuentras a Eratia, dile que su amiga Senka tiene un mensaje para él. Lo espera en la isla de Snowy Valley dentro de tres semanas.[/i]
-Eso fue todo. Perdí el conocimiento y desperté a bordo del barco mercante, que había zarpado temprano en la mañana, con las heridas curadas. Pregunté a la tripulación y me hablaron de Eratia, o los rumores que había de él, así como su pseudónimo. Después de la tormenta el viento era poco así que demoramos tres días más en llegar, así que esa Senka lo espera dentro de 18 días, aunque creo que es en la Grand Line el lugar. Eso es todo lo que tengo que decir.
Mi relato a mi nueva tripulación había acabado, y ahora tenía que esperar para saber hacia dónde me había embarcado.
