Capítulo

3

Y os estaréis preguntando si solo os voy a estar contando pequeñas batallitas de mi vida. Pues no, os voy a contar mis aventuras. Lo anterior era solo una introducción a mi vida. Mi primera aventura estaba a punto de comenzar.

Habían acabado ya las clases, estábamos en el año 2002, y yo seguía haciendo lo de siempre, leer, ver a mi madre cocinar, a mi padre enredar con los aparatos eléctricos y me iba a veces con mi primo Maikel a jugar al futbol o al baloncesto. Hasta ahí era todo normal pero el día 1 de agosto algo iba a pasar.

Estaba yo, solo en casa, leyendo un libro que hacía referencia a todo lo relacionado con la festividad de Navidad y Halloween. Casualmente las dos eran fiestas que se habían originado en USA. Estaba tan concentrado leyendo cuando de pronto un pitido, parecido a la alarma de un coche inundó mis oídos. El sonido salía del despacho de mi padre. Fui a ver lo que ocurría y para mi sorpresa lo que producía el sonido era el ordenador. De el monitor salía una luz intensa e intermitente. Le di unos golpes a ver si paraba pero nada.

- Genial, ahora mi padre me echara la bronca porque pensara que ya he estado enredando con el ordenador. Para colmo el sonido es muy molesto y seguro que los vecinos se van a quejar a mis padres.

Poco me había equivocado, la vecina de abajo ya estaba dando golpes al techo como siempre.

- Ahora lo intento silenciar. Espérese un momento -dije gritando para que me oyera a pesar del molesto pitido.

Miré a la pantalla y de ella comenzó a emanar una luz algo diferente. Esta ya no era intermitente. La luz se disparó hacia mí y yo puse mis manos instintivamente. La luz se desvaneció en ellas y apareció un aparato muy extraño. Lo analicé rápidamente para haber si conseguía descifrar que era. Este empezó a brillar y la luz intermitente del monitor cambio a una fija. El pitido también cesó. No sé porque, pero enfoque el brillante aparato al monitor y una luz inundó mi ser para después convertirse en una total oscuridad.

Abrí los ojos y me di cuenta de que ya no estaba en el despacho de mi padre. El lugar se asemejaba a un descampado cuya vegetación era totalmente diferente a la que yo estaba acostumbrado. Levanté la parte superior de mi cuerpo para tener una mejor vista del lugar. En ese momento vi que a mi lado estaba situada una especie de criatura rosa. Parecía como si estuviera muy feliz de estar junto a mí.

- ¿Hola? -le dije a la criatura.

- Hola -dijo la criatura sin perder su sonrisa.

Me levanté del suelo y me sacudí la ropa para quitarme la tierra de ella.

- Bueno...¿tú sabes dónde estoy?

La criatura sin dejar de sonreír me respondió

- En el Mundo Digimon.

- Ya, ¿pero eso donde esta? En que parte de Madrid?

- ¿Madrid?

- Es igual. ¿Oye, que eres tú? porque en mi vida he visto un animal como tú y además los animales no hablan.

- Soy un Digimon -respondió sin perder su sonrisa. De tanto sonreírme, me estaba poniendo nervioso.

Estaba perdido en aquel lugar y mi única compañía, era esa cosa. Todo pintaba un poco mal pero no me deprimí y le pregunté.

- ¿Hay algún humano con el que pueda hablar?

- ¿Humanos?

- Si, alguien que se parezca a mí.

- No se -respondió el Digimon indeciso.

- Vale, muchas gracias. Ahora sé que en mi casa no estoy -

Me pellizqué para comprobar si era un sueño o no.

- Uffff, no es un sueño. Me has ayudado mucho -mentí a la criatura mostrando una sonrisa en mi rostro- ahora me voy a buscar a algún humano.

Comencé mi andadura en busca de algún humano. Cuando apenas llevaba unos metros me di cuenta de que la criatura me seguía.

- ¿Necesitas algo? -le pregunté sin mirarla.

- No, gracias -respondió con esa maldita sonrisa suya.

Continué caminando y la criatura se puso a mi altura. Yo llevaba en mi mano izquierda el aparato que había salido de el monitor de mi casa. Vi que tenía un enganche en su parte posterior y lo enganche en mi pantalón.

Cuando llevábamos algo menos de 15 min andando, la criatura empezó a mirar a los lados y su sonrisa desapareció.

- Drizt estamos acercándonos al Cementerio Verdel.

¿Me había llamado Drizt? ¿Cuando le había dicho yo mi nombre?

- ¿Como sabes mi nombre? -la pregunte exhibiendo sorpresa en mi rostro.

- Te he estado esperando -

- ¡¿Que me has estado esperando?! ¿A mí?

El Digimon asintió con la cabeza.

- Bueno al menos soy importante para alguien -pensé en voz alta- y porque me esperabas?

- No sé, simplemente te esperaba.

- No sé porque, pero creo que tú has tenido algo k ver con lo que le ha ocurrido al ordenador y con mi repentino traslado aquí-dije con cansancio.

Yo ya me estaba imaginando en el lio en el que seguro me había metido. Seguro que mis padres ya habían llegado a casa y me estaban buscando como unos locos. Probablemente ya habrían llamado a la policía y seguro que ya iban a anunciar mi desaparición a la televisión. Valla marrón. Mi cara en ese momento, expresaba el bajón que me estaba entrando al pensar eso.

En ese preciso momento oí el ruido de alguien entre la maleza que nos rodeaba. El ruido se dirigía hacia nosotros a una velocidad alarmantemente alta para un humano. Dirigí mi mirada hacia la dirección donde escuchaba el sonido.

- ¿Que te ocurre? -me preguntó el Digimon.

- shhhh -le mandé callar.

Aparte de todas las características mencionadas anteriormente, mi oído también era diferente al resto. Era mucho más preciso y captaba más cosas que el del resto. Estaba oyendo el roce, de lo que venía hacia nosotros, con las hojas, pero no oía pisadas. Pensé detenidamente y me di cuenta.

- ¡Va volando! Por eso no oigo sus pisadas -con esa frase desaparecieron mis esperanzas de que fuera un humano.

El sonido se hacía más fuerte hasta el punto de que el Digimon también lo oía.

- Ya está aquí -le dije a la bola rosa.

De los arbustos salió una especie de fantasma. Vestía una sabana que cubría todo su cuerpo. Solo asomaban sus ojos y su gran boca. Miré a la pequeña criatura y su rostro expresaba miedo y respeto hacia el fantasma.

- Hombre, jajaja, si era el pequeño Koromon lo que yo había oído -dijo el fantasma y me miro- y parece que tiene un amiguito.

La cara de la bola rosa me hacía entender que estábamos en peligro.

- Vamos a continuar -le dije a Koromon.

- No podéis iros -dijo el fantasma mientras se ponía delante mía cortando así nuestra trayectoria.

- Quítate, tenemos que continuar-dije con cara seria mirándole a los ojos.

-Drizt...

- Koromon, ¿no? -le dije a Koromon dirigiendo mi mirada hacia él- me parece que tu amigo no sabe que tenemos que irnos.

- Bakemon no es mi amigo -me dijo.

- ¡Basta de tonterías! -gritó- ¡Me llevo a tu amiguito!, ¡Garra infernal!

Del hueco de su sabana, donde debería estar el brazo, salió una gran mano azul hacia mí. Yo la conseguí esquivar por los pelos, agachándome rápidamente. De pronto Koromon saltó hacia Bakemon y lanzó unas burbujas rosas por su boca, que impactaron en él. Estas no tuvieron efecto alguno. Koromon cayó justo delante de mí para volver a intentar lanzar las mismas burbujas.

- ¡Pequeñín! - grite a Koromon.

Las burbujas tuvieron otra vez el mismo efecto. Bakemon se acercó y se dispuso a lanzar otra vez su ataque.

- Espada Espiral.

Un rayo de luz giratorio impactó a gran velocidad en Bakemon mandándolo muy lejos, fuera de lo que alcanzaba mi vista. Yo, que seguía en el suelo, miré hacia la dirección de procedencia del rayo y vi a una gran silueta acercarse hacia nosotros.

- ¿Sera otro enemigo? -pregunté a Koromon.