Mi idea era actualizar una vez por semana, pero como ya estoy de vacaciones y he tenido un ataque de inspiración aqui os dejo e siguiente capitulo.

Los personajes son de la maravillosa Rowling yo solo juego con sus vidas.

Capitulo 2

La despedida

Hermione se encontraba inmóvil, con los ojos abiertos como platos. No podía creer lo que su padre le estaba diciendo, ella no podía casarse con ese hombre, simplemente no podía. Según lo que sabía, la Bestia era un despiadado y cruel hombre cuya familia gobernaba la mayoría de las Tierras Altas de Escocia. Tan bárbaros eran sus crímenes, que incluso habían salido en el periódico londinense, causando así el inicio de los rumores y de su mote. Todo el mundo sabía de él y cuando hacía unas semanas salió el anuncio de que buscaba esposa para que le diese herederos el caos se había desatado, todas las nobles familias habían comprometido a sus hijas para evitarles tan horroroso destino, excepto claro, su familia, Hermione no había podido comprometerse y no porque no tuviese pretendientes, sino porque al tener tantas deudas no habían podido pagar la dote, y los que estaban dispuestos a casarse con ella, se habían visto obligados a renunciar a ese compromiso por la prohibición que ejercieron sus familias. Y ahora ese hombre había pagado por ella, para casarse con ella, realmente debía estar muy desesperado por tener un heredero.

-Hermione, por favor, di algo hija.-Le suplicaba su padre.

Hermione aún se sentía incapaz de decir una sola palabra, quería que todo aquello fuese solo una pesadilla, una terrible pesadilla de la que quería despertarse lo más pronto posible, pero como suele suceder aquello no era una pesadilla, era muy real, y se encontraba aterrada.

-Cariño.-La llamó su madre.-No nos odies, por favor…-Se trabó y empezó a llorar.

En ese instante, Hermione reaccionó, abrazó a su madre y se puso a llorar sobre su regazo, como cuando era una niña.

-¿Por qué… porque lo habéis hecho?-Sollozaba.- ¿Por qué me habéis comprometido con ese hombre?

-No nos quedó otro remedio.-Le dijo su padre, con la voz tomada, odiaba ver a su hija llorar.-Si no pagábamos la deuda esta semana nos echarían de nuestra casa.

De repente algo se iluminó en la cabeza de la pobre muchacha.

- ¿Cuánto hace que firmaste este compromiso? ¿Cuánto tiempo hace que sabes esto?-Preguntó Hermione, había dejado de llorar y parecía muy enfadada.

-Hace un mes que está mandando cartas a las familias de las muchachas casaderas, todas con respuesta negativa, y cuando la carta llegó aquí parecía desesperado, preguntaba si yo también había prometido a mi hija para evitar que se casase con él, le respondí la verdad, que estábamos llenos de deudas y que no había podido pagar la dote, y que, además nadie estaba lo bastante loco como para aceptar nuestras enormes deudas. Pensé que con esa respuesta diría que no, que no aceptaría ese compromiso, pero su respuesta fue muy diferente, me dijo que él se comprometía a pagar nuestras deudas y a darnos una pequeña cantidad de dinero para poder seguir viviendo, si yo aceptaba que tú te casases con él, iba a contestarle que no cuando me llegó una carta del banco diciendo que este mes era el último plazo para pagar que nos daban, así que acepté.

Cuando su padre terminó, todo el enfado de Hermione desapareció, entendía el porqué de su padre al comprometerla con un hombre que no conocía, ella misma reconocía que en su situación también lo hubiese hecho, y aunque sabía que aquella decisión cambiaría su futuro, comprendió que su sacrificio valdría la pena con tal de no dejar a su familia en la calle. Pero cuando recordaba con quién la había comprometido su ira volvía a crecer.

-Papá, entiendo perfectamente tu postura, y que esto era lo único que podías hacer, pero ¿comprometerme con la Bestia? ¿Es que acaso quieres quedarte sin hija?-Le preguntó.-Sabes los rumores que corren acerca de ese hombre.

-Los rumores son sólo eso, rumores.-La interrumpió.

-Papá, ¡ese hombre es un asesino! Si hay rumores acerca de un acto tan grave por algo será, y no me digas que se los han inventado una viejas alcahuetas para pasar el rato, porque nadie bromea con algo tan serio.-Le espetó ella.- Además, ¿se puede saber porque no me lo habíais dicho hasta ahora?

-Eso quiero saber yo.- dijo su madre.- Yo tampoco lo sabía hasta esta mañana.

-Bueno… eso es porque…- Balbuceaba su padre nervioso.-Porque te vas hoy.

-¿Qué?-Gritaron tanto la madre como la hija.- Pero ¿cómo puedes decirme el mismo día que me voy?-Siguió gritando Hermione, mientras su madre respiraba con dificultad intentando asimilar lo que su marido estaba diciendo.

-Lo siento Hermione, pero si te lo hubiese dicho antes se que hubieses ideado cualquier plan para escabullirte, como escaparte de casa o incluso casarte con bobo hijo de los Mclaggen y yo quería que disfrutases y salieses con tus amigas.

-Cormac no es bobo, y el si estaría encantado de casarse conmigo. Además de haberlo sabido hubiese aprovechado al máximo mis últimos días de libertad y deberías saber que yo nunca me hubiese escapado de casa.-Le espetó Hermione.

-Precisamente por eso estaría encantado de casarse contigo, porque es bobo, ¿sabes porque ya no viene a visitarte? Porque sus padres le han prohibido que se case contigo, porque si lo hace le desheredarán y todo por las dudas de nuestra familia.-Terminó su padre.

Hermione ya sabía eso, el mismo Cormac se lo había confirmado en una de sus cartas cuando ella le preguntó porque había dejado de visitarla, pero escucharlo dolía, además, había mantenido la esperanza de que con el tiempo pudiesen recuperarse, aunque sabía que era imposible porque sus deudas eran demasiado grandes, y así ella podría casarse con quien quisiese, pero a partir de ese día sabía que ya no podría cumplir su sueño de casarse enamorada, ya nunca sería libre. Volvió a notar como sus ojos se llenaban de lágrimas.

-La carta.-Continuó su padre.- también decía que cuando engendres dos o tres herederos, por si acaso alguno muriese, serás libre de volver a casa, serán cinco o seis años como mucho.

Hermione miró a su padre.- ¿Y abandonar a mis hijos? Aunque sean de esa Bestia yo soy su madre y no pienso dejarles allí con él, aunque me muera por dentro, aunque odie estar allí, me quedaré por ellos.-Terminó Hermione, con tanta decisión, que Richard estuvo seguro de que ni la Bestia se negaría a ese acuerdo, es más, estaba seguro de que su hija sería un dolor de cabeza permanente para la Bestia, por lo menos, hasta que consiguiesen llevarse bien, si es que podían.

-Y bueno, aún no me has dicho en qué momento me voy a ir.-Dijo Hermione más resignada a la idea de marcharse.

-Bueno, según me puso en la carta, su segundo al mando y una pequeña guardia llegarán a lo largo de la tarde de hoy. Así que será mejor que empieces a preparar tu equipaje y dile a Katie que prepare también el suyo, porque se va contigo.-Le ordenó su padre.

Hermione, al saber que Katie iría con ella, se aminó bastante, por lo menos ya no estaría sola ante un montón de desconocidos y tendría con quien desahogarse.

Cerca de las cuatro de la tarde tanto Hermione como Katie ya tenían hecho el equipaje y se habían preparado con su ropa de viaje, que consistía en un vestido con capa que abrigaba pero sin llegar a ser muy pesado e incómodo de llevar.

-Menos mal que el verano está llegando, he oído que en la Tierras Altas hace mucho frío en invierno, y no tienes ni un solo vestido apto para esas condiciones, pero no te preocupes, le encargaré a Madame Malkin cinco vestidos y te los mandaré en cuanto estén listos.-Le dijo su madre, parecía que en cualquier momento se echaría a llorar.-Y lo mismo digo por ti Katie, no pienso permitir que ninguna de las dos muera de frío. ¿Hay algún color que prefiráis?

-Muchas gracias señora, es muy amable y no se preocupe, cualquier color estará bien.-Le contesto Katie conmovida, no se esperaba ese detalle.

-No me las des, tú vas a cuidar de mi hija en ese sitio horrible, es lo menos que puedo hacer, además sabes que te aprecio como si fueses otra hija.-Le contestó la señora Granger.

Katie iba a contestar, pero el sonido del timbre hizo que Hermione, Katie y la señora Granger dieran un brinco. La hora de despedirse había llegado. Cuando Olivia abrió la puerta, un hombre con el pelo negro azabache muy despeinado y unos increíbles ojos verde esmeralda, les sonrió.

-Buenas tardes, soy Harry Potter, el segundo al mando y hombre de confianza del señor Weasley, esta será la casa de los señores Granger me imagino.-Se presentó.

-Si claro, pase, le estábamos esperando.-Le contestó Olivia.

Harry Potter era un hombre alto y musculoso, de cara tan amable y una sonrisa tan sincera que aunque no querían, todos los que se encontraban en el vestíbulo no pudieron evitar relajarse enseguida, y también era joven, Hermione supuso que tendría más o menos la misma edad que Neville. Llevaba una casaca parecida a la de su padre pero azul oscuro que conseguía resaltar sus músculos, por debajo se podía vislumbrar una camisa blanca, los pantalones y las botas de montar eran negros. Realmente no parecía un bárbaro escocés, aunque puede que esa situación cambiase una vez llegasen a su destino.

-Señor Potter es un placer, yo soy Richard Granger y estas son mi esposa Jean, mi hija Hermione y su doncella Katie. Le estábamos esperando.-Le contestó nervioso el señor Granger.

-Encantado de conocerla señora Granger.-Saludó mientras la besaba en la mano.-Es un placer señorita Hermione, créame cuando le digo que todos están deseosos de conocerla, sobre todo mi esposa.

-¿Su esposa?-No pudo evitar preguntar Hermione.

-Sí, Ginevra es la hermana pequeña de su futuro esposo, y su futura cuñada, está realmente encantada con la idea.-Le contestó Harry intentando darle ánimos. "Bueno, "pensó Hermione "por lo menos alguien se alegra de esta situación".

-Le parece si usted y yo vamos al despacho para ultimar los últimos detalles, señor Potter, me encantaría saber donde se encuentra exactamente el castillo del señor Weasley.-Le dijo el señor Granger.

-Sí, por supuesto. Pues verá, se encuentra en...-Le contestó mientras ambos se dirigían al despacho.

-Bueno cielo, cuídate mucho, y recuerda que eres fuerte, no dejes que ese hombre te haga sentir de menos nunca, ¿me lo prometes?-Le dijo su madre con lágrimas en los ojos.

-Te lo prometo mamá, te echaré mucho de menos, y no te preocupes, puede que termine echándome cuando vea que no soy la esposa sumisa que él espera.

-Te mucho cuidado, y recuerda, no le enfades, ya sabes lo que es capaz de hacer, y no quiero que te haga daño.

-Si mamá, no te preocupes, estaré bien.-En ese momento la puerta del despacho se abrió y Harry, seguido del señor Granger salieron de él.-Te quiero mucho mamá.

-Es hora de irse.-Anunció Harry, mientras observaba el abrazo entre las dos mujeres, escena que le recordó a la que montaban su esposa y su suegra cada vez que se despedían.

-Si ya voy.-Le contestó Hermione mientras se dirigía a su padre.-Te quiero mucho papá, espero veros pronto.-Se despidió mientras salía por la puesta detrás de Harry, con Katie siguiéndola.

Al lado del carruaje había cuatro hombres, serían la guardia supuso Hermione. Se subieron al carruaje con la ayuda de Harry, mientras sus padres, Olivia, Marie y otras dos doncellas salían a la puerta a despedirse.

-No te olvides de escribir una carta por semana mínimo, no, espera ¡mejor dos!-Le gritó su madre antes de que el carruaje empezase a moverse.

Y así, mientras anochecía en las calles de Londres y las pocas personas que quedaban en la calle se dirigían a sus casas después de un duro día de trabajo, Hermione miraba su amada ciudad, preguntándose cuando volvería a verla, cuando volvería a ver a sus padres, y sobre todo, que le deparaba el destino a partir de ese momento, porque después del cambio que había dado su vida en un solo día, podía esperarse cualquier cosa. Solamente suplicaba que su padre tuviese razón y que los rumores fuesen sólo eso, rumores.