Los personajes son de la maravillosa Rowling yo solo juego con sus vidas.

Capítulo 3

El Viaje

Hacía un rato que había anochecido, el cielo se había despejado, y la luna alumbraba tenuemente el camino. De vez en cuando se oía la voz de los hombres de la guardia, pero no se llegaba a entender bien lo que decían. Hermione se encontraba viendo el nocturno paisaje por la ventana, no había mucho más que hacer en esa situación, además no le había dado tiempo a recoger ninguno de sus abundantes libros.

Siguieron por un rato más el camino, las nubes habían tapado la luna por lo que la oscuridad era absoluta, pero el carruaje no daba muestras de que fuese a parar para descansar.

-¿No vamos a parar a descansar?-Preguntó Hermione un tanto agobiada después de estar dos horas metida en el carruaje.

-No, lo siento.-Le contestó Harry.-El viaje es largo, estamos a una semana, y mi señor nos pidió que volviésemos cuanto antes.

-Pero entonces, ¿no van ustedes a dormir en una semana?-Exclamó Hermione horrorizada, su futuro marido era un auténtico bárbaro si en verdad había dado aquella orden.

-Oh, por supuesto que vamos a dormir, pero esta noche no.-Le contesto Harry, en un intento de que se relajara.-Mañana al atardecer llegaremos a Cambridge y allí alquilaremos habitaciones para todos. No tiene porqué preocuparse. Intente dormir un poco.

Hermione nunca antes había dormido en un carruaje, la verdad es que nunca había ido tan lejos como tener que dormir fuera de su casa, sin contar las ocasiones que había ido a casa de Hannah a dormir. El corazón de dio un brinco, ya no podría ayudar a su amiga con los preparativos de su boda, ni podría ser su carabina, ni siquiera sabía si podría estar presente en tan importante día, con lágrimas en los ojos y con la sensación de que iba a dormir muy poco debido al traqueteo del carruaje, se tumbó, preguntándose qué había hecho mal para merecer semejante destino.

Los débiles rayos de sol que entraban por la ventana del carruaje la despertaron, se incorporó y comprobó que apenas estaba amaneciendo, gimió internamente, el día se le iba a hacer muy largo, no le sorprendió ver que Katie seguía dormida, tenía el sueño muy profundo, y no pudo evitar sentir celos, ella también quería dormir, y a ser posible no despertar nunca a aquella horrible pesadilla en la que se había convertido su vida.

-Buenos días señorita Granger.-La saludó felizmente Harry.-No sabía que fuese usted tan madrugadora.

-Y no suelo serlo.-Le espetó ella irritada, dormir poco hacía que no pudiese controlar su carácter.- ¡Pero este condenado carruaje no tiene unas míseras cortinas para evitar que la luz del día me despierte!-Normalmente era educada y solía controlar su carácter, pero aquella mañana no iba a hacerlo.

-¿Tiene hambre?-Le preguntó intentando cambiar de tema y esperando que se le pasase el enfado, mientras le tendía una pequeña cesta.-Tiene fruta y algunos bollos, creo que serán suficientes para las dos.

-Gracias.-Le contestó ella, a decir verdad estaba hambrienta.-Creo que ayer entre las prisas de preparar el equipaje y los nervios no cené.

-Pues entonces coma, y si se queda con más hambre avíseme y le acercaré otra cesta.

-Muchas gracias.-Le contestó amablemente, tal vez el estómago lleno pudiese ayudarla a no enfadarse tanto o por lo menos a no hacerlo con quien no se lo merecía.

Despertó a Katie para que pudiesen desayunar juntas, y así poder quejarse las dos, lo suficiente alto como para que lo hombres las oyeran, sobre cuando iban a poder estirar las piernas. Pero al no recibir contestación, imaginaron que no podrían hasta que no parasen por la noche.

Para el mediodía Hermione se encontraba completamente agobiada, llevaba horas metida en aquel carruaje, no había podido estirar las piernas, y se aburría mortalmente. Durante la mañana le había preguntado a Harry si tenía un libro o un periódico y así ayudar a Katie con sus lecciones para aprender a leer, las de escribir habían quedado prácticamente eliminadas mientras el viaje durase, pero con el traqueteo Katie se había mareado, y momentos después de tumbarse había vuelto a quedarse dormida.

Sin nada mejor que hacer, había decidido no leer el periódico por si ella también se mareaba, Hermione no pudo evitar pensar en su futuro marido. En realidad no sabía nada de él. No sabía qué edad tenía, en los periódicos nunca lo habían mencionado, ni tampoco cual era su aspecto. Seguramente tendría una horrible cicatriz en el rostro y de ahí que a todas las mujeres les pareciese tan horroroso y repulsivo que tenía que valerse del chantaje y del dinero para casarse y tener descendencia. Realmente debía necesitar un heredero urgentemente para tener que preparar una boda con tan poco tiempo, y por si eso fuera poco estaba lo de los asesinatos.

La primera noticia había salido cuando Hermione contaba con catorce años de edad, una mujer había sido encontrada muerta en las tierras de los Weasley, con múltiples signos de tortura, y resultó ser la amante de su futuro esposo, al principio la familia lo había negado, pero cuando, uno y dos años después, ocurrieron los otros dos asesinatos en las mismas circunstancias, la familia no pudo seguir negándolo. Recordó cómo, siguiendo las tradiciones escocesas, se le había practicado un juicio y había sido declarado inocente. Toda Gran Bretaña se encontraba aterrorizada con tales actos.

Se dio cuenta entonces que lo único que si sabía era su nombre, Ronald Weasley "la Bestia", reconocía que el nombre en sí intimidaba bastante, podía imaginárselo paseando por su oscuro y temible castillo, imponiendo su amenazante presencia en cada rincón.

La parada repentina del carruaje sacó a Hermione de sus pensamientos, y despertó a Katie, que se calló al suelo del susto. Cuando fue a preguntar por qué habían parado, se encontró con la cara de Harry.

-Señoritas, hemos llegado a Cambridge, ¿porqué no me acompañan a la posada? Así podrán estirar las piernas.-Les propuso.

Inmediatamente ambas asintieron y se bajaron del carruaje con dificultad, ya que se les habían quedado las piernas dormidas. Acompañaron a Harry hasta la posada más cercana y reservaron tres habitaciones, una para Hermione y Katie, otra para Harry y un hombre de la guardia, y la otra para los otros tres.

-Espero que tengan hambre, el dueño me ha dicho que hoy hay costillas de cordero con patatas asadas.-Les comentó Harry, mientras se oía rugir a su estómago.- ¿Porque no suben a asearse, mientras nosotros las esperaremos en el comedor?-Les preguntó mientras les daba la llave.-Es la habitación número 9.

-Si me parece buena idea, no tardaremos.-Le contestó Hermione, y junto con Katie, subieron a su cuarto.

Una vez terminada la cena, todos subieron a sus respectivos cuartos a descansar. Hermione estaba agotada, y eso que había estado todo el día en el carruaje, suponía que el traqueteo que producía también cansaba, y solo después de la cena se había dado cuenta de cuánto. La cena había estado riquísima, y por fin había podido conocer al resto de los hombres que formaban su guardia.

El primero que Harry le había presentado era Draco Malfoy, un hombre alto y musculoso, con el pelo más rubio que Hermione había visto en su vida, y con unos enormes ojos grises. Tenía la misma edad que Harry y al igual que éste, estaba casado desde hacía un año, con una mujer llamada Astoria. Cuando le contó en qué condiciones había llegado a las tierras de los Weasley, Hermione se había sorprendido. Los Malfoy eran una familia muy poderosa que se había enemistado con los Weasley cuando éstos empezaron a ganar poder, dinero y tierras hacía ya varias décadas. Un día, el padre de Draco, Lucius Malfoy, había mandado a sus hombres que matasen todo el ganado de los Weasley y éstos en venganza quemaron los campos de trigo de los Malfoy. Pero con lo que no contaba ninguna de las dos familias, era con que sus hijos se harían amigos. Cuando su padre se enteró Draco fue terriblemente castigado, desesperado y con múltiples heridas, escapó hacia los terrenos de los Weasley, que aceptaron la amistad de sus hijos, y le acogieron como a uno más de la comunidad.

El siguiente se llamaba Dean Thomas un hombre también alto y musculoso, con el pelo negro y los ojos marrones, pero lo que más le impactó fue su brillante sonrisa, que contrastaba con su morena piel. Dean había nacido y se había criado en las tierras de los Weasley, y cuando tuvo edad suficiente, se apuntó con Harry y con su mejor amigo al entrenamiento, que según dijeron, era dirigido por su futuro esposo en el castillo.

Luego estaba Seamus Finnigan que tenía el pelo castaño y con los ojos marrón claro, era algo más bajo que los demás pero también más fornido, era el mejor amigo de Dean, y también muy bromista, durante la cena se había reído tanto con sus bromas que llegó a dolerle el estómago.

El último de todos era también el más joven, se llamaba Colin Creevey, tenía el pelo castaño claro y los ojos marrones, y era muy entusiasta, admiraba sobre todo a Harry, y le tenía como ejemplo a seguir. A Hermione le causó mucha ternura mientras le escuchaba idolatrar a Harry.

Lo cierto es que aquella noche se lo había pasado muy bien, incluso había podido olvidar por un momento que iba a casarse o que tardaría mucho el volver a Londres, pero esa noche no le importó.

La semana transcurrió casi como el primer día, Katie y Hermione iban en el carruaje terriblemente aburridas, habían decidido eliminar también las lecciones de lectura, pero por lo menos pudieron estirar las piernas, Hermione consiguió convencer a Harry para ir andando el último kilómetro que quedaba hasta Leicester. Al día siguiente, con la ayuda de Katie y de Colin consiguieron parar a comer en una pequeña posada de Nottingham, y una vez que llegaron a York entre todos decidieron para a descansar y comprar comida, ya que la siguiente ciudad se encontraba a un día y una noche de camino.

Como durante el viaje no había hecho otra cosa que no fuera mirar el paisaje, se dio cuenta de lo diferente que era a Londres y cada vez le gustaba más. Todo, los prados, los árboles, incluso las rocas, se volvían de color verde cada vez más marcado a medida que avanzaban hacia el norte.

Cuando Harry anunció que estaban llegando a Hawick el corazón de Hermione dio un vuelco, eso quería decir que ya hacía un rato que estaban en Escocia, un escalofrío le recorrió la columna, ya faltaba poco, si el viaje desde Londres era una semana y ya llevaban cinco días… eso quería decir que sólo le quedaban dos días, dos días de libertad, dos días siendo ella, Hermione Granger.

Pararon en Glasgow, su última parada, para que los caballos descansasen y así poder ir todo seguido hasta el pequeño pueblo de Hogsmeade, donde se encontraba el castillo de la Bestia y el futuro hogar de Hermione, que esa noche no pudo dormir, al día siguiente se encontraría cara a cara con Ronald Weasley, sería su esposa y su vida ya no volvería a ser la misma.

Cuando empezaron el último tramo de su travesía, Hermione y Katie pudieron notar el cambio del suelo, era más accidentado, lleno de baches e irregularidades, el paisaje también había cambiado, ahora podían apreciarse pequeños trozos de lago entre los árboles.

En el horizonte se pudo empezar a divisar la silueta de unas casas, y a medida que el carruaje se iba acercando, más se podía adivinar la forma del pueblo. Un pequeño cartel les daba la bienvenida, y Hermione pudo comprobar con desesperación que se trataba de Hogsmeade. El pueblo no era tan pequeño como se lo había imaginado, había muchas casas, la mayoría de un solo piso, pero había otras de dos, que supuso, tendrían negocios en la parte de abajo y la casa en el segundo piso, y todas tenían colores diferentes y muy llamativos, suponía que era para que cuando llegase en invierno y la niebla lo tapase todo, pudiesen reconocer sus casas.

La plaza era circular y mucha gente se encontraba reunida allí, parecía que había llegado en el día del mercado, se podía oír como algunos negociaban precios y otros ofrecían un producto por otro. Hermione se sorprendió de lo feliz que parecían aquellas personas, si ella viviese en un pueblo gobernado por un hombre al que apodan la Bestia no saldría de casa, pero supuso que se habrían acostumbrado. Siguieron en dirección a la colina, por el camino se encontraron con una ermita, que parecía demasiado grande para el pueblo, y con más casas, cada vez más grandes.

Continuaron avanzando por el tortuoso camino, cuando al girar una curva, la vio, grande e imponente, como lo era el hombre que la habitaba, una inmensa fortaleza se alzaba orgullosa en lo alto de la colina.

Se trataba de un castillo enorme, tenía cuatro torres que se elevaban hacia el cielo y una de ellas estaba de abierta de tal manera que parecía un observatorio, el resto de la estructura era más bajo, apenas llegaba a los tres pisos, y estaba enteramente construido de piedra, traspasaron un gran muro, tan ancho que podían ocuparlo cinco hombres, y tan alto que los árboles no dejaban ver hasta dónde.

El carruaje llegó a un camino de piedra lisa que les llevó directamente a la puerta principal, que se encontraba abierta. Hermione y Katie se bajaron del carruaje boquiabiertas, mientras los hombres descargaban el equipaje.

-Bienvenida al Castillo Hogwarts.-Las saludó un hombre de pelo negro, con los ojos también negros y la nariz ganchuda.-Mi nombre es Severus Snape, y soy el mayordomo. El señor Weasley y su familia la están esperando en el patio para la ceremonia, será mejor no hacerles esperar.