Los personajes son de la maravillosa Rowling yo solo juego con sus vidas.
Capítulo 4
La Boda
Siguió a Snape hasta el vestíbulo, y al entrar no pudo evitar detenerse, era enorme. Estaba adornado con tres columnas a ambos lados, y encima de éstas había estatuas de soldados con sus armas que llegaban hasta el techo. A cada lado había un pasillo y al final de cada uno escaleras de brillante piedra que conducían a los pisos superiores. Justo en frente, unas puertas de roble estaban abiertas dejando a la vista un comedor con cinco mesas, cuatro colocadas verticalmente, y una, la del fondo, más alta que las demás, colocada horizontalmente. Había otras dos puertas, que seguramente darían a otra parte del castillo. Snape empezó a andar y Hermione y Katie le siguieron, doblando por el corredor de la izquierda.
- Por esa puerta que ven al lado de las escaleras se llega a las habitaciones de los soldados y de los empleados, a las cocinas, a los establos y al patio.-Les iba explicando.-En el segundo piso se encuentran las habitaciones de los huéspedes, salones privados y la biblioteca.-Los ojos de Hermione brillaron al oír esa palabra.-Y por último en el tercer piso las habitaciones de la familia.
-¿Y las torres?-No pudo evitar preguntar Hermione.
-La Torre Este es el observatorio, y el punto de vigilancia ante un posible ataque. En la Torre Sur se encuentran las habitaciones y el despacho del señor, a la altura del tercer y segundo piso respectivamente, se puede ver el lago entero desde allí. En la Torre Oeste se reúnen cuando hay asamblea de sabios para tomar decisiones importantes, como el matrimonio del señor. Y finalmente La Torre Norte es donde los soldados guardan las armas.
-¿Y a donde vamos ahora? ¿A la Torre Oeste?-Preguntó Hermione cuando veía que giraban a la derecha, en vez de subir las escaleras como ella había supuesto.
-No, vamos al patio. Normalmente es el campo de entrenamiento, pero creo que lo han adaptado para el día de hoy.- Dijo mientras se hacía a un lado para que pudiesen pasar.
Si aquello era realmente un campo de entrenamiento no lo parecía, por todas estaba adornado con flores blancas y banderines de colores, y en el centro habían colocado un arco de madera pintada de blanco con una enredadera de flores rosas.
Ronald Weasley se encontraba en su habitación esperando que alguien le avisase de la llegada de su futura esposa. Bufó, "futura esposa" pensó con desdén "¿Cómo deje que me convencieran de hacer esto?". Siendo sincero consigo mismo, el no quería casarse, no veía ninguna necesidad, si moría estaba seguro que alguno de sus hermanos o sobrinos heredaría el castillo, las tierras y el pueblo, pero no, su padre había insistido en que él también debía proporcionar un heredero por su parte "es ridículo y muy injusto, a Charlie no le ha obligado". Alguien llamó a la puerta y entró sin esperar contestación.
-¿Se puede saber que haces todavía sin arreglar?-Preguntó la voz de su hermana.-La novia acaba de llegar, ¿y tu todavía estás así?
-No pienso cambiarme, yo no quería esta boda, y estoy seguro que esa… muchacha tampoco la desea, así que no pienso arreglarme.-Respondió tercamente.
-¿Sabes que te estás comportando como si tuvieses cinco años? ¡Ron por el amor de Dios! No puedes casarte con el tartán puesto.-Le reprochó su hermana.
-¿Y por qué no?-Le preguntó levantándose y mirándola por primera vez desde su entrada.-Es nuestra tradición.
-Eso son tonterías. Además, ¿Qué creerás qué pensará esa pobre muchacha cuando te vea así vestido? Por lo menos podrías ponerte unos pantalones.-Le reprochó.
Ron se detuvo antes de contestarle, la miró y luego bajó la vista hasta su abultado vientre, sabía que tenía razón, que debería cambiarse por lo de la primera impresión y todo eso. Recordó cuando su hermana se casó con Harry, también le había obligado a ponerse unos pantalones, a pesar de que la tradición marcaba que fuese con el tartán. Pero aquella había sido su boda, está en cambio era la suya e iba a hacer lo que le viniese en gana ¡Ni que fuese un refinado inglés!
-Ron deberías bajar ya.-Era Harry, Ron suspiró aliviado, no había tiempo de cambiarse así que bajaría como estaba.
-¡HARRY POTTER! ¿Se puede saber qué clase de marido eres que ni saludas a la embarazada de tu esposa después de dos semanas de ausencia?-Le preguntó enfadada, Ron rió, Ginny siempre había tenido mal carácter, pero desde que estaba embarazada era aún peor, menos mal que apenas le quedaba un mes que si no… No se quería ni imaginar lo que podría pasar.
Mientras Harry le pedía disculpas a su hermana, Ron bajó al patio, no le gustaba cómo lo habían decorado, el lo prefería con las armas y los hombres entrenando. Directamente se dirigió a su familia que se encontraba junto al arco.
-¿Dónde está?-Preguntó refiriéndose a su futura esposa.
-Han ido a cambiarla para la boda. Deberías hacerlo tú también.-Le reprochó su madre.
-¿La han llevado a la habitación que ordene para ella?
-Sí, Ron que…-Empezó a preguntar su padre, pero Ron ya no le escuchaba.
Rápidamente subió hasta el último piso al lado de la Torre Norte, cuando se encontró con el ama de llaves.
-Minerva, ¿Dónde está?-Le preguntó impaciente.
El ama de llaves solo señaló hacia la puerta, sin esperar nada más la abrió. Lo primero que se encontró fue una mata de pelo castaño y rizado que llegaba hasta la media espalda, y cuando la mujer se giró, se quedó gratamente sorprendido, unos ojos castaño pardo le miraban con curiosidad y desafío, y la boca ligeramente abierta, se cerró en un gesto de disgusto que le causó gracia. Dejó vagar su vista por el cuerpo de la mujer, su cuerpo no era perfecto, pero llamaba la atención, era… sugerente.
-Si tu señor te ha pedido que vengas a meterme prisa, ve y dile que pienso tardar lo que a mí me dé la gana.-Ambos se sorprendieron de lo dura que había salido su voz. Ron frunció el ceño, nunca le habían gustado que las mujeres le diesen órdenes, sólo lo admitía de su madre y su hermana.
-Yo no tengo señor, es más yo soy el señor de estas tierras, y como futura esposa mía que eres te ordeno que bajes inmediatamente para acabar de una vez con todo esto.-Le ordenó.
Hermione se quedó paralizada, ¡ese hombre esa su futuro esposo! Y así, con su gran altura, su musculatura, su pelo rojo desordenado y su gélida mirada azul, comprendió porqué era apodado la Bestia, aparte de por sus crímenes, porque realmente lo parecía, no era de extrañar que todos los padres de las muchachas casaderas que podían permitirse la dote hubiesen comprometido a sus hijas, ese hombre daba verdadero miedo, por lo menos no tenía ninguna horrible cicatriz en su rostro, "su atractivo y varonil rostro…"no pudo evitar pensar "¡Hermione no pienses eso! ¡Recuerda quien es!" se reprochó mentalmente.
La cogió fuertemente del brazo y la arrastró fuera de la habitación en dirección al patio. Cuando sus familiares, la guardia que la había llevado hasta allí y Harry les vieron llegar se quedaron sin palabras, no era muy habitual ver a su señor arrastrando a una mujer por el castillo.
-¡Cásenos de una maldita vez!-Rugió al pobre cura, que sin más opción comenzó con la ceremonia.
-¿Pero que se cree?-Ginny se encontraba indignadísima-Pobre muchacha, pero si ni siquiera la ha dejado cambiarse de ropa o peinarse. Y menuda manera de tratarla.
Hermione casi no se dio cuenta de que Ron ya la había soltado, es más, estaba tan aterrada que ni siquiera era capaz de darse cuenta de lo que estaba pasando. Ese hombre era un verdadero bárbaro, había entrado sin llamar a su habitación cuando iba a empezar a cambiarse, vistiendo un ridículo tartán y sin más la había arrastrado hasta allí, sin dejar tan siquiera que se arreglase el cabello.
-¿Señorita?-Oyó que la llamaban.
-¿Qué?-Estaba desorientada, no tenía ni idea de que le habían dicho.
-Le he preguntado si quiere casarse con este hombre.-Le contestó, señalando con la cabeza a Ron.
-Si.-Susurró agachando la cabeza para evitar que se le viesen las lágrimas.
-¿Y tu Ronald…?
-¡Sí!-Le cortó. Agarró a Hermione por el brazo como había hecho antes y la llevó donde su familia.
-Os presento a mi esposa.-Les dijo, la soltó y se dirigió hacia lo que Hermione supuso sería una de las entradas que conducían al comedor.
-Oh querida no sabes cuánto siento esto.-Le dijo una mujer pelirroja, bajita y regordeta.-Bienvenida a la familia, yo soy Molly Weasley, y la madre de ese idiota que tienes ahora por esposo.
-Arthur Weasley, para lo que necesites, ahora eres de la familia.-El señor Weasley, a diferencia de su esposa, era alto y delgado, y con grandes entradas en el pelo también pelirrojo.
Uno a uno la familia de su ahora esposo se fue presentado. Los primeros fueron William, que le pidió amablemente que le llamase Bill, y su esposa Fleur, que era francesa. El segundo fue Charlie, según dijo su madre el eterno soltero y enamorado de los caballos. Los terceros fueron Percy y su esposa Audrey, Percy parecía muy serio y Audrey demasiado risueña y alegre, realmente no combinaban como pareja. Los siguientes, y con los que Hermione consiguió relajarse un poco, fueron los gemelos, Fred, que estaba casado con Alicia, y George, que estaba casado con Angelina. Hicieron bromas como que si su hermano no cambiaba la manera de ser, en vez de tener hijos iban a tener asnos, o que si su hermano no la satisfacía podía avisarles y entre los dos darle un buen recuerdo, Hermione había enrojecido, Alicia y Angelina se había hecho las ofendidas y Molly les había gritado que no la asustaran.
Todos los hermanos se parecían mucho entre sí, todos eran altos, y Hermione se preguntó si sería una cualidad de los escoceses o solo de los Weasley, pelirrojos y con los ojos azules. Las únicas personas que aportaban un cambio eran sus esposas. Fleur y Alicia eran rubias de ojos también azules, Audrey era castaña, y Angelina tenía la piel oscura y era morena, ambas con los ojos castaños. Por último llegó el turno de la esposa de Harry.
-Hola me llamo Ginevra, pero llámame Ginny. No sabes lo contenta que estoy de que estés aquí, haber si tu eres capaz de quitarle la idiotez a mi hermano porque yo llevo años intentándolo y aún no he podido.-Todo aquello lo había dicho muy rápido. Era unos centímetros más baja que ella, su pelirrojo pelo estaba atado en una trenza que le llegaba hasta la cintura. Llevaba un bonito vestido azul que se adaptaba perfectamente a su cuerpo de embarazada.
Hermione sonrió, ahora entendía a que se refería Harry, realmente estaba emocionada.-Yo también estoy muy contenta de conocerte, Harry me dijo que te encantaba la idea de que yo viniese aquí.
-¿Harry como has podido decirle algo semejante? No tranquila es broma, es cierto que estoy encantada.-Le dijo Ginny.-Pronto te darás cuenta que esta familia adora las bromas, nunca te consideras un verdadero miembro hasta no eres víctima de alguna, sobre todo por parte de los gemelos, es su manera de darte la bienvenida. ¿Tienes hambre? Pero que cosas digo, seguro que si, anda vamos al comedor.-La agarró del brazo suavemente y juntas fueron hasta el comedor.
Nada más entrar, su ahora marido se acercó a ella, y con un movimiento de cabeza le indico que le siguiese. Ella obedeció, volviendo a sentirse terriblemente asustada.
-Como esposa mía que eres, debes sentarte a mi derecha en cada comida-Le dijo con tono duro.-No podrás empezar a comer hasta que yo no lo diga, y tampoco podrás levantarte sin mi permiso, ¿lo has entendido?-Le preguntó, Hermione solo pudo asentir.
Si era sincera, todo aquello que le acababa de decir le parecía una auténtica tontería, pero como no quería empezar mal decidió callar.
-¡Disfrutad del festín!-Anunció mientras se apropiaba de una botella de brandy y bebía directamente de ella.
Hermione apenas pudo comer, tenía un nudo en el estómago que se apretaba más cada vez que oía la voz de su marido. Se giró a observarle, definitivamente no se lo esperaba con ese aspecto. Parecía joven, no tendría más de veintiuno o veintidós, más o menos como Harry, y a pesar de que en la primera impresión le había parecido una Bestia, y se lo seguía pareciendo, pudo descubrir que las pecas que poseía en la cara le daban un aspecto dulce y aniñado, y además, aunque nunca lo admitiría en voz alta, no quería admitírselo ni a ella misma, le parecía muy atractivo, claro, cuando no la miraba con esa fría mirada que en esos instantes había posado sobre ella. Ruborizada por haber sido descubierta, se giró hacia Ginny, que se encontraba a su derecha, fingiendo que la escuchaba, mientras estaba atenta por si su esposo le decía algo.
Ron había bebido mucho, pero no lo suficiente como para no darse cuenta de que su esposa le miraba, así que pensando que querría algo, se había vuelto a mirarla, pero ella inmediatamente se había girado dándole la espalda. Se fijó que se había recogido el pelo después de que el la sacase casi a rastras de la habitación. Su blanco cuello se encontraba estirado, como si estuviese alerta esperando que el dijese algo, pero en vez de eso se dedicó a observarla.
Era una niña, no tendría más de dieciocho años, su cuerpo se encontraba perfectamente formado y le había llamado la atención sí, pero seguía siendo una niña. Además, era su rostro lo que le había causado curiosidad. Esa primera mirada de desafío que le había lanzado, esa graciosa mueca en sus labios… "¡No! Ronald no pienses así, recuerda tu no querías esto, no la quieres a ella, deja de mirarla ¡AHORA!" se reprochó mentalmente. Desde que la había visto por primera vez, su cuerpo había reaccionado a ella, eso lo aceptaba, por razones concretas no había disfrutado íntimamente de una mujer en dos años, pero lo que no iba a permitir era que su corazón también reaccionase. Cogió otra de las botellas que había encima de la mesa y siguió bebiendo.
-¡Eh hermanito!-Eran los gemelos.- Como sigas a sí me da que no vas a poder cumplir con tus deberes de marido.-Se burló Fred.-Si, tal vez deberíamos hacernos nosotros cargo de nuestra cuñadita, ¿no crees?-Dijo esta vez George, moviendo las cejas sugerentemente.
-¡Dejarme en paz!-Gritó mientras se intentaba poner de pie, tambaleándose en el proceso.-Puedes retirarte si lo deseas.-Dijo dirigiéndose a Hermione.-Y no te preocupes por tus deberes de esposa, esta noche podrás descansar del viaje, no me acercaré a tu cuarto.-Terminó mientras salía del comedor dirección a su habitación. La única compañía que quería esa noche era la de la botella que llevaba en la mano.
