Los personajes son de la maravillosa Rowling yo solo juego con sus vidas.
Capítulo 5
La Primera Noche
Ya hacía tiempo que se había aseado, cambiado, y metido en la cama, pero Hermione seguía sin poder dormir, daba vueltas, se tapaba para luego destaparse… En su cabeza no paraba de repetirse lo último que le había dicho su esposo, "deberes de esposa", pensó "si ni siquiera sé que se hace en la noche de bodas, ¿Cómo quiere que cumpla con mis deberes?". Nunca nadie le había explicado qué consistían exactamente las relaciones íntimas, sabía lo básico, que el hombre introducía su masculinidad dentro de la mujer, ¿y ya estaba?, ¿para eso tanta importancia la virginidad y la deshonra si se perdía antes del matrimonio? Hermione lo consideraba una auténtica tontería, pero por si acaso al día siguiente le preguntaría a alguien.
Lo único que podía sentir en ese momento era un dolor agudo en la cabeza, definitivamente, anoche había bebido demasiado incluso para él, que estaba acostumbrado. Pero bueno, tenía derecho a hacerlo, después de todo quería olvidar el día de ayer. Una vez vestido se dirigió al comedor, allí se encontraban algunos de sus hombres charlando animadamente, su familia, que supuso se irían aquella tarde, Harry que hablaba con Ginny mientras le acariciaba en vientre… Pero se fijó que la silla al lado de la suya se encontraba vacía, levemente enfadado se sentó, le daría cinco minutos, y si no había bajado, entonces él la arrastraría como había hecho el día anterior.
Minerva McGonagall, viendo como su señor se impacientaba fue en busca de Hermione que por suerte estaba bajando las escaleras.
- Dese pisa señora.- Le dijo amablemente.- El señor no tolera la impuntualidad, está a punto de ir a buscarla.
- ¿Impuntualidad?- Preguntó extrañada.- Pero si apenas son las ocho. De todas maneras gracias por el aviso.- Le dijo mientras entraba al comedor.
En cuanto la vieron entrar, todos los hombres se levantaron, y fueron haciéndole pequeñas reverencias mientras pasaba, y hasta que no estuvo sentada no volvieron a su posición anterior.
- Llegas tarde, esposa.- Le recriminó Ron con voz dura.
- Lo siento mucho, es que perdí…- Se excusó ella.- Además ¡nadie me había dicho que hubiese hora para las comidas!-Hermione no pensaba permitir que su ahora esposo la mandase de esa manera.
- Bueno pues ahora ya lo sabes, más te vale respetarlo, o la próxima vez recibirás un castigo.- Hermione se echó a temblar, "¿Se referirá a un castigo físico?" Pensó mientras observaba los grandes brazos de su esposo, si la pegaba con uno de esos estaba segura de que el golpe le dolería por un tiempo, se prometió que si eso pasaba, ella no iba a mostrar ningún signo de debilidad, por lo menos delante de él.
Después del desayuno los hombres se retiraron al patio, a seguir con su entrenamiento. Ron estaba dispuesto a hacerles trabajar duro por haber perdido el día anterior. Con esa idea, se dirigió hacia Oliver Wood, que se encargaba de entrenar a los novatos, mientras que Harry y él mismo se encargaban de los veteranos. Lo habían decidido así porque Oliver era un auténtico general y se lo tomaba muy en serio, había conseguido que los gemelos entrenasen todo un invierno al aire libre únicamente vestidos con el tartán y descalzos.
- Oliver, quiero que los hombres recuperen el día que perdimos ayer, así que ya sabes, haz que se esfuercen al máximo.- Le dijo.
- Como tú ordenes, pero oye… Yo pensé que ahora que eras un hombre casado te habrías relajado más, tú me entiendes, y no te pasarías tanto con los hombres.- Le dijo.
- No tendría por qué, sabes perfectamente que yo no quería casarme, es más, te la regalo si quieres.- Le espetó.
- Oh, lo siento mi señor, pero digamos que ayer ya le eché el ojo a la doncella de tu esposa, es muy atractiva.- Dijo mientras movía sugerentemente las cejas y se reía.
Negando con la cabeza, Ron se dirigió hacia Harry, que ya había comenzado con el entrenamiento, pensando que, definitivamente, su matrimonio iba a cambiar las cosas no solo en aquel lugar y si también en aquella gente.
Hermione se encontraba en uno de los salones privados del castillo, después del desayuno Ginny se había ofrecido amablemente para enseñarla el castillo, se lo había mostrado casi todo, en el primer piso habían llegado hasta las caballerizas que se encontraban en la parte de atrás del castillo, del segundo piso, cada habitación y cada salón, exceptuando la biblioteca que, según le dijo, Ron había cerrado hacía bastante tiempo sin motivo aparente, y por último el tercer piso, mostrándole que habitación correspondía a cada miembro de la familia, y fue el momento en el que se encontraron con sus cuñadas. Y ahí estaban las seis, poniendo a Hermione al día sobre las cosas que habían pasado desde que se habían enterado de su compromiso hasta el día de ayer.
Resultaba que Ron tampoco había querido casarse con ella, pero que su padre prácticamente le había obligado para que la parte de su herencia tuviese herederos, aunque por alguna extraña razón había permitido que Charlie siguiese soltero, y porque de toda la vida a Arthur Weasley le habían gustado las grandes familias. Hermione decidió que ese era un buen momento para aclarar sus dudas acerca de los deberes de esposa.
- ¿Os importa que os haga un pregunta? Es que… bueno…- Empezó a decir.
- Hegmione tganquila, ahoga somos familia, pgeguntanos todo lo que quiegas.- Le dijo Fleur.
- Es que… ¿Qué es exactamente lo que se hace en la noche de bodas?- Preguntó completamente ruborizada.
- ¡Oh! Así que es eso.-Le dijo Audrey.- Pues verás Hermione, lo sentimos de verdad, pero eso es algo que debe enseñarte tu marido, no es que no queramos decírtelo, es solo una estúpida regla que prohíbe que las mujeres podamos hablar de ese tema libremente y dando detalles, si te dijésemos algo y alguien se enterase, podríamos ser castigadas.- Hermione se quedó sorprendida de que hubiese una norma tan ridícula como aquella.
- Sí, es cierto, aunque no creo que nuestros esposos lo permitiesen.- Dijo esta vez Angelina.- Solo podemos decirte que la primera vez para una mujer suele ser dolorosa, no siempre, pero pasa. Además si tu marido es como debe ser, no te volverá a doler.
- Es cierto.-Se unió Alicia.- Sentirás mucho placer te lo aseguro.
- Tú solo debes estar tranquila, si ves que te pones nerviosa respira hondo.- Le aconsejó Ginny.- Te prometo que si mi hermano no se porta bien mañana le espera una buena bronca, te lo aseguro.
Volvieron al comedor a la hora de comer, los señores Weasley se habían ido por la mañana, y el resto de los hermanos de Ron se iban a ir después de comer, así que sirvieron una comida tan suculenta como el día anterior. Pero Hermione no pudo disfrutar de la deliciosa comida, después de la charla con sus cuñadas el estómago se le había contraía de los nervios que sentía por la llegada de la noche, así que decidió levantarse antes de que nadie le preguntase nada. Pero resultó no ser buena idea.
- ¿Se puede saber a dónde demonios vas?- Rugió su esposo.- ¿NO TE DEJÉ AYER BIEN CLARO QUE, HASTA QUE YO NO LO DIGA, DE AQUÍ NO SE MUEVE NADIE?- Le gritó mientras la agarraba del brazo y la sentaba de nuevo bruscamente.- ¡POR LO MENOS PODRÍAS HABER PEDIDO PERMISO!
Hermione se calló de contestarle nada, ya parecía muy cabreado como para encima enfadarle más, aunque ganas no le faltaban. Lo que si era cierto es que había olvidado que debía pedir permiso, no creyó que fuese cierto.
- Discúlpame esposo, no volverá a ocurrir.- Le contestó.- ¿Tengo permiso para levantarme?
- No, no lo tienes, te quedarás aquí hasta que yo te lo diga.- Terminó Ron.
Pero Hermione no estaba dispuesta a aceptar esa respuesta, así que sin más se levantó mientras le respondía.
- Tú mismo me has dicho que si pedía permiso podía retirarme, nunca has mencionado que tu respuesta tuviese que ser afirmativa.- Y diciendo esto salió rápidamente del comedor.
Sabía lo que pasaría ahora, su esposo saldría tras ella tremendamente enfadado, reclamándole el haberle dejado en ridículo y seguramente la azotaría, pero no le importaba, la mueca de sorpresa que había puesto había valido la pena. Aún así, se dirigió corriendo a las escaleras en dirección a su cuarto y se encerró. Si no lo pagaba ahora estaba segura de que esa noche sí lo haría, pero confiaba en que las horas que restaban consiguiesen apagar un poco la furia de su esposo.
Se pasó el resto de la tarde en su habitación, observando desde su ventana el paisaje, que aunque le costaba admitirlo era bonito, desde esa parte del castillo se veían las verdes montañas con el pico nevado y la gran extensión del bosque, aunque le hubiese gustado mucho más poder ver el lago.
Entre tanto, Ron había reunido a los sabios en una asamblea urgente, mientras esperaba, pensó que últimamente la Torre Oeste se estaba usando mucho. Durante semanas él, su padre y los demás miembros del consejo habían discutido sobre las razones de cada uno para que Ron se casase o no, y finalmente, las razones para hacerlo habían superado a las otras.
La entrada de los demás miembros del consejo le sacó de sus pensamientos. Albus Dumbledore era un hombre mayor con la barba y el pelo largos y plateados, llevaba en el consejo desde que el abuelo de Ron había comprado esas tierras. El siguiente en entrar fue Remus Lupin, un hombre con el pelo mitad castaño mitad canoso y los ojos también castaños que había sido el segundo al mando de su padre durante su gobierno. Por último, entró el último miembro, Sirius Black que, con el pelo negro largo y sus ojos grises, tenía completamente enamoradas a todas las jóvenes del pueblo, y era además el padrino de Harry.
- ¿Qué es lo que ocurre joven Weasley?- Le preguntó Albus tranquilamente.
- ¿Qué qué ocurre? ¿Es en serio? ¿Pero acaso no habéis visto lo que ha hecho? Esa mujer no sabe respetar las normas, ¡no obedece a su marido!- Gritó.
- Bueno, debes reconocer que ella tenía razón.- Dijo Sirius, Ron le fulminó con la mirada.- Tú solo le dijiste que tenía que pedir permiso, no que se lo tuvieses que conceder.- Terminó empezando a reírse.
- Esto es serio Sirius.- Ron no paraba de dar vueltas por la habitación.- Si desde el primer día le permito que me hable así, o que se comporte como le da la gana, ¡luego ya no podré controlarla!
- Eso es lo de menos, Ron tienes a esa muchacha aterrorizada.- Intentó calmarle Remus.- Sabes que probablemente ha oído los rumores que circulan sobre ti, y sinceramente, si te sigues comportando como un animal solo vas a conseguir que te tenga miedo, y terminarás casado con una mujer a la que no podrás tocar ni con la que podrás tener tu descendencia. Este matrimonio, aparte de proporcionarte unos herederos, es para limpiar tu nombre, para demostrar que eres inocente.
Ron se quedó pensando, tal vez era cierto que había reaccionado de manera exagerada, pero desde que su padre le había ofrecido el castillo, todos le obedecían, y ahora llegaba esa señorita inglesa con su rebeldía que encima de no hacerle caso, le ponía en ridículo, y no podía evitar enfadarse.
- A la hora de la cena le ofreceré mis disculpas, ¿contentos?- Dijo mientras se dirigía a la puerta.- La reunión se ha acabado.
Llevaba diez minutos parada en frente de la puerta, no sabía si sería buena idea bajar al comedor después de lo que había hecho en la comida, no es que fuese una cobarde, pero su marido le daba mucho miedo. Pero no tuvo que pensar mucho más porque llamaron a la puerta, y al abrirla se encontró con Ginny, que quería asegurarse de que no se quedaba en el cuarto.
- Vamos, si te quedas aquí solo conseguirás cabrear más a mi hermano, anda…- Le dijo mientras hacía un puchero.
"No es justo", pensaba mientras se dejaba arrastrar, "no puedo decir que no cuando me ponen esa cara, y menos si es una mujer embarazada".
Cuando llegaron al comedor, Ron aún no había llegado, eso logró calmar un poco a Hermione, por lo menos ahora no le echaría en cara su impuntualidad. Se sentó y como los demás, esperó a que su esposo llegase.
Cuando por fin lo hizo parecía diferente, Hermione pudo comprobar que ya no tenía esa mirada fría, aunque aún permanecía esa aura aterradora que siempre le rodeaba. Se sentó junto a ella, y lo siguiente que hizo nunca lo hubiese creído. La estaba sonriendo, no era una gran sonrisa, era más bien una bastante disimulada y parecía de arrependimiento, pero era una sonrisa al fin y al cabo.
- Esposa yo… quería disculparme contigo por mi comportamiento durante la comida, reconozco que no ha sido el mejor, y debería dejarte un tiempo para que te acostumbres.- Le dijo con una amabilidad que no sabía de dónde venía.- ¿Me perdonas?
- Si… claro que te perdono.- Respondió Hermione anonadada, no podía creer lo que estaba ocurriendo, ¿la Bestia dejando a un lado su orgullo? ¿Pidiéndole perdón? Imposible. Había pensado que el enfado se le pasaría, pero no hasta el punto de disculparse, estaba claro que alguien debía haberle insinuado que se disculpase.
El resto de la cena pasó sin ningún acontecimiento asombroso más, solamente con el murmullo y las risas de las personas hablando, y el sonido de los cubiertos.
- Esposa tienes permiso para retirarte si lo deseas.- Le dijo amablemente.- Ponte cómoda, yo en seguida iré.
Hermione solo pudo asentir, aún confundida por la inesperada amabilidad, de repente los nervios habían vuelto a su cuerpo, lentamente volvió a su cuarto y se cambió el vestido por uno de los bonitos camisones que había llevado, sin saber qué hacer para entretenerse mientras esperaba, empezó a peinarse el pelo.
- Bueno, si no os importa yo tengo un asunto que atender.- Dijo Ron levantándose.
- Atención que el señor va a relajarse.- Se burló Seamus, Ron solamente le ignoró.
- Ron… solo no la hagas daño ¿vale?- Le dijo Harry.
- Lo intentaré.
Lentamente se fue dirigiendo al cuarto de su esposa, no entendía porque estaba tan nervioso, no es que fuese su primera vez, pero tal vez, el llevar tanto tiempo sin estar con una mujer hacia que se sintiese así. Llegó a la puerta de la habitación, pero no la abrió, "Vamos Ron, tu puedes", se intentó animar en vano.
Cuando abrió la puerta se encontró con una de las imágenes más hermosas que había visto en su vida, su esposa se encontraba sentada frente al tocador, acicalándose el pelo y llevando únicamente un corto camisón y, pensó que esa era una imagen que le gustaría ver todas las noches. Lentamente se acercó a ella, pudo notar como su cuello se sentaba y las manos temblaban. Le quitó en peine y con una mano la invitó a levantarse.
- Tranquila, todo va a estar bien, ya lo verás.- Le dijo acercándose poco a poco a ella, haciendo que ella retrocediese incómoda por la cercanía, pero chocó con la cama, lo que le impidió escapar de su esposo.
La tumbó en la cama, tumbándose el encima y empezó a acariciarle el cuello lentamente, mientras le susurraba que se calmase. Empezó a besarla por el cuello despacio, no quería hacer algún movimiento brusco para no asustarla, y fue bajando hacia su pecho mientras sus manos acariciaban las suaves piernas de su esposa.
Hermione mientras tanto intentaba controlar su respiración, las caricias que le daba su esposo no conseguían calmarla ni un poco, y estaba a punto de empezar a hiperventilar. De repente, noto cómo algo duro y suave tocaba la cara interior de su muslo, y automáticamente soltó un respingo.
- Shhh, tranquila, no pasa nada.- Le susurró su esposo muy cerca de la oreja, su cálido aliento le rozó la piel y le puso los pelos de punta.
Lentamente le subió el camisón, pudiendo ver así la totalidad de sus piernas. Sabía que no estaba preparada, pero no podía esperar más, y sospechaba que ella querría acabar cuando antes con eso así que la abrió de piernas y entró. Hermione pudo sentir como algo se rompía dentro de ella, y sin poder evitarlo soltó un pequeño gemido de dolor mientras una lágrima caía por su mejilla. Ron viendo eso, espero pacientemente a que el cuerpo de su mujer se acostumbrase a él.
Cuando las muestras de dolor dejaron de notarse, empezó a moverse lentamente, atento a la cara de Hermione, por si daba muestras de dolor, pero eso no pasó y minutos después su esposa pudo notar como la llenaba. Se quitó de encima para evitar aplastarla y se tumbó de lado para poder observarla, seguía inmóvil y con los ojos fuertemente cerrados.
- ¿Te encuentras bien? ¿Te he hecho daño?- Ella seguía sin responder.- ¡Contéstame!- Le ordenó.
- Sí, estoy bien.- La voz le temblaba un poco.- ¿Puedes irte por favor? Quiero estar sola.
- Sí, claro. Que duermas bien.- Se despidió mientras salía por la puerta.
En cuanto la puerta se cerró Hermione abrió los ojos. No había sido tan horrible como se lo había imaginado, había dolido sí, pero solo un poco, y luego ya nada, no había sentido nada, ni dolor ni placer, nada.
Iba a taparse con las mantas cuando vio la sangre, decidió que sería mejor lavarse antes de dormir, así que se dirigió a un pequeño recipiente lleno de agua que había encima del tocador, ahora que todo el nerviosismo había pasado se daba cuenta que le molestaba un poco, era como si tuviese una herida abierta, y entonces lo entendió, la sangre. Miró la cama y vio la mancha que había allí.
De repente sintió mucha repugnancia, ella no dormiría en la misma cama en la que la Bestia la había hecho suya. Recogió las mantas y se acurrucó en el suelo mientras empezaba a llorar, y así se quedó dormida.
