Los personajes son de la maravillosa Rowling yo solo juego con sus vidas.

Capítulo 7

El Paseo

Los días fueron pasando rápidamente, y cuando Hermione quiso darse cuenta, ya llevaba dos semanas allí. Después de aquella segunda noche, Ron había ido todas las noches a visitarla, pero todas terminaban igual, Ron se descargaba dentro de ella y se iba, mientras ella seguía sintiendo esa tensión, para la cual aún no había encontrado sentido, y con unas tremendas ganas de golpear a su esposo cada vez que paraba.

También se había vuelto costumbre que todas las mañana Ginny y Katie fuesen a despertarla y así asegurarse de que se encontraba bien, al no volver a ver sangre Ginny se había relajado bastante. Pero ahora, había otra cosa que la irritaba, "Pero menudo idiota que tengo por hermano, como puede ser tan desconsiderado" pensaba mientras se diría al despacho.

- ¿Tú no haces caso a nada de lo que se te dice, verdad?- Le preguntó directamente.

- ¿A qué te refieres?- Le preguntó el a su vez, confundido.

- ¿No te hemos dicho Harry y yo que trates a tu esposa como tal?

- ¿Y no lo he estado haciendo?

- ¿QUIERES DEJAR DE CONTESTARME CON OTRA PREGUNTA?- Le dijo Ginny muy enfadada con su hermano. Respiró hondo y continúo.- No, no lo has estado haciendo, y ni se te ocurra interrumpirme.- Le dijo viendo que iba a hablar.- ¿Le has enseñado los terrenos? ¿La has llevado al pueblo? ¿Has hablado siquiera de su familia con ella?

Ron se quedó perplejo, así que a eso se refería. Sinceramente no había hecho nada de aquello con su esposa, solamente se limitaba a ir a su habitación por las noches, por el día prefería tenerla lejos. Después de aquel momento de debilidad en que no había podido resistirse a llamarla por su nombre, había preferido mantener las distancias.

- No, no he hecho nada de eso con ella.

- ¿Y se puede saber por qué no?

- No lo sé Ginny. Tal vez porque no lo he visto necesario, está siempre contigo y ya bastante me odia, como para encima quitarla tiempo de estar contigo, ¿no crees?

- ¿Y si Harry y yo os acompañamos?- Le propuso amablemente, entendía lo que su hermano quería decirle, pero por intentar que Hermione estuviese a gusto lo que estaba consiguiendo es que fuese más desdichada, además de que no estaba haciendo ningún esfuerzo por conocer mejor a su esposa.

- Tú no puedes montar a caballo Ginny, estás a menos de dos semanas de dar a luz.- Se preocupó.- Además Harry me mataría si yo aceptase esa propuesta, está muy sobre protector contigo.

- Vale, vale, pues le diré que me encuentro indispuesta y así podré pasar todo el día con Harry.- Ginny sonrió, le gustaba su plan.

- De eso nada, si yo no estoy alguien tiene que hacerse cargo del entrenamiento de los hombres.- Ginny dejó de sonreír.

- ¡Por el amor de Dios Ronald!- Ron frunció el ceño, odiaba que le llamasen así.- Vas a desgastar a los pobres hombres con tanto entrenamiento, además tienes a Draco que puede llevar el entrenamiento tan bien como Harry o tú mismo. Anda…- Le dijo mientras hacía un puchero, sabía que nadie podía resistirse a esa cara.

- Está bien, mandaré a Draco que dé el entrenamiento.- Ginny no pudo más que sonreír.

Durante el desayuno estuvo pensando en la mejor manera de proponerle a su esposa dar el paseo, así que en cuanto oyó a Ginny decirle que estaba indispuesta se giró hacia ella.

- ¿Esposa?- La llamó.

- ¿Sí?- Le contestó sin mirarle.

- Había pensado que, ya que no vas a estar con Ginny esta mañana, podríamos ir a dar un paseo por los terrenos del castillo, y así poder enseñártelos.- Dijo finalmente.

Hermione se quedó paralizada, pasar toda la mañana con su esposo a solas le causaba terror, ya bastante tenía que aguantarle por las noches, y eso era solo por poco tiempo, pero aquello, aquel paseo supondría horas, por las ventanas había podido comprobar que el terreno era muy extenso.

Al ver que su esposa no contestaba, Ron supuso que estaría buscando una excusa, lo cual no le extrañó, realmente se había portado mal con ella, así que recordando lo que había pasado la última vez decidió hacer una prueba.

- ¿Hermione? ¿Quieres ir a dar un paseo conmigo?- Le preguntó amablemente.

El volver a oír su nombre de sus labios fue una sensación reconfortante, no sabía porque, pero le había gustado la primera vez que lo había hecho.

- Si esposo, me gustaría dar un paseo contigo.- Le respondió finalmente.

- Bien, pediré que nos preparen una cesta con aperitivos.- Dijo sonriendo mientras se levantaba.- Te espero en las caballerizas.

Cinco minutos después Hermione salía del comedor, no había podido terminarse el desayuno, y había decidido que cuanto antes se reuniese con su esposo, antes terminaría el paseo.

Nunca había estado en las caballerizas, Ginny solamente se había limitado a enseñarle la entrada. Le sorprendió ver a tanta gente allí, desde luego ese castillo debía dar trabajo a casi todo el pueblo.

Las caballerizas, al igual que el resto del castillo, estaban hechas de piedra con separaciones de madera de casi dos metros de separación entre ellas para que cada caballo tuviese su espacio, y dentro de cada una de ellas había un bebedero y un comedero, el suelo estaba cubierto de paja y serrín. Cada dos separaciones había una pequeña ventana por la entraba la luz del sol. Hermione supuso que en un espacio tan grande cabrían unos cuarenta caballos.

- Bueno días señora, si busca al señor se encuentra al fondo- Le dijo un joven alto y rubio, con los ojos castaños.- Disculpe, no me he presentado, mi nombre es Rolf Scamander y soy el encargado de las caballerizas.

- Encantada de conocerte Rolf.

Se dirigió hacia el lugar que Rolf le había indicado, pero antes de llegar se quedo quieta observando, su esposo se encontraba cepillando con cariño a un caballo, era grande y completamente negro, y Hermione no pudo evitar reír ante la coincidencia, parecía tan terco como su dueño, ya que no paraba de moverse inquieto intentando librarse del cepillado.

- Hola.- La saludó en cuanto la vio.- Estaba preparando a Tormenta para nuestro paseo.

- Es preciosa, es una purasangre ¿verdad?- Le preguntó mientras se acercaba y le acariciaba el morro.

- Sí, la mejor yegua purasangre de Escocia, pagué bastante por ella, ¿sabes mucho de caballos?- Le preguntó, le había sorprendido que supiese la raza a la que pertenecía su yegua.

- Sí, antes de que mi padre empezase con su adicción al juego teníamos caballos, el mío también era un purasangre, pero tuvimos que venderlos para pagar las deudas.- Terminó triste.

- Lo siento. Entonces ¿Sabes montar?- Le preguntó curioso, no se lo esperaba.

- Sí, aunque supongo que habré perdido un poco de práctica, hace años que no lo hago.

- Por eso no te preocupes, hoy montarás conmigo, y si quieres puedo ayudarte a practicar.- Le sugirió amablemente.

Hermione no contestó enseguida, pensó en la propuesta de Ron, tal vez si pasasen más tiempo juntos se conocerían mejor y podrían llegar a llevarse bien, debía reconocer que cuando estaba amable era una buena compañía. Ahora la perspectiva de estar a solas con él durante todo el día era atractiva.

- Claro, me encantaría que me ayudaras.

Cuando Ron fue a contestarle llegó Colin con la cesta de comida que había pedido, no tenía ni idea de cuánto duraría el paseo, y no quería tener que volver al castillo ya que eso lo interrumpiría, así que había pedido que les prepararan una cesta.

- Bueno, ¿Empezamos el paseo?- Le dijo mientras le daba la cesta y se subía al caballo.- Dale la cesta a Colin mientras te ayudo a subir.

Hermione levantó los brazos, y con una facilidad increíble, como si no pesase nada, Ron la levantó y la sentó delante suyo, luego con un gesto de la cabeza le pidió a Colin que de pasase la cesta a Hermione, mientras con sus manos cogía las riendas de Tormenta, rodeando así a Hermione con sus fuertes brazos. Cuando ella le miró interrogante, había supuesto que la colocaría detrás de él, Ron se limitó a encogerse de hombros.

- No quiero que tú te caigas por andar aguantando la cesta, y además así, los dos vamos más cómodos, ¿no te parece?- Le preguntó mientras hacía andar a la yegua.

Francamente Hermione no sabía si de esa manera iban más cómodos, lo que si sabía es que iban muy pegados el uno con el otro, y por alguna razón eso la ponía muy nerviosa, sentir sus musculosos brazos contra ella, y el roce de su gran pecho contra su espalda estaban volviéndola loca, y lo peor es que iban a estar así un día entero.

Ron tampoco era inmune a esa cercanía, el olor del perfume de su esposa le estaba atontando los sentidos, era suave y delicado, como ella, y pensó que si no venía una ráfaga de viento en ese mismo instante iba a cometer una locura.

Durante el primer tramo del paseo no hablaron mucho. Ron prefirió enseñarle primero el enorme jardín y la huerta que su madre había mandado sembrar, dando únicamente pequeñas explicaciones de los problemas que había causado todo el proceso.

Pero cuando llegaron al final del jardín y Hermione vio los invernaderos no pudo evitar preguntar si podían entrar, a lo que Ron respondió que sí. Dejaron a Tormenta atada en un poste y entraron. El interior estaba algo oscuro y olía a humedad mezclado con el dulce olor de las flores.

- Está dividido por categorías.- Le explicó Ron al ver que iba a preguntar.- En esta zona se encuentran las flores que menos agua necesitan, allí más adelante las que necesitan un poco más, y finalmente al fondo las que más cuidados requieren. Ven vamos.- Le dijo mientras la agarraba de la mano y suavemente la arrastraba hasta la última zona, Hermione pudo sentir como la piel se le ponía de gallina ante el contacto.- Aquí se encuentran algunas de las especies más raras de plantas, Charlie trajo algunas semillas cuando estuvo en Rumanía.

Mientras Hermione se quedó viendo las flores, Ron se dirigió al rosal y cogió una de las pocas rosas que habían florecido, con cuidado fue quitando las espinas del tallo y volvió con Hermione.

- Para ti.- Le dijo mientras le ofrecía la rosa.- Mi hermana me ha dicho que le comentaste que te gustaban.- Se excusó, tremendamente nervioso, había querido tener un detalle con ella después de lo mal que se había portado.

Ante el gesto Hermione solo sonrió y recogió la flor.

- Muchas gracias, es cierto son mis favoritas.- Le confesó ligeramente ruborizada, mientras se miraban directamente a los ojos, donde ambos se perdieron en los del otro durante un instante.- ¿Seguimos?- Preguntó Hermione cortando la conexión.

- Sí claro. Es casi la hora de comer, había pensado que podríamos ir al lago, es realmente espectacular a esta hora.

- Me parece perfecto.

El camino hasta el lago era corto, así que decidieron ir andando. Una vez llegaron, Hermione no pudo dejar de sorprenderse, todo en aquel lugar parecía mágico. El lago era tan grande que desde donde se encontraban no se veía el otro lado, sus aguas eran cristalinas y el sol hacia que saliesen pequeños destellos. En uno de los costados había un pequeño embarcadero con dos botes. Cuando se giró, su esposo ya había extendido una manta y estaba colocando la comida encima.

- Esto es precioso.- Comentó en voz alta.

- Sí que lo es.- Coincidió Ron.- En verano, la gente del pueblo suele venir a pescar, por eso tenemos ahí los botes, mi padre lo mandó construir cuando yo era pequeño para que aprendiese a pescar, es la única estación en la que podemos comer pescado.

- ¿Por qué? ¿Qué es lo que ocurre el resto del año?- Preguntó Hermione curiosa, mientras aceptaba el plato que Ron le ofrecía.

- En invierno el lago está prácticamente congelado y nadie quiere arriesgarse a caerse, en otoño es la puesta de huevas de los peces que nacerán en primavera, y en esa estación les dejamos crecer.

- Vaya, eso no lo sabía. En Londres tenemos pescado fresco cada semana, supongo que esa es la diferencia entre comprarlo y pescarlo tú mismo.

- Sí, y bueno dime ¿Qué mas diferencias has encontrado?

Durante el resto de la comida Hermione le estuvo enumerando las diferencias que Ron o bien defendía o excusaba. Finalmente terminó hablando de su vida en Londres, de sus amigos y, se había sonrojado fuertemente cuando Ron se lo había preguntado, de sus pretendientes.

- ¿Así que ninguno estuvo dispuesto a aguantar las deudas de tu padre? Vaya si que debías tenerles enamorados.- Dijo sarcásticamente.- Ninguno te merecía entonces.

- Hubo uno que si estuvo dispuesto.- Ron prestó atención a lo que decía su esposa.- Se llama Cormac Mclaggen, y estaba dispuesto a casarse conmigo, si su familia no le hubiese amenazado con desheredarle.- Se quedó callada unos instantes.- Tienes razón, ninguno me merecía.- Terminó finalmente sonriendo.

Cuando terminaron de comer y de recoger volvieron a montarse encima de Tormenta y se dirigieron por el prado que llegaba al bosque.

- Hermione quiero que me prometas una cosa.- Le dijo de repente muy serio.

- Si claro, lo que quieras.- Le dijo ella asombrada por su cambio de actitud.

- Nunca, escúchame bien, nunca entres en el bosque, es peligroso, no sólo por los animales, ahí dentro viven ladrones y forajidos muy peligrosos, prométemelo.- Le pidió.

- Te lo prometo.- La expresión de Ron se calmó con esas palabras, y volvió a ser el que había sido durante todo el día.

Cuando empezó a anochecer decidieron volver al castillo para cenar. Ginny pudo comprobar con satisfacción, mientras les observaba hablar y compartir alguna sonrisa, como su plan había salido a la perfección. Ahora ese par de cabezotas se empezaban a llevar bien, y todo gracias a ella.

- Yo tengo unos asuntos que atender, ¿Por qué no subes y te cambias? Yo enseguida iré.- Le propuso Ron.

- Si claro, hasta ahora.- Se despidió ella saliendo por la puerta.

- Veo que el paseo ha ido bien.- Le dijo Harry mientras una sonrisa empezaba a nacer en sus labios.

- Mejor que eso, ha sido perfecto.

Lo primero que hizo nada más entrar fue colocar la rosa encima del tocador, no se había esperado ese gesto tan dulce de su esposo, sonrió, tal vez lo que necesitaban era pasar más tiempo juntos y conocerse mejor. Se empezó a cambiar cuando notó algo "No, no, ahora no".

Después de la reunión que había tenido con Draco en la que le pidió un informe completo de lo que los hombres habían hecho, Ron entró en el cuarto de su esposa como cada noche.

- Esposo tengo algo que decirte.- Le dijo nada más entrar.- Estoy…

- ¿Embarazada?- La cortó el emocionado.

- No, con el periodo, me ha debido bajar durante la tarde.- Le explicó.

- Oh.- Parecía desilusionado.- ¿Cuanto suele durarte? Para no venir y molestarte todas las noches hasta que se te quite.- Le contestó rápidamente cuando se dio cuenta de que le miraba.

- Cinco días.- Respondió tímidamente, no estaba acostumbrada a hablar de esos temas, y menos con un hombre.

- Bien, te veré mañana.- Y sin decir nada más salió por la puerta.

Hermione se recostó sobre la ventana, observando el cielo nocturno y pensando en su fracaso como esposa, "justo ahora que habíamos conseguido llevarnos bien". De repente algo llamó su atención, una sombra negra avanzaba rápidamente por el prado que aquella misma tarde ella y Ron habían recorrido, en dirección al bosque.