Los personajes son de la maravillosa Rowling yo solo juego con sus vidas.

Capítulo 15

La Persecución

Se internaron en el bosque, el mismo al que la había hecho prometer que nunca entrase, aunque aquella vez no le había desobedecido, había sido él el que la había arrastrado hacia allí, todo aquello era culpa suya, deberían haber vuelto con los demás, y no quedarse solos, sabía que era muy peligroso. Y ahora ella, la mujer a la que amaba, y su hijo iban a morir por su culpa, porque él no había sido lo suficiente inteligente como para descubrir quién estaba detrás de todo, cuando era tan obvio. A su sufrimiento se unió la culpa, al ser consciente de que podría haber evitado otras cuatro muertes.

Siguieron corriendo, adentrándose cada vez más en aquel espeso bosque, sin saber a dónde se dirigían y sin poder ver nada, los altos arboles impedían que entrase luz alguna. Después de un rato, Ron empezó a notar como cada vez a Hermione le constaba más seguirle el ritmo, por lo que, cuando algo más adelante vislumbraron un poco de claridad, y Ron decidió dirigirse hacia allí.

- Hermione, por favor, perdóname.- Le susurró mientras se paraban en el pequeño claro a descansar, hacía tiempo que no oían las pisadas del caballo del Jinete, por lo que supusieron que estaban a salvo.- Cuando me di cuenta de lo importantes que eras para mí, me prometí que te protegería y no he sabido cumplirlo.

- No te preocupes.- Le contestó ella entrecortadamente, todavía intentando recuperar el aliento.- Si vamos a morir, lo haremos juntos.

Se acercaron el uno al otro para darse su último beso, cuando oyeron los cascos del caballo de su perseguidor. Y de repente apareció, con la espada en alto, haciendo que fuese iluminada por la luz de la luna, aquel que reclamaba por sus vidas.

- Por mucho que corráis no os podréis escapar.- Les dijo, bajándose del caballo y acercándose a ellos lentamente, todavía con la espada en alto.- Os escondáis donde os escondáis, siempre os encontraré.

- ¿Qué es lo que quieres?- Le preguntó Ron, si iba a morir, quería saber las razones.- ¿Por qué has hecho todo eso, matar, quemar, envenenar…?

- ¿Qué por qué?- Le preguntó furioso.- Porque todo lo que tienes, todas las tierras, el pueblo, pero sobre todo el castillo, es mío.

- ¿Qué?- Preguntó Ron confuso, ese hombre estaba demente.- Mi abuelo pagó por estas tierras, nos pertenecen.

El Jinete comenzó a reír, con una risa fría y sin un ápice de diversión, que tanto a Ron como a Hermione les puso los pelos de punta.

- Vaya, vaya.- Dijo, todavía riéndose.- Así que no sabes nada de la cláusula especial. Me sorprende que tu padre no te haya contado nada.

- ¿Cláusula especial? ¿Qué quieres decir? ¿Y qué tiene que ver mi padre en todo esto?- Preguntaba, cada vez más confuso.

- Tu abuelo le compró estas tierras al mío unos años antes de mi nacimiento. Mi familia estaba arruinada, en cambio, la tuya comenzaba a tener poder y dinero. Fue una auténtica ganga, tu abuelo no pagó ni un tercio de lo que valía entonces, también es verdad que el analfabeto de mi abuelo no tenía ni idea del valor de estas tierras ni del castillo.- Se quedó callado un momento.- Debo agradecerte a ti y a tu padre lo que habéis conseguido, habéis elevado el valor de mis tierras.

- Todo lo que cuentas es muy interesante.- Dijo irónicamente Ron.- Pero se te olvida que estas tierras y todo lo que hay en ellas es mío.

- Si claro, en cierto modo es cierto.- Dijo riéndose.- Pero te olvidas de la cláusula especial. Mi abuelo sentenció que todo esto debía heredarlo el último nieto varón del comprador, si antes de cumplir los veintidós tenía como mínimo un heredero.

Ron se quedó boquiabierto, poco a poco las piezas fueron encajando. Ahora entendía porque su padre le había legado la propiedad más valiosa, porque Lavender y sus otras dos amantes habían muerto, y porque su padre le había obligado a casarse.

- Por tu cara deduzco que ya lo has entendido todo.- Dijo el Jinete.- ¿Nunca se te hizo raro que tus hermanos no protestasen cuando se hizo la separación de los terrenos dejándote a ti el mejor, cuando debería ser para el hermano mayor? ¿Por qué tu padre vino en una visita urgente el día de tu veintiún cumpleaños imponiéndote un matrimonio con la esperanza de que le dieses nietos?- Ron le miró, ¿Cómo demonios sabía eso? Había sido una conversación a puerta cerrada con su padre y el consejo. No tuvo mucho tiempo de pensarlo mucho más porque el Jinete siguió preguntando- ¿Por qué maté a esa hermosa muchacha que tuvo la desgracia de quedarse embarazada de ti y a la que ibas a convertir en tu esposa? ¿O por qué maté a tus otras dos amantes, temeroso de que alguna terminase también embarazada? ¿O por qué voy a matar lentamente y delante de ti a esa pobre mujer que ha tenido la desgracia de ser tu esposa y de encima estar embarazada?- Llegados a ese punto tanto Ron como Hermione estaban temblando, ¿Cómo podía saber tantas cosas?

- ¿Quieres el castillo? Quédatelo, quédatelo todo.- Le gritó Ron cuando se recuperó de todo lo escuchado.- Solo, te suplico que dejes que ella y mi hijo se vayan. Mátame a mí si quieres…

- ¡NO!- Gritó Hermione detrás de él.

- … pero deja que se vaya.- Dijo señalando a Hermione.

- Curiosa oferta... que no voy a aceptar. Si les dejase vivir, habría dos herederos que me impedirían poseer legalmente todo esto, en cambio, si los tres morís, todo volverá a su dueño original, es decir, a mí. Si no os importa, me gustaría terminar con todo esto esta noche, si es posible.- Terminó con simpleza, mientras sonreía y levantaba la espada.

- No te lo permitiré.- Dijo Ron, mientras con un gesto de la mano le indicaba a Hermione que empezase a correr.

- ¿Y cómo me lo vas a impedir? No tienes espada, ni pistolas, ¿acaso me vas a atacar con una rama?

Rápidamente se dirigió hacia él con la espada en alto, Ron apenas tuvo tiempo de tirarse al suelo y rodar, cuando levantó la cabeza, comprobó con alivio que Hermione había echado a correr. El sonido del viento le avisó para apartarse justo cuando la espada se clavaba donde segundos antes había estado su cabeza. Viendo que el próximo ataque estaba a punto de llegar y de que esa vez no tendría tiempo de apartase, agarró una rama para detener el golpe justo a tiempo. Lamentablemente no podía hacer mucho más, por mucha rabia que le diese admitirlo, el Jinete tenía razón, no tenía arma con la que pelear en una batalla justa. Así que, utilizando los conocimientos de pelea cuerpo a cuerpo que tenía, le lanzó contra él, agarrándole con una mano el brazo que sostenía la espada, mientras que con la otra le propinaba un puñetazo es el estómago, lo que hizo que soltase la espada, gesto que aprovechó Ron para recogerla.

El grito desesperado que soltó Hermione en ese momento, bastó para que toda la concentración de Ron se desvaneciera, y antes de que pudiese dar un paso para ayudarla, un dolor agudo le atravesó la cabeza, haciendo que cayese desmayado en el suelo.

Cuando despertó comprobó que se encontraba en una estancia mal iluminada, las sombras que proyectaban las pocas velas y que se movían continuamente le mareaban, hasta el punto de no saber si estaba solo, y el dolor de cabeza que tenía tampoco ayudaba mucho. Se dio cuenta de que las manos y los pies los tenía sujetos por unos grilletes que estaban unidos a la fría roca.

Algo se movió por su izquierda, alguien, no podía ver quién, estaba encendiendo más velas, por lo que pudo ver mejor el sitio en el que se encontraba. Por todos lados, repartidos por la habitación, se encontraban todo tipo de artilugios de tortura. Una silla con correas para sujetar las muñecas y los tobillos, con pinchos que sobresalían tanto del asiento como del respaldo. En una de las esquinas una jaula colgante, donde podían apreciarse para horror de Ron, huesos. Un toro de Falaris, un toro de metal en el que se introducía a una persona y se ponía encima de una hoguera, haciendo que se quemas viva por el calor de metal ardiente. La doncella de hierro, una especie de sarcófago lleno de enormes pinchos por dentro. Finalmente, justo en el centro se encontraba el potro de tortura, y para más desesperación de Ron, era el lugar en el que se encontraba Hermione, atada de pies y manos, y por lo que parecía, desmayada.

El Jinete entró por la puerta, y se quedó ahí hasta que el hombrecillo que estaba encendiendo las velas se fue, miró a Ron y al ver que estaba despierto se acercó hasta él.

- Veo que ya te has despertado, ¿Has tenido una buena siesta?- Le preguntó burlonamente.

- ¡Suéltala! Ella no tiene nada que ver en todo esto.

- Ohh, te equivocas, ella tiene mucho que ver con esto, ella y el heredero que lleva en su vientre.

Se dirigió hacia Hermione, que empezaba a despertase y a moverse, inquieta al notar que se encontraba atada. Al ver al Jinete inclinado sobre ella soltó un grito ahogado y empezó a retorcerse, con la esperanza de soltarse, pero las correas estaban bien sujetas y solo conseguían hacerla más daño en las muñecas.

- ¡Estate quieta!- Le ordenó- Será mucho mejor para ti, te lo aseguro.- Dijo alejándose de ella y buscando algo entre unos instrumentos.

Se incorporó con un cuchillo en la mano, y se dirigió hacia Hermione, que le observaba completamente aterrorizada. Lentamente fue cortándole el vestido, haciéndole una raja que llegaba un poco más arriba de las rodillas, Hermione podía sentir el frío contacto del cuchillo contra su piel, por lo que intentaba mantenerse lo más quieta posible. Cuando finalmente terminó de cortar el vestido, lo apartó, dejando a la vista las piernas de Hermione, siguió cortando las mangas, hasta dejarle apenas unos finos tirantes.

- Así podrás ver cuando se le desencajen los brazos y las piernas del cuerpo.- Le dijo a Ron.

Dejó el cuchillo encima de una mesa, y se dirigió de nuevo en busca de más instrumentos, cuando se incorporó vieron que llegaba dos látigos, uno era de cuero, normal, en cambio, el otro, estaba constituido por cadenas metálicas. Se dirigió lentamente a Hermione, haciendo la espera para recibir los golpes fuese eterna, convirtiéndola también en una tortura, pero cuando apenas le quedaban dos pasos para llegar hacia ella, se giró bruscamente, dirigiéndose hacia Ron.

- No va a ser ella la única que sufra, eso sería injusto, ¿no crees?- Dijo dándole el primer azote con el látigo de cuero.

Ron mantuvo la boca cerrada mientras seguía azotándole, no permitiría que Hermione le oyese, sería fuerte por ella, además, le estaba resultando fácil, no le pegaba fuerte, ni siquiera le había hecho sangrar, y ya le había dado siete latigazos. De repente, los azotes cambiaron, volviéndose más dolorosos, no pudo impedir esa vez que un sonoro grito saliese de su garganta. El Jinete había comenzado a azotarle con el otro látigo.

Hermione veía desde tu posición lo que el Jinete le estaba haciendo a Ron, aquello era peor que si se lo estuviese haciendo a ella, y comprendió que eso era exactamente lo que proponía, torturando a uno, también torturaba al otro. Cuando oyó que Ron comenzaba a gritar, ella comenzó a gritar también, gritaba su nombre, intentando decirle que estaba allí, mandándole sus fuerzas para que aguantase.

Después de diez minutos de latigazos el Jinete paró, mofándose del sufrimiento de los dos, sabiendo que había conseguido lo que quería, torturarles a los dos. Iba a volverles locos de sufrimiento haciendo daño al otro.

Se dirigió hacia Hermione, sintiendo la mirada de Ron detrás de él, sabía que si le provocaba haciendo daño a su esposa y luego lo soltaba, sería digno de un buen combate, y una buena tortura para ella cuando le matase. Apretó aún más fuerte las correas, haciendo que gimiera de dolor.

- ¡No la toques!- Le gritaba Ron furioso.- ¡No te atrevas a tocarla!- Volvió a gritar, empezando a retorcerse para intentar soltarse de los grilletes.

- ¿Y cómo me lo vas a impedir?- Le provocó.

Se dirigió a la rueda que había en uno de los costados del potro y comenzó a girarla lentamente, haciendo que las articulaciones de Hermione empezasen a estirarse, mientras ella intentaba controlar sus gritos. Colocó un tronco de madera debajo de sus piernas, haciendo que la tensión que aguantaba su cuerpo fuese mayor, en ese momento no pudo evitar el grito que salió de sus labios, al mismo tiempo que notaba como sus articulaciones crujían.

Paró un poco, solo para ver la cara de Ron, parecía ser él el que estaba siendo torturado, ni siquiera había puesto esa cara cuando le había azotado, había puesto cara de desafío, como diciéndole que se atreviese a volver a pegarle, seguramente con la intención de que se olvidase de Hermione.

Cuando iba a volver a girar la rueda, la puerta se abrió y por ella entró Bellatrix Lestrange bastante alterada.

- Mi señor, han venido Potter y Malfoy con un montón de guardias, ¿Qué quiere que hagamos?

- ¿Es que siempre tengo que hacerlo todo yo?- Preguntó furioso mientras se dirigía a la puerta.- No penséis que os habéis librado, jamás encontrarán esta habitación, y cuando termine con ellos, será vuestro turno.- Le dijo antes de desaparecer.

- Hermione ¿Te encuentras bien? ¿Te ha hecho mucho daño?- Preguntó Ron alterado.

- Si estoy bien.- Contestó ella.- ¿Y tú? ¡Y no te atrevas a mentirme!

- Nada que una buena botella de coñac no cure.- Bromeó intentando relajar el ambiente. Si Harry y Draco estaban allí, podían darse por salvados.

Hermione iba a contestarle que ese no era momento para bromas, cuando notaron que alguien intentaba abrir la puerta, y que finalmente después de un click lo conseguía.

- ¿Ron? ¿Hermione? ¿Estáis ahí?- Preguntó la voz de Neville. Ron y Hermione suspiraron aliviados, nunca se habían alegrado tanto de escuchar la voz de un conocido.

Rápidamente les desató a ambos, Ron se encontraba bien, el dolor de los latigazos apenas le dolía ya, en cambio Hermione apenas podía caminar, le dolían las articulaciones de cuando la había estirado. Como buen caballero inglés, se quitó su chaqueta y se la ofreció a Hermione para que pudiese taparse. Cuando se disponían a abandonar aquella horrible habitación, se dieron cuenta de que alguien les bloqueaba el paso.

- Jamás escaparéis de aquí con vida…