Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.
Notas de la autora:
¿Saben? Debería estar haciendo una reseña para Literatura, pero con tal de no hacerla, nació la inspiración. Mi trasero está en peligro, pero no quería dejar de subirlo porque las amo. Espero que les agrade y sí no, no duden en decirlo. Respecto al anterior… yo fui la irresponsable en el intercambio.
-El sapo-
Parte II
«Cortados por las mismas tijeras, unidos por el mismo pegamento»
El destino era una puta. Sí, una ramera barata vestida con ropa vulgar y exceso de maquillaje. Claro, Rukia jamás había visto a una prostituta, pero por la forma en que los sirvientes hablaban de ellas, seguramente eran horribles. Extrañaba la seguridad que le brindaba su torre. De un infierno, pasó a otro peor. Tenía muchas ganas de llorar, la incertidumbre que le causaba su nueva condición era espantosa. Ah y también el sapo causante de su desgracia.
—¿Qué demonios crees que haces? —preguntó él, cuando notó que Rukia le seguía de nuevo.
—¿Pues qué he de hacer, idiota? —le respondió con sarcasmo— ¡Tú me hiciste esto y tú me ayudarás a salir de este estanque lleno de porquería!
—¡Vete! —Vociferó, escupiéndole— ¡Esfúmate de mi vista!
Sí, le escupió.
¿Cómo osaba escupirle a una mujer y en especial, proveniente de tremendo linaje como el de ella? En su estómago se formó un nudo de la pura impotencia (bueno, sí es que tenía estómago. Ya saben, era un sapo) y experimentó por primera vez, las ganas de golpear a alguien. Ya no había tiara ni vestido que pudiera ensuciarse, así que se echó encima de él, empezando una fiera pelea entre ambos anfibios.
Rodaron hasta caer al agua.
—¡Basta ya! —Exclamó el sapo cansado— Eres una salvaje.
—¿Me ayudarás? —Expresó Rukia jadeante, deteniendo la guerra campal.
—Si no hay de otra…
—¿Qué debo hacer?
—Tenemos que ir con Urahara —comentó en tono neutral. Para el desagrado de Rukia, él se comió una pequeña mosca que pasaba por el lugar—. Es un poderoso mago y sabrá como regresarte a tu forma original.
—¿Qué esperamos entonces? ¡Vamos! —Soltó la pelinegra excitada— ¡Podré volver para la cena!
—Eh… no lo creo. El viaje de aquí hasta allá dura al menos tres días.
—Mierda.
Continuará…
