Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.
Notas de la autora: La inspiración tardó, pero finalmente llegó. Por mi estilo —si es que tengo uno— se debieron de imaginar más o menos cómo terminaría esto ¿Les decepcionó o sí les gustó? Ya saben, me agrada saber su opinión.
Deben leer el cuento (¿poema?) Ilusión de Jorge Bucay, pues él fue el que me ayudó a encontrar el final adecuado y personalmente, me encanta.
-El sapo-
Parte IV
Y como no hay fecha que no se llegue, ni plazo que no se cumpla, Rukia e Ichigo completaron su larga travesía, hasta la cabaña del mago Urahara. Aun y que era medianoche, se distinguía una tenue luz en el interior y la chimenea despedía una densa capa de humo gris. Rukia debía sentirse muy feliz, pensó el sapo de chillón tono naranja. Por fin habían llegado al único sitio donde alguien podría ayudarla y así regresaría a casa.
Justo cuando les restaban un par de metros más para llegar a su meta, avanzaron con zancadas cortas y muy pausadas. Era cierto que estaban realmente exhaustos, pero quizás ese no era el motivo verdadero de su lentitud. Aunque lo negaran, extrañarían esa cálida sensación de compañía y regresarían a su habitual vida solitaria.
La miró de reojo, por última vez.
—Continúa tú sola.
—¿No vendrás? —preguntó confundida.
No entendía como él la dejaría sola en la parte más difícil.
—No —respondió grave. Ella parecía atemorizada con los ruidos que resonaban a lo lejos del bosque. Una vieja puerta de madera rechinaba de forma tétrica— No tengas miedo, Urahara es un buen tipo.
—¿Quién dijo que tengo miedo? —chilló fingiendo molestia. En realidad, se estaba cagando del miedo.
—En fin —prosiguió Ichigo— Explícale tu problema y te ayudará —Rukia le escuchaba con atención—, pero por ningún motivo, debes mirarlo a los ojos.
—¿Por qué?
—Le gusta robarse la alma de los demás —Rukia palideciendo, tragó saliva. Después de un rato, él lanzó un gruñido, muy parecido a la risa— ¡Es broma! Ni siquiera se le ven. No hay nada que temer, solo es medio charlatán y ya.
El rostro de Rukia enrojeció rápidamente.
—¡Cabrón! —vociferó molesta. Se acercó con toda la intención de golpear, pero se arrepintió de último momento— Gracias —expresó con humildad— por todo.
—No es nada. Anda, vete.
Ambos esbozaron una triste sonrisa, como despedida.
La que alguna vez fuera pelinegra, obedeció y se marchó sin mirar atrás… ¡Estaba tan cerca de ser humana otra vez! Un pequeño hueco en la pared le ayudó a ingresar al hogar del poderoso mago. Él se encontraba recargado en un sucio sofá, de espaldas, iluminado precariamente. Rukia permaneció agazapada por un buen rato, esperando el momento ideal para intervenir.
De repente, desapareció de su vista.
—Miren lo que me he encontrado —expresó Urahara alegremente, de cuclillas, encima de un estante lleno de libros— Kuchiki-chan, los esperaba antes.
—¿C-cómo…?
—Oh —comentó, como si fuera la cosa más natural del mundo— Mi caldero es muy efectivo. Nunca falla —empezó a balancear su bastón de madera sobre las manos— Bueno, algunas veces.
—Y-yo… —consiguió tartamudear.
—Deseas volver a tu forma original —terminó la oración tranquilamente— Es cuestión de segundos, pero necesito saber si estás segura de querer hacerlo… ¿Es realmente lo que tu corazón anhela?
—Ichigo —murmuró Rukia pensativa— ¿Él también puede ser humano?
Urahara le miró con ternura.
—Kuchiki-chan, él también fue un humano.
Silencio.
—¡Entonces conviértenos a los dos!
—Lo siento —se disculpó con gesto grave— Tu hechizo se arregla fácilmente, él es víctima de una terrible maldición. Solo puedo ayudarte a ti.
—¿Cuánto tiempo lleva así?
—Un par de años. Él era el príncipe heredero de un reino no muy lejano y despreció a cierta bruja despreciable. El resto es historia. No eres la primera chica que viene aquí por este problema…
Pues bien, no sabía porque continuaba plantado fuera de la cabaña. No tenía caso estar ahí. Rukia volvería a ser humana y él pasaría a segundo plano… como siempre. Se reprochó el hecho de encariñarse tan rápido con las personas, si al final todas le abandonaban. Como sea. En cuanto llegara al primer estanque, se daría un enorme banquete de insectos para llenar ese incipiente vacío que sentía en su pecho.
La puerta empezó a abrirse y de una zancada, cayó entre espesos matorrales para ocultarse.
—¡Hasta luego, Kuchiki-chan! —Escuchó la voz de Urahara— Cuídate.
Ichigo no tuvo los ánimos necesarios para salir de su escondite y observar a Rukia con su apariencia normal. Sentía un poco de celos al saber que ella sí podría volver a ver a su familia. Él tenía cinco años sin verlos y los extrañaba de puta madre. En algunas ocasiones había pensado en ir a verlos así, como un sapo, pero prefería que creyeran que estaba muerto a que supieran de su terrible destino. El repiqueo de las sandalias del idiota de Urahara le anunció que por fin se había encerrado en su maloliente agujero y esperó otro rato para que Rukia se largara.
—Hora de irse… —susurró para sí mismo, en medio de un suspiro.
—Sí, ¿a dónde vamos? —inquirió una voz familiar.
Ichigo no podía creerlo… ¡Rukia todavía era un sapo!
—¿Qué pasó? —Preguntó sorprendido— ¿Urahara no pudo con el hechizo?
Ella tardó un par de segundos para responder.
—Eh, sí… —afirmó con mala cara de póker— No pudo romperlo.
—Mala suerte —comentó Ichigo no muy convencido de sus palabras.
Y de la nada, Rukia volvió a besarlo, ahí, en medio de la oscuridad del bosque. Ese era el primer beso de su verdadero amor. Lo era, sin importar la forma que él tuviera. Estaba dispuesta a abandonar su mundo, con tal de estar dentro del suyo.
Como de antaño, una espesa nube los cubrió e Ichigo se convirtió en príncipe.
«Por lo menos, así lo veía ella.
Por lo menos, así se sentía él»
Fin
