Capítulo 6: De melones y cenas
Temari llegó a la sala echa una fiera, se tiró en el sillón y tomó su libro dejándolo frente a su cara. Intentando ignorar al Nara, que se sentó a su lado. Sin embargo, no pudo concentrarse en la lectura, no después de lo sucedido.
Una hora pasó intentado leer sin mucho éxito, pero más relajada que antes. Aquel estúpido beso ya no le importaba, había sido un impulso del momento, algo que nunca más se repetiría y, por lo mismo, no tenía sentido torturarse pensando en ello.
Volteó a ver la esposa que la unía al fastidioso shinobi de la hoja y suspiró resignada. Había hecho un alto en su intento de lectura hace media hora atrás, intentando buscar la forma de romper esa condena sin éxito alguno. La cadena estaba reforzada con chakra, como los hilos que su hermano usaba para manejar sus marionetas, imposible de romper. Tanto así que el chakra hacía que la esposa no se cerrara más de lo debido al tironear, como las normales. Suspiró, si intentaba cortarla, el flujo de chakra roto avisaría a la Godaime de su fechoría y aquella "terapia" sería peor.
Miró a Shikamaru, estaba dormido, tan relajado y tranquilo como nunca lo había visto, ajeno a sus cavilaciones; tan apacible que hasta se veía atractivo. Si lo miraba con cuidado podía ver perfectamente sus facciones masculinas, los labios apetecibles y su rostro de facciones afiladas, perfectamente definido. Había estirado los brazos hacia arriba, por lo que la camiseta se levantaba dejando ver parte de su estómago. Su abdomen estaba trabajado, pero ¿en verdad hacía tanto ejercicio como para estar así?, porque tenía que admitirlo, no estaba mal.
El aire frío que entró por la ventana la trajo a la realidad. El enorme ventanal por el que Shikamaru había estado viendo sus preciadas nubes estaba detrás de la cabeza de él, por lo tanto las manos del Nara quedaban justo en el marco de la ventana. Se inclinó hacia adelante para cerrarla, pero no alcanzó, bufando –molesta− se incorporó en el sillón al lado del shinobi que seguía dormido.
Aun así, su brazo era muy corto para alcanzar la ventana y como último recurso se inclinó sobre el Nara, sujetándose del marco mientras con la otra mano trataba de alcanzar la ventana. Para su mala suerte, su mano resbaló y ella cayó, lo peor fue que cayó sobre él, dejando sus pecho justo en la cara del moreno que, al sentir el peso de algo, abrió los ojos encontrándose con un par de hermosos melones demasiado cerca de sus orbes y su boca, pero –lamentablemente- muy lejos de sus manos, que aún seguían extendidas hacia atrás.
La rubia, en cuanto pudo, se quitó de encima y se puso en pie, mirándolo apenada.
─ ¿Ahora me quieres violar?, ¿o tratabas de ahogarme con tus enormes pechos?─ Dijo Shikamaru, incorporándose en el sillón, mientras ahogaba un bostezo con su mano izquierda.
─ ¡Degenerado! Trataba de cerrar la ventana y resbalé ─ El de Konoha hizo una mueca de molestia al tiempo que fruncía sus ojos, la voz de Temari era demasiado estridente para su gusto. Aún más cuando acababa de despertar.
─ Claro…─ La sorna con que dijo aquello, casi aburrido hizo temblar de ira a la muchacha.
─ ¡Y mis pechos no son enormes! ─ Gritó, roja de indignación y vergüenza.
─ Por supuesto que los son ¿Acaso no te has visto a ti misma? ─ Preguntó, dignándose a mirarla al fin. Observándola incrédulo, aquel atributo no era algo que se pudiera negar.
─ ¡Claro que sí, pero ya te dije, mis pechos son de tamaño normal!─ Insistió, cada vez más enojada.
─ Oh por supuesto que no, unos pechos normales son como los de Sakura o los de Meyumi, pero los tuyos ¡son enormes! ─ Y remarcó lo dicho haciendo el gesto de sujetar dos grandes esferas entre sus manos, con los dedos extendidos.
─ ¡Tú eres un…!─ Comenzó a decir, formando puños con sus manos.
─ Sí, si, lo que sea, en fin, tengo hambre, quiero cenar─ Cortó el moreno, poniéndose de pie y forzando a Temari a hacer lo mismo, debido a la cadena.
─…Tienes razón, yo también tengo hambre ─ Concedió, olvidando lo anterior.
La rubia avanzó hasta la cocina, abrió el refrigerador – el cual apenas tenía unas cuantas cosas que sin duda servirían-, tomó la leche, crema, jamón y después el pan de la alacena para rápidamente prepararse un sándwich. Shikamaru, a su lado, se movía lo mas mínimo permitiéndole a ella preparar la cena. Finalmente, Temari sirvió un vaso de leche y se sentó en la barra; Shikamaru miró el plato con el sándwich en la barra y el vaso de leche, no era lo que esperaba, pero estaba bien por el momento.
Claro que lo que después sucedió sí que no lo esperaba. Temari se sentó a su lado y tomó el sándwich para después morderlo y comerlo, dio un trago al vaso de leche y siguió comiendo mientras el moreno la observaba estupefacto. No fue hasta que ella terminó de comer que notó la mirada de él sobre ella.
─ ¿Qué me miras?─ Preguntó tranquila.
─ ¿Cómo que qué miro?─ Prácticamente rugió, totalmente enojado con aquella…aquella horrible mujer.
─ Sí, ¿Qué carajo quieres, no que tenías hambre?─ Alzó una ceja, no entendía que mierda le pasaba al estratega.
─ Sí, aún tengo hambre, porque tú te comiste mi cena─ La acusó, cruzándose de brazos totalmente enojado.
─ ¿Qué?─
− Te dije que tenía hambre − Repitió molesto.
− Ha, ya, ya, acabo de entender − Rio burlesca − ¿Esperabas que yo te hiciera la cena?−
− Te dije que tenía hambre, Temari −
− Eso ya lo sé, ahora vamos a dejar algo claro −Temari se acercó lo más que pudo, era más bajita que él así que Shikamaru tuvo que bajar la mirada para conectar sus ojos con los verdes de ella, que lo miraban molesta, claro no tan molesto como él − Yo no soy ni tu madre ni tu hermana ni tu novia ni tu esposa, ni nada de eso, ¿pensabas que te cocinaría la cena?−
− Pues…−
− ¡No!, Shikamaru, en mi vida, nunca, óyeme bien, nunca, he cocinado para hombres y no lo haré mucho menos por ti – Advirtió, clavándole el dedo índice de su mano derecha en el pecho, para remarcar sus palabras.
− ¡Pero eres mujer! – Recalcó, ignorando el dedito de la muchacha. Maldito machismo, como lo odiaba Temari.
− ¡Eso no quiere decir que tenga que cocinarte! – Gritó, perdiendo la paciencia, formando puños con sus manos a ambos costados de su cuerpo.
− ¿Y quién lo va a hacer? – Era definitivo, el niñato era un idiota que se merecía más de un golpe para espabilar.
− ¡Hazlo tú! Vago de mierda – ¿Cómo podría soportarlo el resto de la semana?
− ¿Yo…?pero si yo – Shikamaru no se esperaba aquella respuesta, estaba más que desconcertado.
− Eres un inútil, pobre de la mujer que se case contigo – Temari suspiró, el shinobi de la hoja no valía la pena.
− Por lo menos yo me casaré, no como tu…− Contestó, en un aparte, el muchacho. Desviando ligeramente la cabeza.
− ¡¿Qué?!− Abrió su boca, sorprendida, no esperaba ese tipo de respuesta.
− Nadie se casaría contigo, ni siquiera sabes cocinar, ¿cómo serias una buena mujer? – Dijo, molesto, sin medir sus palabras. No supo que aquello causó en la rubia algo de tristeza, pero no, ella no se dejaría humillar por él.
Esa fue la gota que derramó el vaso, Temari arrojó a Shikamaru contra la pared y se puso frente a él, que esperó ser golpeado, pero esto nunca sucedió, lo único que sintió fue la mirada penetrante de la kunoichi fija en él. La encaró, también molesto, aun tenía hambre.
− Escúchame bien Nara, cada día más de veinte hombres piden mi mano a mi hermano, ofrecen su fortuna y alardean de sus grandes hazañas como shinobis, ellos mueren porque sea su esposa ¿y adivina qué?, ninguno, ¡ninguno! Es lo suficientemente hombre como para convencerme, todos son unos idiotas con grasa en el cerebro – Terminó golpeando con sus dedos la sien izquierda del moreno.
− Entonces no son hombres, si no saben convencer a una mujer – Concluyó, empujando a Temari -levemente- para que dejara de arrinconarlo.
− ¡Eres despreciable!− Grito, siendo halada por culpa de la cadena, viendo asesinamente la espalda de Shikamaru.
− Eres una gritona y yo sigo con hambre – Dijo, al tiempo que volteaba a verla.
− Prepárate algo tú mismo, ya te lo dije, nunca en mi vida he servido a un hombre y tú no tienes lo que se necesita como para convencerme – Mentira. Sí había servido a hombres, pero eran sus hermanos, no contaba.
− Eso crees tú…− Susurró.
Ya harto de discutir, se dirigió a la barra y él mismo se preparó un sándwich mientras la rubia comía una manzana. Finalmente, y como pudo, terminó cenando un sándwich que no se veía ni supo tan bien como el que la kunoichi se había preparado.
Ella comía tranquilamente la manzana dejando que su mente vagara en cualquier sitio, estaba cansada, por lo que casi se cae cuando el Nara caminó hacia la sala, logró detenerse antes de caer y avanzar detrás de él sin mediar palabras. Subieron las escaleras y Shikamaru dio con una habitación amplia con una cama grande, más grande que una de matrimonio, estaba cubierta de colchas rojas que parecían ser de seda y varios cojines, tenía un dosel con cortinas colgando de él y la iluminación eran simples lámparas de luz tenue, aquello creaba una atmosfera muy romántica. Sin más, Shikamaru se acercó de un lado de la cama arrastrando a la rubia con él por su fuerza física.
Se puso a un lado de la cama y se quitó las sandalias y los pantalones, quedando en un simple bóxer negro, el que se le pegaba demasiado. Ella evitó mirarlo directamente, pero se molestó.
− ¿Qué haces? – Preguntó con voz trémula, completamente sobrepasada por la situación.
− Estoy cansado, quiero dormir Temari, así que por favor hazme el bendito favor de meterte en la cama conmigo – Hizo un amplio y preciso ademán que abarcaba la cama y no daba lugar a réplicas.
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Bien, tanto Yess como yo no habíamos podido continuar con este y los demás fic´s por cuestiones de la universidad y el trabajo, así que lamentamos muchísimo la tardanza y esperamos que les haya gustado este capítulo, saludos chicos y gracias por la paciencia.
