Disclaimer: Naruto y la trama de la historia no me pertenecen, todo es de Kishimoto y Janelle Mindfreak, que por cierto, muchísimas gracias por dejar adaptar a personajes de Naruto.

Notas: Ayer α lα noche terminé de pαsαr este capítulo. Ya sαben, estoy de vαcαciones, tengo tiempo de sobrα. Hαsta me estoy viendo αnime que nuncα en mi vidα pensaba ver, todo demαciado Shoujo. Grαciαs a todαs/os. Besos.


, amo

Dos:
El inicio del fin.

Los cuentos no engañan: hay sapos que quieren ser príncipes.

«Noviembre 24, 2006.

Querido diario:

Viernes, sí, viernes. Antes me gustaban bastante, el inicio del fin de semana, salir temprano de la escuela para comenzar a disfrutar desde ya, estar más en casa, hacer de las suyas. Pero desde que entré a secundaria los viernes se me hacen insoportables. ¿Es sinónimo de 'secundaria' la palabra 'insoportable'? Yo creo que sí. Los maestros no dejan de mandar tarea, en especial el de biología. Y es por eso, por culpa del maestro, que ahora ando tan enojada. Lo más extraño de todo es que no es por la tarea, si no por lo que pasó durante la hacía… Aunque más bien mi problema tiene nombre y apellido.

Sasuke Uchiha.

¡Agh! No conocí tipo más desagradable que él, lo juro. En mi tarea de biología me había tocado compartir proyecto con Tenten, una de las tantas chicas con quien yo compartía la clase. Sinceramente, no la conocía, y no fue hasta hoy que me di cuenta lo simpática que es, creo que nos llevaremos mejor de ahora en adelante, pero… ¿dónde quedé? Ah, sí… Uchiha. Tenten y yo habíamos quedado de ir a su casa hoy, y cuando llegamos me presentó a toda su "familia", y, encantada y maravillada por cada uno, saludé con algo de nerviosismo. ¿He dicho alguna vez que toda la familia Uchiha tiene una belleza devastadora que enciende todos y cada uno de mis puntos de envidia? ¿Y que, contrariamente, apaga toda mi autoestima? Creo que cuando vi al padre de Tenten, el famoso Dr. Fugaku, casi me caigo de la impresión; sinceramente, parece más un actor o modelo que un doctor…

Pero, al momento de conocer al misterioso Sasuke Uchiha, me congelé sólo de verle. Tocaba el piano con majestuosos movimientos, tan callado y concentrado que parecía estar encerrado en su propio mundo. Cuando Tenten le llamó, para presentarme a él también, no se dignó ni a voltearse, siguió tocando, y emitió un ronco y frío "Hola".

"Un gusto" le había dicho yo, con las manos jugando en los bordes de mi sweater. "Sí, como sea" contestó él, y no me miró en ningún momento. ¡Ni siquiera cuando nos sentamos todos a comer en la mesa! Me tocó a su lado; no me dirigió la palabra, no me miró, y sólo comió en silencio, hablando con su hermano Kiba de vez en cuando, el cual, por cierto, está bastante bueno, lástima que ya es algo mayor. Kiba estaba dando un curso de preuniversitario para prepararse al examen de admisión de Harvard.

Cuando me fui, Uchiha me miró salir de la casa, yo intenté ignorarle con todas las ganas, ya había comenzado a hartarme de su comportamiento superficial y frío. Creo que ya comenzó a caerme mal…

Pero, a pesar de todo, al igual que los demás, Sasuke es increíblemente guapo. ¡Ahora esto es secreto! Adoro cómo pasa su mano por su cabello negro, y envidio sus ojos ónix tan profundo, que brillan con la intensidad de una emoción que no sabré, quizá, nunca descifrar. Me molesta que me ignore, porque, en el fondo, me gustaría que me mirara más. ¿A quién no le gustaría tener alguna relación con un chico así? Claro, no soy una excepción… nunca lo soy.

Pero, claro, obvio es que no significa amor.»


Septiembre 12, 2007. Konohagakure.

&.

Suspiré pesadamente cuando terminé de leer aquella página de mi diario. La primera vez que conocí a Sasuke Uchiha. De verdad que me la pasé mal esa noche, no estoy para nada habituada a que me ignoren de esa manera tan fría y devastadora. Me sonrojé bastante cuando releí el fragmento en donde mencionaba aquellas manías de Sasuke de pasarse la mano por su cabello. Y sus ojos… era una facción que aún envidiaba. Él era un chico totalmente fuera de lo normal –tanto física como psicológicamente–. ¿Qué chico deportivo, inteligente, con la mitad de las chicas de la escuela tras él… toca el piano? Es otro secreto que no le confesé a mi diario en ese momento: me encantó la melodía que estaba tocando en esos momentos. Creo, si no me equivoco, que era la melodía que salía en la película Edward Scissorhands. ¡Vaya! Todavía era capas de recordarlo.

Miré sobre mi hombro, fijando mi vista en el reloj de luces verdes, en mi mesita de noche. Eran las siete treinta y dos. Suspiré, ya casi era la hora…

Tomé mis cosas con lentitud, colgué mi mochila en mi hombro izquierdo y escondí mi antiguo diario bajo el colchón de mi cama –definitivamente no quería que nadie lo encontrara–, Yasuo jamás buscaría allí, si es que se le pasaba por la cabeza que su hija de dieciséis años tenía diario, aunque aquel manojo de hojas era desde hace ya un año.

Había desayunado bastante temprano, y sola, Yasuo se había ido mucho antes al trabajo, incluso de que yo decidiera levantarme, porque, sinceramente, me costó demasiado pegar un ojo en la noche. Y, lo peor, es que sólo se me venía a la cabeza la maldita sonrisa de suficiencia de Uchiha.

Por favor, dobla bien las camisas —decía mientras terminaba de ordenar su maldita ropa.

Esto es el mismo infierno… —susurré. No sé cómo, cuándo, pero me escuchó con la claridad que si lo hubiera gritado.

¿Molesta? —me preguntó, en un susurro al oído; me estremecí al sentir su aliento ingresar por mi oreja, me dieron escalofríos. Él rió ante mi acción a consecuencia de la suya.

Me volteé, desafiante. La camisa verdosa que tenía entre las manos corría grandes riesgos de que la hiciera añicos de tanta rabia que tenía en esos momentos. ¿Cómo se atrevía él a…?

¿… a colocar un mechón de mi cabello detrás de mi oreja? Bien, obviamente, aquello no me lo esperaba ni de lejos, ni por asomo. Extrañamente, se me aceleró el corazón y pude sentir cómo mis mejillas tenían esa tonalidad que yo tanto odiaba: rosa sonrojo.

Descuida, esclava —musitó con su aterciopelada voz, repentinamente ronca, e inconscientemente seductora, sus labios se movían con una sensualidad cautivadora. Qué lástima que yo sólo podía mirarle con ojos entrecerrados y ceño fruncido—. Esto se pondrá mejor.

No sabía con exactitud cuál era su concepto de "mejor"; pero estaba segura de que no quería saberlo. Él rió entre dientes al ver mi expresión, ahora, desconcertada. Aplaudió dos veces frente mi rostro y yo pestañeé para salir de mi ensoñación de confusión, luego cruzó los brazos sobre su pecho, mirándome con suficiencia pintada en los ojos.

¡Vamos, vamos! Ya sabes, aún te quedan mis pantalones —informó, mirando de reojo la ropa tendida en la cama. Bufé y puse los ojos en blanco.

De nuevo me mordí la lengua para gritarle ciertos improperios y palabras poco relacionadas con una dama o señorita de mi edad. Las ganas de patearle el entrepierna corrieron por mis venas como adrenalina, y, mejor aún, dejándole retorciendo de dolor en el suelo de su habitación. La cual, para mi gran sorpresa, era de mi gusto.

"Un trato es un trato". Pensé, enfurruñada de haber cavado mi propia tumba. Seguía repitiéndome que todo era culpa mía, por haber aceptado la apuesta.

Sí, amo —dije secamente, volviendo a doblar la camisa entre mis manos.

Sasuke Uchiha era un maldito aprovechador. Algo me decía que de ahora y dentro de dos meses no volvería a ordenar su cuarto, ¡claro! Lo haría yo. Y la ira hacía que mis manos temblaran, reacias sobre la perilla de la puerta de mi habitación. Entrecerré los ojos, y me dispuse a ir al baño, a lavarme los dientes por segunda vez, así me distraería un poco.

Recordaba casi con exactitud cada detalle de la habitación de Sasuke. Estaba pintada de un color celeste, y combinaba perfectamente con su frazada cuadrillé blanca y azul, para su cama de dos plazas. Tenía una mesita de noche, al estilo moderno, blanca, al igual que su repisa repleta de discos, junto a un reproductor demasiado caro, negro. Todo parecía una armoniosa combinación del negro, el blanco y el azul. En cuanto entré a su cuarto, lo primero que hice fue ver su colección de discos. ¡Que grande fue el disgusto al ver que teníamos favoritos musicales bastante parecidos! Al ver su colección de obras de Debussy fui tentada a meterlas dentro de mi bolso y salir huyendo.

También tenía un escritorio, blanco por supuesto, donde había papeles regados y uno que otro libro. Distinguí uno que otro papel, eran partituras. Para piano, pensé inmediatamente en aquel momento. Me habría quedado admirando su cuarto un poco más, pero mi amo –nótese el aborrecimiento de la palabra– me mandó a trabajar casi enseguida.

Poco más y me sentiría como Jenny, de Mi bella genio. ¿Tendría que cruzar los brazos y asentir con la cabeza cada vez que el idiota de Uchiha me ordenara algo? Esperaba que no.

Una bocina de automóvil sonó, aunque no la escuché del todo bien, el agua que corría de la llave del baño me impidió hacerlo. Dejé mi cepillo de dientes en su lugar, después de mi segunda lavada. Saqué un perfume del botiquín del baño y rocié dos veces mi cuello, entonces salí disparada hacia la puerta para juntarme con Tenten, quien recientemente estaba llevándome a la escuela en su Porsche Turbo 911 amarillo –regalo de sus dulces dieciséis–. Aún recuerdo su escandaloso grito de júbilo cuando Fugaku sacó el telón sobre el auto. Vaya…

Bajé las escaleras a trompicones y con algo de velocidad excesiva y cuando abrí la puerta… deseé no haber salido. No había peor visión que aquel flamante Volvo plateado estacionado frente a mi viejo Chevy, acabando con todo el autoestima que mi pedazo viejo de metal podía ofrecerme. Y, por supuesto, él me esperaba dentro, en el asiento del conductor, sin mirarme y golpeando rítmicamente el manubrio del auto, seguramente estaría escuchando alguna canción de uno de sus tantos CD's.

Sobra decir que me quedé helada en mi puerta, quieta como estatua; no quería llegar al Instituto en el Volvo de Sasuke Uchiha, ya me había acostumbrado a las miradas cuando salía del Porsche de Tenten, contando que ella es una chica. Pero… ¿llegar en un deslumbrante Volvo conducido por un chico, quien, además, es uno de la familia Uchiha, y, por consecuencia, increíblemente guapo? No supondría nada más que copuchas entre las cotillas de la escuela. Empezando por Kin.

Estaba tan distraída en mis pensamientos que no me di cuenta que él ya me estaba mirando por la ventana del copiloto, la había bajado con el automático y ahora intentaba asomar su cabeza por el hueco que había dejado el cristal al bajar. Me observó con cejas alzadas, como si estuviera esperando que pasara lo obvio: que me subiera a su coche. Rápidamente me metí dentro de la casa, cerrando la puerta a mis espaldas con un estruendoso golpe. La bocina del Volvo volvió a sonar, más insistente que antes, pero yo no pensaba salir e irme con él al Instituto. Nunca, ¡jamás!

Y, de repente, el suave ronroneo del auto plateado se detuvo en el silencio de un miércoles por la mañana. Yo seguía en mi puerta, y rogué a Dios porque él se hubiera marchado, que por eso el ronroneo del Volvo no se escuchara… que…

… todas mis plegarias se destruyeron frente a mí al escuchar los golpes en la puerta, tan suaves, tan educados y tan ansiosos. Sólo podía ser él. Me estremecí al sentir el movimiento de la puerta sobre mi espalda. No iba a abrir, no importaba lo que pasara.

—Maldición, Haruno, abre la puerta de una vez —urgió su voz al otro lado de la puerta.

—¡No! —exclamé con obstinación, mandaría al diablo la apuesta ahora, de ninguna manera me rendiría a ir al Instituto en su coche, y con él— ¡No iré contigo, Uchiha! ¡Ni lo sueñes!

Apoyé mi oreja en la puerta, intentando escuchar algo. Pero los bufidos se confundieron con las palabras y no pude entender nada de lo que salía de sus labios. Sólo mi nombre.

—Sakura, te lo ordeno, abre la puerta —su voz de terciopelo era ruda y autoritaria, se me tensaron los músculos de sólo escucharlo— ¡Llegaremos tarde!

No me rendiría sólo por eso.

—¡Pues vete en tu coche! —le grité— Yo me iré en el mío.

Golpeó con insistencia la puerta, dejándome algo aturdida por el constante movimiento de la madera. Le abrí con la cara crispada en enojo.

—¡Vete, Uchiha! ¡Déjame en paz! —le grité en la cara.

No se hizo esperar más. Me cogió de la muñeca y me arrastró hasta su coche. Con enojo y todo aún era caballero, me abrió la puerta del copiloto y me indicó con la mano que me sentara. Rolé mis ojos y observé de reojo mi coche, a tan pocos metros. Si corría…

—Te arrastraría de vuelta aquí, Sakura, y lo sabes.

Sí, lo sabía.

Así: enojada y frustrada como estaba, me senté en el asiento del copiloto del Volvo de Sasuke Uchiha. Él ya estaba ahí cuando me ubiqué a su lado, tenía las manos en el volante y estaba preparado para hacer contacto con la llave del coche. El motor ronroneo suavemente y, admito, me gustó aquél sonido tan delicado. Apenas nos alejamos de mi casa, le pregunté lo importante:

—¿Dónde está Tenten? ¿Por qué me has venido a buscar tú? ¿Por qué no ella?

Ni se dignó a mirarme cuando me contestó, con voz indiferente y algo fría:

—Tenten no vendrá hoy, tuvo que salir con Mikoto —aún me era algo raro que llamara a su supuesta madre por su nombre, y que no le dijera "mamá", porque Mikoto Uchiha era la madre de Sasuke en muchos sentidos—. Iban a no-sé-dónde y Tenten me pidió que viniera a por ti.

—No era necesario —le dije, mirando por la ventana y cruzándome de brazos.

—Qué más quisiera yo… —susurró, pero le pude escuchar perfectamente.

—Dilo a la cara, Sasuke —él me miró dudoso, y luego, rápidamente, su vista se fue hacia la carretera—. Sólo di que no te agrado y no te dirigiré palabra en estos dos meses —expliqué.

Las manos en torno al volante se tensaron un poco, y su expresión pareció sorprendida cuando dije aquello. Pero era lo que pensaba, ¿qué otra explicación tendría para todos los momentos que ha fingido que no existo?

Me agradas, Sakura —dijo él con miel en la voz, y yo no pude hacer otra cosa que mirarle sorprendida.

—¿De verdad? —aún no me convencía del todo.

—Bueno… se podría decir que sí, no tengo motivos para llevarme mal contigo, sólo cuando te molestas por lo que te ordeno, claro —sonrió torcidamente, y me di cuenta ya muy tarde cuán bella se veía esa sonrisa en su rostro. Quité ese pensamiento de mi cabeza tan rápido como pude, y desvié la mirada—. Pero… —continuó, pero se calló casi al mismo tiempo que se vislumbraba el Instituto a lo lejos—, olvídalo.

Estaba muy equivocado si creía que iba a olvidar lo que me iba a decir. Ya en la tarde, cuando estuviera en su casa, le preguntaría al respecto. Claro, no es que entre Sasuke Uchiha y yo se desarrollara algo así como una amistad; es más la relación de amo-sirviente. Abrí los ojos como platos al darme cuenta de lo que había dicho.

Amo y sirviente.

Poco a poco, sin que me diera cuenta, comenzaba a admitir la condena que me había impuesto yo misma y Sasuke. No me agradaba para nada eso de andar obedeciéndole como siervo ni nada por el estilo, pero ya era irracional pensar en el asunto de manera lógica. Yo era la esclava de Sasuke Uchiha, y lo sería por dos meses más. Algo de alivio me entró cuando me di cuenta de que sería libre antes de Navidades y Año nuevo.

Sasuke estacionó su coche con sutileza, y faltaban ya cinco minutos para que comenzaran las clases. Nos quedamos sentados ahí, en silencio. Para ser franca, en esos segundos no podía dejar de pensar en él, tan cerca de mí, con sus ojos puestos sobre mi cuerpo tembloroso; yo rehuía esa mirada como fuera. Luego suspiró e hizo eso que yo adoraba en él: pasó su mano por sus despeinados cabellos negros, al momento en que cerraba los ojos con pereza. Admito que se veía muy bien cuando hacía eso.

—¿Vamos? —preguntó caballerescamente, yo no sabía de dónde sacaba las personalidades tantas que tenía.

Me limité a asentir, y así comenzamos con nuestro suplicio diario: las clases y la escuela.


No importaba si era viernes, lunes, jueves, ¡o incluso domingo! Algo me decía que los maestros se divertían sádicamente al ver los rostros de sus alumnos retorciéndose de quejas ante la mención de la palabra "tarea". Para mí, era el doble de frustrante; yo tenía que hacer dos tareas. Pero claro, para Sasuke era gratificante. Supongo que él también disfrutaba de mi sufrimiento.

O eso pensaba hasta que llegamos a su casa.

Últimamente pasaba más tiempo en la bella casa blanca de la familia del Dr. Fugaku, haciendo todo lo que mi amo me ordenaba que hiciera: «Sakura, ordena mi cuarto», «Haz mi tarea», «Mis discos, Sakura», «Esclava, mi cama», «Mi ropa», «Prepárame algo de comer, Sakura», «Sakura esto…», «Sakura, aquello…», «Sakura, Sakura, Sakura…». Era hasta cierto punto desagradable al completo y poco me importaba que viera mis caras de fastidio.

Por eso me sorprendió cuando apareció en la cocina, y con un lápiz en la mano. Tomó una silla y se sentó a mi lado, se inclinó tal para ver lo que había de tarea, tan cerca de mí que se me aceleró el corazón; tuve una perfecta visión de su bello perfil, y su nariz tan simétrica y perfecta que me corroía la envidia insana. Le miré perpleja, supe enseguida que mis ojos reflejaban preguntas que no diría.

—Te ayudaré —sonrió con ganas.

Intenté encogerme de hombros, aparentando que no me importaba del todo, cosa que era falsa. La verdad esperaba que me tuviera de cabeza haciendo sus deberes, sola, las próximas semanas.

—Como quieras —le dije, y él rió entre dientes al escuchar cómo sonaba mi voz temblorosa.

Comenzamos rápido y en silencio. Estábamos solos en su casa, en la cocina, sentados demasiado cerca. Al pensar en ello tuve una especie de hipo repentino. La situación me agradaba un poco. Él me explicaba cosas que yo no lograba entender, trigonometría nunca se me dio muy bien, y pareció muy desconcertado cuando se lo confesé con vergüenza.

Con toda sinceridad, no pensé que Uchiha fuera así…

—¡Al fin! —exclamó con drama excesivo cuando resolvimos el último ejercicio—. Pensé que nunca se acabarían.

—Bienvenido a mi mundo —le susurré.

Rió entre dientes, divertido por mi mal fingido drama en el asunto. Tomé los cuadernos y los llevé en mi pecho, dispuesta a subir a su habitación a dejarlos.

—Cinco y media —dijo él, viendo el reloj de la cocina—, no es tan tarde.

—Se termina más rápido cuando se hace de a dos.

—Hay cosas de a dos que no terminan tan rápido —fue fácil darse cuenta del doble sentido de sus palabras. Él sonreía inocentemente cuando me sonrojé furiosa.

—Eres un pervertido —le acusé. Él rió entre dientes—. Ya ves, no soy tan buena en todas las materias, y te aconsejo que es mejor que hagas tú tus propias tareas, no quiero estropearte las calificaciones… ¿o sí? —me llevé un dedo al mentón para hacer más real mis palabras, finalmente me encogí de hombros—. En fin, tú eres mucho más listo que yo.

—Pero vaya, gracias por el halago —sonrió de esa forma torcida que comenzaba a gustarme más de lo debido—. Aunque prefiero verte frustrada al hacer mi tarea.

—Embustero.

—Como sea, gracias otra vez por el comentario.

—Bueno… por algún lado se debe comenzar, ¿no? —pregunté, dando unos pasos para salir de la cocina. Él se puso en frente antes de que pudiera siquiera acercarme al umbral.

—Empezar… ¿qué? —inquirió con creciente diversión y un brillo pícaro en los ojos. Este tipo me desesperaba un poco.

—Nada más allá de una amistad, Uchiha —le dije algo cortante. Él se rió con ganas, definitivamente tenía serios problemas de bipolaridad.

—Por supuesto, pero, de todos modos, aprovecharé esta apuesta al máximo, Haruno —luego se acercó a susurrarme al oído, suavemente—. Y comienza a pensar que debes hacer todo lo que yo te diga —recalcó la palabra con tono ronco y provocador.

Me quedé helada al escuchar sus palabras. No fui capas de seguirle con la mirada cuando cruzó a mi lado, para salir de la cocina. Mi corazón bombeaba como loco sangre a mi cuerpo, pero más a mis mejillas, que ya estaban sonrojadas por lo que había dicho. No entendía por qué había un indicio de sonrisa en mis labios, ni por qué se me venían a la cabeza imágenes comprometedoras con él. Mis hormonas ya comenzaban a actuar sobre mi mente.

¿Qué es lo que quería Sasuke Uchiha de mí?