Disclaimer: Naruto y la trama de la historia no me pertenecen, todo es de Kishimoto y Janelle Mindfreak, que por cierto, muchísimas gracias por dejar adaptar a personajes de Naruto.
Aclaraciones: Sasuke no es hijo de sαngre de Fugaku ni Mikoto (αcα). Por eso, creo, que nuncα mencioné "Fugaku Uchiha"...-repito- creo. Bien, eso es todo.
Sí, amo
Tres:
La Bella y la Bestia.
Ya saben, aunque la mona se vista de seda, mona queda.
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Septiembre 13, 2007.
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—Eres tan insoportable.
—Créeme, sólo me aseguro de que hagas lo que te ordené.
—Seguro —qué lindo sonó el sarcasmo—. Relájate, Uchiha, no quemaré tu casa…
—… si yo estoy aquí para impedírtelo.
Puse los ojos en blanco ante su sonrisa de suficiencia.
Dios, esto ya se estaba pasando de la raya. ¿Es que tan poca confianza me tenía el idiota de Sasuke que ni la cena podía prepararle sin que estuviera vigilándome como fugitiva criminal? Además de un aprovechador ahora era un acosador. ¿Qué más podía pedir para mi –sigo odiando la palabra, conste– amo? Y, por favor, que el sarcasmo siga fluyendo.
No quise quitar mi vista del fuego que calentaba la olla, porque si lo hacía le gritaría sus buenas palabrotas a la cara. Tan bien que se había comportado en la tarde del miércoles ayudándome en las tareas y ahora volvía a ser el mismo arrogante que yo conocía. Aunque… bueno, no podía decir que le conocía, porque sería una mentira. Es verdad que en una que otra ocasión le vi por los pasillos del instituto, pero de ahí nada más. Luego de la cena, hace un año; y después de ver que destilaba frialdad sólo con sus ojos cuando me miraba, no me quedaron ganas de conocerle.
Y ahora estaba obligada a hacerlo.
Al parecer al destino le agradaba que Sasuke y yo pasáramos tiempo a solas. A mí no. Cuando llegué a la casa, en el Volvo de Sasuke, para mi desgracia, y seguidos por Tenten, Mikoto nos anunció que saldría con Tenten toda la tarde, y que llegarían tarde, algo se les había olvidado la última vez que fueron de compras. También dijo que Kiba estaría donde Ino, y que pasarían a buscar a Neji para acompañar a Tenten a con Mikoto. Y que, para sumarlo al desastre, Fugaku, el padre de Sasuke en infinitos sentidos, llegaría tarde.
Maravilloso, maravilloso. El señor Sasuke podría mandarme de aquí para allá, con esto y esto otro sin que la dulce Mikoto pudiera protegerme de sus abusos machistas. ¿Algo más que agregar? Sí, por supuesto, hablamos de mí; Tenten no deja de insinuarme cosas con su hermano. Y no deja de chillar cuando le digo que Sasuke me parece atractivo físicamente. Pero, por favor, ¿alguna chica diría lo contrario?
Pensando en la posibilidad, giré la cabeza para evaluar las expectativas.
Genial, todas se fueron a cero.
Sasuke estaba apoyado en la mesa americana del centro, de espaldas y con las manos en los costados del mueble. La luz no estaba a mi favor para nada, porque le iluminaba el rostro como si fuera un ángel –cosa que no era ni en el más mínimo sentido metafórico de la palabra. Su piel se volvía tan blanca como la cal y hacía contraste con su cabello azabache, despeinado pero lindo, que formaba un marco sobre su sereno rostro, aunque yo solamente tenía la visión de su perfil. Pude, también, mirar sus ojos, dirigidos al techo, y ahora más claros que lo normal. Por un momento de irracionalidad y de serena paz, admito, pensé que eran los ojos más lindos que yo había visto alguna vez.
¡Agh! Después tendré que hacerme un lavado cerebral para que nadie más se entere de que yo pensé eso.
Un sonido agudo sonó frente a mí. Y, al mismo tiempo que Sasuke, giré la vista para ver la olla. Tomé un paño de cocina, para no quemarme, y levanté la tapa de la cacerola, el agua ya estaba hervida, ahora tenía que agregar la pasta.
Extendí mi brazo, buscando el paquete de espaguetis que había dejado a mi lado, supuestamente. Pero el mesón estaba vació. Pero yo había sacado el paquete, ¿verdad?
—Aquí tienes —algo llegó a mi mano, y yo lo tomé sin mirar realmente.
Mis ojos vieron el paquete que buscaba entre mis dedos y… los de Sasuke. Recorrí con la vista su brazo, comiendo sus músculos con los ojos, hasta que finalmente llegué a su rostro. Tenía una sonrisa arrogante en los labios, pero, desgraciadamente, eso no le quitaba que fuera atractiva.
—Gracias —mascullé entre dientes, cambiando de dirección la mirada y frunciendo el ceño; pude sentir perfectamente el calor en mis mejillas. Demonios, ¿es que él tenía que ser así de perfecto?
—Por nada —susurró.
Sentí un ligero estremecimiento al escuchar su voz; no lograba acostumbrarme a lo musical y hermosa que era.
Bien, finalmente pude terminar la pasta que Sasuke me había ordenado que hiciera, le serví después de poner la mesa. Él estaba viendo la televisión en esos momentos, no eran pasado de las siete y media de la tarde. Aún podía llegar a casa antes de las diez.
Últimamente no podía prepararle la comida a Yasuo, ya que tenía que estar aquí, claro, nunca se lo dije a Sasuke, o pensaría que es un pretexto para deshacerme de él antes de que pidiera cualquier otra cosa más. Al fin y al cabo, Yasuo se rió bastante cuando le conté de mi derrota y el castigo. Me dijo que no me preocupara, que iría a la casa de los Uzumaki a comer, porque, matando dos pájaros de un tiro, Kushina se las pasaba sola pues su esposo, Minato, se había ido de pesca.
Obviamente, como toda hija, me hice falsas esperanzas pensando que Yasuo me ayudaría a prohibir la ejecución del castigo. Pero cuando vi que se echaba a reír… me di cuenta que quedaba casi sola. Al menos Tenten estaba dispuesta a raptarme unas cuantas veces para librarme de las garras de la bestia de su hermano.
Y hablando del rey de Roma…
… Sasuke cruzaba el umbral de la puerta para entrar en la cocina, preparado para comenzar a comer.
Pero en vez de sentarse de inmediato, se quedó allí, en el umbral, recostado y de brazos cruzados. Y mirándome. No sé qué vio en mí que rió por lo bajo, pero yo me quedé pegada en el mismo lugar en el que me encontró.
Pasó a mi lado, sin que me diera cuenta, creo que yo seguía en mi propio mundo. Escuché el chirrido de la silla al ser corrida, a mis espaldas. Y también el tomar del tenedor.
—¿No vas a sentarte? —preguntó Sasuke. Pude imaginarme la sonrisa en sus labios cuando habló.
Me volteé y negué levemente, despacio, sin mirarle a los ojos tampoco.
—No. Y, si no te molesta, o si no quieres nada más, me iré a casa. Permiso.
Suspiré pesadamente. Algo me decía que no me dejaría ir tan fácil. Creo que enrojecí un poco al pensar de esa manera.
Comencé a caminar tranquilamente, pintando las baldosas de pequeñas esperanzas de libertad. Aún tenía que hacer ciertos deberes que ya había echo, pero no precisamente para mí.
—Sí, me molesta.
El musical sonido de su voz logró que hasta el más mínimo de mis circuitos nerviosos se estremeciera. El corazón se me aceleró, y tuve miedo de que él pudiera escucharlo.
Sobra decir que no me giré.
—No quiero cenar solo —dijo, y creo que hizo algunos esfuerzos por no echarse a reír. De verdad que este tipo me frustraba bastante.
—No tengo hambre —mentí. La verdad es que hace rato el olor de la pasta me llamaba y mi estómago contestaba; pero tampoco quería cenar con él, creo.
Y me quedé ahí, de pie, dándole la espalda. Debatiéndome entre salir corriendo o aceptar su invitación. Me volví a frustrar al darme cuenta de que teníamos otra similitud: a ninguno de los dos nos gustaba cenar solos. Vaya.
—Sírvete un plato, por favor.
Bien, ¿dónde estaba el tono mandón que normalmente usaba conmigo? ¿No tenía yo que obedecerle cada vez que pidiera algo? ¿Me estaba pidiendo que cenara con él? Peor aún, ¿qué era esa parte de mí que no quería rechazar su petición? ¿Dónde demonios estaba la parte coherente que me gritaba hace unos instantes que saliera corriendo? Ugh, otro error; ¿cómo iba a irme? Era él quien me iba a dejar a casa. Bah, unos kilómetros de caminata no le hacen mal a nadie.
Y aunque aún me debatía…
… terminé tomando un plato de la losa lavada y me serví un poco –porque su petición aún tenía un tono de orden entre las palabras–, lo dejé en la mesa, y me sentí bastante cohibida mientras sentía su mirada negra sobre mi cuerpo. Busqué entre los cajones un tenedor para comer, y lo dejé junto al plato carente de pasta. Me di otro paseo por la cocina, buscando un vaso para poner algo de jugo. Cuando ya lo hube echo, me senté a su lado, sin mirarle y con ojos entrecerrados.
—Ya está, ¿feliz?
Sentí su brazos rozar con el mío cuando se encogió de hombros. Y no pude creer toda la descarga eléctrica que viajó por mi piel.
—No me quejo. Provecho.
Y resultaba que la bestia tenía modales, vaya. ¿Qué nos enseñan hoy en clase, pues?
No puedo creer que pudiéramos cenar sin echar chispas por los ojos. Por otro pequeño lapsus de tiempo estuve a gusto al lado de Sasuke Uchiha, muy a gusto. Y me di cuenta de que tenía una curiosidad insaciable, me preguntó muchas cosas sobre mi vida. No pensé que mundanas vivencias normales le pareciera, en cierto punto, interesantes. Conté algunas anécdotas de mi madre Tsunade y yo, cuando vivía en Kumogakure con ella; y Sasuke se rió una que otra vez. Y su risa parecía musical y aterciopelada, al igual que su voz. Cuando la escuché no pude evitar sonreír como boba.
Sinceramente, no sabía que estaba pasándome.
—Ahora es mi turno de preguntar —dije.
—Adelante.
Me levanté despacio de la silla, iba a buscar más jugo, ya se había acabado en mi vaso, y tenía muchísima sed.
—¿Por qué, siendo de apellido Uchiha —pregunté mientras me servía—, vives con Fugaku y Mikoto?
Escuché carraspear su garganta, quizás mi pregunta le había tomado por sorpresa.
Regresé lentamente, sin quitar mi mirada de él, y, por supuesto, me devolvió la mirada. Otro segundo más de serenidad, y me derretí ante sus ojos negros, ahora algo opacados. Me pregunté qué pasaría por su cabeza para que su rostro se descompusiera de esa forma tan leve; vi el esfuerzo que hacía por mantener la expresión casi serena.
Entonces todo fue demasiado rápido.
Y odié mi torpeza, sería para el resto de mi vida.
Me sentía una completa estúpida. Tenía la cara roja, de vergüenza, de ira conmigo misma, pero… ¡Maldición, era su culpa! ¡Nadie le mandó a mirarme de esa forma! ¡Nadie me dijo que podía tropezar con las patas de la silla! ¡Demonios! ¡Nadie me dijo que podía derramar el jugo sobre la camisa de Sasuke!
Ajá, eso pasó, y… ¡maldición!
—Mierda —musitó cuando pasó su mano por la zona mojada.
—¡Perdóname! Por favor, por favor. Demonios, ¡qué tonta! —ahora es que me doy cuenta que los paños de cocina no quitan la humedad de las camisas Calvin Klein.
No me dijo nada, ni me miró, y agradecí eso. Era mejor que me ignorara a que me mirara con la furia que temía que explotaría en cualquier segundo.
—Déjalo —susurró, de pronto serio.
Alejé el paño casi de inmediato, al escuchar su tono, era vagamente melancólico.
Como si fuera una hermana más en la familia, como si tuviéramos la suficiente confianza, como si me conociera de toda la vida…; se quitó la camisa frente a mis ojos, y pude ver sin objeciones lo perfecta y masculina que era su figura. La piel pálida de su fornido pecho, sus brazos musculosos sin excesos, su estómago bien marcado…
Y entonces todo se vino a negro.
Septiembre 14, 2007.
&.
Cuando volví a abrir los ojos la claridad de la mañana arañó mis ojos. Levanté el brazo y me tapé con la sombra que este creaba. Giré lentamente, y me di cuenta que me hallaba sobre algo bastante cómodo, familiar y calentito: mi cama.
¿Mi… cama?
Bien, bien, bien. Creo que estaba algo confundida; y, para añadir más leña al fuego, no podía recordar mucho. Sólo la escultural figura de Sasuke y…
—¿Sakura, estás despierta? ¿Puedo pasar?
¿Yasuo?
Era obvio y definitivo que me hallaba en mi casa. Pero, ¿cómo…?
—Pasa, papá.
La puerta se abrió lentamente, dejando entrar a Yasuo. Tenía él ya puesto su traje de policía, sólo faltaba que se colgara el cinturón con la pistola. Sus ojos brillaban con algo de vergüenza, y no sabía por qué.
Una parte de mí creyó que sería por lo que supuestamente había pasado, de cómo había llegado aquí. Tendría que averiguarlo, o Yasuo me lo diría solo.
—¿Qué tal te sientes, Sakura? —preguntó cuando se hubo sentado en el extremo de mi cama.
—Bien —respondí simplemente—. ¿Qué hora es?
—Son las seis treinta, aún puedes quedarte acostada un rato más. Ayer te diste un buen porrazo en la casa de Fugaku.
¿Un porrazo?
—¿A qué te refieres? —inquirí, dudosa.
—Bueno… —intentó hacer memoria—. Ayer llegó Tenten a dejarte, te habías desmayado por no-sé-qué-motivo y tuvieron que traerte. A lo único que atiné fue a recostarte en tu cama. Ahí te pasaste toda la noche, debías de estar agotada.
Entonces se pintó un recuerdo en mi mente; y, para mi desgracia, el recuerdo no era para nada desagradable, y creo que hasta se me aceleró el corazón de recordarlo.
Sasuke.
¡Oh, Dios mío! Había olvidado respirar. Siempre me pasaba lo mismo, ¡claro! Sólo a mí tenía que pasarme. ¿Qué pensará él de mí ahora? Demonios, algo me dice que se burlará de mí por lo que queda de mi condena, y… ¡haría de mi metafórica multa de grilletes un infierno sin camisas Calvin Klein!
Sentí el calor en mis mejillas al recordarle una vez más.
—¿Sakura, hija, estás bien? —preguntó Yasuo.
Era fácil darse cuenta de que me hallaba un poco perdida en mi burbuja personal.
—Sí, sí… eh, me vestiré para ir a la escuela. Tú vete al trabajo nada más.
—¿No quieres quedarte en casa?
Le miré con ojos entrecerrados, ¿desde cuando Yasuo tan sobre protector?
—Depende, sheriff —le sonreí—. ¿Le has dicho a mi madre?
—No —rió—. Pero creo que te he descuidado mucho, ¿eh? ¿Quieres que te "castigue" para que no puedas cumplirle el trato al chico Uchiha?
Dudé unos segundos. Era demasiado bueno para ser verdad.
—Tentador, pero no, gracias. Ahora… si no te molesta…
—Sí, sí, ¡adiós!
Se fue dejando la puerta entreabierta. Me reí tontamente, y sola. Cosas como desmayarme al ver el torso desnudo de un chico sólo podían pasarme a mí.
"Bueno, Sasuke Uchiha no es cualquier chico."
¿Dónde está el lavado de cerebro cuando se le necesita?
Me duché rápidamente, me vestí con lo primero que hallé, preocupándome, por supuesto, que sentara bien, y después me dirigí al instituto en mi Chevy, lo tenía un poco abandonado. Admito que el estruendoso sonido del motor me asustó un poco; me había acostumbrado al suave ronroneo del Porsche de Tenten, o del Volvo de Sasuke, vaya, se sentía diferente viajar así.
Llegué unos veinte minutos antes de que sonara la campana para ingresar a clases. Así que me estacioné cerca de la salida, esquivando el centro del estacionamiento.
Me sobresalté notoriamente cuando escuché golpes en el vidrio a mi lado. Era increíble, apenas había aparcado Tenten estaba justo al lado de mi coche, parecía ansiosa por algo, y preocupada a la vez. Su lindo rostro de duendecillo era una mueca algo extraña. No paraba de golpear la ventana con su pequeña manita, a pesar de que ya le había prestado atención. Abrió la puerta rápidamente y me sacó a volandas de mi asiento –me sorprendió la fuerza que la duendecillo tenía a pesar de su estatura y complexión delgada.
—¿Qué pasa Tenten? —pregunté.
—Nada bueno —dijo y tomó mi muñeca, arrastrándome.
No pude hacerle fuerza en contra, porque me picaba la curiosidad. Nos dirigimos a zancadas hacia el centro del estacionamiento, la misma parte que yo había esquivado y a la que no le había prestado atención. Allí, entre varios coches que comprobaban la existencia de los dinosaurios, se hallaba una gran cantidad de gente, todos gritando, hablando y formando un caos en mi oído.
Tenten no se detuvo cuando le volví a preguntar qué sucedía y qué era toda esa multitud a mitad del estacionamiento del instituto. No tenía mucha cabeza para que se me viniera nada a la mente…
… hasta que escuché su nombre ser nombrado entre tanto griterío.
"¡Vamos, Sasuke, enséñale!"
Se me aceleró el corazón la sola mención de su nombre, y a mi mente vinieron imágenes que me había prometido no volver a evocar. Dios, una sensación extraña corrió por mi estómago… como si tuviera mariposas en él, o nauseas.
Entonces se escuchó una removida de las piedras en el suelo, y muchas exclamaciones diferentes, algunas en contra, otras alegres, "¡Uh!" "¡Párate, Sasuke!". ¿Qué, le habían derribado? ¿A qué se debía todo esto?
—¡A prisa Sakura! —me urgió Tenten, y todo se volvió muy claro entonces.
Nos movimos entre la masa de gente que estaba agitada y se movía como niños de primaria. La mayoría eran hombres y muy a gusto con el enfrentamiento que se desarrollaba en el centro de la multitud.
Y ahí estaba él, por supuesto, el centro de la atención, y de muchas miradas también. Se encontraba sentado en el suelo, revuelto entre las piedras con polvo sobre la ropa, su cabello estaba más despeinado de lo normal, y su rostro pálido yacía medio gris por la suciedad que había levantado su caída, la comisura izquierda de su labio sangraba. Casi por instinto me adelanté un paso para ayudarle, pero alguien me tomó del brazo. Me giré, y vi a Neji, el novio de Tenten.
—No, Sakura, tú no…
—¡Cuidado, Kankuro!
Otro estrello sobre el suelo, y otro revuelto de piedras, pero ya no era el cuerpo de Sasuke el que estaba en el suelo. Yo conocía al chico, Kankuro, era del grupo de basket que arrolló al mío, junto con el hermano mayor de Sasuke, Kiba, quien por cierto no tenía nada que hacer ahí, supuestamente tendría que estar en la universidad, ¡eso era trampa ahora que me doy cuenta! Después hablaría con Sasuke, ahora…
—¡Sasuk…!
—¿Pero qué demonios está pasando aquí? —era la clara voz del director.
—Mierda —dijo Sasuke, pero fijó su vista en Kankuro una vez más, y se lanzó sobre él. El chico no tardó en contestar, y ya se encontraban una vez más revolcándose entre el suelo y la tierra.
Entre puñetazos y patadas, iban y venían. Sasuke de verdad parecía una bestia peleando junto a otra, Kankuro no se quedaba atrás. Y otra vez empezaron los gritos inmaduros de los presentes. Alentando a su oponente favorito. Yo, por mi parte, estaba al borde de los nervios, no podía soportarlo.
—¡Sasuke, detente! —grité histérica, Tenten me abrazó levemente.
—¡Señor Uchiha, señor Sabaku no!
No dejaron de pelear incluso cuando escucharon sus nombres. El gentío de espectadores de a poco se comenzaba a dispersar, yo me quedé ahí, quieta, con Tenten y Neji a mis espaldas. Viendo igual de preocupados la escena que se presenciaba ante nosotros.
El pobre señor Sarutobi tuvo que separarlos él mismo. Sasuke Y Kankuro se veían con odio, algo me decía que había algo detrás de cada mirada.
—¡A mi oficina, ahora! —los sacudió por las camisas, y se alejó con paso autoritario, seguro esperaba que le siguieran de inmediato—. Los demás, a clase, ¡ahora!
Mientras el público se iba intimidado a clase, yo seguía de pie, ahí. Y sólo mirándolo a él. Mis pies tomaron vida propia al momento de acercarme a su lado, con mi mano le tomé del hombro, pero me repelió casi al instante.
—Sasuke…
—¡Aléjate, Haruno! —me gritó, como si fuera su peor enemiga.
Algo dentro de mí se revolvió en ese mismo instante, y no fue nada agradable. Fruncí el ceño, enojada por su inmadurez.
—Estás sangrando —le dije mientras pasaba mi dedo por su mejilla, la cual tenía una cortadura, también por la comisura de su labio. Una corriente eléctrica atravesó mi cuerpo.
—¡Te dije que…! —entonces me miró a los ojos y pareciera que se le hubiera olvidado lo que iba a decirme—. ¡Tú…! ¡Sólo…! Déjame solo… —su voz se apagó en el último instante, y fue como si me sintiera débil y vulnerable. Apartó su mirada de mí, y me dio la espalda, comenzó a caminar.
No pude hacer otra cosa que quedarme quieta, observándole; con una sensación extraña en el estómago al ver su espalda. Sólo pude ver cómo se adentraba a la escuela.
