Hallo! me disculpo por la tardanza en la actualización del fic, muchas cosas en poco tiempo y pues me emocioné dibujando en estos días y haciendo los borradores de los caps de la forma tradicional =p. El de hoy es un cap bastante corto, pero igual espero que sea del agrado de todos los que han estado siguiendo este fic, nuevamente gracias por todos los comentarios.


Regreso del miembro pródigo

Domingo 19 de diciembre, 11: 37 a.m.

Un grupo de chicos algo ruidosos, bueno en realidad sólo un chico es el que está haciendo todo el ruido alrededor de ellos, mientras tratan de almorzar en una zona bastante tranquila de Akenobo. Con el otro hablando el resto aprovecha para terminar rápido y levantarse de la mesa tan pronto acaben sus alimentos.

- ¿Listos?- pregunta el pelirrojo.

- ¡Hey! Yo no he terminado mi comida- reclama Boris viendo como sus compañeros de equipo se levantan.

- Eso es porque llevas todo el rato contándole a Kai del ridículo que hizo Michael, y él ni siquiera te ha puesto atención- expresa Sergei a su compañero.

- Es cierto- confirma el bicolor al ver la interrogante facción de Kuznetsov.

- Oh demonios, y yo que me molesto- dice mientras recoge su hot dog y bebida.

- ¿Boris?- cuestiona Yuri.

- Comeré en el auto- replica y los demás le siguen resignados.

Domingo 19 de diciembre, 12: 11 p.m.

El auto que abordaron los cuatro jóvenes había tomado un rumbo que había asombrado a tres de los chicos. El conductor parece simplemente seguir órdenes, pues entre este y el joven propietario no se ha intercambiado palabra alguna.

- ¿Qué venimos a hacer al aeropuerto? Que yo sepa los papeles de todos están al día- reclama Boris al ver el destino.

- Por más que quiera deportarte no puedo, pero alguien está esperando.-

Las palabras con las que respondió Kai dejaron intrigados a los tres que intercambiaron miradas y prefirieron esperar a ver de qué se trataba. Era un hecho, si esa fue la primera respuesta de Hiwatari, serían la única que conseguirían. El chofer parqueó el auto al frente de una de las entradas del aeropuerto, los cuatro bajaron y tres de ellos siguieron avanzando. El cuarto se retrasó pues tenía que recoger su maleta y dar las siguientes indicaciones al chofer.

Domingo 19 de diciembre, 12: 41p.m.

- Ahora sí nos puedes decir qué venimos a hacer aquí- reclama Yuri al mirar el reloj y ver todo lo que han esperado.

Kai no hace esfuerzo alguno por decir palabra, de pronto levanta su rostro y sonríe maliciosamente.

- Allí está, veníamos por la mascota del equipo- menciona y Sergei, Iván y Yuri miran a la misma dirección que el bicolor.

- ¡¿Iván?- exclaman los tres.

- ¿Qué tal chicos? ¿Me extrañaron?- el más chico de todos saluda.

- ¡Volvemos a tener mascota!- dice burlonamente Boris mientras alborota el cabello de Iván.

- Es bueno verte, al parecer las bromas hacia Kai por ser el más pequeño terminan hoy, la pulga Papov ha vuelto- Sergei dice y le da un fuerte apretón de manos.

- Es bueno tenerte de vuelta Iván, pero ¿cómo? Creí que tu nueva familia no quería volver a verte en torneos- Yuri cuestiona entre la felicidad y la sorpresa.

- El señor Dickenson los convenció- responde el pequeño con una gran sonrisa.

No era algo que se pudiera pasar desapercibido, pero había cambiado en cierta forma. Su melena ya no lucía tan desacomodada como en aquellos días de abadía, sus ropas ya no hacían alusión a nada militar y sobretodo la expresión que tenía plantada. Ya no era enojo ni nada así, y aunque no estuviera sonriente, se sabía que había felicidad en el chico.

- ¿Desde cuándo sabías de esto Kai?- pregunta Yuri al bicolor.

- No tengo por qué responderte, espero que el cerebro extra les ayude a pensar en algo- menciona Hiwatari mientras se levanta.

- ¿Te vas?- cuestiona Sergei.

- Viaje de negocios- replica el bicolor.

- ¿Regresas?- continua Yuri.

- En una semana, nos vemos- es lo último que dicen, los demás levantan sus manos en señal de despedida y el pequeño Iván miraba curioso.

Domingo 19 de diciembre, 1: 14 p.m.

Los cuatro rusos salían del aeropuerto, la forma de ser de Hiwatari les decía que tendrían que regresar caminando, pero para su sorpresa el auto aún permanecía allí.

- Esto es raro…- suscita Sergei.

- Lo sé, me hace sentir que se quiere deshacer de todos sin dejar evidencia- continua Boris.

- Ya cállense y suban- ordena Yuri y todos hacen caso.

Abordaron el auto, el chofer no hizo pregunta de destino ni nada por el estilo, lo que les hacía sentir que su paradero era más que obvio. Luego de unos quince minutos de viaje se dieron cuenta que su presentimiento era cierto y su lugar de destino no era otro que el sitio en el que se estaban hospedando. Bajaron del auto y seguidamente el vehículo siguió su rumbo. Los cuatro chicos uno más desanimado que los demás, se dispusieron a regresar a lo que llamaban su hogar en ese momento.

- Y bueno Iván, ¿qué has hecho?- pregunta Sergei al ver que los demás continuaban como si nada nuevo estuviera pasando.

- Pues no mucho, estos años he estado en San Petersburgo, ya sabes con mi… familia… y pues he estado estudiando- responde el pequeño.

- ¿Estudiando? ¿Tú? Estás bromeando, ¿cierto?- Kuznetsov replica ante el comentario de Papov.

- ¿Por qué sería algo extraño como para cuestionarlo?-

- No lo sé, es simplemente extraño- responde Boris y se marcha a su habitación.

- Creo que aún no lo supera…- concluye Yuri.

No era un secreto que al que más le había dolido en su momento la decisión de Iván de aceptar estar en un hogar adoptivo había sido a Boris. Yuri y Sergei lo habían comprendido rápidamente, él sólo tenía 10 años y el deseo de saber lo que era una familia, no iba a perder la oportunidad que la BBA le ofrecía en aquel entonces. Mientras que Iván había tomado esa decisión, los otros habían seguido entrenando en el Beyblade bajo la tutela de los directivos rusos, además de haber iniciado sus estudios de esa manera.

- Eso veo… es difícil reincorporarse cuando las cosas siguen así- suscita el chico con una mirada perdida.

- Ya se acostumbrará- contesta Sergei.

- Como ustedes a Kai…-

- ¿Eh?- fue la reacción compartida por parte de Sergei y Yuri.

- Bueno cuando me avisaron que él sería parte del equipo creí que sería un caos, pero habiéndolos visto ahora en el aeropuerto… entendí porqué el equipo logró el segundo lugar.-

- Nuevamente digo, ¿eh?- dice Yuri un poco aturdido por el comentario.

- Jejeje no lo tomen mal, sólo me llamó la atención ver que él no es tan ogro como antes y que ustedes han aprendido a comprenderlo- replica el más chico y agranda el rostro de duda que Sergei y Yuri mantenían- como sea, me iré a duchar, ya regreso- indica y se retira de la sala.

Aunque nadie le había dicho dónde estaban las cosas, dónde iba a dormir, Iván ya se sentía como en casa, podían haber pasado casi tres años en los que había dejado de ver a esos tres locos, pero las relaciones no cambiaban. Si calculaba bien, a él le tocaría dormir en la misma habitación con Yuri, porque el pelirrojo no soportaba los ronquidos de Boris, en cambio Sergei tenía un sueño tan profundo que no escuchaba nada. El baño estaría desocupado a cualquier hora de la tarde, porque ninguno era de asearse demasiado, no que fueran personas despreocupadas por el aseo, pero tampoco eran de exagerarlo. Y si calculaba todo tan bien como lo había hecho hasta el momento, sabría que a eso de las cinco de la tarde estarían haciendo una gran cantidad de comida pues no soportaban estar más de 7 horas sin comer nada.

Y así fue, a las cinco de la tarde Sergei comenzaba a sacar las cosas necesarias para la cena, Yuri comenzaba a ver en qué le ayudaba, y Boris como siempre perdido. Para tratar de reincorporarse un poco más, Iván se sentó junto a Yuri para ayudarle a picar las verduras del estofado, mientras que Sergei preparaba el resto de cosas.

Domingo 19 de diciembre, 5:35 p.m.

- Es raro que no esté por acá- decía Yuri.

- Ya es de que hubiera olfateado el estofado desde su habitación- comentaba Sergei.

- ¿Será por mí?- dijo Iván algo incómodo.

- Cállate nariz de papa, andaba buscando esto- menciona bruscamente al momento en que entraba Boris y tiraba un paquete de chocolate blanco- Espero que aún te gusten, y puedas comerlos luego de la cena.

- Claro que sí, gracias maníaco.

- Algunas cosas nunca cambian- menciona el líder del equipo y Sergei asiente.

Luego de varios años los NeoBorg que pasaron tantas aventuras como desventuras siendo miembros de aquella abadía estaban juntos, revivían memorias y pasatiempos. Juntos ya sabían algo sin tener que decirlo, la Semana Beyblade sería genial.


Gracias por la lectura, nos vemos!