CANCION DE CUNA
CAPITULO 03
REBECA GRANDCHESTER
New York, ese nombre significaba más que solo una gran metrópoli. La ciudad de los rascacielos estaba vinculada también a numerosos sentimientos. Aquí era donde había aprendido a trabajar, ganarse la vida con su talento, a soñar con un mañana hermoso, era una excitante espera, una hermosa sensación, pero en esta ciudad la vida también le había enseñado a decir adiós al amor y hola al deber, sobre todo le había enseñado a sobrevivir día con día. Porque desde que se había casado con Susana Marlowe, y mucho antes, eso era lo que hacia, solo sobrevivir.
Luces, edificios, tiendas y gente caminando por las aceras. Eso era New York por las noches, desde que había llegado a la ciudad, a los 17 años, ese había sido el espectáculo que había presenciado vez tras vez
Terrence conducía su nuevo auto por las calles de Manhatan, pronto avisto el lujoso vecindario donde vivía desde que se había casado nueve años atrás. La residencia que ocupaba junto a su esposa era una de las más grandes y elegantes. Bordeada de árboles gigantes, cerca de un hermoso parque y un lago para poder pasear, ideal para criar niños.
Terrence se rió para sus adentros, niños…
Estaciono su coche en la propiedad al tiempo que un empleado corría hacia el para estacionar el automóvil.
-Gracias George – El empleado asintió con la cabeza.
Terrence entro con desanimo a su casa. Una vez dentro sintió el calor proveniente del hogar. Empieza la función – se dijo a si mismo.
-Susana, estoy en casa – No hubo respuesta. Dejo el sobre todo en el perchero.
El hombre busco a su mujer en el recibidor, la sala de descanso, la biblioteca, el comedor, la cocina y nada. Subió al segundo piso, la busco en la recamara, en el salón del piano, el estudio y no había señales de la mujer. Asomo su cabeza hacia el patio trasero y allí en el invernadero, había una frágil figura sentada contemplando las rosas del jardín. El hombre bajo hacia ella.
-¿Susi? – Le llamo pero la mujer no respondió. Tomo una bocanada de aire que soltó lentamente. Se acerco a ella con sigilo.
-Es increíble que renacerán en primavera ¿No crees? – Su voz era tenue y tranquila miraba hacia unas flores marchitas.
-Lo increíble es que estés acá afuera, sabiendo que tu salud es delicada, Susana. – El hombre se acerco para tomarla en brazos - ¿Qué voy a hacer contigo señora?
-Podrías darme el divorcio – Le dijo ella con voz pausada y suave. El hombre no se inmuto. Ni siquiera la miro.
-Eso no esta en discusión, Susi – Entraron a la casa – Arreglaremos nuestras diferencias.
-No creo que "nuestras diferencias" como le llamas tenga arreglo – Empezó a sollozar – No hay arreglo para nuestras vidas. Somos como flores marchitas – El hombre torció los ojos.
La verdad era que si por el fuera, le hubiera dado el divorcio desde la noche de bodas. Pero había hecho una promesa y el cuidaría a la mujer que sostenía en brazos.
-Ni siquiera he sido capaz de darte hijos – Empezó a llorar con mas ganas.
-Eso tiene solución, adoptamos uno y listo – la acomodo en la cama – Es solo cuestión de que te decidas – Se sentó junto a ella.
-¡No quiero el hijo de otros, quiero darte un hijo tuyo y mío. Producto de nosotros mismos, de nuestro amor – Lo último lo dijo en un hilito de voz.
-Eso no me importa, bien lo sabes, un hijo podría ayudar a nuestro matrimonio.- Encendió un cigarrillo.
-No creo que nadie pueda ayudar a nuestro matrimonio – Clavo sus ojos en piso – Terry ¿Por qué nunca me has dicho que me amas?
-Te amo ¿listo? – Soltó una bocanada de humo. Lo dijo como si dijera, no tengo hambre, gracias.
La mirada y la voz fueron tan frías y sin sentimiento que el corazón de la rubia se apretó en su pecho.
-No me amas – afirmo – Nunca lo has hecho – Comenzó a sollozar – Te obligue a casarte conmigo, me equivoque…. Oh Dios perdóname….
-¡Susana! ¿Vas a comenzar de nuevo? – El hombre se restregó la cara con las manos en señal de cansancio.
-Ni siquiera me buscas en el lecho… - Susana se sorbió los mocos.
-Si ese es todo el barullo, hoy mismo lo haremos, después de la cena ¿Qué te parece? – La palmeo la pierna.
-Todo es calculado, todo, este maldito cuarto no tiene una pizca de pasión, mucho menos de amor. – Grito la mujer en su desesperación, el hombre siguió imperturbable. – ¡¡¡No quiero las sobras que otra dejo!!!…- Aventó la almohada furiosa. Terrence se puso de pie - ¡¡No quiero sobras!! ¡¡No quiero sobras!!
-Susana por favor, no hay otra, tu eres mi esposa, ahora si me disculpas… Te dejo para que duermas y descanses… - El hombre salio de la habitación.
-¡¡Terrence Grandchester!!¡¡Vuelve!!¡¡Regresa, Quiero el divorcio!! - El recargado sobre la puerta de la habitación sonreía irónicamente.
¿Divorcio? No se lo daría jamás, había querido casarse con el, pues ahora tendría que aguantarse.
Rebeca volvió a darle otro tayon a la bandeja sucia. La mugre estaba muy pegada además de chamuscada. Miro a la mujer que dormía sentada en una silla recargada en la pared. Volvió a sentir el ardor en sus piernitas.
Una lágrima rodó por su mejilla, nunca antes nadie le había pegado. Cuando Papi vivía, se limitaba a mirarla duramente si ella hacia alguna travesura y castigarla en su cuarto. Su mama a veces podía ser muy estricta y para darle una reprimenda, le prohibía salir a jugar o le vetaba los cuadernos de dibujo. Pero nunca la habían golpeado.
Por eso le parecía ridículo que le hubieran dado una tunda enfrente de todos los niños solo por decir que no quería más puré de verduras. La verdad es que sabía espantoso. Otra chiquilla pelirroja le había dicho que lo metiera en el florero, para después acusarla con la mujer a cargo.
Había sido toda una vergüenza cuando le habían levantado la falda y dado la tunda delante de todos los demás niños que se burlaban de ella sin miramientos. La humillación había sido de lo peor.
-¿Has terminado ya? – Pregunto una mujer que le miraba con ojos fríos, mientras ella se secaba las lagrimas del rostro. Negó con la cabeza.
- Entonces ¿Qué esperas?¡¡Muevete aprisa!!
-Esta muy pegado – Exclamo Rebeca con voz tímida.
-¿Muy pegado? Oh disculpe su alteza real, ¿acaso quiere una sirvienta? ¡¡Deja de quejarte y mueve esas manos inútiles!! –
"No lloraría, no lloraría."
Ella era valiente como decía mama,
¡Mama cuanto la extrañaba!
Sentir sus brazos alrededor de su cuerpecito y decirle al oído cuando la amaba. Una lagrima asomo por sus ojos y amenazo con rodar por su rostro.
-¿Es que vas a llorar huérfana? ¡¡Apurate!! – Grito con desdén mientras se alejaba.
Candy termino de colocar el último cartón sobre un árbol del parque. Una mujer se acerco a leer el anuncio.
Se busca
A Rebeca Donovith, tiene 6 años, cabello rubio rizado.
Ojos verdes y pecas en la cara, si tiene alguna información
Favor de comunicarse con Candice Donovith,
En la dirección al pie de la foto.
-¿Es su niña? – Pregunto la mujer de unos cuarenta años.
-Si, señora – Contesto guardando la esperanza de que la mujer le diera alguna información.
-¡Vaya madre! – Contesto la mujer levantando la nariz en señal de desaprobación.
-¿Cómo dice? – Pregunto un tanto incrédula
-Solo una mala mujer puede perder a su hija pequeña de 6 años. No todas deberían procrear – Afirmo dando la vuelta sobre sus talones y alejándose de una Candice triste y confundida.
Había pasado una semana y ella se había dedicado a preguntar en el vecindario, si no habían visto a algún hombre sospechoso, rondar por allí antes del rapto de su hija. Había recibido puras negativas.
Luego había pedido ayuda a sus conocidos, pero la gente no quería tener problemas con gente poderosa como eran lo Aundry. Así que finalmente había decidido hacer cartelones con la descripción de su hija y pedir la ayuda de una dibujante profesional que conocía, quien le había hecho las "fotos a mano" de una pequeña reproducción que ella guardaba para si. Sin embargo aun no había respuesta.
La depresión la estaba consumiendo, pero ella no quería ceder, ¡NO! NO SE DARIA POR VENCIDA! Se dijo con decisión. La tarde caía ya y ella volvería a casa ¿Para que? Se pregunto, Para llorar hasta desfallecer, se respondió. Negó con la cabeza, Eso no iba a ayudar y el permiso que había pedido en el hospital solo le daba 15 días. Esa misma tarde escribiría de nuevo a Archi, aunque sabia que la respuesta tardaría al menos un mes.
Había que actuar cuando antes pero ¿Cómo? Había ido a algunos investigadores privados, pero pedían el 50 por adelantado. Ella no tenía ese dinero. Fue a pedir un préstamo. Se lo negaron. Los Aundry controlaban la banca de Chicago ¿Qué haría ahora? Se devanaba los sesos pensando por las noches, era un laberinto sin salida, ella era el ratón. Rebeca el queso.
Susana y Terrence avanzaron a través de los pasillos sombríos de la institución. Susana en la silla de ruedas, mientras que Terry la empujaba. Una mujer alta, delgada y expresión severa los guió hasta una oficina al fondo del pasillo.
-Señor y Señora Grandchester, adelante por favor, San Patricio les da la bienvenida – Dijo la mujer detrás de unas gafas de fondo de botella.
-Gracias – Terrence se sentó en la silla que le ofrecían.
-Tengo entendido que se han decidido adoptar – Dijo la mujer con sonrisa estudiada mientras analizaba rápidamente a la pareja.
El era alto, delgado pero musculoso, tenía un rostro hermoso, sus ojos azules eran enmarcados por pestañas largas y espesas, al igual que sus cejas, lo que le daban un aire misterioso y profundo. Llevaba el cabello un poco largo tal vez hasta la mitad del cuello, algunos mechones cayendo sobre su rostro lo que le daba un aire dulce y atractivo. No por nada era el rompecorazones de Brodway.
La señora Grandchester también era muy bonita, delgada con su cabello largo y lacio de un tono rubio claro, sus ojos azul cielo tan dulces pero a la vez tan tristes. Tal vez por la ausencia de hijos se había encerrado en la melancolía. Tan bonita y atada a esa silla de ruedas, se dijo la mujer.
-Así es, mi esposa por fin ha decidido que podemos ser unos excelentes padres.
-Bien, tengo entendido que quieren adoptar a un niño, bueno según me dijo mi secretaria.
-Si, le informaron bien, un varoncito seria lo idóneo, otra cosa, no queremos un bebe recién nacido, por obvias razones – Explico Terry mientras tomaba la mano de su esposa, Susana la retiro – Preferimos un niño de tres o cuatro años. Susana no quiere tener que despertarse a media noche para atender un bebe llorón. Usted entiende – Y le guiño el ojo.
-Oh claro que entiendo – La mujer se sonrojo ligeramente – Pero por favor acompáñenme les mostrare a los niños que están en disposición para la adopción.
En otras condiciones Charlotte, la encargada, dejaría el recorrido en manos de sus asistentes, pero dada la celebridad del matrimonio, se encargaría ella misma del asunto.
Rebeca miraba fijamente al grupito de niñas que se reían de ella desde la cama continua. Respiro con furia, las niñas le había robado su almohadón y no tenían intención de regresárselo
-Quiero mi almohadón de regreso – Dijo la niñita con voz fuerte.
-Vamos niña puré ¿Para que lo querrías de vuelta? Aquí nadie te quiere, te echaremos fuera, tonta. - Becky resoplo furiosa, era sin duda una niña muy dulce pero también podía llegar a ser muy brava si se lo proponía.
-He dicho que me lo des – Y sin mas se tiro sobre la pelirroja que la recibió sorprendida en primera instancia, pero ella también estaba muy molesta, no le agradaba esta niña de ojos bonitos y sonrisa tierna que se la pasaba hablando de su mami como si tuviera una, ¿Qué se creía la pecosa? Ella era también huérfana.
Pronto ambas niñas estaban rodando por el suelo del lugar, todas las demás las miraban, muchas de ellas habían vivido en las calles, por lo tanto estaba más que acostumbradas a la escena frente a ellas, y lo que era más, les emocionaba, por eso empezaron a gritar animando cada cual a su favorita. En su mayoría la pelirroja de nombre Clarissa.
-Esta institución se creo con el fin de ayudar a los niños huérfanos que no tienen a donde ir – Aseguro la mujer - Sufragamos los gastos con generosas donaciones de las personas que adoptan a lo niños – La mujer le dio una mirada intencionada al rico actor que tenia a un lado.
-Entiendo lo que dice. Cobra por dar en adopción ¿No es así? – La mujer palideció repentinamente.
-Bueno señor Grandchester – Se detuvo frente a el – Lo dice de una manera muy cruda.
-Es la manera correcta de decirlo, Señora – Terrence la miro con frialdad – Pero el dinero no es problema. Lo único que quiero es un hijo. Tal vez eso ayude nuestro matrimonio – Mascullo para si, mirando de reojo a Susana que parecía más interesada en el cristal del pasillo que en la conversación.
-Perdón ¿Cómo dijo? – Pregunto la mujer a lo no entender las palabras del hombre.
-¿Qué es ese escándalo? – Pregunto Susana al escuchar gritos de uno de los pabellones.
-Oh, es el pabellón de las niñas – Permítanme un momento.
La mujer corrió hacia una puerta mas adelante y Terry la siguió interesado en descubrir que era todo ese alboroto. Más por curiosidad que por preocupación.
Al llegar allí, no pudo ocultar su diversión ante la cara horrorizada de la directora. Un par de niñas de no más de 7 años estaban agarradas en el piso del pabellón. Una de ellas, mas pequeña, parecía estar ganando la contiendo, a juzgar porque estaba sobre la pelirroja, que intentaba en vano quitársela de encima.
-¡Basta! ¡Basta he dicho! – Grito la mujer furiosa mientras separaba a las dos niñas.
-Señorita Charlotte – Se aferro llorando a la falda de la mujer la pelirroja – Esta salvaje me ha atacado.
-Eso no es cierto – Se defendió la otra chiquilla – Tu me has robado el almohadón de mi cama.
-Todas saben que eres una buscapleitos – Dijo la otra.
Estaba muy divertido con esta pelea infantil. Susana llego a su lado para ver que pasaba, rodando la silla con sus manos.
-Solo me defendía –
Terry no había visto a la niñita rubia con detenimiento hasta que esta hizo el amago de quitarse el pelo que le cubría el rostro..
¿Qué era lo que había sentido en su pecho? – Se pregunto Terrence, llevando una mano al corazón. ¿Tristeza? ¿Nostalgia? ¿Alegría?¡Una inmensa sorpresa! Esa era la descripción mas apropiada.
Esos ojos – Pensó Terry estupefacto – Eran igual a los de…. Las pecas, el cabello, Ese rostro tan parecido a alguien que había conocido hacia mucho, mucho tiempo atrás. De pronto la niña pequeña que estaba parada frente a el, respirando con dificultad le pareció demasiado familiar.
Imágenes de cierta rubia pecosa vinieron a su mente…
-REBECA DONOVITH – Grito la mujer realmente enfadada – Ya estoy harta de tus impertinencias, solo has traído problemas desde que llegaste…
-Pero, pero…
-¡Nada de Peros! te quedaras sin cenar el día de hoy y tendrás que limpiar el pabellón para las demás niñas, ¡no has querido componerte desde que llegaste aquí, eres un verdadero problema!
-¡Pero yo no he hecho nada malo! – Dijo la niña con determinación – Ellas han empezado esta pelea, yo solo me defendía.
-Niña Insolente… - La directora iba a continuar con la regañiza pero la carcajada de Terrence la detuvo en seco.
Todos se volvieron a ver al hombre que parecía divertidísimo con la situación. Incluyendo Rebeca.
-Terry…- Susana estaba por demás avergonzada.
-¿Algo le ha parecido gracioso señor Grandchester? – Pregunto la mujer indignada.
-Lo lamento, no he querido burlarme, señorita directora, ¿Por qué no vamos a su oficina para hablar? Me he decidido sobre la adopción – La mujer palideció de golpe.
-Pe – Pe – PERO Señor Grandchester, lamento mucho que haya visto usted semejante escena, pero no todos los niños son como esta pequeña delincuente – Dijo mirando a Becky con severidad. La niña le devolvió la mirada sin intimidarse.
-Es que ya me he decidido – Explico Terrence mirando a Rebeca.
-¿Cómo que te has decidido? – Susana lo miraba extrañada.
-Pero si no ha conocido a los niños del orfanato – La directora no podía estar más confundida.
-Mejor vayamos a su oficina, he cambiado de opinión respecto a adoptar un niño y creo que Susana me apoyara… ¿Cierto querida? – La mujer lo miraba sorprendida y con la boca abierta
-¿Esta seguro señor Grandchester? – Pregunto la mujer incrédula.
-Muy seguro, no estaría hablando ahora con usted si no lo estuviera – Reitero el hombre con mirada altiva.
-Pero es que Rebeca Donovith, bueno, esa niña es un verdadero problema, una busca pleitos, irreverente, incluso ha tratado de escapar, además….
-Lo mismo que yo cuando tenia su edad – Interrumpió el actor – Igual quiero a la niña. Me ha parecido una pequeña de carácter fuerte y dinámica.
-Entiendo. Pero le advierto que no será fácil acostumbrar a esa niña como su nueva hija.
-¿A que se refiere? – Intervino por primera vez en la conversación Susana
-Bueno, la madre de la niña murió hace poco. Y ella esta aferrada a que su madre esta viva.
-¿La madre murió hace poco? – Repitió Terry en voz baja –Pobrecilla, debe estar tan asustada…
-¿Qué hay del padre? – Pregunto Susana.
-El señor Donovith, murió hace casi dos años, al parecer cayo del tejado de la casa donde Vivian. Murió al instante. No tiene más parientes, así que un amigo de la familia la trajo a esta institución. Pero como ya le dije antes, la niña es un verdadero problema.
-Eso no importa, ¿Para cuando puede tener lista la documentación? – Pregunto Terrence poniéndose de pie.
-Oh es un trámite un poco largo y yo pues…. Tengo tanto trabajo – Dijo la mujer mirando fijamente al hombre.
-Solo ponga el precio, quiero llevarme a la niña hoy mismo.
-¿Hoy mismo? Pero señor Grandchester, eso no podría ser, es decir…
-¿Cuánto? Solo dígalo, le firmare un cheque – Dijo el hombre encendiendo un cigarrillo.
-Bueno, si insiste – La mujer escribió una suma de dinero en un pedazo de papel blanco – Terry le hecho un vistazo antes de sacar su cartera y comenzar a llenar el cheque. Charlotte pensó que el hombre debía estar nadando en dinero para soltar semejante cantidad sin respingar tantito.
-¿A que hora puedo venir por la pequeña y los documentos que la acreditan como nuestra hija? – Pregunto el hombre mirando hacia un punto indeterminado.
-Oh, bien, creo que a las 5:00 estará lista – Confirmo la mujer.
-Solo tengo una pregunta –Intervino Susana- Ahora que nosotros seremos sus padres legales, supongo que la niña cambiara de nombre.
-Así es, ahora su nombre legal será Rebeca Grandchester – Charlotte miro a Terrence, quien tomo la silla de Susana para salir de la oficina.
-Estaré por Rebeca a las 5:00. Me gusta la puntualidad – Señalo el hombre mientras salía de la oficina de una Charlotte muy complacida por el precio de la niña.
"Ahora si podría comprar ese vestido fino que tanto le había gustado".
-¿Por qué has cambiado de opinión, Terry? – Susana se recostó en el sillón del automóvil, mientras el chofer manejaba hacia su casa – Ya habíamos acordado que adoptaríamos un varoncito.
-Me agrado la niña, eso es todo – Susana lo miro con los ojos entrecerrados. Ella sabía perfectamente los motivos de su marido. Los bellos Ojos verdes.
-Pero habíamos dicho que….
-Susana por favor… ¿Querías ser madre? Pues bien, hemos tenido una preciosa niña, ahora déjame en paz ¿Quieres? – Terry fijo su vista en la ventanilla del automóvil.
-Nunca me tomas en cuenta – lloriqueo Susana – Es porque solo soy un estorbo en tu vida – El hombre torció los ojos. ¿Hasta cuando tendría que pasar por ese suplicio.
El siempre había detestado a las chicas lloronas. Precisamente por eso se había enamorado de Candy, ella era valiente, decidida y muy alegre, sin embargo Susana… - Sacudió la cabeza para apartar esos pensamientos. Nada ganaba con recordar el pasado. Sin embargo había adoptado a la niña.
-Ahora la recordare todos los días – Se dijo Terry – Bah, de todas maneras, no hago otra cosa que pensar en ella siempre, mañana, día y noche. ¿Qué habrá pasado con ella? Desde aquella vez en Chicago, no volví a verla jamás. ¿Se habría casado? Probablemente si, debió haberse casado con un poderoso hombre de negocios, dado las conexiones de su adinerada familia.
Nunca pude olvidarte, se dijo de nuevo, ¿Tendrás hijos? ¿Cómo serán? – Sonrió para sus adentros – Probablemente se parezcan a esta pequeña que acabo de adoptar como hija mía.
Era curioso, se dijo Terry, la niña se parecía mucho a Candy, Acaso…
Terry sacudió la cabeza, era imposible Candy vivía en Chicago ¿Por qué tendría si fuera hija de Candy tener que estar en New York, Además la poderosa familia de la rubia jamás enviaría a ningún hijo de ella a un orfanato, sus primos no lo permitirían, mucho menos Alberth, quien sabia el, era el nuevo cabeza de la familia, - solo ha sido una coincidencia, porque la niña tiene el mismo tono de ojos verdes y el cabello rizado ….
Será como si hubiese sido nuestra, amor mío…
Continuara….
Notas de la Autora:
¿Qué les pareció? Aburrido, interesante, monótono. Parece que ya va tomando forma ¿verdad? ¿Qué pasara ahora? ¿Descubrirá Terrence quien es la madre de Rebeca? Ah no se pierdan el siguiente capitulo. Adaptándose a la nueva vida.
Gracias a Diana, Scarleth y Ángeles por las porras y los ánimos y también a aquellas que me leen en el anonimato.
Besos
Mariposa
P.D.
Las imágenes fueron tomadas de
