Disclaimer: Naruto y la trama de la historia no me pertenecen, todo es de Kishimoto y Janelle Mindfreak, que por cierto, muchísimas gracias por dejar adaptar a personajes de Naruto.

Aclaraciones: Soy fαn de lαs crαck pαirings, αsi que no esperen todo cαnnon. Excepto el SαsuSαku, que es la principαl y el NejiTen. Por que hαy muchαs pαrejαs rαrαs x) no sαlgo de lo subnormαl, soy peor y αmo lαs cosαs rαrαs. Pαrα lαs chicαs que preguntan: ¿Vα α αparecer Itachi?...Hαy que ver. Y: ¿Qué pαsó con Kankuro y Sasuke? Esperen. Grαciαs.


, amo

Cuatro:
Llueve sobre mojado.

Paz, amor y apatía.

.

Septiembre 14, 2007.

&.

No es que me importe Sasuke Uchiha.

Pero cuando se ve a un par de chicos prácticamente matándose a golpes, es normal que te ahogue un repentino mar de nervios, un ataque de histeria y una preocupación por los dos machos en cuestión –aunque Sabaku no no me importó mucho, debe ser que paso más tiempo con mi amo (sigo odiando la palabra, conste, pero tengo que acostumbrarme)–; Kankuro no se veía lo bastante herido como para prestarle atención… Bueno sí, vale, estaba bastante herido, pero es que Sabaku es tan desagradable en algunas oportunidades. Y con eso y todo Karin está loca por él –por él y su gran popularidad.

La cosa es que, después de toda la ola de emociones que sentí a mi llegada al instituto, me sentía seriamente deprimida. Y la razón era tan obvia como que no la iba a aceptar: la actitud de Uchiha cuando lo fui a ayudar, su rechazo y su inescrutable mirada gritándome a chillidos que me alejara.

Sasuke Uchiha me odiaba con todas las letras y significados de la palabra.

Me enojé muchísimo después de la escenita que se mandó en el estacionamiento, y hasta me picaron los ojos. Es fácil que me ponga a llorar cuando me enfado, es un mal habito que se me ha pegado siempre; a veces me siento muy vulnerable e inmadura en ese sentido.

Tenten me vio cuando me quedé parada en medio de la tierra y las piedras, se apresuró a darme alcance y tomarme el hombro, para que me volteara. Mi rostro debió haberle sorprendido, porque su garganta carraspeó levemente y sus ojos se ensancharon, obviamente yo no estaba bien.

Sin que me diera cuenta, Neji Hyuuga estaba atrás mío, y acarició tiernamente mi cabeza, para que lo mirara a él ahora. Debía admitirlo, el novio de Tenten estaba bastante bueno, y de más o menos el año que le conozco, ha ido mejorando su aspecto. Si no me equivocaba, Neji era dos años mayor que Sasuke, por lo que iba en cuarto y último año, junto con su hermana Ino. Qué suerte tenía de poder escaparse pronto de esta cárcel educativa que cada vez se volvía más aburrida y monótona –si olvidamos el pleito de la mañana, se podría decir que en la escuela nunca pasa nada nuevo. Los ojos perla de Neji me miraron con recelo e intensamente, me sentí repentinamente cohibida.

La duendecillo, a mi lado, tomó mi mano y comenzamos a caminar los tres a clase. En minutos de haber ingresado tocaron la campana que indicaba que el suplicio comenzaba una vez más. Por suerte era viernes, y mañana sábado…

Y de repente me pregunté si Sasuke me torturaría con sus mandatos el fin de semana.

Aquella tarde se cumplían mis primeros siete días sirviendo al malcriado de Uchiha, así que no sabía exactamente si me "necesitaba" el sábado y el domingo, o los dos, si se viene peor el caso.

O tal vez estaba tan enojado conmigo que no quería verme ni en la pintura más añeja del mundo.

Cerré mis puños en un acto puramente infantil, me enfurecía pensar en él.

Nos separamos de Neji cuando dijo que se dirigía hacia sus clases. Le dio a Tenten un corto beso en los labios y yo sentí una horrible punzada de celos, ¿es que yo no podía tener un novio tan… así?

Dejé que mi mente se relajara con la aburrida clase de Trigonometría, no me sabía bien la materia, pero intenté prestar la máxima atención, ignorando al idiota de Kisame Hoshigaki cuando intentaba meterme la conversación hipócrita del día, a veces me preguntaba cómo sus hermanos menores le soportaban, él parecía un idiota cabeza de músculo.

La hora del almuerzo llegó sin que realmente me diera cuenta. Bueno, no es que me sentara donde debía sentarme. En toda la semana me senté en mi respectiva mesa con mis amigos de siempre: Hinata, Sasori, Karin y demás. Sasuke nunca me ordenó que me sentara con sus hermanos y sus amigos, y no quise hacerlo por más que Tenten me lo rogara. Ella, a pesar de ser mi mejor amiga, se sentaba con su familia, y yo lo respetaba. Por eso me sorprendió cuando, ese almuerzo, se sentó en nuestra mesa, dejando a más de uno perplejo. Yo la miré, algo confusa, pero ella tenía un rostro inescrutable, y vi, de la dirección en donde venía, que había cierta tensión en su mesa.

Por lo menos Hinata se mostró alegre.

—¿Qué tal, Tenten? —saludó cordialmente con una hermosa sonrisa en su rostro. Su pequeño novio, Sasori, también le sonrió a la pequeña pálida.

—Bien, supongo —suspiró Tenten cuando se ubicó entre Hinata y yo.

Le miré confundida, y después di una pequeña mirada a la mesa de sus hermanos.

Y, bueno, lo vi. Sí, lo vi a él.

Después de la pelea de la mañana, era la primera vez que lo veía en todo el día. No sabía si había estado evitándome, o tal vez ignorándome; pero cuando vi su rostro abatido, entre sus manos, ya no me importaba lo que pensara de mí. Algo dentro de mi interior se revolvió cuando observé que Neji le hablaba casi a gritos a Sasuke. Ino le miraba con desdén, sin querer decir nada en realidad. Se notaba, en su rostro hermoso y perfecto, la desaprobación hacia su cuñado. Kiba intentaba parecer indiferente mientras leía un cuaderno, pensé que sería por sus clases de preuniversitario. Aún me parecía raro que siguiera la clase aquí en el instituto de Konoha, y no se fuera a Sunagakure o algo así.

Volví a fijar mi vista en Sasuke, tan perdido en su mundo, con la mirada entrecerrada y sin color en sus ojos ónix. Su cabello estaba desordenado, era como si no se hubiera arreglado después de la pelea; como si no le importara presentarse así delante del director mismo en la oficina. Mi pecho se oprimió, y quise sentarme en la vereda de sus pensamientos por un momento. Conocer qué pasaba por su mente. Quizás tenía que ver con la cita del director.

—¿Paso algo? —pregunté a Tenten sin dejar de mirar a Sasuke.

La pequeña Tenten refunfuño cosas inteligibles mientras hacía de su mano un puño, y golpeaba la mesa con un poco de fuerza. Me estremecí cuando oí el golpe y miré el rostro de Tenten, contraído por la frustración y el enojo.

—¿T-Tenten? —titubeó Hinata al ver la reacción de la pequeña duende.

—¡Es que es increíble! —exclamó con fastidio— A veces me pregunto cómo soy capaz de convivir con él en la misma casa. ¡Agh!

Sinceramente, no entendía lo que estaba diciendo. Al menos no del todo, porque sabía a quién se estaba refiriendo. Y mientras pensaba en eso, mis ojos buscaron a tientas unos negros, algo opacados y sin brillo. No sabía exactamente cómo llamar a aquello que me estaba impulsando a levantarme de mi banco, cruzar la cafetería e ir a preguntarle a él que le sucedía. De cualquier modo, esperaba poder ignorar eso.

«Sasuke Uchiha…»

Y fue justo en ese momento, en que él se volteó, pero no a cualquier dirección. Sus ojos se encontraron con los míos, y me sorprendí al verle con aquella mueca en su rostro: parecía que estuviera avergonzado. No me miraba con rabia, ni ira, ni enojo, ni nada malo; sólo vergüenza y algo de confusión. Debió parecerle extraño que le estuviera observando. Quise apartar la mirada, pero no pude. Sasuke sostuvo mi mirada a la distancia, y sus facciones cambiaron: ahora tenía un rostro sereno y carente de emociones. Frío e indiferente. Intenté imitarle, pero no pude. Las comisuras de mis labios estaban torcidas hacia abajo, mostrando algo de preocupación por él.

Aunque lo más seguro es que a él no le importaba si yo me preocupaba por él.

Suspiré antes de voltear la vista, sintiéndome tonta. La verdad es que me hubiera gustado seguir mirando sus ojos, porque no hay muchos de esos. Aquello en mi interior me hizo cosquillas en el estómago, y me picaban las mejillas, debían de estar sonrojadas. Pero no importaba.

Suspiré una vez más. Me levanté de la mesa, con cuidado, y salí antes de que siquiera pasara la mitad de la hora del almuerzo. Todos me miraron.

—¿Sakura? —preguntó Hinata—. ¿Y-Ya te vas?

Asentí.

—Creo que me iré a mi coche un rato, no me siento bien —expliqué. Vi a Tenten, ella estaba a punto de hablar—. Y no quiero ir a la enfermería —agregué, ella cerró la boca.

—¿Te acompaño? —propuso Kankuro. Karin refunfuñó, no quería ganarme una discusión con ella.

Mi respuesta era mucho más que obvia: negué lentamente con la cabeza.

—No, gracias, Kankuro.

Sin decir más, me fui. Creo que Tenten me llamó, pero no me volteé, tal vez fue producto de mi imaginación. Mis pasos eran rápidos, temerosos. No quería encontrarme con nadie inesperado, sólo quería pensar.

Lo peor de todo es que no podía sacarme la imagen de Sasuke de mi cabeza; su rostro inexpresivo, sus ojos opacados por alguna de sus preocupaciones o tristezas. Incluso extrañé sus perfectas cejas fruncidas. Tal vez que me sacara la lengua…

… supongo que esa expresión me asustó mucho más que se mi hubiera gritado.

Llegué al coche con el cielo nublado esparciéndose por el firmamento y anunciando que pronto llovería. Qué novedad, pensé con un fluyente sarcasmo. También me pregunté si regresaría a clases. Yasuo no estaba en casa, no sabría que me había escapado, o auto-retirado de ese día. Pero, por un lado, quería volver para tener la oportunidad de hablar con Sasuke, en clase de biología, y preguntarle qué rayos había pasado en la mañana; después de todo, me sentaba muy cerca de él. Y así y todo no nos llevábamos muy bien.

Era una muy larga historia. Una que no me apetecía contar ahora.

Busqué la llave de mi monovolumen, en mis bolsillos. La saqué en tres segundos, y me metí dentro del coche enseguida. No tenía mucha idea de qué haría para distraer mi atención en esas circunstancias, mi mente estaba algo confusa y mezclada de ideas…, imágenes.

Era obvio que él me iba a volver loca.

—¡Eres tan frustrante, maldita sea! —grité a la nada, pensando perfectamente a quién me refería. ¿Cuándo no? Sólo él podía ponerme así: ya me había sacado de mis casillas—. ¡Te odio, te odio…!

Inesperadamente, me puse a llorar. Fue tan patético. Estaba segura de que si Sasuke me hubiera visto se hubiera burlado de mí, como sólo él sabía hacerlo.

¡Él!

Maldición.

Sequé rápidamente mis lágrimas, nadie debía verme llorar por él. ¡No! ¿Qué digo? Mierda, no estoy llorando por él, sólo por rabia. Que es algo de diferente.

Él era capas de agotar mi paciencia. Él podía hacerme rabiar en segundos. Sólo él podía mirarme de esa manera tan burlona que me sacaba de mis casillas. Nadie más que él podía ocupar mis pensamientos de forma negativa.

Nunca pensé en odiar a nadie, ¡ni siquiera a Kin! Y esa chica sí que no la soporto. Maldito sea Sasuke Uchiha por todo. Por ganar la apuesta. Por hacerme su esclava. Por hacer que me desmayara. Y creo que eso nunca se me va a olvidar, ¡mira que quitarse la camisa delante de mí…!

Entonces algo golpeó contra mi conciencia. Y mi rostro se retorció del ¿asco?

Ew, estaba pensando demasiado en el idiota de Uchiha Sasuke.

¡Vamos, vamos! Necesito cualquier otra cosa en qué pensar.

Me recosté despacio sobre los mullidos asientos del Chevy, y dejé caer la cabeza hacia atrás, cerrando mis ojos para volver a abrirlos, en un lento parpadeo. Me maldije a mí misma el no haber sacado mi mochila del casillero cuando tuve la oportunidad. Mi única distracción se hallaba en el segundo bolsillo de mi mochila, con toda mi música dentro.

Qué triste es mi vida. Bueno, me quedaban bastantes minutos por delante, así que una siesta no me haría nada mal. Cerré mis ojos con algo de rudeza, y me fue imposible pensar en otra cosa. Él estaba ahí, incluso antes de quedarme dormida, pegado con fuego a mis parpados…

Al menos pude mascullar algo antes de quedarme dormida, creo.

"Mátate, Uchiha"

Humm.


Me despertó un estruendo, quizás muchos gritos juntos.

Bostecé quedamente, tapándome la boca. Pero caí en cuenta de algo: ¿cuánto tiempo llevaba dormida? Rogué mentalmente para que aún pudiera llegar a la clase de Biología.

Hice unos cuantos movimientos extraños y bruscos, buscando algo que definitivamente no estaba ahí; mi mochila aún estaba guardada bajo candado y contraseña en mi casillero. Maldito sea este día que no puede empeorar. Rebusqué en los bolsillos de mis jeans a ver si tenía el celular. Gruñí al encontrar mis bolsillos vacíos, ¡joder! ¿Es que Dios me tiene bronca hoy?

Refunfuñé cosas inteligibles cuando me bajaba del auto. Corrí, sólo por si acaso, tal vez no era tan tarde como creía que era. El estacionamiento aún tenía autos, así que no habían acabado las clases aún… Apuré el paso, siendo levemente positiva en pensamientos. ¿Se enojaría el señor Ebisu si entraba un poquito retrasada a clase? Porque, bueno, no estaba segura de la hora. Me decidía pasar primero por mi casillero para recoger mi celular y mis cosas para la clase.

En pocos segundos ya estaba poniendo la contraseña de mi candando. La puerta abrió, dándome una pequeña vista de todas mis cosas. Sin esperar nada introduje la mano en los bolsillos de la mochila. ¡Bendito sea el que inventó el celular con reloj…!

¡Demonios! La clase de Biología ya había terminado, estaría a… la mitad de la de Gimnasia.

Gemí.

Después de Sasuke Uchiha, lo que más odio son los deportes. No es que, bueno, me lleve demasiado bien con el equilibrio, o con el suelo. Me auto-defino una persona con incapacidad de caminar en un suelo estable y despejado sin encontrar algo con qué tropezar. El entrenador –y profesor de gimnasia– lo sabía, todos en la escuela lo sabían, y aún así me pusieron de capitana para el equipo de basket, contra los chicos. Tal vez debía de haber alguna conspiración en mi contra. ¿Qué hice para merecer aquél atroz castigo?

Gemí de nuevo.

Pero tuve una gran idea: hacer novillos es saludable.

Bien, al diablo con la clase de gimnasia, al diablo con todo, y con él, en especial. Tomé mi celular una vez más y busqué un número específico. Tal vez Tenten debía saber que me escaparía, diría a su hermano cualquier excusa y así no tendría que ir a servirle como todas las tardes. ¡Disfrutaría al fin este primer viernes sin grilletes!

Cogí la mochila sin dejar de mirar mi celular, ubicando el número de Tenten.

Debe ser mala suerte, no sé. Creo que desde ahora en adelante veré para el frente siempre que camine. No es bueno tropezar con algo.

—¿Tú?

O tal vez con alguien.

Aquella voz aterciopelada estaba llena de impresión y sorpresa. Sí, era alguien.

Y no cualquier alguien. ¡Oh, Dios mío! ¿Qué hice, tan, tan malo, para que me castigues de esa manera? Definitivamente era un castigo. Sí, porque ¿pedí yo que aquellos fuertes, suaves y odiosos brazos me sostuvieran la cintura, evitando que cayera después de aquel inesperado impacto?

¿Pedí yo encontrarme con él? La respuesta es obvia: es lo que menos quería. Después de un día de ignorarme, había decidido que era mejor dejarle solo. Pero el destino me odia y conspira en mi contra.

¿Por qué el tiempo insiste en juntarnos a Sasuke y a mí?

Bueno, admito que no miré su rostro, lo que menos deseaba era ver sus ojos enojados. Él me odiaba, yo lo odiaba, ¿era tan difícil entenderlo? Creo que hasta sumar y restar como enanos de primer grado es más fácil que comprender aquella ecuación.

Odio + Odio = Nada bueno.

Suspiré, viendo su camisa. Hum, debía ser una marca importante, esa que tiene el caballito bordado; no soy experta en ropa, pero, como siempre, se le veía bien. Bastante bien. Increíblemente bien. Joder, tengo diecisiete años, las hormonas afectan mi inteligencia y me vuelven estúpida. Después de un tiempo me encerraran en un manicomio y al psiquiatra, haciéndome esas preguntar ridículas de "¿Qué es lo primero que se le viene a la mente?" Simple. "Un idiota de ojos negros".

Ojos que no estaban enojados.

Vaya, fue muy valiente por mi parte levantar la mirada. Él tenía la suya opaca, igual que en el almuerzo. Se me hizo un nudo en la garganta el verlo así: tan vulnerable y sereno. ¿Dónde estaba el arrogante que mostraba esa linda sonrisa? –conste, lo de 'linda sonrisa' queda entre nosotros– ¿Y los ojos brillantes? ¿La postura de grandeza? ¿Los cabellos desordenados? Porque ahora él estaba levemente peinado.

En pocas palabras: ¿Dónde estaba Sasuke Uchiha?

—Ah… esto… —quería decir algo, pero nada salía de mi boca. Busqué lo primero que se me venía a la cabeza, y no era exactamente 'idiota de ojos negros'—¿Ya me puedes soltar?

Pareció desconcertado, pero después me soltó y se alejó dos pasos hacia atrás.

—Lo siento —se disculpó.

Humm… creo que era la primera vez que le escuchaba disculparse.

—Vaya —suspiré, mirándolo fijamente—. ¿Quién eres tú y qué hiciste con Uchiha?

Levantó una ceja, incrédulo, yo me eché a reír a carcajada limpia.

—Nunca pensé que el gran Sasuke Uchiha tuviera el don de disculparse —me encogí de hombros, sonriendo antes su aparente repentino enfado, era gracioso verle los cambios de humor—. Creo que carecías de la habilidad.

—Eres muy fastidiosa, ¿lo sabías? —masculló con desdén.

¿Yo fastidiosa? ¿¡Y él?!

—Veamos, ¿lo dice mister simpatía? —escupí.

—No me conoces lo suficiente para haberme dicho aquello —se cruzó de brazos, y me miró con tal intensidad que tuve que voltear la mirada, sentí mis mejillas sonrojarse.

—Creo conocer la superficie de la cara de la moneda —discrepé.

—Error.

—¡Eres frustrante!

—¡Tú no eres precisamente una chica soportable!

—¡No eres un caballero! —le grité.

—¿Y dónde está la dama, que no la veo? —contraatacó.

Nos quedamos mirando sin sonreír, esto no era nada gracioso.

—Al demonio —le oí suspirar—. El director llamó a una audiencia en el gimnasio, por ende, no tienes clases. —dijo.

Sentí un pequeño alivio interno. Él debió pensar que no sabía, al encontrarme por los pasillos.

Intenté ser fría con él.

—El que me lo hayas dicho tú no me alegra —murmuré sólo para él.

Acercó su rostro al mío, con una seriedad inescrutable; su repentina cercanía hacía que mi corazón corriera como loco. Tomó mi mentón con sus dedos suaves, y rápidamente se colorearon mis mejillas.

Eso era tan estúpido.

—Créeme, no pretendo alegrarte —susurró con voz de terciopelo—. Y, por cierto, deja ya de sonrojarte, que no lo soporto —¿me habría imaginado la falsedad de su voz? No es que en ese momento me importara mucho. Aquello era una gran indirecta de que no me soportaba a mí.

Me solté del agarre de Sasuke, y estaba preparada para mandarle sus buenas cachetadas, pero me resistí, intentando comportarme. Comencé a caminar, y escuché sus pasos seguirme. ¡Él era tan frustrante! Casi fui a la carrera al gimnasio escuchar el anuncio o lo que sea que el director tuviera que decir.

Lo que sea para alejarme de Sasuke Uchiha.